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EUROPA.- Cumbre del G-7 en Biarritz: mucho ruido y pocas nueces.

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Por Nicolás Lebrun

En un marco esplendoroso, en la costa del País Vasco francés, los líderes de las principales economías del planeta, a excepción de China y Rusia, se reunieron para tratar de avanzar en su reparto del mercado mundial en un periodo de una gran crisis.

Esta última tiene entre otros detonantes, las medidas adoptadas por la administración Trump tendientes a aumentar los aranceles a las exportaciones chinas entrantes en los Estados Unidos, además del embargo petrolero iraní que ha desatado una serie de roces en el estrecho de Ormuz así como en el estrecho de Gibraltar, donde un petrolero iraní fue detenido durante un tiempo sospechoso de violar el embargo al régimen de El Assad.

Pero lejos del bling bling en el cual se vio envuelta esta cumbre la realidad es menos placentera sobre todo para los países que han venido perdiendo puestos en la escala de los países más poderosos del planeta.

La hegemonía mundial sigue en manos yanquis pero….

Hace un siglo, el mundo despertaba de una de las más cruentas guerras jamás conocida. La Primera Guerra Mundial, una guerra interimperialista que llevó a la tumba a millones de obreros de los países metropolitanos así como de las colonias que tenían en ese entonces. Tal y como lo definió Lenin en su libro “El imperialismo fase superior del capitalismo” lo definió de esta manera: “la guerra de 1914-1918 fue una guerra imperialista (es decir, una guerra anexionista, depredadora y de rapiña); una guerra por la división del mundo, por la partición y el reparto de las colonias y de las esferas de influencia del capital financiero, etc.”

Esta masacre tuvo como cómplices a los partidos social demócratas que hoy se han convertido en partidos burgueses y que no se han sonrojado al aplicar los salvajes planes de austeridad a lo largo y ancho del continente. En el bando opuesto, solo un punado de activistas y dirigentes que tuvieron que salir al exilio para reorganizarse y protegerse de las hordas chovinistas que enceguecían a las masas trabajadoras. Esta crisis fue aprovechada por el partido bolchevique para tomar el poder y conformar el primer gobierno de la historia de la humanidad.

Pero, por otro lado, en el campo burgués, los ganadores fueron otros. Por un lado, la Entente conformada por Gran Bretaña, Francia y Rusia en sus inicios se vio debilitada por la irrupción revolucionaria. Los Estados Unidos, país que al principio del conflicto se mantuvo al margen de manera oportunista, terminó enviando sus tropas y armamento en la última etapa del conflicto para asegurarse un rol en el festín imperialista. Hasta ese entonces, los británicos eran la mayor potencia colonial y económica del orbe. Pero esta hegemonía se fue viniendo abajo hasta el punto que luego de la Segunda Guerra Mundial, los yanquis emergieron como la primera potencia económica y militar. En otros términos, al capitalismo monopólico no le queda otro camino que la guerra para imponerse a la competencia. En este caso los “competidores” son las burguesías de otros países que rivalizan por los mercados, capital financiero e influencia en los distintos rincones del globo.

En un pasado no muy lejano, el mapa del mundo estaba diseñado con los países metropolitanos (las potencias europeas) y sus colonias en Asia, África y América.

Luego de la segunda guerra, una ola de movimientos independentistas hizo que estos países perdieran paulatinamente sus colonias, no sin antes resistir mediante cruentas guerras a perderlas. Las burguesías emergentes de estos países recién independizados se convirtieron en socios que luego expoliaron a las masas y esto sigue hasta este momento.  La presencia militar yanqui se expandió a lo largo y ancho del mundo. Las bases militares en el continente europeo durante la “guerra fría” con el despliegue de misiles y otras armas nucleares. Esto mismo lo hizo en Asia, que empezó a ocupar este papel de gendarme en los albores del siglo XX luego de vencer a los españoles en la guerra de Cuba.

En este momento, estatus de la burguesía yanqui no ha cambiado, pero se ve amenazado por la emergencia de nuevas potencias económicas en el orbe. 

Los denominados Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sur África) que durante las últimas dos décadas han tomado protagonismo. Los tratados comerciales firmados por los yanquis en los cuales se han asegurado en el caso de los países semi coloniales como los de América Central y del Caribe importantes prerrogativas para los intereses de sus capitales e industria, se muestran insuficientes en este periodo de crisis iniciado en el 2008.

De estos países, el caso de China se ha vuelto en un verdadero dolor de cabeza para un sector de la burguesía yanqui. El lugar que ocupaba los Estados Unidos durante décadas fue ocupado por China. Según la OCDE, China se encontraba en el primer lugar en el periodo 2016-2017 con cerca de 230 mil millardos de dólares de exportaciones contra cerca de 1500 millardos de les E.E.U.U. Por el contrario, el monto de las exportaciones es muy superior en los Estados Unidos en el mismo periodo cerca 2500 millardos de dólares contra 1800 millardos aproximadamente para China.

Los episodios de escaramuzas comerciales dentro de esta guerra no han cesado. La devaluación de la moneda china, una maniobra utilizada por otros competidores comerciales en el pasado, no ha sido bien apreciada por los yanquis que claramente ven en ella una forma de paliar a los aumentos de los aranceles decretado vía tweeter por el presidente de los E.E.U.U.

La administración Trump se ha encargado de tratar de replantear las bases de estos acuerdos y pasar de los multilaterales a los bilaterales. De esta manera podría asegurar una mayor relación de fuerzas a la hora de negociar fundamentalmente con los países antes citados, pero también con la UE. 

El Brexit podría ser una oportunidad de torpedear desde adentro el bloque que representa la UE. Durante el G7, Trump ofreció al recién nombrado primer ministro Boris Johnson la posibilidad de llegar a un acuerdo en el caso de concretarse el Brexit. El ex consejero de seguridad de la administración Trump, John Bolton afirmaba a mediados de agosto “Queremos ser útiles para el Brexit” (Le Figaro  13/08/2019)

En esta cueva de Alí Baba que representan los acuerdos y maniobras comerciales entre las potencias capitalistas, cualquier golpe es permitido y nadie tiene asegurado su lugar. En eso la Historia está llena de ejemplos.

En los puntos álgidos la temperatura aumenta y en Washington las cabezas ruedan

Como es conocido por su estilo megalómano, el presidente Macron quiso causar un golpe de efecto al llevar al jefe de la diplomacia iraní,  Mohamad Zarif. Con esto, según Macron, las posibilidades de relanzar las conversaciones sobre el acuerdo nuclear podrían avanzar. Pero la realidad es tozuda. Los iraníes no pueden aceptar que el gobierno de Trump los lleve contra las cuerdas. En el mes de julio Teherán anunciaba ya el aumento del enriquecimiento de uranio por encima de los límites del acuerdo del 2015 y hace dos semanas sobrepasó la masa permitida por los mismos acuerdos. “El portavoz de la Agencia de Energía Atómica de Irán (AEAI), Behruz Kamalvandí, dijo en una ceremonia, en la planta nuclear de Fordow, que "actualmente la cantidad del uranio enriquecido de Irán es de entre 360 y 370 kilogramos”. Ahora producimos con una buena capacidad y esta cantidad aumenta con rapidez", agregó el portavoz, según la agencia oficial IRNA. (DW 13/08/2019)

La crisis en Medio Oriente está lejos de aplacarse. La guerra en Siria a pesar del anuncio de Trump de retirar el grueso del contingente sigue alargándose. Los iraníes que han ganado terreno en este conflicto no van a ceder el terreno conquistado.

“El recrudecimiento de la guerra civil en Libia es otra de las vicisitudes de los yanquis  y de los países imperialistas de la UE. El control de las zonas petroleras y la ola de migrantes hacia Europa hacen que las posiciones concuerden.  En este rompecabezas, las posiciones de los gobiernos rozan con el surrealismo. “Egipto y los Emiratos Árabes Unidos respaldan políticamente al Gobierno de oriente y militarmente a las FANL porque les preocupa el papel que los Hermanos Musulmanes puedan jugar en Trípoli; también Rusia apoya a Haftar. Por su parte, el Gobierno de occidente cuenta con el respaldo de Estados Unidos, Turquía y la UE; sin embargo, discrepancias entre Francia e Italia impiden que el bloque comunitario asuma una postura común. Aunque Francia e Italia han respaldado nominalmente al Gobierno de Acuerdo Nacional, ambos países europeos también han coqueteado con Haftar debido a su prominencia en la lucha contra los islamistas”. (DW 5/04/2019)

Los Estados Unidos se niegan a jugar el papel que antes desempeñaban al menos en la forma, mas no en el contenido. Los halcones son partidarios de intervenciones que no impliquen un gran despliegue de fuerzas. Hasta ahora, los efectivos del ejército gringo no han sido masivos. La búsqueda de un acuerdo con los talibanes con los que se encuentran en guerra desde 2001 precede del anuncio de la disminución de 14000 a 8600 efectivos.

Este conjunto de medidas puede ser las que han dado origen a la caída de Bolton, partidario de las intervenciones preventivas y de una mayor presencia militar yanqui. La estrategia de Pompeo es de mantener la presión, pero aflojando sin reventar prematuramente.

Una salida de clase a la crisis

Los socialistas no nos hacemos ilusiones con las falsas salidas a la crisis. El capitalismo con rostro humano, un capitalismo sostenible y otras elucubraciones son solo de quimeras reformistas. Esta crisis ha sido causada por los mismos que no cesan de concentrar las ganancias.

La construcción del partido internacional con una política de clase se impone cada vez más como una tarea urgente de la cual nos proponemos ser parte.

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