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EL SALVADOR.- Diálogo y negociación, o violencia estatal, como salidas a la violencia social

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Por Ernesto Domínguez

En el primer gobierno del FMLN, dirigido por Mauricio Funes, se produjo cierta reducción de los problemas de violencia, atribuible en cierta medida a la tregua entre las maras y pandillas; respecto a dicha tregua, Medardo González, el secretario general del FMLN en una entrevista en Canal 33, República SV, el día 8 de enero del presente año manifestó: “Nunca creímos que era prudente darle más espacios de los que la ley manda”. Para muchos funcionarios la tregua que se dio durante el gobierno de Funes ayudó a que las maras y pandillas siguieran cometiendo delitos a nivel nacional con lo cual salieron fortalecidas. Por lo anterior, el dirigente del partido en el gobierno intenta desvincularse de la tregua y del tema de la violencia, ya que pesan mucho en la opinión pública y se dice que en esta gestión del segundo gobierno del FMLN el índice de homicidios se ha incrementado.

Los desaciertos del gobierno y clase dominante

El año 2015 inició con un crecimiento de homicidios, enfrentamientos armados entre las maras, pandillas y PNC por el asesinato de agentes de la PNC y masacres que continúan sin esclarecerse.

Ante este escenario, la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) aparece en la escena pública para que este problema social sea un contrapeso al partido en el gobierno. He aquí una situación tétrica de la burguesía en donde oficialismo y oposición se enfrentan en apasionadas discusiones sobre el mayor problema que aqueja al proletariado y sectores populares, pero sin darle soluciones o salidas efectivas.

Pareciera que el gobierno de Sánchez Ceren y del FMLN en esta coyuntura electoral se ha decidido por el uso de las instituciones represivas del Estado para disminuir los índices de violencia. Como ejemplo se tiene el hecho de mandar a cárceles de máxima seguridad a los líderes de las maras y de las pandillas, el endurecimiento de las penas para aquellos que maten a miembros de las fuerzas armadas y de organismos de seguridad estatal, etc. Con estas medidas a lo mejor el gobierno logre disminuir la violencia y la delincuencia momentáneamente como medida electoral pero luego el problema continuará.

Mediaciones o soluciones

Como ya dijimos, la tregua fue algo temporal y se sabía desde un inicio que terminaría en algún momento, pero la propaganda mediática que utilizaron algunos grupos y personas de la burguesía hizo que se pensara que al fin todo iría cambiando y mejorando; pero no fue así y esta es la cruda realidad, la delincuencia desangra al país. La salida no es en sí algo fácil; se necesita en primera instancia una política más incluyente, ya que lo que se vive es un problema social, llamado violencia estructural, debido a las insatisfacciones originadas en los procesos de estratificación social, donde la exclusión de jóvenes en las comunidades, la falta de empleo y la represión policial hacen crecer y darle vida a las maras y pandillas.

La represión no es la solución

En el calor de una coyuntura electoral los partidos políticos electorales burgueses y revisionistas le presentan al pueblo plataformas y programas electorales para dar soluciones al problema de la violencia y la delincuencia; pero en realidad dichas medidas no buscan atacar al problema de raíz, ya que defienden el sistema capitalista, el cual es la causa principal y en otros casos dichos programas quedan en el olvido una vez logrado el voto.

Otros presentan en sus plataformas soluciones extremas como la posibilidad de la pena de muerte, la creación de cuerpos represivos de seguridad, los cuales en el pasado fueron utilizados para reprimir adversarios políticos.

El uso de la represión estatal no es la mejor medida de la cual puede echar mano el actual gobierno del FMLN, el cual debe evaluar el restablecimiento un nuevo proceso de diálogo entre el gobierno, y las diferentes organizaciones de maras y pandillas y sus familias, con el propósito de menguar la violencia, y disminuir los homicidios; esto a través de planes de inclusión que sin asistencialismo, reincorpore en lo laboral a los jóvenes de alto riesgo, lo que implica que se considere su incorporación a la Comisión Nacional de Seguridad, así como también programas de estudio que les otorguen el perfil para ser mano de obra calificada. La represión policiaca nunca será la solución a este mal, si no por el contrario, terminara hundiendo a este pequeño país en un campo de batalla abierto.

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