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HISTORIA DE CENTROAMÉRICA.- 15 de septiembre de 1821: Primera “independencia” sin revolución anticolonial

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Por Rafael Arce Molina

A 193 años de la proclamación de la primera independencia de Centroamérica, la emancipación del dominio de la corona española, vale la pena hacer unas reflexiones sobre el tema. La proclamación de la independencia de Centroamérica el 15 de septiembre de 1821 se dio bajo la influencia de cuatro factores:

1) La entusiasta adopción por parte de la élite intelectual de la región, vinculada a los grupos económicos dominantes, de las ideas de la ilustración. Se formó la Sociedad Económica de Amigos del País, en cuyo seno se discutían medidas para reformar la sociedad a todos los niveles.

2) La agitación política en la metrópoli española resultado de la invasión francesa, la consiguiente sublevación popular contra la misma, que obligó a los monárquicos a proclamar la Constitución de Cádiz, su abolición por Fernando VII en 1814 y su posterior restablecimiento en 1820; esta Constitución despertó grandes esperanzas en el seno de la élite, tanto en la Capitanía General de Guatemala como entre los grupos ilustrados de las ciudades centroamericanas. Se eligió un diputado para las cortes españolas, Antonio Larrazábal, quien llevó consigo los documentos Instrucciones para la Constitución Fundamental de la Monarquía Española y su Gobierno, con propuestas de los círculos liberales y los Apuntes Sobre la Agricultura y Comercio, que daban cuenta de la situación económica de la región.

3) El exitoso levantamiento armado de los independentistas mexicanos contra el dominio español que condujo a la proclamación de la independencia en ese territorio y la instauración de la monarquía de Agustín de Iturbide.

4) Las sublevaciones populares acaecidas en noviembre de 1811 en San Salvador, en diciembre del mismo año en León y Granada (del 22 de diciembre a abril de 1812), en diciembre de 1813 en Guatemala (conjuración castigada duramente) y en enero de 1814 de nuevo en San Salvador (reprimida con rigor). Estas sublevaciones no tuvieron relación entre sí, ni estuvieron directamente ligadas a las ideas de emancipación; su sustrato estaba en la crisis de la producción y comercio del añil y el consecuente desempleo que empujó la población del campo hacia las zonas urbanas.

Los acontecimientos de septiembre de 1821

Las revueltas populares fueron sofocadas entre 1814 y 1815. El restablecimiento de la Constitución de Cádiz en 1820 agitó el clima político en la Capitanía General de Guatemala, formándose dos bandos, ambos constituidos por profesionales liberales ilustrados y miembros de las élites adineradas: los independentistas, formados por intelectuales y miembros de las familias criollas con poder económico, que publicaron “El Editor Constitucional”; y los partidarios del gobierno de la corona, formado por ricos comerciantes peninsulares e intelectuales ilustrados, que publicaron “El Amigo de la Patria”. La principal discusión entre ambos bandos era el libre comercio; los independentistas abogaban por la liberación del comercio, mientras que los gobiernistas planteaban el control, debido a que el ingreso de telas inglesas había arruinado los telares guatemaltecos.

Los sucesos en la Nueva España (México) precipitaron los acontecimientos. El Plan de Iguala, que declaró la independencia y estableció el imperio mexicano, presentó para los independentistas la posibilidad de realizar la emancipación uniéndose a México bajo un sistema monárquico constitucional.

A finales de agosto de 1821 se estaba dando forma al llamado “Plan Pacífico de Independencia”, preparado por Juan José y Mariano de Aycinena, Pedro Molina, Mariano Beltranena y José Francisco Barrundia (de las familias adineradas constitucionalistas y liberales), en el cual trazaban los pasos para lograr la emancipación, proponiendo la jefatura del nuevo gobierno al nuevo jefe político superior, brigadier Gabino Gaínza.

El 15 de septiembre se realizó una junta general, cuya mayoría se inclinaba por declarar la independencia. Solo se discrepó sobre si se hacía uniéndose o no a México. Al final se hizo un compromiso: se declaró la independencia, pero condicionada a lo que en definitiva resolviera un congreso ulterior; no se realizaron cambios en las autoridades, incluyendo al jefe político; se creó una Junta Provisional Consultiva, en la que había más partidarios por la anexión y se logró que en el mismo acto jurara la independencia Gaínza. Se declaró la independencia sin definirla.

Anexión a México

Desde un principio se inclinó la balanza a favor de la unión a México, con el apoyo de Gaínza y las familias adineradas. Las provincias favorecieron la anexión a México, por diversos motivos.

Desde la proclamación de la independencia, el gobierno de Iturbide empezó a presionar por la anexión a México. La presencia de las tropas mexicanas obligó a la Junta Provisional Consultiva a organizar una consulta para que los Ayuntamientos de las ciudades decidieran la anexión. El 5 de enero de 1822 el recuento de la consulta dio como resultado la decisión mayoritaria de la anexar Centroamérica al imperio de Iturbide, aunque hubo oposición.

Iturbide fue derrocado en México por una insurrección popular el 19 de marzo de 1823. Esto condujo a la convocatoria por parte de las autoridades centroamericanas, de una Asamblea Nacional Constituyente que el 1 de julio de 1823 proclamó la independencia de las provincias de Centroamérica de España, México y cualquier otro país.

Independencia sin transformaciones sociales

Como vemos, en Centroamérica las propias autoridades coloniales, empujadas por los grupos económicamente dominantes fueron quienes proclamaron la independencia, para “…prevenir las consecuencias que serían terribles en el caso que la proclamase de hecho el mismo pueblo”, como reconoce la misma acta de independencia.

El control de las élites económicas dominantes sobre un acontecimiento tan relevante en la región centroamericana, como el fin del status de colonia española, explica que para los grupos explotados y las capas más pobres, la independencia no trajera cambios sustanciales. De hecho incluso a nivel jurídico se conservó en lo esencial las disposiciones de las instituciones derivadas de la Constitución de Cádiz.

Para los grupos oligárquicos de la Capitanía General de Guatemala y sus provincias, la independencia supuso ante todo la consolidación y preservación de su poder económico, logrando un mayor control que impidió que las ganancias fueran a España bajo la forma de impuestos. La intención de estas élites fue lograr un régimen moderado, que no cambiara las cosas, en el que la administración española se retirara y ellos ocuparan su lugar.

La economía en la época de la independencia

El statu quo que las élites trataron de conservar tenía su base en la agricultura. Durante toda la época colonial hubo dos sistemas agropecuarios interdependientes, el comercial y el de consumo interno. El primero dependía de un producto principal que impulsaba la economía, mediante su exportación a España, que permitía recursos para importar bienes de la metrópoli. Desde inicios del siglo 17 este producto fue el añil. El comercio del añil tuvo su mayor auge en la última década del siglo 18, estancándose a partir de 1811.

La exportación era monopolio de comerciantes peninsulares, relacionados con casas comerciales de Cádiz. Ellos compraban a grandes cosecheros, que a su vez lo hacían a pequeños productores. Como los exportadores también prestaban dinero a los productores, con el tiempo fueron adquiriendo plantaciones dadas en garantía de préstamos, convirtiéndose en productores. De esta manera, familias como los Aycinena amasaron grandes fortunas. El tráfico de ganado proveniente de las provincias también era controlado por grandes hacendados, vinculados económica y familiarmente a los grandes comerciantes.

El tabaco y el cacao eran también productos de exportación aunque de menor importancia. Hubo un pequeño auge del cultivo del algodón, que propició el surgimiento de una industria artesanal de fabricación de telas, pero a partir de 1809 decayó debido al ingreso de telas inglesas por medio de comercio legal o del contrabando.

La agricultura de consumo abarcaba el maíz, frijol, trigo, verduras, panela, etc. Estaba a cargo de indígenas y ladinos rurales. Los indígenas eran la principal mano de obra a través del sistema de trabajo semi forzado de repartimentos: cultivaban el añil, trabajaban en las haciendas, hacían los caminos, erigían los edificios, llevaban la carga. Como se mencionaba en el documento Apuntamientos sobre la agricultura y comercio “Ellos son el descanso de las demás clases sin exclusión; ellos son los que nos alimentan surtiéndonos de la necesario y de regalo…”.

Cambiar algo para no cambiar nada

Este sistema basado en la explotación de la mano de obra indígena a través de un sistema servil estaba en crisis al momento de la independencia. Como ya mencionamos, la exportación de añil estaba estancada en su nivel más bajo, al igual que la manufactura de telas de algodón. El incremento de la población indígena y la dispersión de los ladinos condujeron a una crisis de tierras. La crisis del sistema de importación-exportación y el aumento del contrabando llevó a la disminución de los ingresos del gobierno, que cayó en déficit.

Sin embargo, el proceso independentista bajo el férreo control de la oligarquía criolla en nada cambió la estructura económica y social en crisis. La economía continuó dependiendo de un cultivo de exportación: después del añil, la grana, y posteriormente el café; las potencias comerciales imperiales continuaron ejerciendo su influencia sobre la región: Inglaterra durante casi todo el siglo 19, para ceder luego el lugar a Estados Unidos. La situación de sometimiento y explotación servil de la mano de obra indígena continuó hasta bien entrado el siglo 20, al menos en el caso de Guatemala, cuando la revolución democrática de 1944 le puso fin.

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