Por Ernesto Fuertes

Acaba de salir a la luz pública la noticia del despido de 21 trabajadores de La Hacienda La Luisa, en Sarchí, provincia de Alajuela. Ellos se habían lanzado hace pocas semanas a una huelga por el pago de sus salarios y aguinaldos atrasados, y habían logrado una (supuesta) victoria a través del Ministerio de Trabajo y el compromiso del pago por parte del patrón. Efectivamente, los patrones fueron obligados a pagar lo adeudado, pero inmediatamente despidieron a los trabajadores huelguistas, incluidos 10 de ellos que están legalmente protegidos por el fuero sindical, debido a su intención de establecer formalmente un sindicato.

La lucha de La Hacienda La Luisa contó con el apoyo de casi todos los grupos de izquierda del país, desde el Frente Amplio (FA) y el sindicato magisterial de APSE, hasta el Partido de los Trabajadores (PT), entre otros. Solo a través de la unidad de acción habían logrado conseguir la victoria del pago de los salarios, pero ahora tenemos que enfrentar una derrota con el despido de los huelguistas. Esto demuestra la necesidad no solo de la unidad de acción entre los grupos de izquierda, sino la salida del gremialismo y del economicismo y la más amplia unidad entre todos los sectores populares. Demuestra que hay que salir de las consignas inmediatas y particulares de cada caso, y acuerparlas con consignas generales y que involucren a sectores fragmentados y separados entre sí, para que se unan en una gran oposición contra las políticas económicas de la burguesía y su Estado.

Unir las luchas en el campo

Al mismo tiempo que se desarrollaba ésta lucha, los campesinos de Chánguina, Puntarenas, en el sur de Costa Rica, luchaban también por el problema de la tierra: fueron expulsados de sus terrenos por la policía, y sus tierras fueron entregadas a empresarios. El caso de La Luisa y Chánguina debe ser unificado en una sola lucha. Son uno y el mismo problema: la oposición del Estado contra de los intereses y derechos más básicos de trabajadores y campesinos y de los sectores populares en general.

La única forma de vencer y lograr cumplir en la práctica (y no solo en las ideas) los intereses del pueblo, es uniéndolos no solo económicamente (sindicalmente o de manera clasista), sino políticamente (de manera general y en oposición a las políticas del gobierno). Es necesario construir entonces la más amplia movilización popular, que con su fuerza le tuerza el brazo y ponga de rodillas al Estado no solo frente al caso de La Luisa o de Chánguina, sino frente a las necesidades de todos los campesinos del país en general, y las necesidades de todo el pueblo.

Ola de despidos y ataques al nivel de vida

Los administradores del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) han anunciado el despido de más de 700 trabajadores de manera gradual, debido a los problemas financieros de la empresa pública de electricidad y telecomunicaciones, una consecuencia directa de la apertura de la competencia con el TLC. Mientras esto pasa, el Banco Central de Cosdta Rica compra dólares para mantener el colón devaluado en favor de los grandes exportadores y creando la devaluación e inflación (costo de la vida) reales que aquejan y desesperan los bolsillos de toda la población. Asimismo, La Asamblea Legislativa acaba de aprobar la contra-reforma procesal laboral, la reducción de multas a los evasores fiscales, la convocatoria del proyecto de plan fiscal que impone más impuestos a los consumidores y no a las utilidades empresariales, el establecimiento y subsecuente aumento del IVA como impuesto al consumidor, y el aumento de la renta a salarios que incluyen a trabajadores.

A luchar unidos

Todos estos hechos y casos, en conjunto con los casos particulares de La Luisa y Chánguina, hablan a gritos de como la totalidad del sistema político y económico del país está diametralmente opuesto a los intereses de los trabajadores: el Estado se encarga de exprimir los derechos y la necesidad del pueblo, y de agrandar las riquezas de los empresarios.

Por estas razones, desde el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) proponemos una reunión abierta y pública entre las organizaciones de izquierda y populares que así lo deseen, para organizar una coordinadora permanente que se dedique a la agitación y la propaganda sistemática acerca de todos estos temas entre toda la población. Lo que queremos es empezar una gran campaña de información acerca de lo que está pasando en todos estos puntos del país, entre campesinos y obreros industriales, entre PYMES a punto de quebrar o entre estudiantes, y unificar todas sus luchas alrededor de una sola instancia unificada. Todos los que quieran sumarse a la defensa de los intereses del pueblo son bienvenidos.


Por Ernesto Fuertes

La discusión principal hoy en día en Costa Rica gira en torno al tema del déficit fiscal, detrás del cual se agrupan toda una serie de políticas como el salario único, la reducción de gasto público (presupuestos, transferencias, etc), la aprobación del Plan Fiscal la ley de empleo público y salario único (el congelamiento de plazas y la igualación –reducción de salarios del sector público), y la seguidilla de proyectos privatizadores.

Contexto histórico y coyuntural

Todas estas políticas están relacionadas. El Plan Fiscal incluye impuestos indirectos –el IVA, por ejemplo--, el levantamiento de exenciones a productos básicos para la población o el aumento del impuesto de renta de la ‘clase media’ donde hay que tener cuidado con las definiciones, ya que se incluyen sectores asalariados, y no exactamente pequeño-burgueses, etc.

La ofensiva privatizadora abarca el recientemente logrado negocio de los muelles de Moín, en la provincia atlántica de Limón a la empresa holandesa APM Terminals, los subsecuentes proyectos de ‘contingencia eléctrica’ (la co-generación de energía hidroeléctrica por parte de la empresa privada y en contra de la empresa estatal ICE), la intención creciente de privatizar la refinería de petróleo estatal RECOPE, y las distintas instancias en las que la empresa encargada del servicio del agua estatal (AyA) defiende las fuentes de agua para proyectos privados o de alianzas público-privadas (alianzas, las cuales, son la médula central del programa de gobierno para el futuro candidato del PLN José María Figueres), etc.

La política cambiaria, crediticia y financiera en general (la promoción de la devaluación por parte desde Oscar Arias, el manejo de las tasas de interés, hasta el acceso al crédito para la pequeña-empresa) está caracterizada por el sometimiento continuado al comercio exterior.

La pretensión del actual gobierno de Luis Guillermo Solís y del conjunto de la burguesía es que la crisis económica sea pagada por los trabajadores y la pequeña burguesía (campesina y urbana en general), al mismo tiempo que intenta destruir o aminorar conlleva en el plano político a un conjunto de ataques contra una serie de derechos democráticos que han caracterizado a la democracia burguesa costarricense después de la guerra civil de 1948, y que están consignados en el Código de Trabajo o en las Garantías Sociales.

Cambios sustanciales en la economía

Desde 1978 los servicios y la industria superaron a la agricultura como porcentaje mayoritario del PIB, y en los años 80/90 la industria manufacturera también superó a la agricultura dentro de las exportaciones. En el campo, la concentración de la tierra alcanzó niveles nunca antes vistos en Costa Rica: aunque no podemos hacer una comparación exacta entre las fincas por números de hectáreas y por cantidad de parcelas (este último siendo el único que aporta el último censo agropecuario del 2014), y asumiendo que las fincas con 4 y más parcelas son al mismo tiempo las que tienen 500 y más hectáreas, vemos un crecimiento entre 1984 y el 2014 del 0,7% al 3,70%, triplicando las fincas grandes que existían no solo desde el censo del 84, sino incluso desde 1963. Asimismo, es solo después del 48 (donde creemos que juega en gran parte la contrarrevolución y la destrucción del Partido Comunista) que se da una extensión de las tierras agrícolas desde alrededor del 30% en 1950 hasta el 50% en 1984, algo que no sucedía desde inicios del siglo XX (se mantenía en 30% desde alrededor de 1910).

Es la primera gran ruptura (con todo lo parcial que pueda ser) con el modelo parcelero. Eso explica que aunque entre los censos de 1970y 1984 se mantenga un porcentaje relativamente idéntico al 1%, en realidad entre uno y otro censo estamos hablando de extensiones de tierra radicalmente distintas. La extensión de tierra agrícola luego de 1984 disminuye, paralelo al crecimiento exponencial de las fincas más extensas hasta la actualidad que ya mencionamos hasta el año 2014. Esto habla de una mayor concentración de la tierra en latifundios paralela a la decaída del modelo específicamente agro-exportador (aunque no en términos absolutos, sino relativos), aunque parece seguir siendo incomparable al radio latifundio-minifundio de países como Guatemala o El Salvador.

La industria propiamente dicha tiene mayor participación de valor en las exportaciones de Costa Rica que la agricultura, y tiene el tercer lugar de participación en el PIB (detrás de los servicios y el comercio), pero en términos concretos, el trabajador industrial es superado en términos cuantitativos por los trabajadores de comercios, de talleres mecánicos, de manufacturas. El trabajador agrícola se mantiene como el segundo rubro con mayor cantidad de trabajadores después del comercio. Esto quiere decir que aunque el modelo exportador costarricense deja de ser predominantemente agrícola, el campesino sigue teniendo un peso enorme en términos de fuerza laboral.

En cuanto a la pequeña burguesía, las PYMES representan la mayoría de empresas, aunque las grandes empresas son las que tienen mayor cantidad de empleados (alrededor del 80%) y la mayoría de las exportaciones. Asimismo, el sistema de crédito concentra el 80% del crédito en las empresas grandes, y solo alrededor del 20% en las PYMES, aunque sean más que aquellas.

Por último: el único sector que se mantiene en crecimiento a lo largo de la segunda mitad del siglo XX (desde 1948), además de los servicios, es el capital comercial y financiero. Esto reformula completamente la forma en que se ha planteado el dominio capitalista en las periferias centroamericanas: mientras la agricultura deja de ser el representante de mayor valor dentro de la economía costarricense, y siendo superado por los servicios o la industria, el capital comercial es el único cuyo poder se mantiene estructuralmente constante a lo largo de la historia reciente del país.

El mayor obstáculo para el desarrollo de la región no es el “oligarca terrateniente”, sino el capital comercial y financiero. El capital comercial y financiero supedita al capital industrial. Esto tiene una gran importancia política: la burguesía manufacturera es más propensa a oponerse a la apertura de los mercados, lucha desesperadamente por la creación de un mercado interno. Las disyuntivas entre el capital industrial y el comercial/financiero representan entonces las disyuntivas entre las salidas republicanas y las salidas autoritarias/bonapartistas en Costa Rica, aunque hay que tener cuidado: las divergencias políticas no se circunscriben nítidamente a capitales específicos de la economía, sino a fracciones distintas de cada capital.

Si unimos todo lo anterior, vemos que la solución del déficit fiscal a través de impuestos progresivos (tanto directos a las utilidades empresariales como subidas arancelarias a la importación y exportación), las políticas cambiarias y financieras (bajas tasas de interés y repreciación del colón), el aumento de la demanda del consumidor (a través de salarios y empleo), además del aumento de la demanda agregada en general (lo cual implica la mejora de la demanda campesina a través de una reforma agraria progresiva), y el mejor acceso al crédito, son políticas transicionales que separadas no tienen ningún valor, pero que al combinarlas pueden unificar los intereses de los campesinos, con los del proletariado y la pequeña-burguesía. En este sentido, todas estas consignas procuran partir del plano sindical y reivindicativo de los diferentes sectores hasta el plano general y político, para oponer todas esas capas del pueblo contra las políticas del actual gobierno burgués y del Estado capitalista. Por lo tanto, estas políticas tienen que constituir el programa de transición para Costa Rica, como parte de la lucha por la reunificación socialista de Centroamérica.

Todo esto se resume en que el movimiento obrero y popular luche por la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente que realice todos los puntos que mencionamos anteriormente.

Los partidos políticos dentro de la Asamblea Legislativa

El sector más extremo de la derecha conservadora, representada por el Movimiento Libertario (ML), busca que no se apruebe ni un solo impuesto más (aunque esto provoca más déficit), y que simplemente se afronte el problema desde la reducción del gasto (en concepto de salarios, presupuestos, programas sociales, la participación del Estado en la producción de servicios como la electricidad, el agua o el refinamiento de petróleo, etc).

El sector moderado de la derecha neoliberal propone una mezcla de recortes al gasto y un aumento de los impuestos que recaerían sobre el consumidor y el asalariado en general, sin discusión alguna de impuestos directos a los capitales empresariales. En ésta posición se encuentran desde el Partido Liberación Nacional (PLN) --recordemos que el programa de gobierno del candidato del PLN, Johnny Araya, incluía impuestos directos a los capitales, algo mucho más ‘avanzado’ que lo que propone hasta ahora el partido oficialista--, y el partido de gobierno Partido Acción Ciudadana (PAC). No es casual la unidad que han mostrado estos dos partidos en relación a la aprobación del presupuesto del año 2016.

El Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), el bloque cristiano o algunos otros partidos minoritarios representados en la Asamblea Legislativa tienen posiciones intermedias entre estos dos polos extremos y moderados de la burguesía.

Frente a estas polarización, el partido Frente Amplio (FA) propone el cese de los ataques contra los salarios, se opone la reducción del presupuesto y el gasto del sector público, aunque cede en cuanto a la necesidad de revisar ciertos gastos, en la aprobación del impuesto al IVA y otros temas (autoriza la participación del ejército estadounidense en las costas de Limón como parte de la supuesta ‘lucha contra el narcotráfico’, por ejemplo), confluyendo parcialmente (y de manera creciente) con el bloque de partidos de derecha nombrados anteriormente. En todo caso, defienden un alto a las privatizaciones en el país, que no se recorten los gastos públicos en salarios, presupuestos y programas sociales, así como medidas progresivas como una reformas tributaria progresiva (con impuestos directos a los capitales y castigo a la evasión fiscal) como medida para solucionar el tema fiscal y de la crisis en general. Se perfila ante las amplias masas como un partido de izquierda, pero con posiciones cada vez más conciliadoras y reformistas

La izquierda radical

Por fuera de la Asamblea Legislativa, más a la izquierda está la minoritaria ala radical y revolucionaria costarricense, la única que plantea un programa mínimo de reivindicaciones transicionales de salir del capitalismo. Todos estos grupos desarrollan propuestas relativamente divergentes entre sí, pero coinciden en defender las condiciones de vida de los trabajadores y sectores populares en general, así como la necesidad de que la clase trabajadora asuma el rol de liderazgo en la lucha contra el capitalismo neoliberal.

Aunque aumenta el descontento y explosividad social, la mayoría del pueblo confía todavía en la democracia burguesa. La izquierda revolucionaria no tiene influencia sobre el movimiento de masas, y se caracteriza además por su sectarismo y canibalismo político. Para construir una alternativa revolucionaria en Costa Rica es imprescindible la unidad de acción entre todos los grupos de izquierda, y debatir ampliamente los principales problemas que aquejan a los trabajadores.


Por José Rene Tamariz

El gobierno de Solís se ufana en su propaganda y artículos que escriben sus funcionarios de estar golpeando los supuestos abusos de las convenciones colectivas, de otorgar miserables reajustes salariales, de buscar como recortar la dedicación exclusiva y su pretensión de eliminar las anualidades, convirtiéndolas en una “evaluación de desempeño”. Estos avances del plan del ajuste del gobierno de Solís, constituyen severos golpes en contra de las condiciones salariales, derechos y conquistas adquiridas por los trabajadores del sector público a lo largo de muchos años de lucha. Veamos lo que dicen.

Luis Paulino Mora, Viceministro de la Presidencia, se jacta escribiendo en La Nación de los golpes propinado a las condiciones salariales y de vida a los trabajadores. Plantea de la forma más descarada que

“El Gobierno de la República ya inició el camino. Contrario a la práctica seguida hasta ahora, han sido denunciadas todas las convenciones colectivas que incorporan cláusulas abusivas, y tenemos logros palpables a este momento en tres instituciones…”. (La Nación, 4 de noviembre del 2015). El subrayado es mío.

Más adelante señala que “Las negociaciones de incremento salarial de los tres últimos trimestres han seguido el criterio de austeridad, con aumentos del 1,14%, 0,94% y 0,08%, acordes con la inflación. Además de acuerdo con la directriz 23-H, los jerarcas de los ministerios deben valorar e informar sobre la racionalidad y temporalidad de los contratos de dedicación exclusiva y prohibición (art. 19)”. (Ídem).

Posteriormente plantea que “Junto estas medidas, se trabaja en el Plan Integral de Gestión de Calidad en el Servicio Público, y el primer paso será la iniciativa de ley… para transformar el actual incentivo por anualidad en un régimen de evaluación de la excelencia en el desempeño, tanto de las instituciones como de los servidores públicos”. (Ídem).

Lo que los gobiernos neoliberales del PLN y del PUSC no pudieron hacer durante sus administraciones, porque tuvieron fuertes luchas y resistencias del movimiento de masas, el gobierno de Solís, convertido en el instrumento más eficaz de los capitalistas y los neoliberales, está logrando desmantelar los derechos y conquistas de los trabajadores. Este gobierno es, por sus ataques y ajuste en contra de los trabajadores, el más anti-obrero y anti-sindical de las últimas décadas, superando con creces a los gobiernos del PLN en su arremetida contra los empleados públicos. Lo peor es que las dirigencias de los sindicatos y los bloques sindicales le han creído sus falsos discursos “progresistas”.

Mientras el gobierno avanza a pasos raudos en contra de las condiciones salariales y de vida de los trabajadores, los bloques sindicales de Patria Justa (PJ) y BUSSCO se enfrascan, en espurias peleas y diferencias burocráticas, que le hacen el juego a la ofensiva patronal del gobierno de Solís. El gobierno avanza a vista y paciencia de estas dirigencias sindicales que siguen creyendo en sus promesas y negociación.

Es necesario y urgente que las dirigencias sindicales y de los bloques sindicales (BUSSCO y Patria Justa), se unifiquen, organicen y lancen una jornadas de lucha escalonadas, mediante movilizaciones nacionales, huelgas de tres o cuatros días y, finalmente, una huelga indefinida para frenar y derrotar la ofensiva y el plan de ajuste en curso del gobierno. Para ello, deben organizar una Asamblea Nacional Sindical y Popular en donde se discuta y vote el plan antes señalado. Seguir postergando la lucha definitiva, puede convertirse en una derrota histórica del movimiento sindical y de los trabajadores.


Por José Rene Tamariz

La APSE debe convocar a la movilización en contra de ese proyecto

El día miércoles 18 de noviembre, el gobierno de Solís, envío a la Asamblea Legislativa el proyecto de ley que convierte las anualidades en la denominada “evaluación del desempeño”. Dicho proyecto entrará a la corriente legislativa el 1 de diciembre, fecha en que el sector educativo estaría en vacaciones. Ni cortos ni perezosos, los diputados neoliberales, Ottón Solís del PAC y Otto Guevara del ML, de inmediato dijeron que apoyarían dicho plan. Los más probables es que todas la demás fracciones parlamentarias apoyen dicho proyecto, tal vez sea la excepción el Frente Amplio (FA). Los primeros chivos expiatorios de la aplicación de esta “nueva metodología” de evaluación serán los nuevos trabajadores de todo el sector público, ya que a ellos no se les pagará ese incentivo, excepto, aquellas instituciones y empresas que se encuentren en régimen de competencia. Precisamente, aquí se encuentra la gran maniobra patronal para dividir la lucha del movimiento sindical y de trabajadores. Sin embargo, después seguirán con los demás trabajadores. Van a aplicarnos la misma receta que le aplicaron al ICE: salario único para los nuevos trabajadores!

Eliminar, Reducir y Evitar Pagar las Anualidades

El plan del gobierno de Solís está claro, pero el de las dirigencias sindicales no. La dirigencia de APSE está esperando que entre a la corriente legislativa el proyecto de ley de empleo público, pero ese no es el plan del gobierno. El plan del gobierno es golpear de inmediato las anualidades, mediante varias formas: 1) eliminarlas para los nuevos trabajadores de ministerios y sector descentralizado. 2) reducirla, poniendo tope del 2,54% sobre el salario base, en diversas instituciones como la UCR, UNA, ITCR, RECOPE, INS, CNP, CNFL JAPDEVA y otras. 3) Evitar pagarlas a los viejos trabajadores, mediante la imposición de un nuevo sistema de evaluación “riguroso” y “draconiano”.

El plan del gobierno con ese proyecto es eliminar, reducir y no pagar las anualidades y, de esa forma, contraer el gasto público, siguiendo los dictados del FMI y las presiones de los neoliberales. Después seguirán con los otros componentes salariales. El periódico La Nación que dirige la ofensiva en contra de los trabajadores del sector público señaló que “El actual Gobierno va a hacer una propuesta para regular uno de los incentivos más grandes, y que genera un crecimiento acelerado de las remuneraciones, que es el de las anualidades”. (LN, 19-10-15). De otro lado, Olga Marta Sánchez, ministra de planificación, señaló en días anteriores que “… la propuesta vuelve más riguroso el sistema de evaluación y se aplica tanto a la institución como a los individuos sobre metas e indicadores objetivamente verificables”. (Ídem). Más claro, el gobierno no puede ser. El gobierno, además del cambio de nombre del incentivo de anualidad por “evaluación del desempeño”, pagará ese incentivo a los trabajadores que logren cumplir con la “nueva metodología”, a partir de la calificación de “muy bueno”. Esos cambios del incentivo, realizado desde los escritorios y cuyo objetivo es, en el fondo, no pagar las anualidades, significaría que muchas instituciones y trabajadores no calificarían para obtenerlo.

Emplazamiento Público a la Directiva Saliente y Entrante

Emplazamos a la directiva saliente y entrante de la APSE, a que convoque de inmediato y con carácter de urgencia a una Asamblea de Presidentes de Base, para conocer, discutir y votar un plan de lucha para evitar que el plan del gobierno sea aprobado en la Asamblea Legislativa. La directiva de la APSE debe dejar de confiar y creer en el gobierno de Solís. Debe dejar de creer en la negociación con el gobierno. Solo la lucha y el combate en las calles, podrá impedir que el gobierno aplique su plan de empleo público por partes, golpeando a lo inmediato y en primera instancia las anualidades.

 

Por José René Tamariz

La huelga realizada por el bloque sindical Patria Justa (PJ) el día lunes 26 de octubre ha sido ampliamente discutida, desacreditada y ridiculizada por los plumíferos de los medios de comunicación, principalmente, del diario La Nación. Armando González, editor de La Nación, la calificó, en tono jocoso, como huelga “decrépita tatarabuela de todas las huelgas”. Sin embargo, más allá de las diferencias que se pueda tener con el sempiterno dirigente sindical Albino Vargas y Fabio Chaves, la huelga del 26 debe ser discutida y sus resultados analizados objetivamente y no de forma subjetiva.

La participación en la huelga y la movilización de los trabajadores de los distintos sectores laborales que representa Patria Justa (PJ) fue variada y desigual entre ellos. La participación en la huelga fue absolutamente mayoritaria en RECOPE y JAPDEVA; en el primero fue del 85% y en, aunque no hay datos, en el segundo fue casi total. En la municipalidad de San José, la incorporación en la huelga de los trabajadores del servicio de recolección de basura, limpieza, reparación y otros servicios fue casi total. Los sectores que tuvieron una débil sumatoria a la huelga y movilización en San José fueron los del ICE y salud, apenas del 7% en el primero y de 1,3% en el segundo. Las razones de esa escasa participación de los trabajadores del ICE y salud se debió a la división que se produjo en ambos sectores, por rencillas burocráticas, entre dirigentes sindicales de ambos sectores laborales. En estos dos sectores, dirigentes sindicales de otras organizaciones que no son parte de Patria Justa (PJ), de forma incorrecta y divisionista, llamaron abiertamente a la desmovilización de las bases.

Los sacrificados y traicionados: los nuevos trabajadores del ICE

Llama poderosamente la atención que, entre los puntos negociados y contemplados en el acta de acuerdo del fin de la huelga de PJ y gobierno, no se haga mención de los nuevos trabajadores del ICE, a los cuales la patronal le impuso el salario único, sin consultar a Fabio Chaves y demás dirigentes sindicales con los que tienen un “acuerdo histórico” para negociar los problemas. Fabio Chaves y demás dirigentes del FIT-ICE, en los hechos, aceptaron de forma sumisa la imposición del salario único a miles de nuevos trabajadores del ICE por parte de la patronal. Esto constituye una traición hacia los nuevos trabajadores del ICE, lo cual muy probablemente influyó en la débil participación de este sector en la huelga y movilización del 26 de octubre.

¿Cuáles fueron los resultados de la huelga de patria justa (PJ)?

Los movimientos sociales y huelguísticos se miden por los objetivos propuestos y su relación con los resultados obtenidos, lo demás es puro cuento y justificaciones. Entre las demandas de la huelga de Patria Justa (PJ) se encontraba la lucha contra el salario único, contra el rechazo de la ARESEP al contenido económico de las convenciones colectivas, por el salario mínimo vital a los trabajadores del sector privado y muchas otras. La lucha contra el salario único fue traicionada por Patria Justa, en el caso concreto del ICE. Esto constituye una derrota evidente y clara. Analicemos las otras demandas.

El primer punto del acuerdo señala que el gobierno de Solís “convocará al próximo período de sesiones extraordinarias de la Asamblea Legislativa, que se inicia el próximo 1 de diciembre de 2015, el Expediente Legislativo No. 19.312, conocido como “Ley del Salario Mínimo Vital”, para su conocimiento y debate parlamentario.” (Acta de Acuerdo). En sí mismo este punto es positivo y correcto, pero hay que acompañarlo con la movilización masiva de los trabajadores del sector privado y la solidaridad de los trabajadores del sector público, para imponerlo en la Asamblea Legislativa. Sin embargo, esta cuestión se torna muy difícil, ya que las fracciones de los partidos burgueses y neoliberales han manifestado su oposición rotunda a aprobar este proyecto, bajo el argumento de que aumentar el salario mínimo crearía más desempleo. Las dirigencias de los bloques sindicales de Patria Justa (PJ) y BUSSCO deben unificar sus fuerzas y recursos, para impulsar una gran campaña en todas las empresas privadas para que los trabajadores se movilicen, exigiendo la aprobación de este proyecto de gran importancia. La movilización de los trabajadores del sector privado alrededor del salario mínimo vital, puede cambiar de manera significativa toda la correlación de fuerzas a nivel nacional a favor de los trabajadores y reventar a las fuerzas burguesas y neoliberales. Emplazamos a las dirigencias de PJ y BUSSCO a luchar conjuntamente por este punto de vital importancia. Este es un logro de este acuerdo, siempre y cuando esté acompañado de la lucha y movilización de los trabajadores del sector privado y público. Aquí está el punto de alianza entre ambos sectores.

El segundo punto del acuerdo es mucho más general porque el gobierno de Solís se “compromete a iniciar los procedimientos respectivos para la presentación a la corriente legislativa, del Convenio No. 184 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT); Convenio Relativo a la Seguridad y la Salud en la Agricultura.” (Ídem). Aquí no existe nada concreto, sino a futuro. Está por verse si el gobierno enviará a la corriente legislativa ese convenio.

El tercer punto del acuerdo es peor, ya que el gobierno de Solís plantea que “promoverá la apertura de una mesa de diálogo social y negociación con la Caja Costarricense del Seguro Social, Patria Justa, las organizaciones sociales y productivas…”, (Ídem) sobre tres temas: régimen de pensiones, reglamento de incapacidades y salud ocupacional. Esto es un edulcorante para Albino y Fabio que son amantes de las mesas de las “mesas de diálogo”, pero al final, como la CCSS es una institución autónoma no va a aceptar la sugerencia del gobierno y el dúo Albino-Fabio ¡se van a quedar chupando el dedo!

El cuarto punto del acuerdo es otro timo del gobierno de Solís para Patria Justa, ya que plantea que “revisará los planteamientos jurídicos relacionados con el pronunciamiento de la Dirección Jurídica del MTSS No. DAJ-AE-237-15… a fin de valorar los argumentos expresados por el colectivo Patria Justa, que se formalizarán por escrito.” (Ídem). Los verbos “revisar” y “valorar” son ambiguos de los resultados en este punto, ya que en este asunto el gobierno tiene la capacidad de imponerle al ministerio del trabajo su posición pero no lo quiso hacer, lo cual refleja que burló a PJ.

El quinto punto del acuerdo es muy importante y delicado. La ARESEP, entidad reguladora de los precios de los servicios regulados, ha negado y rechazado una parte del presupuesto para las convenciones colectivas de RECOPE y otras instituciones públicas, bajo el argumento de que no son parte de los costos de esos servicios. Entonces, el dicho acuerdo “… El Gobierno de la República utilizará las herramientas legales pertinentes para recurrir dicha resolución.” (Ídem). No obstante la posición del gobierno, los funcionarios de la ARESEP, como institución autónoma, no acepta la intromisión del gobierno en sus decisiones y resoluciones, por ende, este es un punto muerto. El criterio de la ARESEP se impone, la única forma de derrotarla es mediante la lucha y la huelga.

El sexto punto es una tontería. En él señala que “Las partes reconocen como legítimo el proceso de diálogo facilitado por la Defensoría de los Habitantes, SINTRAJAP y el Poder Ejecutivo… Asimismo se planteará… la incorporación del Colectivo Sindical Patria Justa, al proceso de diálogo para la atención de la temática que ahí se discuta.” (Ídem). Solo incorpora a PJ al diálogo sobre un asunto que está más que finiquitado: la entrega de los muelles de Limón a la transnacional holandesa APM Terminals.

En el punto siete del acuerdo “El Gobierno de la República renueva su compromiso con la modernización portuaria de JAPDEVA, al incorporar… los recursos necesarios para la compra de equipo montacargas, según los acuerdos asumidos ante la Defensoría de los Habitantes.” (Ídem). Esto es una miseria frente al monstruo y capacidad de la transnacional holandesa, la desaparición de JAPDEVA es un hecho apenas comience a funcionar el puerto controlado por esta compañía extranjera. Entonces, este punto es una tontería.

El punto ocho constituye una vergonzosa capitulación de una organización o bloque sindical a un gobierno. En el Patria Justa se compromete a que se abstendrá de “…convocar a nuevos movimientos similares, en la medida que se continúen desarrollando espacios que promuevan el efectivo cumplimiento de los puntos aquí convenidos…” (Ídem). Nunca se puede renunciar a la lucha, aunque se esté en un proceso de diálogo y negociación, más bien es lo contrario, la única forma de que las negociaciones sean exitosas es que haya presión hacia el gobierno y la patronal mediante la movilización y la huelga, en el proceso de negociación.

En síntesis, en dicho acuerdo entre Patria Justa y el gobierno de Solís no existe ningún resultado concreto a favor de los trabajadores. Todos los puntos, excepto el cuarto, no son del resorte y decisión del poder ejecutivo y, sin embargo, en ese punto el gobierno no le exige al Ministerio del Trabajo su acatamiento sino que va a “valorar” y “revisar”. Al final de cuentas, este acuerdo de conjunto constituye una derrota, desde el punto de vista de los resultados, para Patria Justa y los trabajadores que representa, porque para colmo de males, los dirigentes de PJ renuncian a la lucha y la huelga. A esto nunca se puede renunciar.

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