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NICARAGUA.- Con la destrucción de tranques: ¿está recuperando terreno la dictadura Ortega-Murillo?

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Paramilitares que atacan los tranques y  a las masas en lucha

 

Por Victoriano Sánchez

La ofensiva militar de la dictadura orteguista en la última quincena, está provocando algunos cambios en la correlación de fuerzas, que debemos analizar y discutir. Lo anterior no implica que Ortega-Murillo han recuperado popularidad. Al contrario, el FSLN atraviesa por una crisis sin precedentes. Las continuas masacres han provocado una separación de la antigua base social del sandinismo, con la conducción ortega-murillista.

La crisis crónica del Dialogo Nacional

El 25 de junio del 2018 se reanudaron las sesiones del Dialogo Nacional, después de haber sufrido varias interrupciones o suspensiones. En esta última ocasión, la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD) se negó a asistir a las reuniones de las comisiones del Dialogo Nacional, debido a los constantes incumplimientos del gobierno Ortega-Murillo.

El Dialogo Nacional sufre una crisis crónica por el reiterado silencio del gobierno en relación a la exigencia de fijar la fecha de las elecciones anticipadas, tal como lo ha demandado la ACJD, la Iglesia Católica, la Organización de Estados Americanos (OEA), Estados Unidos, la Unión Europea y casi todos los gobiernos de América Latina.

El Dialogo Nacional fue concebido como una mesa de negociación para organizar una transición política que terminaría en elecciones anticipadas. Pero después de dos meses de luchas, marchas monumentales, más de 300 asesinados y casi 2,000 heridos, el ansiado acuerdo nunca se produce.

Esto se debe a que todavía persiste la ilusión en un importante sector de masas, y también en una parte de la dirigencia de los movimientos sociales que son parte activa de la lucha, que es posible lograr un cambio de gobierno por la vía de la negociación. Hasta el momento, la lucha en los tranques y en las barricadas se ha concebido solamente como una presión social limitada, para obligar a la dictadura a ceder. Esto es correcto, hasta cierto punto. La dialéctica entre lucha popular y negociación depende del orden de los factores.

Lo determinante debería ser luchar para triunfar, desatar todas las fuerzas de la ira popular, y no limitar o restringir la dinámica de la insurrección popular en curso al ritmo de la mesa de negociaciones en el Dialogo Nacional. Esto ha sido fatal, porque en vez de apretar el acelerador, la conducción de la ACJD en muchas ocasiones ha apretado el freno, creyendo que de esa manera puede convencer al gobierno Ortega-Murillo de la necesidad de adelantar las elecciones.

Los niveles de negociación

En realidad, el Dialogo Nacional no es la principal mesa de negociación. Actualmente, las negociaciones políticas y diplomáticas, en torno a la crisis en Nicaragua, se produce en tres niveles distintos. El primer nivel, el más importante, es la mesa de negociación secreta entre el gobierno Ortega-Murillo con el gobierno de Estados Unidos y con la OEA. El segundo nivel se produce en la mesa de negociaciones, también secreta, con los capos de los principales grupos económicos, como Carlos Pellas, Piero Coen, la familia Baltodano y la oligarquía bancaria y financiera. Las negociaciones en estos dos niveles están interrelacionadas. Y el tercer nivel, es el Dialogo Nacional, donde deberían de materializarse los acuerdos de los dos niveles anteriores.

Las crisis y estancamiento de las negociaciones en el Dialogo Nacional se debe a que todavía no hay acuerdos en los dos niveles superiores. Debido a esto, no hay acuerdos en el Dialogo Nacional. Por ello Ortega-Murillo se dan el lujo de interrumpir, boicotear o reanudar el Dialogo Nacional, de acuerdo a la coyuntura, conforme avanzan las negociaciones en los niveles uno y dos.

En esta negociación a tres bandas, la delegación de la ACJD ha mostrado mucha ingenuidad política, haciendo innumerables concesiones (como retirar del primer punto de la agenda el tema de la renuncia inmediata de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo), incluso ha soportado humillaciones, en aras de arrancar la anhelada convocatoria a elecciones anticipadas. El orteguismo ha captado esta debilidad estratégica de la ACJD, y no ha desaprovechado las oportunidades que se le han presentado para iniciar una brutal contra ofensiva contra las masas insurrectas.

El orteguismo juega a derrotar la insurrección popular

Cómo un malabarista, el gobierno Ortega-Murillo mantiene la negociación simultánea en los tres niveles, priorizando a veces uno por encima de los otros, haciendo pequeñas concesiones en todos los niveles (como aceptar la presencia de los organismos internacionales protectores de derechos humanos), pero desarrolla una estrategia siniestra: mientras finge buscar una salida negociada, intenta ganar tiempo y reorganizar sus fuerzas.

No es una exageración afirmar que, mientras el gobierno muestra una faceta negociadora, sobre todo de cara a la comunidad internacional, a lo interno enseña los dientes, apuesta a prolongar al máximo el conflicto con el objetivo de cansar a las masas en lucha, trabaja sistemáticamente para cambiar la correlación de fuerzas e imponer una cruel derrota.

El orteguismo nunca ha jugado una sola carta, sino varias al mismo tiempo. De esta manera, va tanteando cual es la mejor carta para la defensa de sus intereses particulares. Nunca abandona completamente la negociación, pero, con mucha mayor razón, tampoco abandona el ataque furioso contra las masas insurrectas. Maneja a discreción una y otra, todo dependen del momento.

La “caravana de la muerte”

Mientras las negociaciones del Dialogo Nacional se estancaban, el gobierno Ortega-Murillo aceptó la presencia de la Comisión Internacional de Derechos Humanos (CIDH) en Nicaragua, la cual ha instalado dos comisiones especiales: el Mecanismo Especial de Seguimiento para Nicaragua (MESENI), encargado de vigilar las violaciones a los derechos humanos, y el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) encargado de hacer las averiguaciones sobre los asesinatos ocurridos.

Este es su clásico comportamiento: concesiones por aquí, golpes por allá. Mientras se instalaban estas dos comisiones especiales de la CIDH, el gobierno Ortega-Murillo organizó la llamada “caravana de la muerte”, compuesta por paramilitares encapuchados, quienes viajan en camionetas Hilux, escoltados por tropas de la Policía Nacional.

Como si fuera un último aliento, el orteguismo ha logrado agrupar esta fuerza móvil que ha desatado su furia contrarrevolucionaria, en Nindirí, Sebaco, Ticuantepe, Jinotega, Estelí, La Trinidad, Matagalpa, León, y recientemente contra Jinotepe. Han atacado los tranques y barricadas localidad por localidad, una cada día, para no dispersar las escasas fuerzas que ha logrado reunir.

La ofensiva militar contra los tranques y ciudades liberadas se ha desarrollado en presencia de la CIDH, el MESENI y le GIEI. El descaro del orteguismo es tal, que Paulo Abrao, secretario ejecutivo de la CIDH, preocupado por las continuas masacres declaró: "Sigue la represión en Nicaragua. Grupos armados progubernamentales apoyados por la Policía entran en las ciudades de manera masiva. Tiroteos y ráfagas de balas. Ayer Matagalpa. Ahora alrededores de Jinotepe y Diriamba. El Estado está incumpliendo su deber de desmantelar a las turbas". (END, 08/07/2018)

Paul Oquist: primero pacificar y después negociar

En una larga entrevista a BBC-Mundo, Paul Oquist, secretario privado de Daniel Ortega, resumió cual es la estrategia del gobierno: “(…) Entonces lo que tenemos que hacer es vencer la posición golpista, que la población caiga en cuenta que eso no va a resultar y que solo estamos destruyendo el país, para que el Diálogo se tome en serio viendo que esa es la única solución. La única solución es institucional, constitucional, democrática. Y eso va a llevar a que el soberano, el pueblo de Nicaragua, decida el futuro político del país. (…) todo se puede negociar en la mesa cesando la violencia. Y eso realmente es necesario para llevar adelante bien el diálogo, es imprescindible (…) Hay que conseguir el cese de la violencia, reconstruir confianza, y así se pueden hacer elecciones con reformas del Consejo Supremo Electoral y el padrón electoral aceptadas por todos. Por eso tiene que ser por consenso. Y por eso esas cosas de la OEA van a demorar un poquito (…)” (07/07/2018).

La estrategia del orteguismo es clara: primero pacificar y después negociar. Y así está actuando. Pacificar significa derrotar militarmente el proceso insurreccional en su contra, acabar con los tranques y barricadas, recuperar militarmente las ciudades liberadas, acabar con el poder dual a nivel territorial. Y esta ofensiva contrarrevolucionaria ha tenido un alto precio en sangre de luchadores populares, otra parte ha sido encarcelada.

Las sanciones de la Ley Magnitsky

El gobierno de Estados Unidos ha declarado públicamente, en varias oportunidades, su preocupación por la falta de voluntad negociadora de Daniel Ortega. Todo indica que le dieron un tiempo prudencial, pero la resistencia de Ortega a llegar acuerdos inmediatos, y el peligro de una radicalización de las masas, obligó a la administración Trump a romper la actitud expectante.

El 5 de julio del 2018, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos dieron a conocer que fueron incluidos en la lista negra, conforme la “Ley Global Magnitsky sobre Responsabilidad de Derechos Humanos” a los siguientes altos funcionarios nicaragüenses: José Francisco López Centeno, vicepresidente de ALBANISA, presidente de PETRONIC y tesorero del FSLN; Fidel Antonio Moreno Briones, secretario de la alcaldía de Managua, y al comisionado Francisco Díaz, Jefe en los hechos de la Policía Nacional.

Estas sanciones tocan al círculo de hierro de la familia Ortega-Murillo. Fidel Moreno estaba siendo preparado para asumir la candidatura presidencial del FSLN en el año 2021. La aplicación de la Ley Magnitsky implica que estos funcionarios no pueden hacer ninguna transacción bancaria, debido a que el sistema financiero internacional está controlado por los bancos de Estados Unidos.

Las sanciones de la Ley Magnitsky golpean al régimen Ortega-Murillo, en los momentos en que este desarrolla su brutal ofensiva militar contra las masas en lucha. A Estados Unidos le preocupa enormemente que el régimen dictatorial se imponga. Intenta mantener un equilibrio razonable de fuerzas, pero lo que más le preocupa es que, como contra fenómeno, se produzca una radicalización incontrolable de las masas, que desate a corto o mediano plazo una guerra de guerrillas contra la dictadura orteguista, que termine tirando por el suelo la propuesta imperialista de una salida democrática y negociada que restablezca el orden en Nicaragua y Centroamérica.

El discurso de Ortega: elecciones a su tiempo

Por primera vez en 39 años, no se realizó la marcha de El Repliegue, porque el pueblo insurrecto de Masaya lo impidió. A pesar de contar con los recursos del Estado, el FSLN no logró reunir más de 5,000 personas en un acto político, lo que evidencia un enorme deterioro de la base social del FSLN.

Daniel Ortega pronuncio un discurso con su clásico estilo dubitativo, sibilino. Guardó silencio sobre los sancionados de la Ley Magnitsky, tampoco atacó al imperialismo norteamericano. Fue muy prudente en estos temas. Acuso de asesinos y amenazó a quienes promueven la rebelión, cuando es el quien ha sembrado la muerte y el terror.

En relación al tema de las elecciones anticipadas dijo lo siguiente: “Ellos provocaron la muerte en abril entre hermanos nicaragüenses y luego desarrollando su plan para derrocar al gobierno del pueblo, entonces han continuado esa ola de crímenes (…) Aquí las reglas las pone la Constitución de la República a través del pueblo, las reglas no pueden a venir a cambiarla de la noche a la mañana simplemente porque se le ocurrió a un grupo de golpistas. Si los golpistas quieren llegar al gobierno, pues que busquen el voto del pueblo y ya veremos si el pueblo les va a dar el voto a los golpistas, que han provocado tanta destrucción en estos días, ya habrá tiempo tal y como lo manda la Ley, habrá tiempo para las elecciones, todo tiene su tiempo”. (El 19, 07/07/2018)

No fijo fecha para elecciones anticipadas, tampoco negó que pudiera convocarlas a “su tiempo”, sin indicar cuando serian. Ahí lo tienen retratado de cuerpo entero. El discurso nebuloso nos indica que el régimen Ortega-Murillo está jugando diferentes cartas en las mesas de negociaciones, pero no oculta la tentación de ocasionar una derrota militar a la insurrección desarmada, para poder negociar con mayor margen de maniobra una salida que deje intacto el aparato que el orteguismo creo en estos años, incluidos, por supuesto, su enorme fortuna y la seguridad para su numerosa familia.

El único camino: el Paro Nacional y profundizar la movilización

La situación se ha tornado tan compleja, que la conducción de la ACJD se ha visto obligada a convocar a una marcha nacional para el jueves 12 de julio y nuevo Paro Nacional para el viernes 13 de julio. Este Paro Nacional no debe ser de un solo día, sino mantenerlo por el tiempo que sea necesario hasta detener los asesinatos y voltear al gobierno asesino.

Este giro de la ACJD se debe a que Ortega, mientras los engañaba con el Dialogo Nacional, ha recuperado el control de muchos territorios. La población está cansada de poner los muertos. Exige medidas contundentes. Este próximo Paro Nacional debe convocarse y realizarse, no a instancias de los empresarios del COSEP, sino desde los trabajadores y los sectores populares.

Ortega ha recuperado una parte de los territorios liberados porque los tranques estaban desarmados. Los paramilitares disparan a mansalva contra el pecho descubierto de nuestros compañeros. Esto es una enorme debilidad. Si una parte de los tranques han sido destruidos, eso no significa que Ortega-Murillo han recuperado a las masas. Todo lo contrario. Hoy están más solos y desprestigiados que nunca. La mayoría de las masas está del lado de la revolución democrática, y mientras esto se mantenga tenemos la capacidad de derrotar a la dictadura.

Ortega-Murillo siguen aferrados al poder porque se han convertido en una dictadura militar, apoyados únicamente por el Ejército, la Policía Nacional y los paramilitares. Solo la profundización de las marchas y movilizaciones y la auto organización independiente de los sectores populares, nos permitirá recuperar el terreno perdido e iniciar la ofensiva final para destruir a este gobierno asesino.

 

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