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MÉXICO.- 10 de abril de 1919: A cien años del asesinato del general Emiliano Zapata

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Por Melchor Benavente

Los inicios del siglo XX mostraron el agotamiento del sistema capitalista y como las principales potencias imperialistas se preparaban para iniciar la primera guerra mundial (1914-1918), por el control de los mercados y las fuentes de materias primas.

Las contradicciones sociales se acumularon con mayor intensidad en los países periféricos. El estallido y fracaso de la primera revolución rusa (1905-1907) y la explosión campesina en México (1910-1920) fue un adelanto de las revoluciones que sacudirían al mundo en el siglo XX.

El “Porfiriato” y la opresión campesina

Después de la expulsión de las tropas francesas del territorio mexicano, Benito Juárez, impulsor de La Reforma, consolidó su liderazgo político, siendo electo presidente por tres periodos consecutivos (1861, 1867 y 1871). Porfirio Diaz, inició una rebelión militar contra la reelección continua de Benito Juárez (1806-1872), pero este murió repentinamente el 18 de julio de 1872, iniciándose la sucesión constitucional.

En 1876, Porfirio Diaz (1830-1915) inició la rebelión de Tuxtepec que terminó con un dificultoso triunfo militar de éste en una corta guerra civil. Se proclamó presidente provisional y después de una negociación entre los grupos de poder, salió ganador en las elecciones de 1877, entregó la banda presidencial a su amigo Manuel González (1880-1884), para retomar la presidencia de manera continua desde 1884 hasta el año 1911, en el periodo conocido como el “Porfiriato” caracterizado, por la imposición del orden en un México convulso desde la proclamación de la independencia en 1821, y por la sobre explotación de las masas campesinas e indígenas.

Estalla la revolución

El Porfiriato modernizó el Estado, pero no trajo ningún beneficio a las masas populares, especialmente a los campesinos e indígenas. Después de mas de 27 años de gobiernos ininterrumpidos de Porfirio Diaz, en 1909 Francisco I. Madero fundó el Partido Antireeleccionista. Debido a la resistencia de la dictadura del Porfiriato a convocar a elecciones libres, Madero proclamó el 5 de octubre de 1910, desde Texas, Estados Unidos, donde se encontraba exiliado, el Plan de San Luis Potosí, llamando a la insurrección popular en México para el día 20 de noviembre, bajo el lema: “sufragio efectivo, no reelección”.

El llamado a la insurrección fue retomado por el general Fráncico Villa a finales de 1910, quien, desde los Estados del Norte de México, organizó un ejército campesino conocido como la División del Norte. La insurrección triunfo rápidamente, y en 1911 se realizaron elecciones que fueron ganadas abrumadoramente por Madero.

El problema de la propiedad de la tierra

El tercer párrafo del punto tres del Plan de San Luis Potosí dada una repuesta parcial al enorme problema del despojo de tierras a los campesinos e indígenas: “Abusando de la ley de terrenos baldíos, numerosos pequeños propietarios, en su mayoría indígenas, han sido despojados de sus terrenos, ya por acuerdo de la Secretaría de Fomento, o por fallos de los Tribunales de la República. Siendo de toda justicia restituir a sus antiguos poseedores, los terrenos de que se les despojó de un modo tan inmoral, o a sus herederos, que los restituyan a sus primitivos propietarios, a quienes pagarán también una indemnización por los perjuicios sufridos. Sólo en el caso de que estos terrenos hayan pasado a tercera persona, antes de la promulgación de este plan, los antiguos propietarios recibirán indemnización de aquellos en cuyo beneficio se verificó el despojo”

Indudablemente, el llamado a la insurrección caló profundamente en las masas campesinas, que sintieron que había llegado el momento de recuperar sus tierras. Zapata leyó el Plan de San Luis Potosí y el 10 de marzo de 1911 se alzó en armas con un grupo todavía reducido de campesinos. Después de la realización de las elecciones de 1911, Zapata se negó a disolver su pequeño ejército, porque no se había solucionado la promesa del punto tres del Plan de San Luis.

El Plan de Ayala

El 25 de noviembre de 1911, días después que Madero asumió la presidencia de México, Zapata dio a conocer el Plan de Ayala, un documento que llamaba a desconocer el recién instalado gobierno de Madero, porque “no llevó a feliz término la revolución que tan gloriosamente inició con el apoyo de Dios y del pueblo, puesto que dejó en píe la mayoría de poderes gubernativos y elementos corrompidos de opresión del Gobierno dictatorial de Porfirio Díaz, que no son, ni pueden ser en manera alguna la legítima representación de la Soberanía Nacional (…) el supradicho sr. Francisco I. Madero, actual Presidente de la República trata de eludir el cumplimiento de las promesas que hizo a la Nación en el Plan de  S.  Luis  Potosi (…)

No solo desconoció al gobierno de Madero, por haber permitido la sobrevivencia del aparato de Estado del Porfiriato, sino que llamó a reconocer “(…) como Jefe de la Revolución libertadora al ilustre C. General Pascual Orozco, segundo del caudillo Don. Francisco I. Madero, y en caso de que no acepte este delicado puesto, se reconocerá como Jefe de la Revolución al C. General Emiliano Zapata (..)”

Pero lo mas importante del Plan de Ayala fueo que retomó el programa democrático original del Plan de San Luis Potosí, que Madero había abandonado, enarbolando nuevas demandas concretas de los campesinos e indígenas: “6.° Como parte adicional del Plan que invocamos hacemos constar: que los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la tiranía y de la justicia venal entrarán en posesión de estos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos correspondientes de esas propiedades, de las cuales han sido despojados, por la mala fé de nuestros opresores, manteniendo a todo trance, con las armas en la mano, la mencionada posesión y los usurpadores que se crean con derecho a ellos, lo deducirán ante tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la Revolución”.

Los puntos siete y ocho enarbolaron la expropiación o recuperación de tierras: “7.°. En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos no son más dueños que del terreno que pisan sufriendo los horrores de la miseria sin poder mejorar en nada su condición social ni poder dedicarse a la industria o a la agricultura por estar monopolizados en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas, por esta causa se expropiarán, previa indemnización de la tercera parte de esos monopolios a los poderosos propietarios de ellas, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos, o campos de sembradura o de labor, y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos. 8.° Los hacendados, científicos o caciques que se opongan directa o indirectamente al presente Plan, se nacionalizarán sus bienes y las dos terceras partes que a ellos les correspondan, se destinarán para indemnizaciones de guerra, pensiones de viudas y huérfanos de las víctimas que sucumban en la lucha por presente Plan”.

El Plan de Ayala movilizó a las masas campesinas del sur de México y convirtió al ejercito de Zapata en una poderosa fuerza militar, mientras la División del Norte lo era en la otra parte del país.

El golpe de Estado de Huerta

La revolución que comenzó Madero se había vuelto contra él. Su gobierno se había debilitado. En 1913 el coronel Victoriano Huerta participó en un golpe de Estado contra Madero, encarcelándolo y fusilándolo junto al vicepresidente José Maria Pino Suarez. Huerta fue derrotado al poco tiempo y tuvo que huir a Europa y Estados Unidos. El vacío de poder fue llenado por Venustiano Carranza quien estuvo ejerciendo el poder entre 1914-1917.

Pero en 1914 se produjo la toma militar de la ciudad de México, los ejércitos de Villa y Zapata confluyeron y ambos líderes revolucionarios hasta se turnaron en sentarse en la silla presidencial. Pero los jefes de los ejércitos campesinos, no convocaron a nuevas elecciones, sino que terminaron cediendo el poder a Eulalio Gutiérrez Ortiz (1914-1915).

Este fue el clímax de la revolución campesina: habían tomado el poder, pero se negaron a ejercerlo directamente, y confiaron en otros las tareas democráticas que debían realizarse. El resultado fue el avance de la contrarrevolución, al mando de Carranza, quien asumió formalmente la presidencia el 1 de mayo de 1917 hasta que fue asesinado en 1920.

El Congreso Constituyente de 1917

Se reunió durante dos meses para redactar la nueva Constitución, que fue promulgada por Carranza. El artículo 27 de la Constitución de 1917, reflejo la presión del campesinado insurrecto, al establecer que “La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares constituyendo la propiedad privada (…)”

Esta concesión parcial fue acompañada de una ofensiva militar contra los ejércitos de Villa y Zapata, los cuales fueron liquidados en periodos diferentes.

Engaño y asesinato de Zapata

El general Pablo González, jefe del Ejército para las operaciones militares en el sur de México, ideó un plan para asesinar a al general Emiliano Zapata, basado en información de inteligencia que indicaba que el líder rebelde se encontraba cercado y escaso de recursos militares.

El macabro plan consistía en que unos 500 soldados, comandados por el coronel Jesús Guajardo fingieron haberse rebelado contra el gobierno de Venustiano Carranza, y solicitaron unir esfuerzos con las tropas de Emiliano Zapata, quien por cierto era muy desconfiado. Esa desconfianza le había permito enfrentar las ofensivas militares del Ejército, y mantenerse con vida hasta el día 10 de abril de 1919.

Para engañar a Zapata, dentro de su rebelión ficticia el coronel Guajardo fusiló a 150 soldados del Ejército Federal (contaba con la aprobación del propio Venustiano Carranza), y sus armas y avituallamiento fueron ofrecidos a Zapata. El engaño funcionó. Zapata en persona, junto con otros cuatro de sus principales lugartenientes asistieron a la hacienda Chinameca, Estado de Morelos, donde fueron recibidos por la metralla de las tropas de Guajardo.

En la emboscada también fueron asesinados los generales Manuel de Palafox, segundo jefe del movimiento zapatista; Pedro Amoles, integrante del Estado Mayor de Zapata; Maurilio Mejía, sobrino de Zapata, y Manuel Palacios, secretario del mismo. El general Jáuregui, jefe del Estado Mayor de Zapata, fue capturado vivo, pero fusilado al día siguiente.

La noticia tuvo un enorme impacto en todo México. Muchos no creyeron que fuera cierto. Para mostrar su trofeo, inyectaron formalina al cadáver de Zapata, para que los fotógrafos hicieran lo suyo. Al día siguiente, la foto del cadáver de Zapata apareció en la primera plana de los principales diarios.

El diario Excélsior reprodujo el telegrama que el general Pablo González envió desde Cuautla, Morelos, al presidente Carranza: “Con la más alta satisfacción tengo el honor de comunicar a usted que en estos momentos (9:30 pm) acaba de llegar a esta ciudad el coronel Guajardo con sus fuerzas, trayendo el cadáver de Emiliano Zapata que por tantos años fue el jefe de la Revolución del Sur y la bandera de la irreductible rebeldía de esta región”.

Al desaparecer el principal líder de la rebelión en el sur de México, el Ejercito Federal inició una ofensiva militar que terminó liquidando al Ejército del Sur, que se encontraba prácticamente descabezado.

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