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PANAMÁ.- Los muertos y heridos de la invasión del 20 de Diciembre de 1989

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Por Olmedo Beluche

(Tomado del libro “La verdad sobre la invasión”, publicado en diciembre de 1990, a un año de los acontecimientos. Nos parece que hay testimonios que no han sido tomados en cuenta por la actual Comisión 20 de Diciembre).

Las pérdidas de vidas humanas y el número de heridos constituye el aspecto en que más disparidades de criterios existe entre los diversos organismos involucrados en la responsabilidad de dar cifras oficiales. Sobre este tema existe el deseo, por parte de algunos sectores, de confundir o de ocultar las cifras reales respecto al número de víctimas civiles o militares. Pese a que varios organismos relacionados con los derechos humanos en Panamá pidieron al gobierno nacional que se aprovechara el censo de mayo de 1990 para conocer con exactitud el número de víctimas, éste denegó la petición.

Según un cable de la agencia de prensa France Press, fechado el 4 de enero de 1990, el Comando Sur del Ejército de Estados Unidos informó oficialmente que, en los primeros tres días, murieron 314 militares panameños y 124 resultaron heridos. Este parte del comando Sur no menciona a víctimas civiles. El mismo reconoce la muerte de 23 soldados norteamericanos y 323 heridos en sus filas. Además, se menciona que durante la invasión se realizaron 5,683 arrestos, de los cuales, a esa fecha, ya habían sido liberados 4 mil personas.

Respecto a la situación de esos miles de detenidos en campos de concentración, un médico panameño, cuyo testimonio es reproducido en el boletín Hable Ahora No.7, señala que el día 23 de diciembre fue trasladado al campo se concentración de Emperador para atender unos 30 heridos de bala y quemaduras que estaban allí recluidos. Al pernoctar en el campo de concentración, el personal paramédico del Ejército norteamericano le confesó que en el cementerio de Corozal existe una fosa común en la que fue echado un furgón repleto de cadáveres. El testigo señala que algunas versiones hablaban de tres furgones y no de uno. Supuestamente en cada furgón cabrían hasta 400 cuerpos.

La Cruz Roja panameña, en un comunicado del 21 de febrero de 1990, señaló que sus voluntarios atendieron un total de 1,017 heridos comunes y llevaron a la morgue un total de 129 cadáveres. Respecto a los casos de desaparecidos, la Cruz Roja informa haber recibido con posterioridad a la invasión 1,513 solicitudes de búsqueda. Se le dio respuesta, encontrando a la persona buscada, viva o en las listas de muertos o prisioneros, a un total de 1,462. Sin embargo, hay que señalar que los 129 cadáveres recogidos por las ambulancias de esta institución fueron rescatados en distintas áreas de la ciudad de Panamá, con excepción de El Chorrillo, el lugar más afectado. El Ejército norteamericano les impidió realizar esta labor durante los primeros días. Algunos funcionarios de la Cruz Roja dicen que el 22 los autorizaron para entrar, pero un cable de France Press señala que fue hasta el 24 de diciembre.

Por su parte, Minerva Gómez del Comité Panameño de Derechos Humanos, dice: que nuestra labor comenzó el 21 ó 22 de diciembre, cuando Raúl Scoferi y mi persona visitamos las morgues y hospitales de Panamá a fin de confeccionar un listado de los muertos durante la invasión y tratar de construir un listado de heridos.. Cuando fuimos a la morgue (del Hospital Santo Tomás) no cabían los cadáveres. Había demasiados cadáveres. En cada cuartito congelado habían 3 o 4 cuerpos.. Minerva Gómez explica que la confección de las listas fue muy difícil al principio, ya que el Santo Tomás no tenía listas completas de heridos y muertos, que había personas que aparecían primero como muertos y luego iban a verificar y aparecían como heridos. Ella señala que el propio Scoferi ayudó a compaginar el listado del Hospital.

Minerva Gómez señala que las listas del Comité Panameño de Derechos Humanos fueron recabadas de los hospitales Gorgas, Santo Tomás y del complejo hospitalario del Seguro Social. Aunque en el complejo nos dijeron que no tenían listados de los muertos, ya que los enviaban al Santo Tomás. Además, ellos recibían llamadas de familiares de personas desaparecidas. En total este comité recibió 248 llamadas para reportar personas desaparecidas. Pero muchas de esas personas aparecieron posteriormente, ya fuera porque estaban prisioneras, escondidas o muertas. En la actualidad (octubre 90) tenemos un listado de 93 desaparecidos, los cuales, sumados a la lista de muertos que posee este comité totaliza la cifra de 556 personas. Sin embargo, tanto Gómez como otros miembros del Comité Panameño de Derechos Humanos, se negaron a proporcionar los nombres de su lista, e inclusive a dar generales como: cuántos eran civiles o militares, cuántos eran hombre o mujeres; cuántos eran niños, etc.

Amalia Rodríguez, médico, designada por el gobierno de Guillermo Endara para dirigir el Hospital Santo Tomás, en declaraciones a la prensa concedidas el 26 de diciembre, señalaba que en ese hospital habían registrado 61 civiles muertos en los combates. Según esta misma fuente, en el hospital de la Caja de Seguro Social hubo una cifra “similar” de cadáveres y entre 70 y 80 cuer­pos habrían sido trasladados a hospitales militares bajo control nor­tea­me­ri­cano.

En cuanto a los hospitales de Colón y La Chorrera, la Coordinadora Popular de Derechos Humanos de Panamá (COPODEHUPA), posee fotocopias de los informes de los hospitales Manuel A. Guerrero y Nicolás Solano, respectivamente. El Hospital Manuel A. Guerrero registró un total de 136 personas con heridas cortantes el día 20, 49 heridos el 21, 20 heridos de este tipo el 22; 14 el día 23 y 19 el día 24 de diciembre. En lo que respecta a heridos de bala o perdigones el registro allí fue 19, 20, 31, 3 y 1 cada uno de esos cinco días mencionados respectivamente. Heridos “poli­trau­ma­ti­za­dos” aparecen 2, 17, 10, 2 y 3 respectivamente. El in­for­me aparece re­fren­da­do con la firma del doctor Salomón Morales, director médico de dicho cen­tro hospitalario.

 En lo referente a muertes en la ciudad de Colón, el Instituto de Medicina Legal de Cristóbal posee un registro en el que aparecen un total de 20 muertos por arma de fuego entre los días 20 al 23 de diciembre, correspondiendo 13 muertos al día 20, 4 muertes al día 21 y 2 al día 23. A los 20 fallecimientos por arma de fuego se le suman 4 fallecimientos por “politraumatismo”.

En La Chorrera, el Hospital Nicolás Solano presenta un registro en el que aparecen los nombres de los que ingresaron en la madrugada del 20 y los días 21, 13 y 25 de diciembre, sin especificar el tipo de lesión. El 20 de diciembre ingresaron a este hospital 11 heridos y 2 fallecidos, correspondientes estos últimos a las personas de la representante de corregimiento Jobina García y a José Espinosa. Ambos murieron producto de las esquirlas de un obús lanzado por un tanque contra el auto en que viajaban en el distrito de Arraiján. El día 21 se registraron 12 heridos y 7 heridos más entre el 23 y el 25 de diciembre.

Humberto Mas, director del Instituto de Medicina Legal de Panamá, de la Procuraduría de la Nación, ente encargado de proporcionar los informes oficiales, dice que de diferentes lugares hemos recibido cuestionamientos en cuanto al manejo de estas cifras. Parece que el común denominador es que las cifras no coinciden... Paradójicamente es el Instituto de Medicina Legal el encargado de este tipo de manejos en cuanto a las muertes y es el que da las cifras menores de todas las que se han manejado. El doctor Mas resume las cifras que proporcionan los distintos organismos: El Comando Sur da alrededor de 500 y tanto, el Comité de Derechos Humanos algo más de 500, el Comité de los Caídos el 20, que preside lsabel Corro, sostiene que son más de mil, otras cifras que se dieron en el exterior por el ex procurador de Estados Unidos, Ramsey Clark, se refieren a 7 mil y así sucesivamente.

El doctor Mas agrega ...nosotros, que verificamos en el terreno, en la práctica estamos dando cifras de 365 a 370 muertos, incluyendo civiles, militares y desaparecidos. No quiero ser contundente de que ésta es la cifra absoluta porque es la oficial - dice el Dr. Mas- la magnitud de un hecho como éste que sucedió nos hace pensar que debe haber más muertos. Sin embargo, nuestros basamentos son específicamente lo palpable... 

El doctor Mas señala que el cuerpo médico forense del Instituto estuvo practicando reconocimientos y contando cadáveres, porque era imposible practicar una autopsia de rigor médico - legal, desde el día 21 de diciembre. respecto a la disparidad de las cifras, el doctor Mas dice que por ejemplo, con el Comité Panameño de Derechos Humanos la diferencia principal residía en la cantidad de desaparecidos. Aunque le propuso al licenciado Roberto Troncoso, del Comité, la comparación y compaginación de los listados, esto “no se ha cumplido”. El doctor Mas termina señalando que ha recibido informes de fosas comunes en El Chorrillo, Coco Solo y Pacora y que él está dispuesto a realizar las exhumaciones tan pronto se ordenen.

Pese a que en su declaración el doctor Mas habla de 365 a 370 muertos y desaparecidos registrados por la institución a su cargo, el listado oficial que este Instituto proporciona registra 255 muertos y 93 desaparecidos. De los 93 desaparecidos de este listado, 39 corresponden a militares y el resto son civiles. 

                                               Total      Militares                Civiles

Sto. Tomás                          87            14                          73

Seguro Social                      22              4                        18

Albrook                                43           16                         27

Howard                                35            13                       22

   Por otra parte, el periódico Istmo No.11, de septiembre de 1990, reproduce el informe de una entidad independiente norteamericana llamada “Médicos por los Derechos Humanos”. La misma efectuó una misión en Panamá con posterioridad a la invasión. Según el Istmo, el informe de estos médicos norteamericanos estima que la invasión a Panamá causó daños sustanciales a la sociedad panameña tanto en lo físico como en lo sicológico. Según dicho informe, esta comisión médica pudo constatar que durante la invasión y los días subsiguientes se produjeron, por lo menos, 3,000 heridos y que pidieron constatar que al menos 100 muertos no fueron incluidos en los listados oficiales.

El periódico Istmo también señala que, en el caso de los muertos de la ciudad de Colón, el director de la Cruz Roja de esa ciudad dijo a esa comisión de “Médicos por los derechos Humanos”, que allí hubo 62 muertos, 38 más de lo que señala el informe oficial. Sin embargo - dice Istmo-, afirman (los Médicos por los derechos Humanos) que no encontraron evidencias de que, como afirman muchos en Panamá y Estados Unidos, hubo miles de muertos.

Consultada sobre este tema Ivette González, de la Coordinadora Popular de Derechos Humanos de Panamá, dice que aquí se dio una violación fun­da­men­tal que es el derecho a la vida. En cuanto a la cantidad de muertos, recién la invasión COPODEHUPA se tomó la tarea de buscar o tratar de precisar cifras sobre la cantidad de víctimas que hubo. Pero las fuentes se nos cerraban: hospitales, medicatura forense, autoridades, etc. No recibíamos cooperación. Parece que antes de la invasión se habían puesto de acuerdo para no dar dicha información.

Nosotros tenemos testimonios - continúa Ivette González- que no coinciden con la cantidad que el gobierno ha estado dando. Conversamos con miembros de los Batallones de la Dignidad, presentes en el Cuartel Central, que dicen que la invasión fue tan repentina que no les dio tiempo ni para rendirse, que casi todos murieron. También tenemos testimonios de gente de El Chorrillo que dicen que para salir pasaban por encima de muchísimos cadáveres. Aparte de que hay testigos que dicen que muchos cadáveres fueron retirados a tempranas horas del día 20 por el Comando Sur y fueron incinerados.

Ivette González aclara que COPODEHUPA no desea especular con las cifras de muertos, por lo que no dan ninguna oficialmente. Y finaliza diciendo que si nos preguntan a COPODEHUPA cómo estamos en materia de Derechos Humanos, decimos ¡Estamos muy mal! Las consecuencias de la invasión repercuten directamente sobre las clases populares y el gobierno actual no ha puesto interés serio en resolver los problemas.

Isabel Corro, presidenta de la Asociación de Familiares de los Caídos el 20 de diciembre de 1989, dice: que la evaluación nuestra, en relación al gobierno, es muy pobre, porque después de tantos meses de invasión no han hecho ni dicho nada. Apenas se empieza a escuchar por ciertas personalidades del gobierno actual sobre lo que es invasión, lo que antes se decía una liberación. Pero en relación al mismo presidente (Guillermo Endara), te das cuenta que no aprovechó la Asamblea de la ONU para decir siquiera algo de la invasión a Panamá. En cambio, aprovechó para criticar la invasión a Kuwait. Por lo tanto, es muy pobre lo que se puede hablar con respecto a este gobierno, que subió a la Presidencia montado en una tanqueta. Ese es el por qué de no pronunciarse ellos. No ayudan con las fosas comunes porque eso sería involucrarse con los muertos, los muertos significan la invasión, la invasión sería reconocer que no fue una liberación. Por lo que hay que entender el modo en que proceden.

Respecto a la labor realizada por la asociación que preside, Isabel Corro deja sentado que estamos ... exhumando muertos de las fosas comunes, pero lo importante no es exhumar los cadáveres, sino exhumar la conciencia del pueblo. ¿Qué es lo que nos pasó un 20 de diciembre? Ya hemos estado exhumando conciencias y, gracias a Dios, hoy día se oye hablar en todas partes de que en Panamá hubo una invasión, un 20 negro, y ya ves a la gente saliendo a las marchas con menos temor que antes. Ya la gente habla de la invasión y de sus muertos.

Hemos realizado dos exhumaciones que se han convertido en tres. Hicimos una el 28 de abril, otra el 5 de mayo y la última el 28 de julio (de 1990). Sacamos de una fosa 27 cadáveres, en otra 96 y en la última 15. Esto suma 138... En las fosas comunes el Jardín de Paz no es desconocido para los panameños, ni a nivel internacional, que encontramos cadáveres esposados, enyesados, aplastados por tanquetas, con documentos en sus bolsillos y dados como no identificados... ¿A esto podríamos decirle Causa Justa? ¿Causa Justa para quién? Esa es la pregunta. ¿Para los que están en el poder, o para los que están en las fosas comunes? Como el caso que encontramos en Colón, por ejemplo, de un niño de 6 años con el cráneo totalmente destrozado.

Respecto al número global de víctimas, Isabel Corro señala que no hemos conseguido mucho. Las cifras, hoy por hoy, son especulativas. Aquí la Iglesia católica habla de no menos de 500 muertos. El Comando Sur habló de 300. El gobierno nacional dice menos de 500. El Comité Panameño de Derechos Humanos dice 556 muertos, específicamente, uno por uno los contó. No se dónde los contaría, pero yo alabo las matemáticas de ese comité, porque yo que he abierto fosas comunes no puedo decir cuántos muertos hubo en Panamá. Y agrega Isabel Corro ellos hablan de 500. ¿Por qué el Comité Panameño de Derechos Humanos, la Iglesia católica, el gobierno nacional y el Comando Sur hablan de más o menos las mismas cifras? Porque estos cuatro grupos fueron cómplices de este genocidio. Nosotros no queremos hacernos cómplices, porque sabemos que hubo más muertos que eso. ¿Cuántos más? Calculamos que debe haber alrededor de 4 mil muertos en este país. Calculamos que debe haber más de mil militares y dos mil y tantos civiles, porque la población civil fue la que más pereció. Definitivamente son especulaciones. Mientras no tengamos una cifra bien contundente no la vamos a dar a conocer, porque queremos demostrarle al mundo que estos cuatro grupos mienten tremendamente.

 Una pregunta frecuente, y razonable, a quienes hablan de miles de muertos es ¿dónde están los familiares? Hecha esta pregunta a Rafael Oli­var­día, del Comité de Refugiados de El Chorrillo, nos responde: Los familiares que se sinceran con nosotros nos piden que no digamos sus nombres. Sienten terror hacia este gobierno, a la venganza, que los boten de los tra­bajos, que los persigan o que los metan presos o los acusen de “batalloneros”.   

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