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COSTA RICA.- División y oportunismo en el movimiento sindical

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Por Ramón Sibaja

La huelga nacional realizada el pasado 20 de marzo no tuvo el mismo nivel de participación que la pasada huelga y marcha nacional del 25 de febrero. Este último movimiento fue exitoso porque participaron, a pesar de las diferencias, de manera conjunta casi todas las organizaciones sindicales. Pero en la huelga y marcha del 20 de marzo prevaleció la división y el desánimo.

A pesar de la división, unos 3000 trabajadores del sector público marcharon hacia la Casa Presidencial en Zapote, organizados por el Bloque Unitario Sindical y Social

El recule de ANEP

La Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP) fue la primera organización sindical que dio marcha atrás en relación a la convocatoria del 20 de marzo. En el último periodo la ANEP ha estado al frente de algunas luchas importantes en las municipalidades, de los empleados de la policía penitenciaria y de Migración, solo para señalar las más importantes. Estos sectores son los más golpeados por la crisis fiscal, y son quienes más sufren los recortes de las conquistas laborales obtenidas en el periodo anterior.

Entonces la ANEP vive una enorme contradicción: bases sindicales que quieren y han pasado a dar la palea, con una dirección que tiene contradicciones con los gobiernos de turno, pero que en última instancia tiende a conciliar. La ANEP recibe la saludable presión de sus bases, que quieren pasar a la lucha por la defensa del salario, pero no podemos obviar el rol de contención que juega Albino Vargas, secretario general de la ANEP, quien es la cabeza visible del equipo de dirigentes sindicales que mantienen un control burocrático sobre tan importante organización.

La participación de la ANEP en la huelga y marcha del 25 de febrero fue muy importante, pero inmediatamente después vino la puñalada. Antes de las votaciones del 2 de febrero, Albino Vargas se acercó y coqueteó políticamente con Luis Guillermo Solís, candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC), lo que originó dimes y diretes con Johnny Araya.

Este acercamiento parece haberse transformado en una santa alianza política a favor del PAC. Por ello Albino Vargas y la dirigencia de ANEP procedieron a desmontar el paro nacional del 20 de marzo.

Desde inicios de marzo, Albino Vargas comenzó a girar de manera benevolente hacia el PAC: "Los escenarios cambian, allá los sindicatos que no lean cómo varía la realidad política, la realidad era contra un gobierno oficial, ahora es un gobierno que va de salida (…) Nosotros le entregamos (a Luis Guillermo Solís) más de 15 estudios (sobre el tema salarial), sabemos que es difícil lo que viene para el PAC porque deberá demostrar que es capaz de dar el cambio que el país quiere". (La República, 5/3/2014).

Días después, en declaraciones a la prensa, el pasado 12 de marzo, Albino Vargas reconoció la repentina división y justificó el levantamiento del paro nacional: “No se trata de levantar pancartas por levantarlas sin ofrecer ningún tipo de propuesta. No encontramos motivos para la huelga del próximo 20 de marzo. Además, ellos no comparten el tema de desenganche salarial de los médicos. Somos dos bloques de sindicatos y no formamos parte de ellos (…) Sí, somos dos grupos sindicales. Nosotros tenemos propuestas claras; a ellos habría que preguntarles.” (La nación 12/3/2014).

Sin embargo, para que las bases no participaran en el paro nacional del 20 de marzo, la dirigencia de ANEP realizó un “Encuentro Nacional Municipal” el viernes 21 de marzo, en las instalaciones de la Federación de Organizaciones Voluntarias (FOV), con el objetivo de mantener cohesionadas a sus bases en las municipalidades, que es el sector que más ha luchado contra los efectos de la crisis fiscal.

El FIT-ICE también retrocede

Pero no solo ANEP retrocedió, sino que también lo hizo la importante organización sindical Frente Interno de los Trabajadores del ICE (FIT-ICE).

Fabio Chaves, dirigente del FIT-ICE hizo una radiografía de la división de las dirigencias sindicales ante la marcha del 20 de marzo: “En el movimiento sindical hay tres bloques: uno muy radical donde están la Unión Nacional de Empleados de la Caja (Undeca), la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) y otros sindicatos que son de la tendencia de la Federación Sindical Mundial, que quieren hacer la revolución desde un escritorio pero no son los que ponen los muertos. El otro bloque es el de la ANEP, que es más mesurado, y es de propuestas. Nosotros y la mayoría de los sindicatos estamos en el centro en este sánguche y debemos analizar muy bien lo que hacemos. Esta división no se puede ocultar más (…) La silla presidencial está vacía, entonces no sabemos para qué una huelga en estos momentos”. (Extra 12/3/2014).

La descripción gráfica de Chaves no es errónea. Existe un ala conservadora y burocrática en el movimiento sindical cuya máxima expresión es la actual dirigencia sindical de ANEP, pero no se limita a esta organización, otros sindicatos que giran constantemente para los lados, que procuran mantener posiciones de centro, y un ala izquierda que agrupa a la vanguardia sindical.

El Bloque Unitario Sindical y Social

Este último sector es todavía minoritario, pero muy combativo, y está agrupado en el Bloque Unitario Sindical y Social, conformado por sindicatos magisteriales como la Asociación Nacional de Educadores (ANDE), la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE), Sindicato de Educadores y Educadoras Costarricenses (SEC), Sindicato Patriótico de la Educación (SINPAE), Sindicato de Profesionales de Orientación (SINAPRO), el Sindicato de Empleados de la Universidad de Costa Rica (SINDEU) y la corriente sindical Magisterio en Acción; por el sector salud participan la Unión Nacional de Empleados de la Caja y la Seguridad Social (UNDECA), la Asociación Nacional de Profesionales en Enfermería (ANPE), el Sindicato de Profesionales en Ciencias Médicas de la C.C.S.S. e Instituciones Afines (SIPROCIMECA), el Frente Nacional por la Seguridad Social (FRENASS), el Sindicato de Trabajadores de Farmacia de la Caja Costarricense de Seguro Social (SINTAF), Sindicato de Asistentes de Salud (SINASS), el Sindicato de la Salud y la Seguridad Social (SISSS), la Asociación Nacional de Profesionales en Enfermería (ANPE); otros sindicatos de empleados públicos como la Asociación Nacional de Trabajadores y Técnicos en Telecomunicaciones del ICE (ANTTEC), el Sindicato de Profesionales, Técnicos y Similares del Banco Popular (UNPROBANPO), el Sindicato de Trabajadores de Japdeva (SINTRAJAP), el Sindicato Independiente de Trabajadores Estatales Costarricenses (SITECO) y sindicatos minoritarios como SITRACTUZ, SEBANA, ACODENU.

También participan centrales sindicales como la Unión Nacional de Trabajadores y Trabajadoras (UNT), Confederación Costarricense de Trabajadores Democráticos (CCTD), Comisión Nacional de Enlace (CNE), Confederación de Trabajadores Rerum Novarum (CTRN), Central General de Trabajadoras y Trabajadores (CGT). Y otras organizaciones populares y combativas como el Foro Nacional, Foro Alajuelense, Foro de Guanacaste y Foro de Occidente.

La peligrosa política del “Diálogo Social”

En realidad, las divergencias no surgieron hasta el 11 de marzo sino que vienen de antes. El 24 de Febrero, un día antes del paro del 25 de ese mismo mes, un sector de la dirigencia sindical, como la Central Sindical “Juanito Mora Porras” (CSJMP), el Sindicato de Trabajadores Petroleros, Químicos y Afines (SITRAPEQUIA), el Sindicato Nacional de Enfermería (SINAE), la Federación Nacional de Trabajadores de la Agroindustria y Afines (FENTRAG), ANEP, el FIT-ICE y un conjunto de cooperativas de pequeños y medianos empresarios, presentaron a Luis Guillermo Solís, candidato del PAC, un documento titulado: “Manos a la obra: Hacia una Costa Rica inclusiva y solidaria”, que resume un programa de reivindicaciones económicas y sociales que dichas organizaciones presentaron ante el virtual presidente.

En relación al tema salarial, ese documento plantea la necesidad de “construir los acuerdos sociales y políticos que permitan lograr una reforma fiscal progresiva”. Sobre el candente tema salarial “un futuro Gobierno debe asumir dentro de sus proyectos prioritarios un proyecto de ley que logre el denominado “desenganche” de los salarios de los profesionales en ciencias médicas de los salarios de otras categorías salariales”.

Y para que no quepan dudas, el documento concluye que “(…) creemos firmemente que, tanto antes como después de las próximas elecciones nacionales, el diálogo social debe ser el método de trabajo por excelencia (…)”.

Indudablemente, que este sector sindical ya definió la política de no luchar contra el casi seguro gobierno del PAC, sino promover el “diálogo social”. Estos son cantos de sirena, porque los trabajadores se ven obligados a luchar en las calles porque los gobiernos de turno se hacen los sordos y ciegos ante los reclamos salariales. No es que a los trabajadores les guste la lucha en sí misma, sino que no queda otro camino, sobre todo cuando los gobiernos han decidido políticas que restringen o destruyen las conquistas laborales.

Claudicación y oportunismo

Este sector de la dirigencia sindical ha claudicado mucho antes que Luis Guillermo Solís asuma la Presidencia de la República. Todos sabemos que la difícil situación fiscal del Estado en Costa Rica no es culpa de los trabajadores, sino que es una consecuencia directa de los tratados de libre comercio que reducen los aranceles y los ingresos del Estado, además de la política de exenciones a las transnacionales, maquilas y grandes empresas nacionales y extranjeras.

Existen muchas ilusiones democráticas en las masas costarricenses sobre el futuro gobierno del PAC. Muchos creen que será completamente diferente a los gobiernos del PLN, y que los salarios y el nivel de vida mejorarán, pero la realidad nos indica que no será así. Una cosa son las genuinas ilusiones democráticas de las masas y otra, muy diferente, el oportunismo de este sector de la dirigencia sindical que contribuyó a la desmovilización del paro nacional del 20 de marzo, y que desde ya se prepara, sino para ocupar puestos en el futuro gobierno del PAC, al menos para contribuir a desarticular las luchas que inevitablemente surgirán como producto de la crisis capitalista

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