Por Sebastián Chavarria Domínguez

Han transcurrido cinco años de la rebelión de abril. Unos conmemoran el 18 de abril, día del enfrentamiento de estudiantes, en los portones de la Universidad Centroamericana (UCA), cuando se defendieron del ataque violento de las turbas azuzadas por la dictadura, y otros conmemoran el 19 de abril, día en que la Policía Nacional disparó contra los estudiantes que estaban refugiados en la Catedral de Managua. Sin importar cual fue el día crucial, lo cierto es que lo ocurrido el 18 y 19 de abril desencadenó una enorme rebelión social contra la dictadura Ortega-Murillo.

Los estudiantes: vanguardia de la lucha democrática

Hasta esa fecha, el control de la Juventud Sandinista 19 de Julio (JS-19J) sobre las universidades, era absoluto. A lo largo de los años, habían logrado expulsar, atemorizar y disolver las distantes expresiones de rebelión estudiantil en los recintos universitarios.

La noticia de la masacre de estudiantes encendió los ánimos, y como un terremoto político, sin previo aviso, estalló la indignación y espontáneamente se produjeron tomas de los recintos universitarios y marchas de protesta. La JS-19 fue expulsada de los recintos, pero no hubo conciencia de lo que se había logrado. En los hechos, surgieron nuevos grupos estudiantiles, pero no sabían que hacer con el triunfo democrático en las universidades, y la falta de una conducción política dio paso a las riñas y competencias por el liderazgo.

Se encendió la llama de la rebelión.

La lucha estudiantil fue el detonante del descontento social acumulado. La lucha se extendió rápidamente a otros sectores sociales. Se produjeron enfrentamientos violentos en algunos lugares, siendo el mas destacado las inmediaciones de las universidades UPOLI, UNI, UCA y UNAN.

Y comenzaron a producirse marchas de protesta en Managua y las principales ciudades, sin coordinación alguna. Prevalecía la ira y la indignación. No había una consigna que centralizara o canalizara el descontento.

Las pequeñas protestas dieron lugar a gigantescas movilizaciones que hicieron tambalear a la dictadura, hasta que la represión obligó a las masas a retroceder.

La maniobra del COSEP

Desde el 2007 hasta inicios del 2018, durante largos 11 años, prevaleció la luna de miel entre Ortega-Murillo y el gran capital, bajo la política de “dialogo y consensos”. Esta política entró en crisis, porque la dictadura había comenzado a invadir el feudo de la oligarquía financiera, con la creación del Banco Corporativo (BANCORP) en 2014, y con otras decisiones impositivas que redujeron los márgenes de ganancia de los empresarios.

Ante el estallido social de abril del 2018, los empresarios rápidamente trataron de aprovechar la indignación social como un ariete que presionara a la dictadura, a establecer una negociación política para que abandonase pacíficamente el gobierno. El esquema era simple: presionar a la dictadura con las masas enardecidas en las calles, para lograr un adelanto de las elecciones, como ocurrió en 1989-1990, pero las diferencias de coyunturas eran enormes.

En abril del 2018, la cobarde y parasitaria burguesía nicaragüense no se había vuelto revolucionaria ni democrática, sencillamente estaba maniobrando para defender sus intereses, por eso llamo al Dialogo Nacional, creyendo que con la presión de las masas en las calles la dictadura terminaría cediendo las elecciones anticipadas y con ello desalojar al sandinismo del gobierno.

Ante el vacío, surgieron direcciones improvisadas

No había partidos políticos que dirigieran la rebelión, sencillamente porque en el periodo anterior la dictadura había logrado destruir a los partidos burgueses de oposición. Tampoco había grupos fuerte de izquierda. La dictadura había arrasado con todo. No había conducción política reconocida. Al grado tal que la Iglesia Católica tuvo que crear y elegir a los miembros de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), una coalición de empresarios, ongs y grupos estudiantiles, para que fuesen la contraparte de la dictadura en la mesa de negociaciones.

Ante el enorme vacío de conducción, los pequeños grupos disidentes del sandinismo, el Movimiento Renovador Sandinista (MRS), ahora llamado UNAMOS, y la corriente del Movimiento Por el Rescate del Sandinismo (MPRS), adquirieron un gran peso específico. Los desmanes de la dictadura Ortega-Murillo revitalizaron el sentimiento antisandinista, aprovechado al máximo por los empresarios y la derecha. Debido a este fenómeno, tanto el MRS como el MPRS, nunca actuaron con sus banderas partidarias, sino camuflados desde la “sociedad civil”, a través de la influencia y control sobre los ongs

En una primera fase, el MRS llegó a codirigir la ACJD, mientras que el MPRS se recicló al crear la Articulación de Movimientos Sociales (AMS), una coordinadora de ongs. Aunque mantenían diferencias tácticas, ambos participaron hasta el ultimo momento en el Dialogo Nacional, esperando sus resultados.

La maniobra de la dictadura: el Diálogo Nacional

Si bien es cierto, la dictadura en los primeros días intentó contener con represión el ascenso de la lucha democrática (la famoso frase “vamos con todo” de Rosario Murillo), al final tuvo que maniobrar a la defensiva, llamando a sus archienemigos, los obispos de la Iglesia Católica, a que fueran mediadores en un Dialogo Nacional.

Desde diferentes ángulos e intereses, tanto la dictadura como el gran capital coincidían en la convocatoria del Diálogo Nacional. El COSEP estaba feliz, porque ellos también habían propuesto una negociación política, el famoso “aterrizaje suave”.

El Dialogo Nacional se instauró el 16 de Mayo y terminó el 16 de junio. Durante un mes la dictadura jugó, como el gato con el ratón, sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo político que permitiera las elecciones anticipadas. Las comisiones que se formaron mantuvieron entretenidos a todos los sectores, tanto a los que creían en el Dialogo Nacional, como quienes desconfiaban del mismo.

Pero la dictadura nunca pensó en ceder, solo necesitaba ganar tiempo para recopilar información de inteligencia sobre quienes iban a las marchas, quienes eran los lideres, donde se reunían, etc.

Ascenso, clímax y retroceso

El periodo de ascenso de la lucha popular ocurrió desde el 18-19 de abril hasta el 30 de mayo, cuando se produjo de la gigantesca marcha del día de las madres. Ese día la represión provocó una veintena de muertos, fue el punto culminante, el clímax de las movilizaciones.

La masacre del día de las madres era más que el motivo suficiente para convocar a la Huelga General o Paro Nacional, pero quienes estaban metidos de cabeza en el Dialogo Nacional no estaban interesados en la movilización revolucionaria, que tanto miedo le producía a los empresarios y sus agentes, más bien su interés estaba concentrado en que el Dialogo Nacional produjera el bendito “aterrizaje suave”.

Cuando la dictadura comenzó a atacar las marchas, para sembrar el terror y obligar a las masas a retroceder, fue que surgieron los primeros “tranques” o barricadas, como una táctica defensiva.

Los dos “paros nacionales” de los empresarios

La debilidad de la clase trabajadora, con bajísimos niveles de sindicalización, fue el factor subjetivo que permitió que los empresarios del COSEP se presentasen falsamente como el factor decisivo en la lucha contra la dictadura. En este periodo fueron pocas o muy escasas las expresiones de los trabajadores organizados. Los trabajadores participaron como individuos, disueltos en la enardecida masa popular.

Al no estar presente los sindicatos, expresión de los trabajadores organizados, la conducción quedó en manos de la clase media radicalizada, un sector social que se arrodilló ante el gran capital, y que por lo tanto no buscaba una salida independiente.

Como hemos explicado, después de la masacre del 30 de mayo, estaban dadas las condiciones para la Huelga General o Paro Nacional, pero los empresarios del COSEP venían maniobrando desde el interior de la ACJD para evitar un desbordamiento popular, que ellos no pudieran controlar. Querian una presión social controlada, que no se les saliera del control, pero no había una organización que tuviese el peso suficiente para mantener ese control. Entonces, prevaleció el miedo y la traición de los empresarios.

Como el Dialogo Nacional estaba paralizado por dentro, los empresarios del COSEP, presionados por los sectores populares que demandan acciones concretas, convocaron al primer “paro nacional”, del 14 de junio. Aunque fue obedecido por los sectores populares, en realidad era un lockout. Los empresarios mandaron a su personal de vacaciones, no fue producto de la organización y la disciplina popular. Fue convocado para presionar a la dictadura, cuando este se alistaba para dar por muerto el Dialogo Nacional.

La dictadura no se amilanó ante el “paro nacional” y mas bien declaró muerto el Dialogo Nacional el 16 de junio, fecha en que se inició la ofensiva de los paramilitares contra los tranques en todo el país. El ataque a los tranques, uno por uno, profundizo el retroceso de las masas populares.

El segundo “paro nacional” fue convocado el viernes 13 de julio, por la presión popular que exigía detener las masacres de los paramilitares. Para no quedar mal parados ante la población, la ACJD y el COSEP convocaron al segundo lockout pero ya el daño estaba hecho, la dictadura había logrado destruir esa forma organizativa defensiva como fueron los tranques.

Debemos hacer un balance, muy autocritico

Cinco años después, la mayoría de quienes estuvieron al frente de este vasto movimiento social fueron asesinados, otros fueron enviados de las cárceles al exilio forzado, sancionados con apatridia, y un reducido grupo permanece como eternos rehenes en las cárceles de la dictadura.

La oposición burguesa y pequeña burguesa ha sido desmantelada y dispersada en el exilio. El terror prevalece al interior de Nicaragua. Algunos grupos de oposición en el exilio mantienen intacto el discurso del 2018, cuando la realidad ha cambiado drásticamente. El mayor error seria no asimilar los errores. La culpa no solo es de la represión de la dictadura, sino también, por acción y omisión, de los actores que estuvieron al frente.

Cuando se produce una derrota es menester sacar las conclusiones y las experiencias, de lo contrario se repetirá constantemente los errores.

Aunque muchos reivindicamos la gesta y los objetivos democráticos de la lucha de abril del 2018, no basta con idealizar o mitificas la lucha. A estas alturas, no hay duda que la dictadura logró imponerse, a sangre y fuego y con astutas maniobras políticas, y permanece aferrada al poder, sentando las bases para una sucesión dinástica. Para continuar la lucha debemos hacer una profunda reflexión y un balance autocritico.

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