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HISTORIA.- La gran revolución francesa: la toma de la Bastilla

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TomadelaBastille14 de julio de 1789

Por Alejandro Augusto Blanco.

El 14 de Julio de 1789 una gran revuelta convulsiona la ciudad de París, producto de esa insurrección el pueblo parisino toma la bastilla, famosa por ser el símbolo de la represión monárquica en contra del pueblo Francés. Este acontecimiento marcaría definitivamente el inicio de la gran revolución francesa, y después de ese Julio la historia no volvería a ser la misma, sobre todo porque la revolución sembró los cimientos del cambio por toda la Europa monárquica. El absolutismo tembló desde sus cimientos en todo el viejo continente por los más de cinco años que duró la revolución.

A pesar del triunfo de la contrarrevolución de Napoleón Bonaparte, la importancia histórica de la revolución francesa es innegable, de hecho el pueblo parisino sería un nicho de movimientos revolucionarios que culminarían con la Comuna de París. En esta edición del Socialista Centroamericano recordamos a los miles de harapientos que fueron el motor fundamental de la gran revolución francesa.

Los orígenes de la revolución.

Para entender el proceso que culminó en la revolución francesa debemos ver la época en la que se gestó el movimiento revolucionario, el panorama económico, geopolítico aunado a los pensamientos políticos de la época.

Contrario al bosquejo romántico que actualmente la burguesía y Hollywood pretenden hacernos ver a la monarquía, la realidad de aquella época era muy diferente a esa falsa idealización. Francia, al igual que el resto de Europa, era gobernada por una monarquía autoritaria y despótica que gobernaba con mano de hierro y reprimía brutalmente con las peores torturas que la mente más siniestra del ser humano pudo imaginar. Millones de franceses vivían en la más grande miseria provocada por las desigualdades sociales y el gran endeudamiento al que se sometió la monarquía francesa para ayudar a financiar la guerra de independencia de las colonias de los Estados Unidos de América contra Inglaterra. Asimismo, esta fue la era de la ilustración y del naturalismo, corrientes filosóficas que propugnaban la igualdad del hombre, estas ideas se asentaron perfectamente dentro de la burguesía francesa que comenzó a idealizar las ideas de la ilustración imperantes en el siglo de las luces.

Desde hace ya algunas centurias la burguesía había hecho su aparición como clase social, en el desarrollo de la revolución la burguesía sería la clase social que intentaría desplazar a la aristocracia monárquica como clase social dominante: “En Francia, la lucha contra el absolutismo de la Corona, la aristocracia y los príncipes de la Iglesia obligó a la burguesía, representada por sus diferentes capas, a hacer, a finales del siglo XVIII, una revolución agraria radical. La clase campesina independiente salida de esta revolución fue durante mucho tiempo el sostén del orden burgués.” (León Trotsky, Historia de la Revolución Rusa)

Los Sans Culottes.

Todos los factores mencionados serían claves para que se gestara la revolución francesa, pero los Sans Culottes sería la gasolina con la que combustionaría la revolución. Su designación traducida al español significa los sin calzones, nomenclatura utilizada por la aristocracia de forma despectiva para eludir lo bajo de “su alcurnia”, ya que eran artesanos, pequeños comerciantes, carpinteros etc. Ellos no pertenecían a la aristocracia, pero tampoco a los sectores más empobrecidos de la población. Pero como en todo proceso político en el que una clase social toma conciencia de su gran fuerza motriz en la historia, los Sans culottes fueron la base en la que los jacobinos se apoyaron en la toma y conservación del poder: “Durante cinco años, los campesinos franceses se sublevaron en todos los momentos críticos de revolución, oponiéndose a un acomodamiento entre los propietarios feudales y los propietarios burgueses. Los sans-culottes de París, al derramar su sangre por la república, liberaron a los campesinos de las trabas del feudalismo.” (Ídem)

El camino a la Asamblea Nacional Constituyente.

En 1789 la monarquía francesa proclama los estados generales convocando a una asamblea testamentaria en la que se verían representados los principales estamentos de Francia, la nobleza (El primer Estado) el clero (segundo Estado) y la burguesía como tercer Estado. El 5 de mayo de 1789 se reúnen los Estados generales en la que la burguesía toma rápidamente el poder.

Ante la insubordinación de la burguesía la aristocracia decide echar al tercer estamento de Versalles, lo que llevó a los asambleístas a albergarse en un edificio cercano. A estos se les unió un sector del bajo clero y algunos nobles. Para finales de junio, Luis XVI reunía las tropas para aplastar al tercer Estado, pero comenzaron a llegar notas de apoyo de toda Francia, especialmente de París.

Asumir las responsabilidades históricas y ser consecuentes con estas, es una labor difícil, el 9 de Julio de 1789 la asamblea se autoproclamó como Asamblea Nacional Constituyente, al igual que los bolcheviques, no ostentaban el poder pero asumieron el reto de tomarlo.

La toma de la Bastilla.

Siempre es discutido el papel de los individuos en la historia, en el caso de Francia es muy difícil no mencionar la ineptitud que hizo famosos a Luis XVI, famoso por sus malas decisiones. El 11 de julio despidió al ministro de finanzas Necker y ordenó la reconstrucción del Ministerio, el problema que surgió radicaba en que el ministro Necker era el último eslabón que la población sentía como vínculo con la monarquía. La población se insurrecciono y tomó la bastilla. El capturar la Bastilla fue un gran símbolo para la población, ya que esta representaba la represión del régimen contra el pueblo ya que sus cañones apuntaban a los barrios obreros parisinos. Los combates duraron cuatro horas, al finalizar, la cabeza del Marqués Bernard de Launay (a cargo de la bastilla) y La del alcalde Jacques de Flesselles (acusado de traición) fueron exhibidas en la ciudad y clavadas en una pica. Así comenzaba el terror.

El camino a la Constitución.

Inmediatamente después de la toma de la bastilla la revolución se extiende por toda Francia, constituyéndose nuevos ayuntamientos revolucionarios por todo el país, cimentándose en el profundo descontento de las clases oprimidas en contra del régimen explotador y opresor de Luis XVI. El 14 de agosto la asamblea proclamaba en papel, lo que en los hechos se daba por toda Francia, aboliendo el feudalismo, la servidumbre, los privilegios del clero, las leyes de restricción comerciales etc. Lafayette asumió la Guardia Nacional de París y Jean-Sylvain Bailly, que presidia la Asamblea Nacional Constituyente, fue nombrado nuevo alcalde de París. De esta primera etapa surgen los émigrés, que fueron parte de la nobleza que huyó a Europa para fomentar la lucha contrarrevolucionaria de los Estados monárquicos contra Francia.

El poder dual

En este panorama surgía el fenómeno que los marxistas llaman dualidad de poder: “La primera Constitución francesa (1791), (…) ocultaba en realidad, o se esforzaba en ocultar al pueblo, la dualidad de poderes reinante: de un lado, la burguesía, atrincherada definitivamente en la Asamblea Nacional, después de la toma de la Bastilla por el pueblo; del otro, la vieja monarquía, que se apoyaba aún en la aristocracia, el clero, la burocracia y la casta militar, sin hablar ya de las esperanzas en una intervención extranjera. Este régimen contradictorio albergaba la simiente de su inevitable derrumbamiento. En este atolladero no había más salida que destruir la representación burguesa poniendo a contribución las fuerzas de la reacción europea, o llevar a la guillotina al rey y a la monarquía” (Ídem)

Como lo menciona Trotsky, esta primera asamblea representa la lucha entre el viejo régimen que se niega a morir y los representantes del nuevo régimen que está a punto de saltar a la palestra histórica con la furia de un tifón. Pero en esta etapa la asamblea está dominada por los sectores timoratos pretendiendo mantener a la monarquía como cabeza del poder ejecutivo.

La lucha por el poder.

En Septiembre de 1791 fue proclamada la constitución francesa, quedando la monarquía a la cabeza del poder ejecutivo. Pero el intento de huida de Luis XVI terminó volcando la balanza en contra de la monarquía. Una multitud se reunió frente al campo de marte para exigir la abolición de la monarquía, la petición la introdujo Jacques Pierre Brissot y el discurso incendiario de Danton no permitieron más márgenes de maniobra. Pero La Fayette dio orden a la Guardia Nacional de disparar a la multitud asesinando a 50 personas. Así iniciaba la segunda etapa de la gran revolución en la que se enfrentarían la revolución o la contrarrevolución: “todo intento de detener la revolución por la mitad es, independientemente de las intenciones de sus instigadores y autores, el inicio de una empresa de contrarrevolución, a través de la lucha contra la revolución que continúa.” (Ídem)

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