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HISTORIA.- La gran Revolución Francesa: caída de la monarquía, termidor y contrarrevolución.

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Por Alejandro Augusto Blanco

La asamblea legislativa inicia funciones el 1 de octubre de 1791 y la lucha política es encarnizada. Luis XVI se niega a firmar leyes contra los emigres y que el clero preste juramento al Estado, para oscurecer más el panorama se constituye una santa alianza entre las monarquías europeas contra la revolución. El 10 de agosto de 1792 el pueblo asaltó el palacio de las tullerias obligando a la asamblea legislativa a disolver sus funciones. La nueva asamblea abolió la monarquía proclamando la República. El 20 de septiembre de 1792, se creó un nuevo orden normativo llamado la Convención, en los hechos, este se convirtió en el nuevo gobierno, el poder ejecutivo recayó en Comité de Salvación Nacional.

Al igual que en la revolución rusa, la amenaza de la monarquía y su santa alianza provocó el temor de la restauración monárquica, el 17 de enero de 1793 la Convención condenó a muerte a Luis XVI, acusándolo de conspiración contra la libertad pública y la seguridad general del Estado, siendo ejecutándolo el 21 de enero. El 16 de Octubre María Antonieta seguiría los pasos de Luis XVI en la guillotina.

Las guerras revolucionarias.

El 20 de septiembre de 1792 las tropas revolucionarias francesas compuestas por campesinos, carpinteros, tenderos, y artesanos de toda Francia logaron derrotar al ejército prusiano en Valmy, marcando el punto de partida de las Guerras Revolucionarias. Como en todo proceso político de estas características en el que hay guerra civil, todos los recursos están en función del triunfo de la revolución y la derrota de la contrarrevolución.

Pero esta etapa ocultaba la dualidad de poder que está por surgir incluso antes de la guerra y la caída del rey: “Pero antes de que las cosas terminen en este dilema: la guerra o la guillotina, entra en escena la Comuna de París, que se apoya en las capas inferiores del “Tercer Estado” y que disputa, cada vez con mayor audacia, el poder a los representantes oficiales de la nación burguesa. Surge así una nueva dualidad de poderes, cuyas primeras manifestaciones observables ya en 1790, cuando todavía la gran y mediana burguesía se hallan instaladas a sus anchas en la administración del Estado y en los municipios” (Ídem)

Como veremos la lucha revolucionaria no estaba satisfaciendo los intereses de las clases bajas sino que incluso algunas medidas liberales funcionaban en detrimentos de ellas, recordemos que los jacobinos, ahora en el poder, nunca se cuestionaron la propiedad privada, sino que promulgaban la igualdad y libertad con leyes que beneficiaban a la alta burguesía como la libertad de precios, libertad de contratación, Ley Le Chapelier, por mencionar algunas.

Trotsky definiría esta etapa en la que los jacobinos tomaron el poder: “Los Jacobinos nos han ofrecido, hace ciento cuarenta años, un ejemplo formidable. Son los pobres, la plebe, los explotados los que han creado el gobierno de la Montaña, el gobierno más fuerte que haya conocido Francia y es ese gobierno el que ha salvado a Francia en las circunstancias más trágicas.” (“Por un programa de acción”, Ceuvres, 4, p. 94)

La caída de los jacobinos.

Después del triunfo de los jacobinos y la implementación de terror de Robespierre se lograron consolidar las fronteras y las victorias militares pero su sobrevivencia estaba pendiendo de un hilo: “los Jacobinos no se comportan de acuerdo con principios abstractos, aunque los agiten, sino que se comportan como hombres en un callejón sin salida, porque el contexto económico y social de la época no da ninguna base para la perduración de su poder y el desencadenamiento del Terror es para ellos un medio de violar las leyes de la Historia que deben sufrir” (Trotsky y la Revolución Francesa, Pierre Broué)

En 1794, el gobierno encabezado por Robespierre llevó el terror hasta sus propias filas y procedió a condenar a muerte a miembros del propio partido jacobino. Como es de esperarse, un año de terror erosionó su popularidad aun en los sectores que lo apoyaban. El 27 de julio de 1794, ocurrió otra revuelta popular contra el régimen apoyada por los moderados. El pueblo se rebela contra la condición burguesa de Robespierre que ahora persigue a Verlet, Leclerc y Roux.

Al final Robespierre fue víctima del propio terror que tanto propugnó: “La caída de los jacobinos estaba predeterminada por la falta de madurez de las relaciones sociales: la izquierda (artesanos y comerciantes arruinados), privada de la posibilidad de desarrollo económico no podía constituir un apoyo firme para la revolución; la derecha (burguesía) crecía inevitablemente; además, Europa, económica y políticamente más atrasada, impedía que la revolución se extendiera más allá de los límites de Francia.” (Ídem)

El Termidor y el Bonapartismo.

La caída de Robespierre trajo consigo la consolidación de los sectores más reaccionarios de la revolución, es decir la contrarrevolución aparecía, primero reformando el régimen y luego restableciendo la monarquía. El 17 de agosto de 1795 la convención aprobó una nueva constitución, esta era completamente reaccionaria, estableciendo un parlamento bicameral, suprimió el voto universal (de los hombres) y restableció el voto censitario (solo votaban los que tuviesen una cantidad de bienes específicos).

Es en este momento que aparece el termidor: “El cansancio de las masas y la desmoralización de los cuadros contribuyeron también en el siglo XVIII a la victoria de los termidorianos sobre los jacobinos. Pero bajo estos fenómenos, en realidad temporales, se realizaba un proceso orgánico más profundo. Los jacobinos estaban apoyados por las capas inferiores de la pequeña burguesía, alzadas por la poderosa corriente, y como la revolución del siglo XVIII respondía al desarrollo de las fuerzas productivas, no podía menos que llevar al fin y al cabo a la gran burguesía al poder” (León Trotsky, la Revolución Traicionada) Es decir, la alta burguesía logra conquistar y forjar su Estado a su imagen y semejanza construyendo sus instituciones y sus leyes para gobernar sobre las clases explotadas.

El termidor es entonces el fenómeno que lleva a la contrarrevolución al poder: “Los nuevos funcionarios y propietarios querían gozar en paz de los frutos de la revolución. Los viejos Jacobinos intransigentes constituían un obstáculo en su camino; pero los nuevos estratos propietarios no osaban aparecer con su bandera propia. Necesitaban esconderse detrás de los jacobinos. Durante un lapso breve utilizaron a algunos Jacobinos de segundo o tercer orden” (Ídem)

Después de la muerte del incorruptible (Robespierre), la nueva Constitución encontró la oposición de grupos monárquicos y jacobinos. Hubo diferentes revueltas que fueron reprimidas por el ejército. Años después un general llamado Napoleón Bonaparte, retornaría de su campaña en Egipto y daría un golpe de Estado que terminaría con Napoleón como el nuevo emperador de Francia. De hecho la contrarrevolución abierta por los termidorianos prestó las condiciones óptimas para la reinstauración de la monarquía ya que la inestabilidad política amenazaba por ambos lados al nuevo régimen social y el remedio fue nuevamente la dictadura, que aportó la estabilidad deseada: “En estas condiciones, se precisaba un “juez nacional”. Napoleón dio al gran burgués la posibilidad de reunir pingües beneficios, garantizó a los campesinos sus parcelas, dio la posibilidad a los hijos de los campesinos y a los desheredados de robar en la guerra. El juez tenía el sable en la mano y desempeñaba personalmente la misión del alguacil. El bonapartismo del primer Bonaparte estaba sólidamente fundamentado.” (León Trotsky, Historia de la Revolución Rusa)

Cúspide y derrota

La cúspide y la derrota de la revolución francesa es muy aleccionadora. Esta es sin duda una de las grandes epopeyas que vivió la humanidad en los últimos siglos. Desgraciadamente la gran revolución terminó con el advenimiento de la monarquía. Pero esta gesta de miles de pobladores pobres franceses sembró las semillas del cambio por toda Europa, solo se debían esperar las nuevas lluvias revolucionarias para que nuevamente temblaran las monarquías europeas.

Pero a pesar de todo lo que logró esta revolución nunca se cuestionó la propiedad privada, ahí una de las razones de la derrota de los jacobinos y fue una de las labores contrarrevolucionarias de Napoleón Bonaparte: “Napoleón no sólo combatió al mundo feudal sino también a la “chusma” y a los círculos democráticos de la pequeña y mediana burguesía; de esta forma concentró los frutos del régimen nacido de la revolución en manos de la nueva aristocracia burguesa.” (Ídem)

Pasados más de 200 años de la toma de la bastilla, las monarquías con poder real casi no existen, y en los países que sobreviven son cuestionadas por un creciente sentimiento democrático que recorre el mundo. Pero la tarea ya no es solo abolir los derechos hereditarios de las familias privilegiadas, sino de pelear por una sociedad en la que el pan de cada día no sea la explotación del hombre por el hombre. En ese sentido y al igual que la revolución francesa, la revolución rusa sucumbió en las manos del terminador y el estalinismo, pero ambas nos enseñaron que podemos llegar al poder y que la historia la definen sus clases sociales y su lucha por un mundo mejor.

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