ESTADOS UNIDOS.- 4 de abril de 1968: el asesinato de Martin Luther King y la larga lucha por los derechos civiles de los negros

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Por Nassar Echeverria

La revolución e independencia de Estados Unidos ha tenido una notable influencia en la conformación de la democracia burguesa occidental, con la Declaración de la Independencia el 4 de Julio de 1776, que consagró el principio de la libertad individual, o con la Constitución de 1787, que estableció por primera vez la institución del presidente de la república. No obstante, pocos comprenden que la revolución e independencia de los Estados Unidos instauró, al igual que Grecia y Roma en la antigüedad, una democracia esclavista, en la que un reducido numero de ciudadanos blancos, de origen europeo, gozaban de derechos civiles y políticos, mientras que la población esclava de origen africano no tenía ningún derecho. El racismo contra los negros y el falso principio de la supremacía de la raza blanca, no son banderas nuevas, vienen desde mucho antes de la formación de Estados Unidos, desde la existencia misma de las 13 colonias.

Declaración de Virginia y Declaración de Independencia: hermosos papeles mojados

El 12 de Junio de 1776, días antes de la proclamación de la independencia de Estados Unidos, fue aprobada la Declaración de Virginia, que en artículo primero señalaba que “todos los hombres son por naturaleza igualmente libres e independientes, y tienen ciertos derechos inherentes, de los cuales, cuando entran en un estado de sociedad, no pueden ser privados o postergados; en esencia, el gozo de la vida y la libertad, junto a los medios de adquirir y poseer propiedades, y la búsqueda y obtención de la felicidad y la seguridad”.

Thomas Jefferson (1743-1826), tercer presidente de los Estados Unidos (1801-1809) es considerado el principal redactor principal de la Declaración de Independencia (1776), aprobada el 4 de julio de 1776, un documento paradigmático de los principios del liberalismo. En una de sus partes, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos menciona lo siguiente: “(…) Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la Vida, la Libertad y la búsqueda de la  Felicidad.  Que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de  estos  principios,  el  pueblo tiene  el  derecho  a  reformarla,  o  abolirla,  e  instituir  un  nuevo  gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que  a  su  juicio  ofrecerá  las  mayores  probabilidades de alcanzar  su  seguridad y felicidad.(..)”

Estas hermosas palabras eran validas solo para los colonos, transformados en ciudadanos, con plenos derechos, pero no tenían el mas mínimo valor para los negros, traídos a la fuerza desde África, quienes trabajaban en las plantaciones de los ciudadanos blancos.

El debate en torno al esclavismo fue intenso, pero los colonos blancos prefirieron cerrar filas contra Inglaterra, y no provocar la división de la nueva nación entre bandos esclavistas y abolicionistas, tema que fue pospuesto hasta el estallido de la guerra civil o guerra de secesión (1861-1865)

Lincoln y la abolición formal de la esclavitud

En la segunda mitad del siglo XIX, un siglo después de la independencia, Estados Unidos había sentado las bases materiales para convertirse en una gran potencia capitalista, pero tenía un gran obstáculo: el esclavismo. Mientras los Estado del norte se había industrializado, y necesitaban mano de obra libre, los Estados del sur, esencialmente agrícolas, continuaban utilizando mano de obra esclava. El choque entre el norte industrial contra el sur agrícola era inevitable. La guerra civil estalló cuando los Estados del sur quisieron independizarse, para continuar produciendo algodón bajo el modelo esclavista.

En esa intensa lucha política y militar, los Estados del Norte, con Abraham Lincoln (1861-1865) como presidente, resucitaron los principios de la Declaración de Virginia y la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Estos principios liberales se transformaron en una poderosa arma ideológica que motivó a decenas de miles de negros a combatir en el ejercito federal. En 1863, Lincoln firmó dos decretos ejecutivos proclamando que la esclavitud seria abolida en los 12 Estados que habían proclamado la secesión, pero estos decretos no cubrieron a Kentucky, Misuri, Maryland y Delaware que se mantuvieron fieles a la Federación, es decir, el esclavismo siguió vigente en la mayoría de los Estados del Norte.

Aunque Lincoln fue asesinado el 15 de abril de 1865, al finalizar la guerra civil, la esclavitud fue formalmente abolida con la XIII enmienda a la Constitución, aprobadas al final de 1865, la que estableció que “ni en los Estados Unidos ni en ningún lugar sujeto a su jurisdicción habrá esclavitud ni trabajo forzado, excepto como castigo de un delito del que el responsable haya quedado debidamente convicto”.

Otro siglo de opresión contra los negros

Al finalizar la guerra civil, los derrotados Estados del Sur, a pesar de la XIII Enmienda, redactaron un conjunto de leyes que instauraron la “segregación” racial para discriminar a los negros, entre ellas podemos mencionar las Leyes de Jim Crow (1876-1950) que, entre otros aspectos, negaban el derecho al voto de los negros imponiendo una serie de requisitos como saber leer y escribir, tener posesiones y pagar un impuesto electoral.

El primer régimen legal de apartheid o segregación racial fue instaurado en Estados Unidos, afectando a 13 millones de negros. Las escuelas, transporte, restaurantes, hoteles, eran divididos: los negros a un lado, y los blancos en el otro. Incluso, los negros no podían organizarse en sindicatos.

Racismo presidencial

De esta manera, los principios liberales de la Declaración de Virginia y la Declaración de Independencia, fueron sistemáticamente negados a los negros, y también a trabajadores inmigrantes de otras nacionalidades. El racismo es algo inherente a la democracia imperial de Estados Unidos, lo que ha quedado reflejado en diversas declaraciones de los presidentes de Estados Unidos

Rutherford Hayes (1877-1881), 19 Presidente de Estados Unidos, en una oportunidad declaró “estoy convencido de que la actual invasión de mano de obra china […] es perniciosa y debería ser atajada. Nuestra experiencia con las razas más débiles – negros e indios, por ejemplo – es una buena muestra de ello

También tenemos la declaración de Theodore Roosevelt (1901-1909), 26 Presidente de Estados Unidos, “(…) las tribus salvajes esparcidas, cuya existencia era solamente unos pocos escalones menos insignificantes, escuálida y feroz que la de otras bestias. [Dicha guerra sería] beneficiosa para la civilización y en interés de la humanidad”.

Calvin Coolidge, 30 Presidente de Estados Unidos, declaró “América debe conservarse americana. Las leyes biológicas demuestran que los nórdicos se deterioran al mezclarse con otras razas”.

No obstante, las dos guerras mundiales, y las necesidades propias del capitalismo norteamericano obligaron a los empleadores blancos a contratar obreros negros, y con ello fue creciendo la conciencia contra la opresión racial y del capitalismo.

El movimiento por los derechos civiles

Al finalizar la segunda guerra mundial, convertido Estados Unidos en la principal potencia imperialista del mundo, bajo los efectos del boom económico, se produjo el fenómeno de lucha de los negros por los derechos civiles, negados desde la misma fundación de Estados Unidos.

En 1954 la Corte Suprema de Estados Unidos dictó una sentencia, declarando la educación como un derecho civil esencial y que la educación pública segregada era ilegal. El 1 de diciembre de 1955, la negra Rosa Parks (considerada la "madre del Movimiento por los Derechos Civiles") se negó a levantarse de su asiento en un autobús público para dejárselo a un pasajero blanco. Rosa fue arrestada, enjuiciada y sentenciada por conducta desordenada y por violar una ley local. Cuando el incidente se conoció entre la comunidad negra, 50 líderes afroamericanos se reunieron y organizaron el Boicot de Autobuses de Montgomery para protestar la segregación de negros y blancos en los autobuses públicos. El boicot duró 382 días, hasta que la ley local de segregación entre afroamericanos y blancos fue levantada. Este incidente es frecuentemente citado como la chispa del Movimiento por los Derechos Civiles.

Dos grandes líderes asesinados

En este auge de la lucha democrática de los negros sugieren dos grandes líderes: Malcom X (1925-1965) y Martin Luther King (1929-1968). Ambos fueron pastores religiosos, el primero del islam y el segundo del protestantismo. Al comienzo la lucha se centró en los tribunales hasta que finalmente predominó la movilización y la protesta.

El 28 de agosto de 1963 tuvo lugar la importante Marcha sobre Washington liderada por M. Luther King, donde pronunció su famoso discurso: “yo tengo un sueño”. Un año después se vieron los resultados de las movilizaciones: las leyes de Jim Crow fueron abolidas mediante la ley “Civil Rights Act” (ley sobre derechos civiles).

Lo anterior confirma que solo la movilización social puede conquistar derechos democráticos, que le fueron negados a los negros por casi 200 años. Este auge de la lucha de los negros tuvo una repuesta brutal por parte del racismo arraigado en las instituciones norteamericanos. Malcom X no solo fue injustamente encarcelado, sino finalmente asesinado el 21 de febrero de 1965. Tres años después, le tocó el turno a Martin Luther King, quien fue asesinado, en iguales circunstancias, sin la protección de las autoridades, el 4 de abril de 1968, cuando el movimiento por los derechos civiles estaba en su clímax.

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