centrales obreras

Por: Claudia Ayestas

Tradicionalmente en los meses de noviembre y diciembre de cada año se establece el salario mínimo que devengará el sector obrero con vigencia a partir de enero del año siguiente, pero este 2010 las cosas han sido diferentes; en el  transcurso del año el derecho a aumento salarial se fue transformando en un problema de calamidad empresarial. Como siempre ocurre, el empresario no está de acuerdo con las mejoras salariales pues eso acarrea grandes gastos que para ellos implican pérdidas económicas y no inversión social.

La empresa privada a través del COHEP (Comité Hondureño de la Empresa Privada) se ha mantenido bajo el argumento de que no es el momento de aumentarle el salario a la clase trabajadora y que por lo tanto ésta debe esperar, además considera  que el 15% que pide el sector obrero organizado es muy alto, esto alargó las negociaciones durante todo el año sin llegar a ningún consenso entre el sector obrero y empresarial, este último llegó a ofrecer un 3% de incremento según la tasa de inflación del año pasado y no de la actual, mientras que los representantes de la clase trabajadora optaron por negociar hasta un 8% de incremento, porcentaje que no compensa siquiera el gasto de la canasta básica del hondureño.

Armando Urtecho, director ejecutivo del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (Cohep) el carácter de retroactividad en el pago del salario mínimo es ilegal e inconstitucional y culpa a Porfirio Lobo de haber dejado pasar tanto tiempo sin establecer un aumento al salario mínimo. Así también Carlos Borjas, subsecretario de Finanzas, apunta hacia el impacto económico que provocará el ajuste al salario mínimo en las cuentas del gobierno central, acusando a beneficia a varios sectores gremiales que cuentan con estatutos como el magisterio (El Heraldo, 09/10/10).

Ambos comentarios son inaceptables. El pago justo a los obreros debe ser inmediato e innegociable pues mientras los empresarios alegan incapacidad financiera, a la vez demuestran su poder económico al financiar golpes de estado, regímenes despóticos y aparatos represivos contra la misma fuerza laboral que les permite aumentar sus cuentas bancarias; igualmente, el Estado  puede recuperarse del impacto económico generado por el aumento salarial a los empleados públicos con solo dejar de dar concesiones a las diferentes franquicias y cobrar las deudas que muchas de las grandes empresas mantienen con la ENEE.

Después de diez meses del presente año sin gozar del derecho a devengar un salario mínimo suficiente para cubrir las necesidades normales del ser humano (Artículo 128, inciso 5 de la Constitución de la República), el señor Porfirio Lobo anuncia la oficialización de un porcentaje que aún no está definido y que los trabajadores dicen aceptar hasta un 10% equivalente a 550 lempiras en el área urbana y 450 en el área rural, que sumados al salario actual llega a 6050 y 4950 respectivamente, aún y cuando el costo de la canasta básica asciende los 7000 lempiras y los costos de los servicios públicos se han triplicado volviendo casi imposible la alimentación para la población que ni siquiera tienen una fuente de ingresos.

Las dirigencias de las centrales obreras (CGT, CUTH y CTH) y  el F.N.R.P. deben mantenerse leales a la clase trabajadora y no aceptar negociaciones bajo la mesa, exigiendo que el aumento al salario debe ser digno, acorde con las necesidades actuales por el costo inflacionario y su pago debe ser retroactivo a partir de enero 2010. Las bases deben mantenerse atentas al resultado que se logre alcanzar y recordarle a Pepe Lobo que este es un buen momento para comenzar a practicar el humanismo cristiano.

Pero no podemos quedarnos cortos en nuestras conquistas, el próximo año tanto las centrales obreras (CGT, CUTH y CTH),  el F.N.R.P como el resto de la población no organizada debemos  pronunciarnos con más determinación y defender nuestros derechos laborales con mayor osadía para no volver a caer en el juego oligárquico de la evasión de su responsabilidad con la clase trabajadora.

Gozar de un salario digno y puntual es innegociable.

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