Editorial de El Socialista Centroamericano No 348

El pasado 26 de marzo, Nayib Bukele, presidente de El Salvador, aprovechando que cuenta con la mayoría absoluta de diputados, solicitó a la Asamblea Legislativa que decretara el “estado de excepción” por 30 días, para contener la ola de asesinatos perpetrados por las maras.

De esta manera, manipulando la realidad de violencia y crímenes cotidianos en El Salvador, Bukele avanza rápidamente en la consolidación de una nueva dictadura. El “estado de excepción” conlleva la suspensión de importantes libertades democráticas, como la libertad de asociación, el derecho de defensa en los tribunales,  inviolabilidad de la correspondencia, suspender la prohibición de la intervención de las telecomunicaciones sin autorización judicial, se extendió el plazo de detención por parte de la policía de 72 horas a 15 días.

Con este decreto legislativo, Bukele le entrega más poder a la Policía y a la Fuerza Armada de El Salvador (FAES). La justificación fue el alza en los asesinatos cometidos por las maras y pandillas.

Pero, ¿qué ha ocurrido realmente para que la situación cambiara tan abruptamente? En el último mes se han producido grandes cambios en el mundo y en la región centroamericana. El endeudamiento brutal de El Salvador, un país en donde circula el dólar norteamericano como moneda oficial, y los roces con el gobierno de Estados Unidos, le impiden a Bukele obtener dinero para financiar su proyecto populista. El populismo de Bukele tiene patas cortas, sin recursos financieros los discursos de Bukele se disuelven rápidamente, y con ello se agota la credibilidad política que todavía goza en amplios sectores de la población. El alza de los precios del petróleo y la galopante inflación, obligaron a Bukele a suspender temporalmente los impuestos a los combustibles, mermando los recursos que tanto necesita.

El repentino crecimiento de los asesinatos, un mal que ya lleva décadas en El Salvador, se debió  a la ruptura de los acuerdos secretos entre Bukele y las maras. Estados Unidos presionó a Bukele, por su política de negociación con los jefes de pandillas.

Bukele se ufanaba de haber reducido la ola de crímenes por su política sintetizada en su famoso “Plan de Seguridad”. En su oportunidad, los medios de comunicación filtraron la noticia de que el descenso en los asesinatos diarios se debió a que Bukele había negociado con las maras y pandillas. Bukele terminó haciendo lo mismo que los anteriores gobiernos de ARENA y del FMLN, que también negociaron con las pandillas, y que también rompieron las treguas y adoptaron políticas de “puño de hierro". Habiéndose roto la tregua entre Bukele y las maras, el resultado obvio fue el incremento de los asesinatos, y nuevamente el Estado aplica la “mano de hierro”, con imprevisibles resultados.

La repuesta de mano de hierro de Bukele, puede agradar a muchas personas en El Salvador, sobre todo a aquellas familias que han sido víctimas de la actividad delictiva de las maras. En realidad, las maras evolucionaron de ser un fenómeno que reflejaba la descomposición social de decenas de miles de jóvenes que viven en la marginalidad social, a organizaciones criminales al estilo de la mafia.

El problema de la violencia y la criminalidad en El Salvador, solo puede solucionarse por dos vías: que el Estado impulse políticas de reinserción social de los jóvenes que participan en las maras, lo que implicaría algún grado de negociación diferenciada con las maras, o el aplastamiento militar, lo que irremediablemente conduce a una masacre selectiva.

Los gobiernos de ARENA y el FMLN impulsaron negociaciones con las maras, pero sin impulsar políticas sociales para desmantelar a estas organizaciones delictivas. Ahora Bukele, primero negocia secretamente para después inclinarse por la vía militar, pero sin políticas sociales. Lo más grave es que con esta maniobra, Bukele se adelanta ante un posible agravamiento de la crisis económica y social, limitando las libertades democráticas que los trabajadores tanto necesitan para luchar por sus propias reivindicaciones.

Llamamos a luchar unidos por la derogación inmediata del “estado de excepción”. Cualquier negociación de Bukele con las maras debe ser publica, para que el pueblo salvadoreño decida como solucionar este problema, que es una gangrena que  destruye al país entero.

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