Cristiana Chamorro es la candidata del gran capital

Por Roberto Martínez

Lentamente nos acercamos a la fecha del 7 noviembre, cuando se realizaran las elecciones generales. Definitivamente, tenemos que reconocerlo, la dictadura se anotó un triunfo al desbaratar la propuesta de elecciones anticipadas, y con ello sobrevivir durante tres años.

Nada de reformas electorales

A pesar de que desde inicios de 2020 ya había una propuesta de reforma consensuada entre los principales grupos de oposición, no se realizó ninguna campaña para que estas propuestas fueran retomadas por la población.

La Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), controlada por el ex Movimiento Renovador Sandinista (ahora Unámonos) y la Articulación, (ex Movimiento por el Rescate del Sandinismo, MPRS) debido a que en 2016 habían roto con la corriente liberal que ahora es el Partido Ciudadanos por la Libertad (CxL) priorizaron la alianza con el adversario natural, el Partido Liberal Constitucionalista (PLC), creyendo que podrían compartir el “segundo lugar” en la conformación de la estructura electoral. Así fue que abandonaron sutilmente la propuesta de reforma electoral. Este esquema fracasó cuando la corriente de Maria Haydee Osuna tomo el control del aparato del PLC, y este fuera “separado” de la Coalición Nacional (CN). La UNAB se quedó “sin Beatriz y sin retrato”. Al fin de cuentas, para poder participar en las elecciones necesita obligatoriamente una casilla electoral.

Muchos los diablos y poca el agua bendita

Sin haber desatado la presión social interna para obligar a la dictadura a negociar la reforma electoral, sin tener claro todavía las condiciones sobre las cuales se realizarán las elecciones de noviembre de 2021, (todo indica que será un proceso electoral bajo las condiciones de la dictadura) los diferentes grupos de oposición ya están enfrascados en una feroz pelea por la candidatura presidencial.

Félix Maradiaga, eterno obsesionado por la candidatura presidencial, rompió los fuegos, hasta que la represión le impuso casa por cárcel. Casi al mismo tiempo, Juan Sebastián Chamorro y su prima Cristiana Chamorro, hija de la expresidenta Violeta Barrios de Chamorro, anunciaron su intención de ser candidatos presidenciales de la oposición.

A casi tres años del levantamiento de abril del 2018, la oposición no tiene el arrastre popular mayoritario que debería tener. Esto no significa que la dictadura ya suero su crisis. No, la dictadura continua en crisis, pero la oposición se encuentra en estado lamentable políticamente.

La última encuesta de CID-Gallup

Las encuestas hay que tomarlas con pinzas, pero los resultados de la última encuesta de CID-Gallup son realmente preocupantes: el FSLN tiene un 25% de respaldo popular (su tradicional voto duro), la UNAB un 4%, CxL tiene un 3%, el PLC un 2% y el 62% restante no manifestó simpatía por ninguna fuerza política.

A nivel de los precandidatos, Cristiana Chamorro, quien acaba de anunciar su intención de postularse, tiene apenas un 13,3%, Félix Maradiaga tiene 10,3% y Juan Sebastián Chamorro tiene 9,7% y Medardo Mairena, el líder campesino, apenas un 7,8%.

Los porcentajes a favor de los precandidatos reflejan el voto duro opositor, pero este es siendo inferior al voto duro de la dictadura. Lo que más preocupa es que más del 60% no muestra simpatía por nadie. Esto refleja un rechazo pasivo, un desencanto, por la falta de políticas y discurso claro de los grupos de oposición.

Todos los grupos claman por la unidad de la oposición, una tarea imposible por los intereses particulares de cada grupo. La pelea se concentra en este momento en obtener la candidatura presidencial, porque a partir de ella se definen las diputaciones y las cuotas de poder.

Una interna que no se realizó

La UNAB fue una de las primeras agrupaciones en iniciar la lucha por la definición de las candidaturas. Con ademanes populistas, sus dirigentes dijeron que se oponían a los dedazos, y que las candidaturas serian definidas en una elección interna, bajo un complicado esquema de votos por sectores y por cada organización.

No obstante, en un comunicado del 9 de febrero, cambiaron el discurso: anunciaron que Félix Maradiaga había sido el único precandidato presidencial, apoyado por 19 organizaciones de la sociedad civil y 61 consejos municipales y que, al no haber otro candidato, será ratificado por la Asamblea Ciudadana. En pocas palabras, ya no habrá elección interna.

Félix Maradiaga, un disidente liberal, es la carta de la UNAB, controlada por el ex MRS y la Articulación, para negociar una posible formula unitaria con CxL. Un sector del gran capital impulsa la candidatura de Cristiana Chamorro, y los otros precandidatos aspiran a ser parte de la formula.

Mientras se producen los codazos y pellizcos entre los grupos de oposición, la mayor parte de la ciudadanía permanece sumida en la decepción. Un mal síntoma, pero la gente tiene razón en no apoyar a estos candidatos de papel, que no plantean soluciones a los graves problemas que sufre el pueblo de Nicaragua

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