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EUROPA.- La guerra en Ucrania y el surgimiento de un nuevo orden mundial tripartito

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Por Orson Mojica

Desde el inicio de la invasión rusa a Ucrania, existe una intensa propaganda sensacionalista de los grandes medios de comunicación y en todas las redes sociales, en el sentido de que las tropas rusas están siendo derrotadas militarmente por la heroica resistencia ucraniana. Esto es comprensible por la solidaridad que despierta Ucrania como nación oprimida. Sin embargo, en la guerra, que es la continuación de la política por otros medios, no podemos dejar llevarnos por las emociones, y confundir los deseos e ilusiones con la cruda realidad.

El objetivo central de esta campaña de desinformación sobre el curso de la guerra es, sin lugar a dudas, ocultar la incapacidad o el temor de las potencias imperialistas agrupadas alrededor de Estados Unidos y la OTAN, para frenar el vigoroso ascenso del imperialismo ruso, quien golpea la mesa y lucha por recuperar sus antiguas ares de influencia.

La lucha entre democracia y autocracia

Al inicio de la guerra en Ucrania, los grandes medios de comunicación reprodujeron un enorme argumento que sirve de ideología para justificar la lucha de Estados Unidos contra el nuevo imperialismo ruso. Incluso, Putin ha sido descrito como un ambicioso psicópata, sediento de poder. Los individuos generalmente representan intereses de algún grupo económico o social. En este caso, es obvio que Putin representa la sed de poder de la nueva oligarquía rusa que pelea un espacio en el mercado mundial. De la misma manera, que Biden representa a las grandes transnacionales que pujan por asfixiar al nuevo imperialismo ruso, utilizando como peones a los ultraderechistas ucranianos.

Biden ha elaborado una ideología democrática, para luchar contra la autocracia rusa. En un discurso, en febrero, Biden exclamó: “Vivimos en un punto de inflexión en la historia, tanto en casa como en el extranjero. Estamos enfrascados nuevamente en una lucha entre la democracia y la autocracia; entre las aspiraciones de la mayoría y la avaricia de unos pocos. No permitiré que nadie ponga un puñal en la garganta de la democracia" (AFP, 19/01/2022)

Estados Unidos se construyó como potencia imperialista en el siglo 19, cuando el sistema capitalista todavía estaba en expansión. Este es el origen de las tradiciones democráticas de Estados Unidos. En cambio, Alemania, en la segunda mitad del siglo 19, para reunificarse como nación y emerger como potencia imperialista, tuvo que recurrir, no a la democracia burguesa, sino a la proclamación del emperador (Kaiser) Guillermo I (1871-1918) y su autoritario gobierno. Alemania no logró superar a las otras potencias imperialistas (Inglaterra, Francia y Estados Unidos), todas forjadas en el periodo de esplendor y ascenso capitalista. Después de provocar las dos guerras mundiales, y salir derrotada en ambas, Alemania debió conformarse con un rol de imperialismo subordinado, aunque es la potencia dominante en la actual Unión Europea (UE).

Este fenómeno de gobiernos y regímenes autoritarios en los imperialismos emergentes, como el caso de Rusia, en este periodo decadencia capitalista, está cada vez más claramente descrito. Japón, al igual que Alemania, se levantó como potencia imperialista en el siglo XX, bajo el puño de hierro del emperador Hirohito. Al sufrir derrota en las dos guerras mundiales, aceptó también el rol de imperialismo subordinado.

En el siglo XXI, han emergido dos nuevos imperialismos: Rusia y China. En ambos países existen gobiernos y regímenes autoritarios. Vladimir Putin asume el rol y actúa como nuevo zar de Rusia, aunque formalmente es una república. Algo similar ocurre con China, un imperio milenario que fue despezado y humillado por las potencias occidentales, durante los siglos 19 y 20, ha resurgido de las cenizas como un pujante imperialismo que nació, igual que en Rusia, de las entrañas del antiguo Partido Comunista. Después de una seria de transiciones, Xi Ping es presidente vitalicio de la república popular China, es decir, en los hechos el nuevo emperador.

En pocas palabras, los nuevos imperialismos, en el periodo de decadencia del sistema capitalista, para existir y sobrevivir ante el ataque de los viejos imperialismos (Inglaterra, Francia y Estados Unidos), sus instituciones no toleran el rejuego de la democracia burguesa, por lo tanto, no adquieren la forma de democracias occidentales, sino de regímenes bonapartistas o autoritarios, antesala de la proclamación de nuevos emperadores.

¿Una guerra para anexar Ucrania?

Lo primero que debemos señalar es que, según las declaraciones de Putin y los generales rusos, la invasión militar, denominada “operación militar especial” no tenía los objetivos de una “guerra relámpago” (blitzkrieg) para ocupar todo el territorio, derrocar al gobierno de Zelensky y reincorporar el conjunto de Ucrania a la Federación Rusa. Putin ha justificado la invasión con el objetivo de “desmilitarizar” y la “desnazificar” Ucrania. A raíz de la revolución democrática frustrada de 2014, los grupos nacionalistas de ultra derecha tomaron el control y el poder. Estos son los grupos que el ejercito ruso pretende aplastar militarmente.

Desde los primeros días de la invasión, la poderosa maquinaria militar rusa, con una retaguardia y abastecimiento seguro, destruyó el sistema de radares y de puestos de comunicación y coordinación del ejército de Ucrania, dislocándolo y mermando su capacidad militar ofensiva y defensiva. En realidad, en Ucrania hay dos ejércitos: el ejército regular y la Guardia Nacional (GN), una agrupación paramilitar de ultraderecha. Una vez que la ofensiva rusa dislocó al ejército regular, los combates se centraron contra los batallones de la GN, entre ellos podemos mencionar al Batallón Azov que, como táctica defensiva, se atrincheró en algunas ciudades, dificultando el avance de las tropas rusas, no necesariamente por su capacidad de fuego, sino por el alto costo que tendrían que pagar las tropas rusas, masacrando a los civiles.

Serguéi Rudskói, jefe de la Dirección Principal de Operaciones del Estado Mayor ruso, declaro que las fuerzas aéreas y el sistema de defensa antiaérea de Ucrania "han sido destruidos casi por completo" como resultado de la operación militar, mientras que la Armada ucraniana "ha dejado de existir. Las capacidades de combate de las Fuerzas Armadas de Ucrania se han reducido significativamente, lo que nos permite, una vez más, concentrar nuestros principales esfuerzos en lograr el fin principal: la liberación de Donbass".

El control del espacio aéreo de Ucrania, le permitió al ejercito ruso asestar golpes demoledores contra la infraestructura militar, destruyendo aviones, tanques y artillería pesada. Para el 26 de marzo, el Ministerio de Defensa de Rusia había informado que había destruido “267 drones, 207 complejos de defensa aérea, 1.618 tanques y otros vehículos blindados, 166 sistemas de lanzacohetes múltiple, 662 obuses y morteros, así como 1.453 vehículos militares especiales”. Al mismo tiempo reportó “1.351 soldados rusos muertos y 3.825 heridos”.

A la guerra en el campo de batalla, debemos agregar la guerra en los medios de comunicación y las redes sociales, con información falsa de ambos lados, la que desorienta al lector. La información tendenciosa es tal que solo mueren generales rusos y ni uno solo de Ucrania. Otra información falsa se refiere al empantanamiento del ejercito ruso, debido a que se detuvo en las afueras de Kiev, pero como hemos analizado esto mas bien se debe a un calculo político, de rodear las ciudades sin penetrarlas, para ejercer presión militar sobre el gobierno de Zelensky y obtener resultados en la mesa de negociaciones.

Aunque la guerra involucra actividades de propaganda, ningún ejercito divulga de antemano cuales es su estrategia y tácticas militares. El ejército ruso ha avanzado en consolidar posiciones en la costa oriental, controlando los puertos de Mariupol y Odesa, solo para citar los más importantes. Con el control del espacio aéreo y marítimo, y con las principales ciudades rodeadas, solo queda pendiente el control militar de la parte occidental de Ucrania, que tiene fronteras con Polonia y Moldavia. Pero, al parecer, no les interesa tener presencia militar en esa zona, con una población campesina antirrusa. Para no dispersar su esfuerzo bélico, el ejército ruso bombardeó objetivos militares en la frontera con Polonia, pero no mantuvo posiciones. Esta zona es la única puerta de entrada terrestre a Ucrania. El control ruso del espacio aéreo evita o dificulta el reabastecimiento militar por parte de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN a favor del desarticulado ejército de Ucrania.

Estados Unidos y la OTAN abandonan a su suerte a Ucrania

Apenas se inició la invasión rusa, el gobierno de Zelensky, que en años anteriores venía siendo apertrechado militarmente por Estados Unidos y la OTAN, lanzó un llamando desesperado para que la OTAN lo apoyase en la guerra contra Rusia, estableciendo una zona de exclusión aérea, como la que se impuso en Yugoslavia y en la segunda guerra contra Irak.

A pesar que en los medios de comunicación reflejaron muchas declaraciones incendiarias contra la invasión rusa, en realidad la ayuda militar al gobierno de Zelensky fue a cuenta gotas. Finalmente, el secretario de Defensa de EE.UU., Lloyd Austin, declaró que “(…) establecer una zona de exclusión aérea significa entrar en combate […] con Rusia. Y es algo que ‒como hemos dicho antes y como ha dicho nuestro presidente‒ no íbamos a hacer, entrar en una contienda con Rusia.

Para controlar el cielo, hay que desactivar las defensas aéreas que están en tierra y algunos de esos sistemas de defensa aérea están en Rusia. Nuestro presidente, Joe Biden, ha sido claro que las fuerzas estadounidenses no van a luchar en Ucrania. Dicho esto, haremos todo lo que esté en nuestras manos para apoyar a Ucrania en sus esfuerzos por defender su territorio”. (RT 18/03/2022)

Al día siguiente, la ministra de Defensa de Canadá, Anita Anand, se lavó las manos al afirmar: "Creo que hemos agotado las existencias de la Fuerza Aérea canadiense para poder suministrar armas. Hay asuntos de volúmenes que debemos saber que controlamos para garantizar que las Fuerzas Armadas de Canadá tengan recursos suficientes". (RT 19/03/2022)

Linda Thomas-Greenfield, embajadora de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), reafirmó que “ el presidente [Joe Biden] ha sido muy claro en que no pondremos tropas estadounidenses sobre el terreno en Ucrania. No queremos escalar esto a una guerra con Estados Unidos. Pero apoyaremos a nuestros aliados de la OTAN (…) Otros países de la OTAN pueden decidir que quieren poner tropas dentro de Ucrania”.

Sobre el ingreso de Ucrania a la OTAN, Zelensky amargamente reconoció, sin decirlo abiertamente, la hipocresía de Estados Unidos y la OTAN, al declarar que “solicitó en persona que dijeran directamente que nos aceptarán en la OTAN dentro uno, dos o cinco años, o que nos digan claramente que no. Y la respuesta fue muy clara: 'no serán miembro de la OTAN'. Pero públicamente nos dicen que las puertas permanecerán abiertas". Este doble rostro del imperialismo norteamericano y europeo es ampliamente conocido.

Y para que no quepan dudas, Jens Stoltenberg,  secretario general de la OTAN, quien siempre brinda declaraciones explosivas, también se lavó las manos: "La OTAN no es parte del conflicto, pero brinda apoyo a Ucrania [...] Debemos entender que es importante apoyar a Ucrania, pero también es importante evitar una guerra entre la Federación de Rusia y la OTAN. Por lo tanto, dijimos claramente que no enviaríamos tropas a Ucrania”.

El canciller alemán, Olaf Scholz, en una entrevista con Die Zeit, reafirmó que la OTAN no participará directamente en la guerra, ya que "un enfrentamiento directo entre la OTAN y Rusia sería una escalada cuyas consecuencias nadie puede desear".

Las negociaciones de paz y las duras condiciones de Rusia

La guerra que Rusia desató contra Ucrania no persigue la anexión de todo el territorio de Ucrania a la Federación Rusa, ni el derrocamiento del gobierno de Zelensky, sino arrodillar a Ucrania para obligarlo a firmar un tratado de paz y neutralidad, bajo las condiciones impuestas por Rusia. En pocas palabras, convertir a Ucrania en una semicolonia, en un Estado subordinado al área de influencia del imperialismo ruso. Por esta razón, el ejercito ruso no da el golpe final contra Kiev, no debe ni puede liquidar a la contraparte con la cual necesita desesperadamente firmar un tratado de paz, además porque la toma de la capital seria una carnicería humana, con grandes bajas a ambos lados y acrecentaría el resentimiento ucraniano contra los rusos.

Mientras se producen los combates, las delegaciones de Rusia y Ucrania se han reunido varias veces, en Bielorrusia y Turquía. Las exigencias de Rusia son: la neutralidad y desmilitarización (abstenerse de poseer armas nucleares y armamento ofensivo), no incorporarse a la OTAN, reconocimiento de Crimea como parte de Rusia, reconocimiento de las dos repúblicas independientes de Donetsk y Lugansk (o al menos plena autonomía de estas), garantías para la población ruso parlante, etc.

En su proceso de expansión como nuevo imperialismo, Rusia necesita controlar la costa ucraniana del mar Azov, y la costa y los puertos del mar negro, cuya jurisdicción comparte con Turquía, Moldavia, Rumania, Bulgaria y Georgia. Putin necesita evitar que submarinos y buques de Estados Unidos y la OTAN, accedan al mar Negro y al mar Azov, desde donde pueden atacar con misiles nucleares las ciudades y complejos industriales de Rusia.

Esta pretensión de Rusia implicaría una desmembración parcial del territorio de la actual Ucrania, y probablemente sea el punto más difícil de aceptar por parte del gobierno de Zelensky. No obstante, el resultado de las últimas negociaciones en Turquía muestra un avance significativo en las negociaciones, el gobierno de Zelensky parece haber aceptado que no reclamará por la vía militar la península de Crimea, ni el territorio del Dombas, lo que legalizaría indefinidamente la ocupación rusa.

Las sanciones de Estados Unidos y sus aliados

Apenas se inició la invasión militar rusa, Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea (UE), Canadá, Japón y otros países, impusieron duras sanciones económicas a Rusia, con el objetivo de doblegarla.

Rusia se venia preparando para este momento. Desde el 2014, cuando se produjo la anexión de Crimea, y se impusieron sanciones económicas contra Rusia, Putin impulsó una política de sustitución de importaciones, deshaciéndose de los dólares, comprando oro, acumulando reservas monetarias y estrechando los lazos económicos con China.

Indudablemente que, en el marco de la economía mundial, las sanciones económicas golpean a la economía de Rusia, pero también tienen un efecto de boomerang sobre el resto de países, especialmente en Europa, altamente dependiente del gas y del petróleo ruso. Y afectan también la economía de Estados Unidos por la interdependencia existente en el mercado mundial. Pero no todos los países están cumpliendo con las sanciones, sobre todo en una parte de Europa (reticencias en Francia y Alemania), Medio Oriente y Asia (India y países del sudeste asiático).

Biden presiona infructuosamente a China

Los medios de comunicación resaltaron que Rusia había pedido ayuda militar a China, lo cual no se corresponde con la realidad. Rusia produce sus propias armas. China ha sostenido una política de moderación, no condena la invasión rusa y llama al dialogo y la negociación, lo que resulta de gran utilidad para la estrategia rusa de arrodillar a Zelensky por medio de la presión militar, porque el objetivo último de esta guerra no es instaurar un gobierno prorruso, sino que el actual gobierno firme el tratado de neutralidad y desarme.

El discurso del viceministro de Relaciones Exteriores de China, Le Yucheng, fue crítico a la política de Estados Unidos de fomentar la expansión de la OTAN hasta las fronteras de Rusia: “El bloque militar [de la OTAN] es un remanente de la Guerra Fría, y, con la desintegración de la Unión Soviética, la OTAN y el Pacto de Varsovia deberían haber pasado a la historia en ese mismo instante. Sin embargo, en lugar de disolverse, la OTAN siguió fortaleciéndose y expandiéndose. El resultado es de imaginar. La crisis de Ucrania es una advertencia",

Durante la reunión virtual entre Biden y Xi Jinpin, presidente de China, este mantuvo un discurso moderado pero firme: "El conflicto y la confrontación no benefician a nadie. Estados Unidos y la OTAN también deben entablar un diálogo con Rusia para resolver la esencia de la crisis de Ucrania y resolver las preocupaciones de seguridad tanto de Rusia como de Ucrania (..) un mayor desarrollo de esta situación provocará también una crisis grave de la economía mundial, el comercio, las finanzas, la energía, los alimentos, las cadenas de producción y los suministros, lo que empeorará todavía más la difícil situación de la economía mundial y causará pérdidas irreparables".

Y con un lenguaje diplomático, reafirmó la aspiración de China a un nuevo orden mundial multipolar: "La solución a largo plazo se basa en el respeto mutuo entre las principales potencias mundiales, la ausencia de una mentalidad de la Guerra Fría, la abstención de una confrontación entre los bandos y la construcción paulatina de una arquitectura de seguridad global y regional equilibrada, eficaz y sostenible".

La guerra en Ucrania ha originado una recomposición de fuerzas a nivel mundial. La India, otra potencia emergente, que mantiene históricas relaciones económicas y militares con Rusia, y que ha tenido roces fronterizos con China, acaba de dar un viraje de amistad hacia China, lo que cambia sustancialmente la correlación de fuerzas en Asia. Los imperialismos menores y potencias regionales que aspiran convertirse en imperialismos, unen esfuerzos aprovechando la crisis.

La repuesta rusa a las sanciones y su efecto en la economía mundial

Putin respondió a las sanciones económicas y al bloqueo financiero, dando la orden de que los países inamistosos al comprar productos rusos los paguen en rublos, no en dólares o en euros, asestando el primer duro golpe a la hegemonía del dólar en la economía mundial

Putin declaro que: "No tiene sentido suministrar nuestros productos a la UE y a Estados Unidos y cobrar en dólares y euros. Por eso he decidido poner en marcha, lo antes posible, un conjunto de medidas […] para transferir el pago de nuestro gas natural suministrado a los llamados países no amigos en rublos rusos. Pido al Gobierno que dé la correspondiente directiva a Gazprom para que haga cambios en los contratos existentes. Al mismo tiempo, todos los consumidores extranjeros deben tener la oportunidad de realizar las transacciones necesarias".

A pesar de las duras sanciones y del daño que pueden causar a la economía capitalista de Rusia, es poco probable que el país colapse por su larga tradición autárquica. Construir el capitalismo solo en Rusia es una gran utopía, pero la nueva oligarquía rusa ha sopesado todos los riesgos y  la relación económica con China puede significar un enorme respiro, mientras se define el nuevo statu quo.

El exabrupto de Biden

En un reciente discurso en Polonia, Joe Biden exclamó en relación a Putin: “Por amor de Dios, este hombre no puede permanecer en el poder”, lo que se interpretó como que la política de Estados Unidos es la búsqueda del derrocamiento del gobierno de Putin, echando más leña al fuego.

Al día siguiente, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, en una visita a Israel, que juega un papel de mediador en la guerra de Ucrania, relativizó la metida de pata de Biden: "Creo que el presidente señaló anoche que, simplemente, Putin no puede ser empoderado para hacer la guerra o participar en una agresión contra Ucrania o cualquier otro. Como saben, y como nos han escuchado decir repetidamente, no tenemos una estrategia de cambio de régimen en Rusia, ni en ningún otro lugar".

Biden reconoce que se está gestando un nuevo orden mundial

En uno de sus últimos discursos, Biden reconoció lo que realmente está en juego en Ucrania: “En esta batalla, debemos tener los ojos abiertos: esta batalla no se ganará en días y meses. Necesitamos armarnos de valor para la larga lucha que tenemos por delante”

Mas adelante, en una reunión con sus aliados en Asia, dijo que “(…) es un momento en que las cosas están cambiando. Va a haber un nuevo orden mundial y tenemos que liderarlo. Y tenemos que unir al resto del mundo libre para hacerlo".

La guerra en Ucrania representa la ruptura del statu quo que surgió después del derrumbe de la URSS, y representa un retorno a las áreas de influencia. El surgimiento y fortalecimiento de dos nuevos imperialismos, Rusia como potencia militar, y China como principal competidor económico de Estados Unidos, ha desatado la lucha por la instauración de un nuevo orden mundial, que ya no podrá ser bajo la hegemonía de Estados Unidos. La lucha Inter imperialista apenas está comenzando, vamos a un nuevo periodo de guerras y revoluciones.

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