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GUATEMALA.- 26 de julio de 1957: El asesinato de Carlos Castillo Armas y sus implicaciones políticas

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Por Oliverio Mejía

El 26 de julio de 1957 el presidente de facto Carlos Alberto Castillo Armas era encontrado muerto en casa presidencial, después de una reunión con empresarios en horas de la noche. Armas fue presidente desde septiembre de 1954, sucediendo al Elfego Monzón que se quedó con la jefatura del Estado, tras la invasión gringa que derrocó al presidente constitucional Jacobo Árbenz Guzmán.

Árbenz fue obligado a salir de Guatemala el 27 de junio de 1954, tras la invasión ejecutada por el Ejército de Liberación Nacional armado y financiado por la Central de Inteligencia Americana, en la operación denominada PBSucces. A Árbenz, le siguió una Junta Militar, conformada por militares en los cuales éste confiaba, pero que fueron un factor clave en el derrocamiento del gobierno revolucionario.

Para este artículo, se consideró dos vetas de análisis; el complot y los intereses del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo en el asesinato de Castillo Armas, así como la fractura en los mecanismos de dominación del Estado, por el derrocamiento de Árbenz, estabilizándose hasta el golpe militar de 1963.

La enemistad de Trujillo y el contexto regional

La trama en el asesinato de Castillo Armas es compleja. El periodista dominicano Tony Raful profundiza sobre la vinculación de este dictador en el asesinato y las disputas existentes por el control geo-político de la región de Centroamérica y el Caribe entre las facciones anti-comunistas gobernantes.

La participación trujillista fue esgrimida desde el primer momento del asesinato y manejada en las altas esferas gubernamentales guatemaltecas, pese al intento de señalar a elementos comunistas en el magnicidio, hipótesis descartada. Para Raful, el complot parte de rencillas personales y políticas desde años atrás, entre Trujillo y Castillo; así como de paradójicas alianzas desde el gobierno de Juan José Arévalo. Para adentrarnos levemente en este entramado, Raful nos refiere que estos conflictos tienen como origen la conformación de la Legión del Caribe, promovida por fuerzas socialdemócratas o progresistas, con el fin de derrocar a los dictadores de la zona.

La Legión del Caribe

La conformación de tal legión, formó parte de alianzas entre estas fuerzas, donde existía cierta afinidad anti-comunista y con algún tipo de apoyo de la administración de Harry Truman (demócrata). En ella participa el gobierno guatemalteco de Arévalo y el gobierno cubano -reformista- de Ramón Grau de San Martin. Otro personaje que formó parte de la legión es José Figueres Ferrer, luego presidente de facto en 1948 y posteriormente dos veces presidente electo de Costa Rica.

Dentro de las operaciones de la legión, estuvo el derrocamiento del gobierno democrático costarricense de Otilio Ulate Blanco, conformado por una alianza entre socialcristianos y comunistas; de tal forma que la legión apoyó el levantamiento armado de Figueres con su Ejército de Liberación Nacional, (¿coincidencia?) para evitar que Teodoro Picardo (socialcristiano) recién elegido democráticamente, asumiera.

Esta operación contó con el apoyo de Truman, ante la presencia de los comunistas de Vanguardia Popular en ese gobierno; por su parte Arévalo, un anticomunista moderado, y Figueres tenían sus propias rivalidades. Este último apoyaba a Javier Arana -un ex miembro de la junta que asumió el gobierno tras la revolución de octubre de 1944- y tenía confianza de que éste derrocara a Arévalo; sin embargo, el incidente en el Puente de La Gloria con la muerte de Arana no lo permitió.

El objetivo de la Legión del Caribe, con el apoyo también de los gobiernos democráticos de Rómulo Betancourt de Venezuela y Ellie Lescot de Haití, era también iniciar una invasión desde Costa Rica para derrocar al dictador Luis Somoza Debayle, continuador de esta dinastía, pero Figueres se negó. También en su agenda estuvo el derribamiento de la dictadura de Rafael Trujillo en República Dominicana, quien gobernaba desde 1930.

Para este fin, en 1947 se organizó la Expedición de Cayo Confites en el extremo oriental de Cuba en un intento de invadir República Dominicana, con el apoyo de Haití para usar su territorio y el respaldo logístico de Cuba y Guatemala. Desde el primer país, los expedicionarios (de varias naciones centro y caribeñas) que habían sido entrenados y apertrechados por el ejército cubano y con el visto bueno del gobierno gringo, por lo menos en un primer momento, la realizan. Esta expedición, después de varios contratiempos y de la presión que Trujillo le hizo a Truman, así como de la complicidad de militares cubanos aliados a Trujillo y de la CIA, fracasó.

El encargado de apoyar logísticamente esta expedición por el gobierno de Arévalo según Raful, fue nada menos que Arana, y su más cercano colaborador Castillo Armas; de hecho ellos gestionaron el regreso de las armas que después se usaron para apoyar a Figueres  Así,  tras la muerte de Arana y el giro reaccionario de Castillo, con la mediación de la CIA, el dictador dominicano proporcionó apoyo a los contrarrevolucionarios, entrenados en Honduras por asesores gringos en 1954, pero la enemistad entre ambos se mantuvo.

El caos contrarrevolucionario

Se ha especulado que las rivalidades nacieron cuando ya Castillo Armas gobernaba y se acercó a Somoza y al dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez, quienes competían con el dominicano en el manejo de las redes anticomunistas -con la mirada no siempre atenta del imperialismo- al grado que Castillo les entrega la Orden del Quetzal a estos dictadores por sus servicios “en la lucha contra el comunismo” pero no a Trujillo. Pero como observamos más arriba no fue así.

Esta rivalidad formó parte de las disputas internas de quienes dirigían el proyecto contrarrevolucionario. Así, tras la invasión mercenaria, pese al terror instalado contra el tejido social producto de la revolución, el régimen político como tal queda trastocado y la hegemonía de la reacción débil, se mantuvo con métodos de guerra civil contra los sindicatos, ligas campesinas, partidos democráticos e intelectuales progresistas.

En ese sentido, para 1957 quien continuaría el caudillaje de la reacción apareció en la arena política. En palabras del historiador Rodolfo Galleoti, la heterogeneidad de fuerzas, en la revolución y en la reacción era visible; en el segundo bando el control de Castillo Armas fue temporal y mas por la presión estadounidense. Así, los militares tenían intereses, los civiles del Movimiento de Democrático Nacional, posteriormente de Liberación Nacional (MLN) también, y claramente Trujillo.

El asesinato de Castillo, de cuyo cadáver nunca se hizo una autopsia científica, señalando sin causa al soldado Romero Sánchez Vázquez, quien extrañamente se suicida; el hecho de que se convocó a una fiesta inexistente en casa del ministro de defensa Juan Francisco Oliva (por su cumpleaños), sin invitar al presidente y la cual no se dio, así como el asesinato de un agente dominicano en el “crimen del mirador” Narciso Escobar, todos estos hechos daban pauta a creer en la existencia un complot.

Trujillo había penetrado el cordón de seguridad presidencial por medio de uno de sus agentes más cercanos, el sanguinario Johnny Abbes, con el pretexto de organizar el servicio de inteligencia, trabajando estrechamente con el director de seguridad Enrique Trinidad. Ambos montaron un casino cerrado por el mismo gobierno y establecieron nexos con la mafia estadunidense para otros negocios, además Trinidad también tenía pretensiones presidenciales.

Pero Trujillo tenía mas simpatía con otro ex militar, Miguel Idígoras Fuentes; quien provenía del ubiquismo. Éste había disputado el control de la “liberación” a Castillo, pero los gringos se decidieron por este último. Trujillo además miraba en Idígoras, alguien más cercano a su visión de hombre fuerte que a otros, desprendidos del aranismo que acompañó en un inicio a la revolución.

Por su parte Oliva, con el apoyo del ejército, tenía pretensiones presidenciales, pero los civiles del MLN, aduciendo el peligro comunista y desconfiando de los hombres de Trujillo, logran imponer como candidato presidencial a Miguel Ortiz Pasarreli, contando con el apoyo militar. Quienes organizan la transición de gobierno y convocan a elecciones en 1958. Estas fueron ganadas fraudulentamente, por Pasarreli sobre Idígoras, verdadero ganador.

El Período post-Castillo Armas

Sobre el crimen de Castillo Armas. el Congreso electo en 1956 solo con partidos anticomunistas, en una investigación, señaló al dictador dominicano como responsable, pese a los señalamientos de este, de que los asesinos eran miembros del MLN. Por su parte, las elecciones fraudulentas fueron contestadas con la ira popular, que obligó al ejército a realizar otras elecciones ganadas legítimamente por Idígoras.

Fuentes dirigió un gobierno que en un primer momento y debido a la presión popular, abrió algunos espacios de participación, pero al cabo de los años y ante el avance de la organización social, los volvió a cerrar.  Registrándose el levantamiento militar del 13 de noviembre de 1961 que dio pie al nacimiento de la guerrilla y a las jornadas insurreccionales de marzo y abril de 1962, abortadas por la dirigencia popular, entre ellos el Partido Guatemalteco del Trabajo (comunista) y otros grupos “revolucionarios” de centro-izquierda.

Las dirigencias apostaron a las elecciones que se realizarían en 1963, donde la candidatura de Arévalo despertaba simpatías -pese a que había ya renegado de su pasado revolucionario- y de forma precautoria, con fin de controlar la situación y el apoyo directo imperial, el ejército da otro golpe de Estado. Que le da forma al régimen político con una tónica de seguridad nacional hasta 1982.

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