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HISTORIA.- La contrarrevolución en Francia: la caída de los jacobinos

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Por Maximiliano Cavalera

En julio de 1789 se produjo uno de los acontecimientos políticos  más importantes que vio nacer la humanidad en las últimas centurias. Fue la Revolución Francesa encabezada por la ideología de la ilustración que pregonaba la igualdad, fraternidad y libertad. Estos ideales representaban no solo la ideología de la burguesía, sino las necesidades económicas de la nueva clase social emergente. La burguesía lucharía por encabezar el Estado y desplazar a la monarquía de sus privilegios, pero esta burguesía naciente tenía corrientes, y entre las alas más revolucionarias y destacadas, estaba la jacobina, liderada por Maximiliano Robespierre.

Esta corriente, llamada por algunos historiadores como la más radical, en realidad sintetizaba las aspiraciones de la nueva clase social emergente, en una época en que la lucha encarnizada en contra de la contrarrevolución monárquica ocupaba las más fervientes exaltaciones de los ánimos en toda Europa. Una Europa que se dividía entre la monarquía y la revolución burguesa. Para Julio de 1789, con la revuelta y la toma de la bastilla nació la revolución francesa. Para Julio de 1794 el ala mas radical de la revolución sería degollada, Robespierre sería ejecutado y así se abriría una nueva etapa en la revolución burguesa, una caracterizada por el surgimiento de corrientes que restablecerían la monarquía en el poder.

El nuevo emperador sería coronado con la sangre de la revolución, y de la gloriosa revolución burguesa se erigiría Napoleón Bonaparte como nuevo rey que intentaría conquistar a toda Europa. Pero la lucha encarnizada de los jacobinos en contra de la contrarrevolución interna y externa liderada por Inglaterra, fue una experiencia valiosa para el futuro, es decir, que de la lucha a muerte contra la monarquía, una de sus alas fue la que restableció a la monarquía al poder. Parafraseando a un gran historiador revolucionario, la historia está llena de degeneraciones.

Las tres etapas de la revolución

Como todo proceso histórico, podemos ubicar ciertos estadios dentro de la Revolución Francesa. La primera etapa es la fase de paso de la monarquía absoluta a la monarquía constitucional. Tras esa primera fase le siguió la I república francesa y la última es la conocida etapa dictatorial que protagonizó Napoleón Bonaparte hasta 1815 con la progresiva restricción de derechos y libertades democráticas que llevó al restablecimiento de la monarquía en Francia.

El Julio de 1789 en París, las clases sociales más empobrecidas armaron una revuelta que terminó con la toma de la bastilla. Este hecho tan importante se sumó a la lucha política de estratos sociales de la burguesía que buscaban conquistar poderes políticos y derechos que la monarquía les negaba. En medio de estas revueltas aparece una dualidad de poder, surgen milicias, asambleas populares en donde se debatía el haber de la política Francesa.  La revuelta fue tan fuerte que el rey fue obligado a dejar los palacios de Versalles y trasladarse a París, firmando la declaración de los derechos del hombre y otras conquistas.

Así, con la abolición de los derechos feudales del 4 de agosto, la declaración de derechos del hombre del 26 de agosto y la confiscación de bienes de la iglesia de noviembre, la monarquía estaba moribunda. “Empero, la historia de la humanidad no es solamente la de las guerras sino también la de las revoluciones. Los derechos señoriales, adquiridos en el curso de los siglos y minados a continuación en el curso de los siglos por el desarrollo económico, fueron barridos en Francia por el único acto del 4 de agosto de 1789.” (Hacia dónde va Inglaterra, León Trotsky)

No obstante, existía una especia de doble ciudadanía en la que algunos ciudadanos tenían derechos políticos y otros no. Al fin y al cabo, los estados representan a las clases sociales dominantes: “Cuando se trata de dictadura, conviene ante todo distinguir qué intereses, los intereses de qué clase encuentran en ella su expresión histórica. Oliverio Cromwell en una época, Robespierre en otra, expresaron las tendencias históricas progresivas de la sociedad burguesa. William Pitt, que anduvo también muy cerca de la dictadura personal, defendió los intereses de la monarquía, de las clases privilegiadas, de las altas capas de la burguesía contra la revolución de la pequeña burguesía representada por Robespierre. Los pedantes liberales se proclaman habitualmente adversarios así de la dictadura de la derecha como de la dictadura de izquierda, sin desaprovechar por eso el sostener en la práctica la dictadura de derecha. (Ídem)

Las clases sociales se dividían en esta primera etapa de la revolución entre la monarquía y la revolución. El protagonismo de la asamblea y la limitación de las atribuciones del monarca satisficieron a la burguesía pero no a las clases populares. Se produjeron enfrentamientos entre dirigentes revolucionarios y entre las facciones extremistas, el rey fomentó estas fricciones alentando al sector absolutista. Luis XVI protagonizó un intento de huida en Junio de 1791, capturado y de regreso, las facciones más extremistas de la asamblea pidieron que fuera juzgado, pero la mayoría moderada intentó fingir un secuestro para proteger su imagen.

El ascenso de los Jacobinos

El desgaste de la monarquía hizo que en 1792 los Jacobinos se izaran al poder, en representación de los "sansculottes". No eran un grupo homogéneo, sino que estaba integrado por obreros, jornaleros, tenderos y artesanos, pero sí lo eran sus pretensiones políticas: igualitarismo social, derecho de la propiedad orientada al disfrute social, defensa de la pequeña propiedad y el derecho a la existencia (no morirse de hambre) relacionada con el derecho al trabajo, derecho a la instrucción, a la atención social y al intervencionismo del estado para regular los precios y salarios frente a la economía liberal burguesa de la constitución de 1791. Se oponían a la idea de democracia liberal y propugnaban la democracia asamblearia directa.

Entre los líderes de esta etapa de la revolución está Robespierre quien como otro líder revolucionario representaba las ilusiones de las alas mas radicalizadas de la Francia de finales del siglo XVII: “La dictadura de Lenin expresa la poderosa ascensión de una nueva clase histórica y su duelo sobrehumano contra todas las fuerzas de la vieja sociedad. Si hay que comparar a Lenin con alguien, no es a Bonaparte a quien hay que compararle, ni mucho menos a Mussolini: es a Cromwell y a Robespierre. Hay derecho suficiente para ver en Lenin al Cromwell proletario del siglo XX. Esta definición será la apología más alta del Cromwell pequeñoburgués del siglo XVII”. (Ídem)

El inicio de la contrarrevolución

En oposición al desarrollo de la revolución, la contrarrevolución apareció dentro y fuera de Francia. Inglaterra promovió la guerra en el exterior y la situación empeoró a lo interno. Ahí donde había que tomar medidas radicales es donde los jacobinos y Robespierre toman las riendas de la revolución en contra de los girondinos, defensores de una revolución menos “radical”. Se instauró el Comité de Salvación Pública como órgano de control de la delicada situación interior y exterior. En un principio dirigido por Danton, conciliador y moderado caerá en manos de Robespierre que no dudará en utilizar el terror para combatir a la contrarrevolución: “Las medidas de terror aplicadas durante el período inicial, y por así llamarlo “Jacobino” de la revolución, fueron impuestas por las férreas necesidades de la autodefensa” (Trotsky, 1935)

Pero el terror que reinó en estas épocas de crisis sería la pólvora que sacudiría a los jacobinos. Una vasta conspiración antijacobina empezó a formarse, uniendo a los variados enemigos de Robespierre La conspiración estalló finalmente 27 de julio de 1794 cuando Saint-Just estaba por dirigir un discurso al Comité de Salvación Pública, entonces fue interrumpido por el diputado Jean Lambert Tallien, quien acusó a Robespierre de ejercer una tiranía. Cuando Robespierre enfrentó ese discurso, los demás diputados se unieron a la acusación liderados por Villaud-Varenne, antiguo defensor de Robespierre. Éste invocó el apoyo de los diputados moderados pero ellos se quedaron en silencio.

La suerte de la revolución estaba echada. Robespierre fue ejecutado y los jacobinos vieron cómo el poder se desplazaba a las alas más moderadas de la revolución, que llevaban sembrado en su seno el germen de la restauración. Es así como Napoleón Bonaparte se alzaría al poder unos años después. El terror fue la tumba de Robespierre: “¿Es que hay que juzgar las precauciones exigidas por la Salud Pública en tiempos de crisis, provocada por la impotencia misma de las leyes, con el código criminal en la mano?” Y aclaraba: “Si el atributo del gobierno popular en épocas de paz es la virtud, sus atributos en tiempos de revolución son a la vez la virtud y el terror: la virtud sin la cual el terror es funesto; el terror sin el cual la virtud es impotente. El terror no es sino justicia rápida, severa, inflexible; es por tanto emanación de la virtud”. (citado por Nahuel Moreno, Dictadura Revolucionaria del Proletariado)

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