Por Sebastián Chavarría Domínguez

El segundo gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) presume de encabezar –al fin-- el despegue económico de Nicaragua. Las cifras macroeconómicas de Nicaragua han mejorado, pero el nivel de vida de las masas populares no lleva el mismo ritmo, sino que se encuentra rezagado ante la dolarización de la economía y el inmovilismo de los salarios.

Crecimiento económico… ¿A costa de quién?

Según el último informe de la CEPAL, Nicaragua ocupará, en el año 2015, el segundo lugar en crecimiento en Centroamérica. Panamá ocupará el primero lugar y crecerá un 6%, le sigue Nicaragua con un 4,8%, Guatemala con 4%, Honduras con 3,5%, Costa Rica decae hasta 3,4% y el Salvador cae al último lugar con 2,4% (la tendencia estática de la última década).

Las cifras son las cifras. A pesar del estallido de la burbuja financiera en 2008, el gobierno sandinista logró, con la ayuda petrolera venezolana y con la implementación de la misma política del llamado periodo neoliberal (1990-2006), mantener los ritmos de crecimiento económico, superando el mito del desastre económico asociado al primer gobierno sandinista (1979-1990)

En cierta medida, la famosa política de “diálogos y consensos” con los empresarios, que incluso fue elevada a rango constitucional en la reforma del año 2014, ha dado sus agridulces frutos. Son lugar a dudas, el crecimiento económico de los últimos años ha sido a costa de exprimir a las masas populares, situación que se mitiga con los programas sociales asistencialistas

La luna de mil entre la burguesía sandinista y los empresarios agrupados en el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) se mantiene. Los banqueros nicaragüenses, que son fundadores de grupos financieros regionales como BAC y LAFISE (ahora se ha sumado BANPRO) cobran las tasas de intereses más altas de la región centroamericana, obteniendo fabulosos márgenes de ganancia.

El crecimiento económico de Nicaragua se debe al auge de las exportaciones de productos agropecuarios, la instalación de zonas francas, al desarrollo del turismo, pero Nicaragua carece de un claro eje de acumulación y desarrollo capitalista, como en su momento fue la exportación de café o algodón.

Parte de este crecimiento económico se debe a la expoliación de la clase media tradicional. Las exoneraciones o incentivos fiscales a los grandes grupos económicos exportadores (ingenios azucareros, ganaderos, exportadores de café, etc.) trasladan el peso de la tributación a los hombros de la clase media, que es sector social que paga un alto precio por los combustibles, energía eléctrica y los servicios públicos.

El gobierno sandinista anda en una incesante búsqueda para encontrar un modelo de crecimiento capitalista, basado en la apertura total a las transnacionales, pero todavía no logra su objetivo. El crecimiento económico de los últimos años es tan pequeño que no puede borrar los todavía altos índices de pobreza y extrema pobreza.

Consolidación relativa del régimen bonapartista

Bajo estas condiciones generales de mejoría económica, el gobierno sandinista ha recompuesto su antigua base social, ampliándola a sumado nuevos sectores. La tradicional polarización política (sandinismo versus anti sandinismo), que permitió al Partido Liberal Constitucionalista (PLC) ascender al gobierno en el año 1997, se ha debilitado.

A esta situación de mejoría económica a lo interno, debemos sumar la situación internacional caracterizada por la crisis capitalista y el declive de los Estados Unidos como principal potencia imperialista. La existencia de la Venezuela chavista ha jugado un rol clave en la hegemonía política del gobierno sandinista. Los factores internos y externos se combinan favorablemente para el gobierno sandinista, creando las condiciones para el surgimiento de un régimen bonapartista, encabezado por Daniel Ortega, líder la nueva burguesía sandinista. El hegemonismo de la burguesía sandinista es el poder de Daniel Ortega.

Debilitamiento y división de la oposición burguesa

La oposición burguesa continúa debilitándose y dividiéndose. El PLC es un partido colaboracionista, que se desintegra por la base: Ha sufrido dos escisiones: el Movimiento Constitucionalista Ramiro Sacasa y la Cruzada del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Estas rupturas dentro del PLC tienen su origen en una rebelión contra el colaboracionismo del expresidente Arnoldo Alemán con el sandinismo.

Pero también el Partido Liberal Independiente (PLI) sufrió una escisión llamada Movimiento Unidad con Dignidad (MUD), dirigida por el diputado disidente Santiago Aburto, quienes se preparan para constituirse en partido independiente. Esta ruptura tiene un discurso de ultra derecha y critica al PLI por falta de decisión para enfrentar al sandinismo, tiene base social en el campesinado antisandinista.

Hasta el momento se han conformado dos grandes coaliciones contra el FSLN, de cara a las próximas elecciones del 2016.

1.- La Coalición Nacional por la Democracia (CND) encabezada por el Partido Liberal Independiente (PLI), de Eduardo Montealegre, con las dos corrientes escindidas del PLC, más una alianza con el Partido Nueva Alianza Cristiana (PANAC) que agrupa a las poderosas Asambleas de Dios, y otra alianza de grupos de ex contras. El Movimiento Renovador Sandinista (MRS) se mantiene a la expectativa, y ha resultado crítico ante las vacilaciones del PLI, pero es bastante probable que forme parte de esta alianza.

2.- La Unidad Democrática (UD) aglutina al Partido Acción Ciudadana (PAC), Partido Conservador (PC), Movimiento 3 Revoluciones (M-3R), Partido Liberal Independiente Histórico (PLI Histórico) y el Partido Social Cristiano (PSC), todas estas son organizaciones minoritarias, no tienen personalidad jurídica salvo los casos del PC y PAC.

Amenazando con el boicot electoral

El anuncio de Eduardo Montealegre que no correrá como candidato presidencial en 2016, es un claro reconocimiento de la imposibilidad de ganar las próximas elecciones, aunque mantiene la táctica de agrupar fuerzas para atrincherarse dentro de la Asamblea Nacional. Montealegre ha dado fuertes declaraciones amenazando no participar en las elecciones, si no hay cambios en el sistema electoral.

En Mayo, la CND presentó un documento titulado “Propuesta urgente para devolverle a los nicaragüenses el derecho a elegir”, con el objetivo de obligar al régimen de Daniel Ortega a negociar una reforma al antidemocrático sistema electoral. Montealegre sentencio que esas propuestas contienen “las condiciones mínimas para poder participar en el proceso electoral del 2016. De no ser implementadas, en su momento yo mismo propondré a los miembros de la Coalición Nacional por la Democracia que, por la dignidad, rectitud y por la firmeza que siempre ha caracterizado al Partido Liberal Independiente desde su fundación, no debemos participar en el proceso electoral del 2016”. (La Prensa 31/05/2015)

Los liberales del PLI actualmente son víctimas del sistema electoral antidemocrático, que fue cocinado entre Arnoldo Alemán y Daniel Ortega en el año 2000. Amanera de autocrítica, el diputados Eliseo Núñez, diputado suplente de Eduardo Montealegre, reconoció que “(…) este sistema se diseñó no solo por Ortega, incluso, los liberales todos (y) debemos hacer un mea culpa por eso. Hicimos un sistema que es válido para dos partidos fuertes y cuando uno de esos partidos fuertes sucumbió, el otro obtuvo todas las llaves y los candados del otro (…) entonces lo que sucedió es que ahora el Frente tiene todas las llaves y todos los candados y eso no es solo culpa del Frente sino del diseño que se hizo y es un diseño en que los liberales tenemos que librar nuestra culpa en general”. (La Prensa, 24/06/2015)

Golpeando la mesa … para negociar

Ahora, luchando contra el tiempo, contra el mismo Frankenstein que creo el liberalismo, la dirigencia del PLI está impulsando acciones de protesta, los días miércoles, frente a las oficinas del Consejo Supremo Electoral (CSE) en todos los departamentos del país, en conjunto con organizaciones de la sociedad civil, para forzar cambios en el sistema electoral. Estos mítines han sido reprimidos por la Policía Nacional, teniendo repercusiones en la prensa internacional.

El objetivo del PLI es lograr cambios en la ley electoral, tener injerencia en las estructuras del CSE, llamar la atención a nivel internacional y crear condiciones para imponer la supervisión internacional. Pero esta no es tarea fácil.

Democratizar el sistema electoral

Los partidos de derecha presionan por lograr mayores espacios. Han bebido el veneno amargo de su propia medicina. Pero el problema de obtener mayores espacios democráticos dentro del sistema electoral no puede ser una consigna que manipulen los partidos de derecha.

En realidad, los trabajadores y el pueblo de Nicaragua necesitan condiciones democráticas para ejercer su derecho al voto, y estos cambios pasan obligatoriamente por derogar la actual Ley Electoral, que fue producto del pacto Ortega-Alemán del año 1999.

Se requiere aprobar una nueva Ley Electoral que permita la libre organización de partidos políticos, que garantice la igual de condiciones para el uso de los medios de comunicación, que el conteo de los votos se haga de manera pública y transparente, que los ciudadanos puedan presentar candidaturas independientes para terminar con el monopolio de los partidos políticos tradicionales.

En fin, se requiere democratizar el sistema electoral para que los partidos de izquierda puedan presentarse en las elecciones y construir así una alternativa política de los trabajadores.

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