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EL SALVADOR.- ¿Por qué las negociaciones con las maras terminan siendo maldiciones?

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Por Salvador Belloso.

En el año 2012 con la intervención del Gobierno Funes-FMLN, grupos de la Sociedad Civil  y las principales maras y pandillas que operan dentro del estrecho territorio salvadoreño, se concretó una tregua entre estos últimos lo cual permitió un desarme y la reducción en el índice de homicidios, pero todo dio un giro en el 2014, cuando Salvador Sánchez Cerén tomó la batuta y revertió toda la participación del Gobierno, desde entonces en la opinión pública quedó impregnada la frase ’’negociación con pandillas’’ la cual está dotada de tabúes y prejuicios al punto de satanizar cualquier insinuación o planteamiento que implique un gran consenso nacional que lleve a la pacificación de estos grupos, y por qué no; su desintegración.

Nayib Bukele en su momento maldijo a sus rivales políticos ARENA-FMLN por haber participado en negociaciones con las maras y pandillas: ’’ARENA y el FMLN son basura, son peor que eso. Negociaron con la sangre de nuestro pueblo. Mil Veces malditos’’, dijo en un Tweet.  Sin embargo recientemente se ha dado a conocer una investigación periodística que arroja luces donde está implicado el Gobierno de Bukele, en una aparente negociación directa con las maras y pandillas a cambio de mejoras en los recintos carcelarios y mejoras en el trato externo lo cual se traduce en la reducción de ejecuciones extrajudiciales por parte de la PNC y FA.

Bukele no está por resolver el problema.

En campaña Bukele fue crítico de las negociaciones pasadas en la cual formaron parte mediadora Alcaldes, Ejecutivo y partidos de la asamblea Legislativa (AL), dando como resultado que haya sido el mismo Estado quien facilitara dichos actos, pero el freno abrupto de ello ocasiono un auge del flagelo pandilleril, por lo que todo su discurso en torno al tema se basó en dejar en claro que no iba a repetir tal empresa, por ello es importante tomar en consideración cuales son las medidas que su Gobierno toma para afrontar el gran problema que implica la actividad criminal de las maras y pandillas, al respecto no ha mejorado nada más que la imagen de su Gobierno, pero base de propaganda falsa, la militarización de la seguridad pública y lo negociaciones oscuras con los grupos que combate mediáticamente.  El año pasado la Fiscalía General de la República (FGR), obtuvo avances en la investigación denominada Catedral, mediante la obtención de fuentes extrajo medios de prueba, en la investigación se incluía a varios funcionarios del actual Gobierno, pero no avanzó más debido a la irrupción de la AL dominada por el oficialismo, el 1 de mayo se consolidó el dominio de la institucionalidad estatal por parte de Bukele con la destitución de los magistrados de la Sala de lo Constitucional y del Fiscal General de la República, dando como finalizada la investigación antedicha. Es necesario tomar sacar consideraciones respecto a esta última negociación entre el Ejecutivo y las maras y pandillas, afín de soslayar antiguos vicios para finalmente poner en el debate público cuales pueden ser las medidas que encaminen a ponerle fin al problema pandilleril, porque es bastante tosco creer que repetir tópicos del clásico “manudurismo” son la solución, cuando lejos de ello el problema ha empeorado, el populismo punitivo  nos ha llevado a más violencia donde quienes la sufrimos somos el pueblo.

Lo que se debe corregir

En torno al problema es importante como cabe mencionar rescatar aquellas medidas que pueden ser mejoradas, una de ellas es la negociación, el problema actual radica en que, por una parte Bukele jamás admitirá ser facilitador debido a que no puede de golpe cambiar su discurso, pues debe conservar su imagen de cara a su proyecto bonapartista y por otra la voluntad de los dirigentes de las maras y pandillas quienes al parecer nunca han estado por la labor de desintegrar sus agrupaciones, ante esta situación solo mediante de la intervención directa popular se puede poner la discusión en la palestra pública. Dicho sea de paso, esto debe ser de cara al pueblo y no a sus espaldas como en el pasado y actualidad donde resaltan el oportunismo y el engaño donde ha prevalecido la búsqueda por sacar una raja política de ello.

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