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TURQUÍA.- El golpe de Estado de Erdogan y el AKP

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Por Nicolas Lebrun

La noche del viernes 15 de julio, luego del sangriento atentado terrorista reivindicado por DAESCH en la ciudad de Niza, una tentativa de golpe de estado se desarrollaba en Turquía.

Un sector del ejército se movilizaba en los sitios estratégicos de la capital y de otras ciudades para tomar los sitios de mayor importancia como el parlamento y las cadenas de televisión.

Después de una importante movilización de los partidarios del presidente Recip Erdogan, la intentona golpista fue detenida dejando un saldo de doscientas setenta victimas mortales y mil quinientos heridos aproximadamente.

Sin embargo, a una semana de los hechos, las interrogantes sobre esta tentativa se abren paso con varias incoherencias dentro del modo en que se desarrollaron las cosas. Por ejemplo, la alerta de los servicios de seguridad sobre una posible tentativa de golpe, se dio a partir de las 14horas. El estado mayor ordenó que, ningún avión o helicóptero, podrían despegar de las diferentes bases. Los servicios de inteligencia, según diferentes fuentes, ya tenían conocimiento que esta tentativa se iba a desarrollar.

Esto dio pie para que se desatara una feroz purga que ha tocado todos los niveles del estado turco, desde el ejército en primer lugar, de donde hay 108 almirantes y generales encarcelados de un total de 358 que componen la armada turca. El gobierno ha continuado con lo que han denominado una “limpieza” del “virus” con el poder judicial en el cual cerca de dos mil quinientos magistrados han sido despedidos y ha continuado con la educación con cerca de veinte mil empleados del Ministerio de Educación despedidos, además de cerca mil seiscientos rectores y académicos universitarios y otros veinte mil profesores del sector privado también. Una de las acusaciones para justificar estos despidos, es el hecho de la supuesta simpatía con el rival y antiguo copartidario del presidente, Fetula Gülen. Dentro de este contexto, el presidente Erdogan ya ha blandido la amenaza de restablecer la pena de muerte para castigar a los golpistas y por ende extenderla a los opositores de toda filiación. Dentro de las cárceles del régimen se encuentra cerca de 2600 personas encarceladas después del golpe y se han procedido a más de nueve mil doscientos arrestos. El estado de excepción decretado, se basa en los mismos argumentos que otras potencias, durante situaciones de conflicto o lo que ellas consideran una amenaza. Francia, por ejemplo, después de los atentados de Charlie Hebdo, ha promulgado este estado que limita las libertades democráticas en el mismo cuadro, como también lo hicieron los ingleses durante el conflicto en Irlanda del Norte durante los años 1998 y 2001.

Turquía en el contexto de la zona

Lo que fue el gran imperio otomano que durante casi seis siglos dominó el Medio Oriente, el norte de Africa, los Balcanes y otros territorios más, fue perdiendo su poderío delante de las potencias imperialistas europeas que lo fueron desmembrando poco a poco hasta destruirlo por completo al final de la primera Guerra Mundial. Durante este conflicto los turcos fueron aliados de las potencias vencidas, el Imperio Austro-Húngaro y Alemania, quedando reducido al territorio que ocupa hoy, salvo pequeñas excepciones como la ocupación de una parte de Chipre.

La instauración de una República, conocida como la republica kemalista, nombre del fundador de la Turquía moderna, el mariscal Mustafa Kemal Ataturk (padre de los turcos).

El papel de las fuerzas armadas ha sido preponderante en la historia reciente del país. La cantidad de golpes de estado lo revelan.   El argumento que siempre han esbozado ha sido el de proteger la laicidad de la república, pero esto no ha sido siempre así. El golpe de estado de 1980 fue el que volvió a imponer la enseñanza de la religión en la escuela. Eso va más allá de una visión simplista de laico y no laico, republicano o no. El hecho de que la burguesía turca ha establecido un equivalente, en términos ideológicos, de ser musulmán y de ser turco como algo indisoluble. De esta misma forma, las minorías son tratadas de con base a este mismo paradigma. Esto ha llevado en diferentes momentos de la historia reciente a continuar la política de opresión, expulsión y/o eliminación física de las minorías. Este es el caso de los ortodoxos expulsados en el año 1965, las masacres de la población kurda y los pogromos de judíos en los años 30. La consigna de Erdogan no es más que la continuación de una constante de los sectores nacionalistas que pregonan ya desde hace más de un siglo “turquizar, islamizar y modernizar” el país.

El imperio otomano fue el gran botín de guerra de las potencias europeas después de la primera guerra. Los ingleses y franceses, fundamentalmente pudieron hacerse de sus territorios que fueron transformados en protectorados o directamente en colonias. De esta manera, el reparto de la región establecido en esa época ha sido la fuente de una relación de rivalidad que se prolonga hasta esta época. Los tratados Sykes-Picot que diseñaron la base de los estados, choca con la ambición nacionalista turca de recobrar la influencia sobre esta estratégica región del planeta, por donde transita el grueso del petróleo y del gas que se utiliza en los países industriales. Este puede transitar via marítima o bien por los estratégicos oleoductos y gasoductos que vienen de las antiguas repúblicas soviéticas como Georgia, Azerbaiyán hacia Turquía y luego hacia Europa. El principal oleoducto se denomina BTC (las siglas de las capitales de Georgia y Azerbaiyán y el puerto turco en el mediterráneo donde culmina) y luego el gasoducto TANAP.

En los últimos tiempos también se ha especulado con la cantidad de petróleo proveniente de los territorios ocupados por DAESCH que ha pasado por Turquía para ser vendido. Esto ha representado sumas que van entre los 800 millones de dólares y un millardo para el 2015. Esto ha sido denunciado por el ex diputado opositor turco Mehmet Ali Ediblogu. En ese mismo sentido, se ha especulado de la participación del hijo del presidente, Bilal Erdogan como una de las cabezas de este lucrativo negocio.

Dentro de este contexto, el estado turco es un socio principal de los yanquis. Dentro de la OTAN, la Turquía representa el segundo ejercito de la organización en número con cerca de cuatrocientos mil soldados activos y se encuentra dentro de los diez ejércitos más poderosos del planeta. Si tomamos este aspecto, la posición de los yanquis en la región se encuentra asegurada por la fuerza militar de sus principales aliados, los turcos y los sionistas israelíes además de sus propias fuerzas desplegadas en el área.

Un rediseño de la zona no es excluyente para los yanquis que podrían ver de buenos ojos, como ya ha sucedido en países africanos como el Sudan (ahora Sudan del Norte y Sudan del Sur); la antigua Yugoslavia fragmentada en pequeños estados nacionales luego de la intervención yanqui cubierta bajo el mando de la OTAN y la firma del tratado de Dayton que puso fin al conflicto. De esta manera los Estados Unidos pudo debilitar a uno de los más fuertes estados obreros que surgieron luego de la Segunda Guerra y aumentar su control en los Balcanes. No en balde, el ejército turco mantiene una presencia en Kosovo como parte del contingente de la OTAN que continúa desplegado para “asegurar la paz”.

En este sentido, los turcos como potencia sunita, tiene más afinidad con las fuerzas del Estado Islámico y el proyecto de la creación de un califato en la zona para afirmar su posición y contrarrestar la influencia de las monarquías wahabitas o los estados chiíes como Irán o bien debilitar la influencia rusa en Siria. Pero esto no es un asunto confesional, todo esto obedece también al control de la producción y el mantenimiento de los precios de petróleo a nivel mundial. La guerra contra DAESCH ha sido el pretexto perfecto para el régimen turco de avanzar la guerra contra los kurdos, objetivo principal de la aviación en las diferentes intervenciones que ha llevado hasta el momento.

Para muchos de los ingenuos o no, que cantaron loas a los acuerdos de la COP21, este conflicto con los consecuentes medios militares y económicos desplegados para asegurar el control y el abastecimiento de las energías fósiles son una señal clara que para acabar con el desastre climatológico es necesario antes acabar con el capitalismo.

Erdogan asegura los intereses imperialistas

El tira y encoge entre la Unión Europea y el gobierno de Ankara refleja lo complejo de la situación. De un lado, los turcos, como hemos visto en los párrafos que preceden, son una zona de tránsito para los combustibles que abastecen el viejo continente, pero a la vez son un tampón contra el flujo migratorio proveniente de los países en conflicto en el Medio Oriente. El cierre de la denominada ruta de los Balcanes por los países de la zona, fue una ocasión de lujo para Erdogan para negociar un acuerdo multimillonario para amontonar en campos a cientos de miles de refugiados y obtener medios para afianzar su poder de negociación con las potencias europeas.

El resultado de la tentativa de golpe es lo que han denominado como la creación de un sultanato, donde la pérdida de libertades civiles y democráticas se ha recrudecido. En las antepenúltimas elecciones de junio 2015, las cuales no le dieron la mayoría al presidente para conformar su gobierno, además de permitir la entrada en la Asamblea del partido pro kurdo, el Partido Democrático del Pueblo (HDP siglas en turco).

Para enfrentar este impasse se dieron dos hechos para provocar el resultado de las elecciones de noviembre del 2015 que dieron como ganador al AKP. El primero los atentados contra la manifestación por la paz el 10 de octubre de ese año y las incursiones militares en la región kurdo-turca que dejaron cientos de víctimas fundamentalmente civiles. Todo esto a vista y paciencia de las potencias que lo han condenado tibiamente.

En el momento de escribir estas líneas, los ataques contra los medios de comunicación no han cesado. Esta purga se extiende a todos los niveles de la sociedad turca.

Es urgente organizar una Asamblea Constituyente con el objetivo de reformular el Estado turco para que las minorías puedan ser representadas. Expresamos nuestra solidaridad con las organizaciones sindicales y populares para defender los derechos democráticos de la población en contra de la represión cada vez más fuerte por parte del régimen pro imperialista de Erdogan y el AKP.

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