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NICARAGUA.- ¿Represión y silenciosos pasos hacia la negociación?

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Por Melchor Benavente

Durante el mes de diciembre del 2018, la dictadura Ortega-Murillo intensificó los niveles de represión contra los activistas populares, llegando al extremo de cancelar la personalidad jurídica de más de 10 ONGs, cerrar el canal 100% noticias, encarcelar y procesar a sus directivos, allanar y cerrar las oficinas del semanario Confidencial, etc.

Represión y crisis económica

La dictadura ha recuperado el control total, prohibiendo marchas y manifestaciones, encarcelando a quien ose desafiar la represión. Pero la situación de normalidad es aparente. La crisis económica continúa acentuándose, y se revela de manera clara en la reducción constante del nivel de las reservas internacionales, que son el sostén de la estabilidad del córdoba. La fuga de capitales es una manifestación clara de la desconfianza de los empresarios hacia el gobierno y hacia la situación política. Los niveles de desempleo han aumentado, creando una situación potencialmente explosiva.

Erosión política de la dictadura

Aunque la dictadura ha recuperado el control de la situación política, no ha recuperado la conciencia ni las simpatías de la gente. Una reciente encuesta de CID-GALLUP, del mes de enero del 2019, nos indica que más del 60% de la población quiere elecciones anticipadas para elegir un nuevo gobierno. También reflejó una desmoralización de la militancia de base del FSLN. El voto cautivo o intención de voto siempre ha rondado cerca del 38%, ahora ha bajado a un 25%. Una caída significativa que puede tener resultados fatales si la dictadura cede la realización de elecciones anticipadas.

Aislamiento internacional

La dictadura Ortega-Murillo no solo ha sufrido una significativa erosión en su tradicional base de apoyo social, sino que se encuentra aislada a nivel internacional. La mayoría de los países miembros de la OEA han iniciado la aplicación de la Carta Democrática de la OEA, de la misma manera que lo han hecho con Venezuela. Este es un mecanismo de enorme presión diplomática, que puede profundizar el aislamiento de Nicaragua, con graves consecuencias económicas.

Estrategia de resistir al máximo

Desde el estallido de la insurrección desarmada en abril del 2018, la dictadura Ortega-Murillo ha tenido una estrategia clara de resistir al máximo para poder negociar en una mejor correlación de fuerzas. Esta decisión no es una locura política de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, sino que obedece a un cálculo frio. La culpa sandinista siempre ha negociado al borde del abismo, se resiste a negociar en condiciones que considera desventajosas. Necesitaba primero sofocar la insurrección para sentarse posteriormente a negociar, después de superar el susto que le provocaron los tranques y barricadas en todo el país.

Lento giro hacia la negociación

No obstante, a pesar de la intensificación de la represión en Nicaragua, y del hecho que ya se inició el procedimiento de activación de la Carta Democrática de la OEA, ya han aparecido las primeras señales que la dictadura se prepara para iniciar una nueva negociación política.

Aunque México se ofreció como mediador, la propuesta no fue recibida con agrado por la oposición en Nicaragua. El COSEP, FUNIDES y ANCHAM, es decir, la cúpula empresarial, ya solicitó permiso a la Policía Nacional para realizar una manifestación para el día jueves 24 de enero del año en curso. Si esta es autorizada, estaríamos ante el inminente inicio de una nueva versión del Dialogo Nacional. La misión de diputados del Parlamento Europeo, cuya visita a Nicaragua había sido vetada inicialmente, fue aceptada por Daniel Ortega.

El Ejército de Nicaragua (EN), que ha mantenido un silencio cómplice con la dictadura, por primera vez se ha pronunciado en el sentido que no aceptará la presencia de grupos armados en el territorio nacional. Si juntamos estos hechos aislados, el resultado es que la crisis económica, el descontento social y la presión internacional, están obligando a la dictadura a iniciar el camino de la negociación política.

En realidad, el problema no es la negociación, sino lo que van a negociar. Todo indica, por el nivel de dispersión y atomización del movimiento social, por los efectos del aplastamiento de la insurrección desarmada, que los grupos económicos y la dictadura se preparan para instaurar un orteguismo sin ortega, pero conservando éste enormes cuotas de poder.

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