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IMPACTO REGIONAL.- El laberinto ecuatoriano: endeudamiento, ofensiva neoliberal y ascenso revolucionario

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Por Orson Mojica

Ecuador ha sido un país excepcional en América Latina. Las movilizaciones populares tumbaron sucesivamente varios gobiernos en la década que va de 1996 al año 2005, abriendo un periodo de enorme inestabilidad política

Abdalá Bucaram duró solo 7 meses en el poder (1996-1997), después de un periodo de turbulencia el gobierno de Jamil Mahuad Witt (1998-2000) duró apenas año y medio. Este gobierno cedió a Estados Unidos el control de las instalaciones aéreas militares de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, en la ciudad costera de Manta, conocida actualmente como base Eloy Alfaro.

El gobierno de Gustavo Noboa Bejarano (2000-2003) duro apenas tres años en el poder, producto de un golpe de Estado. Le sucedió el gobierno militar de la Junta de Salvación Nacional, presidido por Lucio Gutierrez Borbúa quien fue derrocado dos años después, siendo sustituido por Alfredo Palacio Gonzalez, quien duro otros dos años en el poder.

Crisis fiscal, inflación y dolarización

Una de las causas de la efervescencia política era la decadencia económica, la crisis fiscal y la incontrolable inflación. Por ello, en 1999, aquejado por la crisis económica, el gobierno de Mahuad inició el proceso de sustitución del sucre, como moneda oficial, por el dólar norteamericano. Este cambio de moneda se combinó con una gigantes devaluación del sucre, aunque estabilizó las finanzas públicas, causó una mayor conmoción social, arruinando a los pequeños propietarios y a la clase media

Ecuador experimentó, en el periodo entre 1995 y el año 2000, el empobrecimiento más acelerado en la historia de América Latina: el número de pobres creció de 3,9 a 9,1 millones, en términos porcentuales de 34% al 71%; la pobreza extrema dobló su número de 2,1 a 4,5 millones, el salto fue de 12% a un 31%.

Se produjo una mayor concentración de la riqueza. En 1990 el 20% más pobre recibía el 4,6% de los ingresos, para el año 2000 captaba menos de 2,5%. El 20% más rico incrementó su participación del 52% a más del 61%.  Mas de medio millón de ecuatorianos han migrado hacia otros países (más de un 10% de la PEA).

La revolución ciudadana de Rafael Correa

La dolarización terminó estabilizando las finanzas públicas del sistema capitalista semicolonial, con un enorme costo social. Evidentemente, esta situación de caos económico produjo algún grado de radicalización política.

En las elecciones del año 2006, la alianza de partidos de izquierda denominada movimiento “País” presentó la candidatura del catedrático Rafael Correa, quien con el 56% de los votos derrotó en una segunda vuelta al banquero Alvaro Noboa, quien obtuvo el 43% de los votos.

Utilizando un discurso populista de izquierda, en momentos en que se producía el auge del nacionalismo burgués en América Latina, el gobierno de Rafael Correa pretendió modernizar el capitalismo ecuatoriano, pero no corrió largo, porque las bases económicas eran las mismas: intensificación del extractivismo y la agroindustria.

Muchas de las nuevas concesiones fueron otorgadas a empresas de China, Canadá y Brasil, especialmente. Para obtener recursos económicos y alimentar a su base social clientelista, Correa amplió la frontera petrolera con la licitación de la XI Ronda Petrolera en la Amazonía centro sur (región que no había sido explotada por los gobiernos neoliberales) y el inicio de la megaminería en manos de multinacionales chinas y canadienses.

El conflicto de Correa con los indígenas

En términos generales, la matriz productiva se mantuvo intacta. La reforma agraria impulsada por el correísmo, fue un rotundo fracaso: la concentración de la producción y la venta, de la tenencia de la tierra y el monopolio del agua no fueron modificados.

La ampliación de la frontera petrolera y las concesiones mineras y de otros recursos naturales en territorios de campesinos e indígenas, provocó muchas luchas sociales que fueron reprimidas, criminalizadas y judicializadas. Los indígenas fueron quienes mas se opusieron a la entrega de sus territorios.

Estabilidad relativa y reelección

Este modelo económico, continuación de los gobiernos neoliberales que le antecedieron, logró aprovechar el boom de los precios de las materias primas de la década pasada, pero no cambió las bases de la economía ecuatoriana.

La relativa estabilidad de la economía le permitió a Correa obtener recursos para invertir en infraestructura y gasto social. El resultado político fue que pudo reelegirse en dos ocasiones (2009 y 2013), siendo el único presidente ecuatoriano que ha podido hacerlo.

Endeudamiento constante

Para el año 2006, la deuda externa de Ecuador era apenas de 10.328,3 millones de dólares, equivalentes a 25,3% del Producto Interno Bruto (PIB). Sin embargo, bajo el gobierno de Correa, muchos de los gastos sociales se financiaron mediante deuda pública, con la emisión de bonos del Estado, que se vendían en el mercado internacional y cuyos jugosos intereses constituían un festín para los banqueros y financistas internacionales. Correa terminó su segunda reelección con una elevada deuda externa, fuertes signos de crisis económica y agotamiento del modelo extractivista.

Sin lugar a dudas, el gobierno de Lenin Moreno representa una ruptura con las políticas económicas de Correa, un retroceso hacia las viejas políticas neoliberales. Ecuador no logró salir del circulo vicioso.

Debido a la crisis económica mundial, las fuentes de financiamiento se han secado, acorralando al débil gobierno de Lenin Moreno. Solo en el año 2018, la deuda externa aumentó 6,000 millones de dólares, cerrando en 49.429 millones de dólares. El gobierno de Lenin Moreno acudió ante el Banco de Desarrollo de China (CDB) y el EXIMBANK a solicitar nuevos préstamos internacionales.

Para junio del 2019, la deuda pública de Ecuador subió a $ 55.605,7 millones de dólares, equivalentes al 49,17% del Producto Interno Bruto (PIB).

El acuerdo SAF con el FMI

Ante la asfixia financiera de una economía dolarizada, el gobierno de Lenin Moreno recurrió en marzo del 2019 al Fondo Monetario Internacional (FMI), para obtener un préstamo en el marco del Servicio Ampliado (SAF), por un monto de USD 4.200 millones de dólares.

Un comunicado del FMI, con fecha del 11 de marzo del 2019, señalaba que el objetivo del SAF era “reducir la relación deuda / PIB a través de una combinación de un reequilibrio de la masa salarial, una optimización cuidadosa y gradual de los subsidios a los combustibles, una re priorización del gasto de capital y bienes y servicios, y una reforma fiscal”.

La segunda revisión del SAF se realizó en agosto del 2019. En esa ocasión, la misión técnica del FMI declaró “(…) se evidencian mejoras en las condiciones fiscales del país, así como en el fortalecimiento de sus reservas internacionales. (…) Se espera que las reformas estructurales previstas dentro del programa se envíen a la Asamblea Nacional en las próximas semanas”.

El Decreto No 883

Estimulado por los comentarios elogiosos del FMI, Lenin Moreno dictó el Decreto No 883, con fecha 1 de octubre del 2019, el cual ponía fin al subsidio estatal a los combustibles. En el mercado internacional, el precio promedio del galón de gasolina es de 2,22 dólares, pero en Ecuador vale solo 1,85 porque el Estado subsidia 0,37 centavos dólar. El precio del galón de diésel en el mercado internacional es de 2,11 dólares, pero en Ecuador de vende a 1.03 porque el Estado asume un subsidio de 1,07 dólares.

El Decreto No 883 tenia, como contrapartida, algunas pequeñas concesiones fiscales a los sectores populares, como el no pago de impuestos de celulares o el aumento en 15 dólares de algunos Bonos, pero estos caramelos no engañaron a la gente.

El paquete de medidas económicas que debió conocer la Asamblea Nacional no llegó a su destino, porque el Decreto No 883 provocó un enorme estallido social. El paquete de medidas económicas contemplaba la reducción del 20% de los salarios de los nuevos empleados públicos, incluido el beneficio de las vacaciones, contratarlos de manera temporal, etc.  Las organizaciones indígenas fueron la columna vertebral de la protesta y del levantamiento popular.

Paro Nacional e insurrección popular

Inmediatamente, varias centrales obreras y campesinas, y organismos populares, el Frente Unido de Trabajadores (FUT), la Federación de Transporte Urbano del Ecuador (FENATU) y la Confederación Nacional Indígena de Ecuador (CONAIE), comenzaron las protestas las que se convirtieron rápidamente en un paro nacional insurreccional.

La protesta y el bloqueo de carreteras se generalizaron en todo el país. La CONAIE organizó una marcha hacia Quito, donde se produjeron múltiples enfrentamientos callejero con la Policía y el Ejercito. El gobierno de Moreno tuvo que huir a Guayaquil, ante el caos revolucionario reinante en la capital. Posteriormente decretó el Estado de Sitio para contener el empuje revolucionario de las masas.

En las barricadas de podían leer pancartas exigiendo la renuncia de Lenin Moreno. La situación revolucionaria estaba el rojo vivo, con dualidad de poderes en las calles. Las organizaciones sindicales y populares eran un verdadero poder ante el decadente gobierno de Lenin Moreno.

Otra vez el engaño del “Dialogo Nacional”

Completamente acorralado y debilitado por el empuje de las masas en lucha, Lenin Moreno hizo desesperados llamados a favor del Dialogo Nacional. Para que su propuesta de dialogo fuera aceptada, tuvo que retroceder y derogar el Decreto No 883. Después de algunas vacilaciones, la dirección de la CONAIE, terminó aceptando la propuesta de dialogo, y las masas retrocedieron.

Aunque haya amainado la ola revolucionaria, con la ilusión que el dialogo puede resolver los problemas económicos, la crisis política continuará porque el sistema capitalista ecuatoriano se encuentra en un callejón sin salida: elevada deuda externa, bajos precios internacionales de los metales y petróleo, una economía sin perspectiva.

Solo las organizaciones de trabajadores, sectores populares e indígenas pueden sacar a Ecuador del laberinto en que se encuentra, pero para lograrlo necesitan romper las ilusiones en el Dialogo Nacional y tomar el control del Estado en sus propias manos.

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