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EL SALVADOR.- Bonapartismo y sindicalismo corporativo

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Por: Alberto Castro

El proyecto bonapartista de Nayib Bukele, no podría ser posible sin el respaldo moral de  organizaciones sindicales, para llevarlo a cabo necesita de dirigentes fieles a sus propósitos que dobleguen mediante consenso la voluntad de la clase trabajadora, así los sirvientes de Bukele se mueven procurando imponerse por encima del movimiento obrero, actuando como una especie de fracción política que intenta arrastrar bajo su influencia a los núcleos sindicales que han minado.

Sin embargo, debemos aclarar que esta práctica es archivieja, en la historia reciente ya antes el movimiento sindical fue controlado por direcciones afines al FMLN, quien desde sus años como oposición hasta durante gobernó donde por cierto alcanzó mayor fuerza, se sirvió de su influencia para encaminar a los trabajadores como instrumentos de presión social hacia sus opositores, de igual manera les utilizó como destacamentos de grupos de choque para someter violentamente a los sindicatos que estaban fuera de su órbita, con el resquebrajamiento del FMLN y su ostracismo, la vinculación tradicional del movimiento sindical con el progresismo a virado hacia el  bonapartismo conservador, volviéndose necesario vitalizar la lucha por la independencia del movimiento sindical respecto al Gobierno y todos los partidos de la Asamblea legislativa cuyas agendas difieren de forma antagónica con la lucha reivindicativa de la clase trabajadora.

Los esbirros de Bukele en el movimiento sindical

Los actos preparativos para dominar al movimiento sindical arrancó con el nombramiento como Ministro de Trabajo a Rolando Castro, antiguo burócrata sindical muy idóneo para este tipo de maniobras sucias, lo que pareció ser una acción populista resultó ser nada menos que el principio de un plan preconcebido que se reforzó con el asalto al Sindicato de Trabajadores del Seguro Social (STISSS) en 2019, donde tramposamente e irónico como se lee, Rolando Castro derrocó a la burócrata afín al FMLN, Armida Franco e impuso al frente a Ricardo Monge hijo, quien antes provenía de uno de los colectivos más pequeños del STISSS, hacerse del sindicato de trabajadores de la institución que brinda servicios de seguridad social a la clase trabajadora cotizante fue estratégico.

Esta acción se reforzó con la integración de Jaime Ávalos con el Sindicato de Empresa de los Trabajadores del Seguro Social (SITRAISSS), estos dos dirigentes crearon una coalición dentro del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), pero no para propósitos concernientes a los trabajadores de dicha institución, contrario a ello lo hicieron para forjar un bloque de entero respaldo a Bukele, estos elementos se mueven conforme les dicta la agenda el Ejecutivo. La Asociación Salvadoreña de Trabajadores Municipales (ASTRAM), antigua guarida de Rolando Castro, es hoy una institución cuyos dirigentes lo han transformado en una agrupación que se mueve según lo disponga el Ministro de Trabajo, otro dirigente destacado progobierno es Roswal Solorzano del Sindicato de Trabajadores del Órgano Judicial (SITOJ), quien tristemente desaprovecha su prestigio sirviendo como monigote. Estos líderes espirituales representan la nueva camarilla burócrata que se congracia con el Gobierno a cambio de prebendas personales.

Políticas gubernamentales de ataque

Para neutralizar a las organizaciones sindicales que no se han sometido, el Ejecutivo ha lanzado diferentes acometidas, a manera de ejemplo podemos ver que por un lado está el Instituto de Formación Sindical, creado el mes pasado con el que pretende incluir a 150,000 trabajadores desde donde se establezca una mesa de correspondencia y se diriman negociaciones colectivas, desde acá institucionalizará una actividad sindical bajo la lupa del Gobierno, para existir los representantes sindicales deberán ser parte del gueto corporativo. Recientemente la prensa opositora publicó una información donde se muestra que el Gobierno de Bukele tiene en acefalía a más de 400 sindicatos, de 883 registrados 461 están acéfalos. Los caminos a seguir son pocos: luchar por la autonomía e independencia o doblegarse cobardemente y someterse a Bukele, la historia nos muestra que solo mediante la lucha se puede resistir y vencer.

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