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PANAMÁ.- Resoluciones del III Encuentro Nacional del Movimiento Popular Unificado (M.P.U.)

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Este III Encuentro Nacional del MPU tiene por objetivo precisar el análisis de la realidad nacional y tomar decisiones respecto a algunos puntos importantes que analizáramos a inicios de este año en el II Encuentro Nacional. Transcurridos diez meses es posible sacar conclusiones más precisas sobre algunos aspectos de la realidad nacional y nuestras tareas que estaban inconclusos.

El trasfondo sobre el que se desarrolla la actual situación política nacional, sin la cual no comprenderíamos cabalmente lo que sucede y lo que está por pasar, es la profundización de la crisis económica capitalista abierta en 2008, que está llevando al borde de la quiebra a países como Grecia, España e Italia, que amenaza con la estabilidad de la Unión Europea , y que golpea también a Estados Unidos con dureza. Crecimiento hasta niveles increíbles de las deudas soberanas de los grandes países capitalistas, que amenazan al conjunto del sistema financiero mundial, en el marco de un estancamiento económico arreciado por altos niveles de desempleo, inflación y precariedad laboral. Esa crisis y la respuesta burguesa de profundizar las medidas neoliberales constituyen el motor de una creciente lucha de clases, huelgas generales y movilizaciones en toda Europa y que se ha propagado al corazón de los Estados Unidos, Wall Street. Es la misma crisis que llevado a las explosiones revolucionarias en todos los países árabes. Crisis capitalista que apenas se empieza a manifestar en Panamá, pero que no tardará en golpear con dureza. (Ver Documento Internacional adjunto).

El gobierno empresarial y derechista de Ricardo Martinelli llegó a su cenit y ha iniciado su declive ante la opinión pública nacional. El aspecto más relevante en este sentido lo ha constituido la ruptura de la alianza oficialista y la expulsión de los panameñistas del gobierno. La crisis de la "Alianza" es una consecuencia natural de dos proyectos en conflicto respecto a la continuidad del control gubernamental más allá de las elecciones de 2014. Desde la perspectiva de Martinelli, no tenía sentido dar largas al compromiso de apoyar a Varela y su partido para reemplazarlo en los próximos comicios, habiendo alcanzado el partido con más inscritos, un control absoluto de todos los órganos del Estado y en particular de la Asamblea Nacional gracias al transfuguismo, así como dirigir la maquinaria estatal en el mejor momento de la economía capitalista, con proyectos multimillonarios que están enriqueciendo a sus asociados.

La ruptura ha tenido su coste político para Martinelli, sumando fuerzas a la oposición burguesa en la que hasta ahora navegaba sólo el debilitado PRD.  También ha fortalecido las críticas desde sectores ilustrados de las capas medias que ven con pavor las actuaciones totalitarias del Presidente. Incluso ha permitido maniobras hacia futuras alianzas de recambio, como el llamado Arco Democrático, encabezado por el empresario Samuel Lewis N. que ha sumado sectores seudo independientes pero vinculados al régimen (Asvat, Ana M. Gómez). Ellos esperan recoger los frutos del desgaste del gobierno ante las esperanzas frustradas de sectores populares de cambio en materia de carestía, seguridad, transporte y demás problemas sociales irresueltos. Las encuestas marcan un declive significativo de las simpatías hacia Martinelli, aunque todavía no es pronunciado y, no cabe duda, éste espera revertir con su política de “transferencias” al estilo de Cien a los Setenta, Beca Universal, PRODEC, etc.

Estamos ante una situación contradictoria en que el gobierno de Martinelli sigue siendo fuerte en apariencia y débil en el fondo. Fuerte por su férreo control del estado y la bonanza económica (basada en el endeudamiento público), débil porque crece sin cesar el descontento de sectores populares y de capas medias por un modelo económico cada vez más elitista y excluyente. Pero su fortaleza principal reside en la total ausencia de una alternativa de reemplazo para el pueblo, que sigue descreyendo de los políticos y los partidos tradicionales, pero que tampoco ve en el horizonte una fuerza política popular e independiente con coherencia y capacidad de presentarle un modelo de país distinto. En esto reside el gran problema que tiene la vanguardia sindical y popular que, si bien denuncia y protesta, ha perdido la capacidad de convocatoria que tuvo hasta hace poco y naufraga en la atomización y el divisionismo. Los pocos conflictos laborales que ha habido, luego de los hechos de julio de 2010, no han tenido la capacidad de movilización de otras épocas.

En este marco general, se aclara también una de las incógnitas que teníamos al inicio del año, cuando nos preguntábamos si el proyecto político electoral del Partido Alternativa Popular iba a poder reiniciar el proceso de inscripciones para presentarse hacia 2014. La esperanza respecto a esta posibilidad estaba fundada en las reformas aprobadas por la Comisión de Reformas Electorales en 2010. Pese a que las reformas se estancaron en la Asamblea, por la disputa entre Cambio Democrático y los Panameñistas respecto a la “segunda vuelta” y la reelección inmediata, la votación en primer debate mostró la unidad de TODOS los partidos burgueses en cerrar las puertas a la participación electoral de los sectores populares dificultando aún más las antidemocráticas reglas del juego vigentes. Por ejemplo, se mantuvo la cuota de adherentes requerida para partidos y candidatos por la libre en 4%. Aunque duela aceptarlo, pero siendo realistas, podemos concluir hoy que el Partido Alternativa Popular NO está en capacidad de continuar como propuesta de frente electoral popular tal y como lo fundamos.

Reconocer que el PAP no está en capacidad de continuar como proyecto político electoral de los sectores populares no significa que reneguemos de sus logros. El PAP, surgido de una propuesta lanzada por el Movimiento Popular Unificado en 2005, hizo historia. Por primera vez en muchos años Panamá tuvo la posibilidad de contar con un referente político electoral de izquierdas. Abrimos un camino por el que habrán de transitar las futuras alternativas que se forjen. En torno a un programa de cambios y con un método de respeto mutuo y de acuerdos basados en el consenso  logramos concitar la unidad de varias corrientes políticas y gremiales que nunca habían  hecho una experiencia en común de este tipo. En ese marco, sobrepasamos los 5,000 adherentes, lo que en cualquier otro país habría garantizado un reconocimiento legal, pero que eran insuficientes para las reglas antidemocráticas panameñas. Por primera vez, bajo el régimen democrático burgués impuesto por la invasión yanqui de 1989, la vanguardia obrera y popular pudo avanzar un paso en su “conciencia para sí” (como diría Marx), vinculando sus luchas economicistas contra el neoliberalismo a un proyecto de partido para ser gobierno. Todo ello constituye un legado que queda y que hicimos junto a las organizaciones y personas independientes con quienes construimos el PAP, el cual reivindicamos y del cual estamos orgullosos.

Pero la nueva situación política exige de todos nosotros una nueva táctica para alcanzar los mismos fines. La realidad ha demostrado que, para romper con el actual régimen oligárquico y las imposiciones del Sr. Martinelli es urgente la constitución de un gran Frente Popular Independiente que sume fuerzas que vayan desde los sectores de la sociedad civil, los sindicatos, los gremios profesionales, los pueblos indígenas, los estudiantes, etc. Un gran Frente Popular que una en un proyecto común a los que se han movilizado estos dos años en defensa del medio ambiente, contra la minería, contra las violaciones a los derechos humanos, contra el modelo económico de saqueo nacional y excluyente, en defensa de los derechos laborales y sociales. Ese frente que sume a quienes conformamos el PAP y ULIP, pero que debe ir más allá, porque la necesidad histórica lo requiere, porque es la única manera de romper la losa oligárquica que agobia al pueblo panameño. Ese alianza de fuerzas populares, movilizadas en común contra los desmanes de Martinelli, pero que también desenmascare las maniobras oportunistas del PRD y el Panameñismo, es la única posibilidad de que a futuro, cuando llegue el momento, también pueda presentarse como una alternativa electoral de país. Pero ese frente sólo puede alcanzarse con un método de respeto y unidad entre todos los sectores, no sobre bases sectarias, divisionistas y excluyentes, en que ha degenerado la propuesta política de FRENADESO.

Por lo antes expuesto, el Movimiento Popular Unificado (MPU) da por finalizada su participación en el PAP, como partido de frente electoral que era, para adoptar la tarea de promover un Frente Popular Independiente, con las características señaladas en el punto 7, que es lo que el momento político demanda. En ese esfuerzo esperamos de manera fraternal hacer causa común con las organizaciones y personas con las que hemos hecho la experiencia del PAP, y con quienes seguiremos militando en frente social ULIP. En ese marco de lucha por la unidad popular contra el régimen oligárquico, el MPU se propone consolidar su proceso de construcción organizativa como embrión de partido de la revolución socialista panameña, en la consideración de que la gran crisis capitalista internacional, junto a los procesos revolucionarios que conmueven el Medio Oriente y la creciente lucha de clases que viven países imperialistas, acercan el momento de procesos revolucionarios de carácter socialista en todo el mundo. Creemos urgente fortalecer el núcleo socialista de la revolución panameña que prepare a la vanguardia obrera y popular para acometer las tareas históricas que se avizoran en el horizonte. Agradecemos a todas las personas que apoyaron el PAP y les exhortamos a bregar ahora por el nuevo frente que proponemos y a acompañarnos en el MPU. LA LUCHA SIGUE!

15 de octubre de 2011.

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