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BRASIL.- Polarización extrema e incertidumbre en la segunda vuelta electoral

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Por Oliverio Mejía

El pasado 2 de octubre se realizaron las elecciones generales, en un escenario reñido entre el presidente derechista Jair Bolsonaro y el progresista Luis Ignacio “Lula” da Silva; a contrapelo de lo que marcaban las encuestas, una clara ventaja de Lula, la diferencia final entre éste y el actual presidente fue menor.

La mayoría de encuestas daban una diferencia del más del 10 % en algunos casos, llegando hasta el 20 % de Lula sobre Bolsonaro. Pero el  día de las elecciones la diferencia fue de un poco mas del 5 %, obligando a una segunda vuelta.

El gobierno de Bolsonaro

Si bien en Brasil no se han registrado procesos de movilización social con la misma intensidad que en países como Chile o Colombia, estas fueron unas elecciones altamente polarizadas, producto de la crisis política provocada por el gobierno de Bolsonaro sobre temas como la pandemia, que como es sabido, el mandatario, en consonancia con su discurso ultra conservador, asumió posiciones negacionistas, provocando casi más 700 mil muertes por COVID 19. Además, ordenó una serie de políticas anti obreras y de ajuste contra el pueblo, o el criminal contubernio con los terratenientes y ganaderos en la quema de grandes porciones del pulmón de planeta, la Amazonia, y la consiguiente represión hacia ecologistas y Pueblos Indígenas.

Otra práctica común de Bolsonaro, un ex capitán y ex diputado, fue llenar la administración pública con funcionarios de origen militar, por ejemplo, el actual vicepresidente es otro militar, Hamilton Moruao y su actual candidato a vice también. Recordemos que Bolsonaro capitalizó el asenso de la derecha tras la destitución del segundo gobierno Dilma Russef en agosto de 2016, y ante la desacreditación de los partidos burgueses tradicionales, logró el apoyo de gran parte de la población, sobre todo evangélicos bajo un discurso anti político.

El actual presidente consolidó el proceso de militarización que inició durante los gobiernos petistas; varios de los militares que acompañan a Bolsonaro, como Murao o el actual candidato a vicepresidente, fueron adquiriendo poder durante el petismo, a través de  la incorporación en tareas de seguridad publica, así como en la participación del ejército brasileño en la desastrosa Misión de Mantenimiento de la Paz en Haití.

Bolsonaro también instrumentalizó una serie de redes paramilitares vinculadas a la militarizada Policía Militar -fortalecida en los gobiernos del PT- contra las comunidades pobres de las principales ciudades, habitadas por población en su mayoría afrodescendientes, así como a opositores políticos.

En materia de política exterior, si bien asumió al inicio una línea anti China en consonancia con Trump, presionado por los intereses de la burguesía brasileña, que tiene a esa nación asiática como su principal socio comercial, suavizó su postura. De igual forma, alejó a Brasil del concierto internacional por medio de la influencia que caracterizó a los gobiernos petistas, así como debilitó el Mercado Común del Sur, impulsando una política unilateral en materia de negociaciones comerciales con otros bloques y de regulación común entre los países que lo integran.

También se alejó del gobierno de Joe Biden, tanto por el acercamiento a Rusia tras la invasión de este país a Ucrania, como por los cuestionamientos de la administración estadounidense a los comentarios de Bolsonaro sobre que el Tribunal Supremo Electoral intenta preparar un fraude en su contra.

Sobre esto, Bolsonaro primero intentó por medio del ejército influir sobre las decisiones del árbitro electoral, atacó también la votación electrónica aduciendo que esa era una forma de instrumentar el supuesto fraude, y por último atacó a esa instancia. Además, la campaña estuvo marcada por ataques fascistoides contra partidarios de Lula y por un intento de movilizar masas afines al estilo de Trump, por ejemplo, la mas reciente en la celebración de la independencia brasileña el pasado 7 de septiembre.

Los resultados electorales

Lula y el candidato a vice presidente Geraldo Alckim -ex gobernador de Sao Paulo por el PSDB y vinculado al gran capital, ahora postulado por el Partido Socialista Brasileño- participaron en las elecciones bajo la alianza Brasil de la Esperanza, liderada por el socialdemócrata Partido de los Trabajadores (PT), junto al Partido Comunista de Brasil (reformista de origen maoísta), el liberal ecologista Partido Verde, los ya mencionados Socialista -formado en la década de los cincuenta como socialista democrático- el conservador Rede, el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) y otros; obtuvieron 57,259,504, el 48.43 %, de votos.

Mientras que Bolsonaro y el candidato a vice, el general en activo Walter Braga Neto, obtuvieron 51,072,345, el 43.20 %, con la coalición Por el Bien de Brasil, conformada por el Partido Liberal, creado de la fusión de otros partidos vinculados a corrientes neopentecostales fundamentalistas y a ex militares, junto a los partidos Progresista y Republicano, formados por elementos provenientes de la dictadura.

Estos partidos y otros, son lo que se denomina el “centrao”, que es una serie de minúsculos grupos electorales caracterizados por su pragmatismo político, su ideología conservadora, por ser a su vez expresión de la politiquería vinculada a diversas fracciones de la burguesía y que paradójicamente dieron sustento orgánico en el Legislativo en los dos primeros gobiernos del PT. Sin embargo, dieron sus votos para la destitución del gobierno de Russef.

En tercer lugar, quedó la alianza Brasil Para Todos, entre los tradicionales Movimiento Democrático Brasileño (MDB), el Partido Socialdemocrático Brasileño (PSDB), junto a Ciudadania y Demócratas, que postuló a un binomio conformado por mujeres con Simone Tebet y Mara Gabrilli como candidatas a presidente y vice respectivamente. Estas lograron un poco mas de cuatro millones de votos, el 4.16 %, y en la segunda vuelta anunciaron su apoyo a Lula.

Estos partidos se generaron durante la descomposición de la dictadura a mediados de los años ochenta del siglo pasado. El MDB en un primer momento integró a varios actores progresistas contra la dictadura, pero cada vez se volvió el mejor ejemplo del llamado centrao, gobernando tras la primera elección posterior a la dictadura con Jose Sarney en 1985. Posteriormente fue un aliado fundamental de los gobiernos petistas, para terminar por ser parte del golpe contra Russef, pues el vicepresidente Michael Temer, de ese partido, la sustituyó; en esta elección Tebet pertenece a esa agrupación. Por su parte, el PSDB fue el partido mas ligado al gran capital, gobernando con el sociólogo, inicialmente desarrollista y posteriormente neoliberal, Fernando Enrique Cardozo entre 1995 y 2003, hasta la llegada por primera vez de Lula al poder, siendo la principal oposición al PT; la candidata a vice Gabrilli proviene de ese partido.

El cuarto lugar fue para Ciro Gómez y Ana Paula Matos, postulados por el Partido Democrático Laboralista, con 3.5 millones de votos, un 3.04%. Este partido es heredero de la tradición populista del Varguismo; en los primeros años fue aliado del PT, distanciándose de éste y sumándose a la acción destituyente contra Russef. En la segunda vuelta el PDT apoyará a Lula

Atrás quedaron otras expresiones de derecha como Union Brasil, Novo, el Partido Laborista Brasileño y Democracia Cristiana.

Por su parte, la izquierda con un perfil mas revolucionario y anti capitalista participó fragmentada, obteniendo un magro resultado, no superando ninguna de las tres opciones que participaron el 1% de los votos. Estas fueron Leonardo Pericles de Unión Popular, Sofia Mansano del histórico Partido Comunista Brasileño, estalinizado en la década de los treinta, y Vera Lucía del trotskista Partido Socialista de los Trabajadores Unido, en alianza con otros grupos creando el Polo Socialista. Estos tres son luchadores sociales, no logrando cuajar un proyecto unitario que hubiera fortalecido a sectores organizados de vanguardia anti capitalista, que estos representan y sumando con esto a otros actores del proletariado.

Sobre el PSOL

Es importante hacer una digresión sobre el ya mencionado PSOL. Nace como producto de las diferencias en el primer gobierno de Lula, separándose del PT porque éste, contrario al relato y la propaganda progresista, aplicó un duro programa de ajuste en las pensiones sobre la clase trabajadora; a la par de eso, Lula extendió un fuerte programa asistencial que mejoró los índices de pobreza de la población.

El PSOL se nutrió de una serie de corrientes marxistas revolucionarias que lo identificaron como un espacio vital para desarrollar la lucha de clases; así, en la elección anterior, cuando emerge el fenómeno del bolsonarismo, en estados como Rio de Janeiro se visualizó que podría convertirse en una alternativa de izquierda. De tal suerte, fue golpeado por la política represiva del bolsonarismo con el asesinato de la concejal por la ciudad de Rio de Janeiro, Marielle Franco a manos de paramilitares vinculados a la Policía Militar. Sin embargo, las corrientes reformistas en la dirección de ese partido, en lugar de mantener una línea de independencia de clase, se fueron de furgón de cola con la alianza Lula-Alkim, lo cual obligó a la mayoría de corrientes revolucionarias a renunciar a ese entramado.

Los resultados en el legislativo

Con respecto a los resultados, a nivel del Legislativo se pensó desde la izquierda que el bolsonarismo no iba a lograr una buena posición, sin embargo, Bolsonaro logró 99 diputados directos, 273 si se suman los partidos aliados del centrao; contra 138 de Lula y afines. En el senado fueron electos 14 bolsonaristas contra 8 lulistas y cinco independientes.

Bolsonaro a su vez tuvo mas apoyo en sectores de la pequeña burguesía y burguesía en los estados mas populosos del centro y el sur de Brasil. Lula obtuvo mas apoyo en el noreste, que ha sido la región que mas apoyo ha dado al PT, y también en los barrios obreros y populares de los estados del centro, en ciudades como Rio, Sao Paulo, Santos, Niteroi, Belo Horizonte y otras mas pequeñas.

El lulismo y el PT han sido aceptados otras veces por los factores de poder del capitalismo; esta vez, una serie de grupos empresariales (sobre todo en la industria) lo apoya, y la presencia de Alckim es reflejo de esto; otros grupos, como de ganaderos y terratenientes, apoyan a Bolsonaro. Por su parte, el capital financiero y otros, consideran que Bolsonaro, con sus pretensiones bonapartistas no le es útil,  tratando de levantar una tercera opción con la alianza MDB-PSDB o el PDT, ahora se suman al apoyo a Lula.

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