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COSTA RICA.- El “nuevo gobierno” de Laurarias y las luchas por las conquistas laborales

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CHINCHILLA 2

Por Eduardo Villalobos

En artículos anteriores hemos tratado de analizar la continuidad del gobierno de los hermanos Arias por medio de la elección de la actual presidenta de la República, Laura Chinchilla Miranda.

Este hecho es de gran importancia para los socialistas centroamericanos que debemos ver no sólo los fenómenos, sino también el movimiento que los produce y por ende tratar de dotarse de una política que va más allá de la agitación de consignas. Es la preparación del partido y de sus simpatizantes para tener una intervención en los frentes de la lucha de clases y luego hacer el balance de la misma para corregir los errores, valorar los aciertos y hacer más grande el partido de la revolución.

Hemos señalado también que más allá de los mecanismos propios del control del aparato del gobierno, que de hecho el Partido Liberación Nacional (PLN) ha hecho un gran avance por asumir el control absoluto de casi todos los órganos e instituciones de la democracia burguesa.

Esto no obedece sólo a factores personales, el “sello” de la administración Arias con la figura del Nóbel de la Paz y otras conjeturas. Existe un proyecto de un sector de la burguesía costarricense y del imperialismo por establecer un gobierno con estos rasgos, un gobierno que logre implantar el modelo de desarrollo neoliberal en medio de una sociedad que a diferencia de los otros países centroamericanos, tiene capas medias con poder adquisitivo, salarios más altos en el sector público y un desempleo menor comparativamente con estos países.

Esta “grasa” acumulada a lo largo de décadas, no puede mantenerse como una simple concesión de la burguesía, no es sólo la “benevolencia” de los explotadores, sino que también es el producto de la relación de fuerzas entre las clases.

Pérdida de las conquistas

Si analizamos el panorama de hace 26 años  atrás, Costa Rica tenía un alto desarrollo organizativo en la clase obrera del sector público, encabezada por el sector docente, la Asociación Nacional de Empleados Públicos (ANEP), dirigida por el Partido Vanguardia Popular (el Partido Comunista, stalinista) y en la empresa privada, el sector bananero estaba organizado por un poderoso sindicato también  dirigido por el Partido Vanguardia Popular.

Las huelgas bananeras eran capaces de conmocionar al país y desataban la solidaridad de todos los sectores, más aún cuando los trabajadores del sector público entraban en huelga al mismo tiempo. El gobierno se veía metido en un zapato, pero tenemos que recordar que las direcciones de estos sectores, reformistas y conciliadores, pactaban con el gobierno para detener el movimiento. Esto frenaba la movilización y le permitía a la burguesía recuperarse hasta la próxima ofensiva contra la clase trabajadora.

Sin embargo, la derrota de la huelga bananera del año 1984, propiciada por la ruptura del  Partido Vanguardia Popular en dos alas, la “revolucionaria” que mantuvo el nombre y la “reformista” que tomó el nombre de Partido del Pueblo Costarricense, encabezado por el dirigente histórico Manuel Mora Valverde.

El solidarismo

Esta derrota permitió un gran avance de las organizaciones pro patronales como las Asociaciones Solidaristas, que son compuestas por los trabajadores y los patrones, supuestamente como un modelo de coexistencia de intereses. Esto que no es más que la reacción y coerción pura, se ha convertido en un lucrativo negocio porque maneja fondos de miles de trabajadores al antojo de los patrones y sus esbirros. Pero el componente ideológico y la consecuencia práctica de este modelo, ha hecho retroceder a la organización sindical en el sector privado, a tal punto que el que intenta organizar un sindicato es despedido inmediatamente. Esta realidad es la que vive la clase obrera del sector privado y representa el ideal de la burguesía para implantar en el sector público.

Sin embargo la realización de este objetivo no ha ocurrido por medio de la implementación de un régimen fascista, con sangrienta represión, como en el caso de las dictaduras militares de este lado del mundo o bien como la encabezada por Pinochet, los Videla y otros del cono sur.

Si bien no hay comparación, el resultado progresivo de la pérdida de conquistas es un hecho latente pero también ha sido el fruto de la conducción de las luchas por parte de las direcciones reformistas. La caída de las direcciones stalinistas no ha permitido la formación de corrientes revolucionarias fuertes, sino más bien estas han permanecido fraccionadas en distintas corrientes casi marginales, en medio de pugnas sectarias, lo que explica la variedad de corrientes que se reclaman socialistas y trotskistas y que en Costa Rica son alrededor de siete entre ellas el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA), a la cual pertenecemos.

Las derrotas de las luchas de los trabajadores

La derrota del Magisterio en el año 1995, fue fundamental para disgregar a un sector que venía en lucha constante por la conquista de sus derechos como sector profesional. La pérdida de su régimen de pensiones para privatizarlo, permitió la implantación de de este modelo con la denominada “Ley de Protección al Trabajador” que permite el manejo de estos fondos por medio de los bancos privados y públicos en una vorágine especulativa que favorece los intereses de los banqueros en contraposición de los intereses de los trabajadores.

La lucha contra el denominado “Combo del ICE”, la empresa del telecomunicaciones y electricidad,  en el año 2000, fue un ensayo de lo que podría venir  más adelante, con las intenciones de privatizar las instituciones estatales. Esta gran movilización que fue controlada fundamentalmente por sectores reformistas como el representado por el  ex diputado Merino. La lucha se pospuso, pero el resultado final vino a dirimirse en la lucha contra la aprobación del CAFTA. Este hito en la lucha ya también ha sido analizado en artículos anteriores, pero mencionaremos que fue encausado dentro de un referendo que fue controlado de principio a fin por el gobierno de las Arias.

Se viene una ofensiva burguesa

Los Arias, con el apoyo de un sector de la burguesía y  de la pequeño burguesía que fue derechizándose durante el proceso de lucha, pudo obtener el control de los aparato burgués, como contraposición a la “ingobernabilidad” de las anteriores administraciones, que fueron incapaces de aprobar e implementar el CAFTA , además de otros aspectos de la vida cotidiana del la institucionalidad burguesa, como el control de la Asamblea Legislativa (el parlamento).

La política de alianzas entre el PLN con el Partido Unidad Socialcristiana (PUSC) ,o los vestigios que quedaban de este luego de la crisis producto de los casos de corrupción, el Movimiento Libertario aliado principal en la presente administración, fue de vital importancia para llevar adelante todo el proyecto burgués para la consolidación del CAFTA y sus proyectos colaterales.

Las luchas que vienen son las de mayor importancia de la última década, porque van a marcar la posibilidad de seguir contando con las últimas conquistas que obtuvo la clase obrera luego de las movilizaciones de principio del siglo XX.

El Régimen de Servicio Civil, la sindicalización libre de los trabajadores del sector público, el salario y otras más conquistas están en peligro. Pero si por la víspera se saca el día, la lucha más grande que tenemos que dar es contra de las direcciones que están a la cabeza del movimiento sindical. La pasada huelga del 29 de abril fue categórica para mostrar en cuerpo entero a estos dirigentes que confían en los compromisos del gobierno, como ANDE y SEC, y otros que luego de la gran movilización no articulan una política para darle continuidad al movimiento. Además no denuncian a estas organizaciones ni tratan de organizar a las bases que se rebelaron en contra de ANDE y SEC. Esto a la postre puede ser la diferencia entre el triunfo y la derrota.

Prepararnos para la lucha

El primero de mayo, la celebración del Día Internacional del Trabajador, fue caracterizado por la denuncia correcta de varios puntos, pero no como el punto de partida de nuevas movilizaciones, en especial la preparación de la gran huelga nacional en contra del plan de empleo público y del salario único.

Parece ser, que de nuevo, los dirigentes confían esperanzados en la “buena voluntad” del gobierno para retirar estos planes.

Pero estas medidas no vienen solas, el ataque a las libertades democráticas y la represión por parte de las fuerzas militares del gobierno han sido la tónica en estos procesos de lucha. La reciente violación a la autonomía universitaria por  parte de la Fuerza Pública y la policía Judicial, la represión contra los muelleros el 29 de abril, la golpiza en contra de los estudiantes de un Liceo por defender su derecho a llevar el uniforme como quieren y la presencia de retenes de la policía en varios puntos de la capital, hacen un cuadro del control y violación de los derechos ciudadanos por parte del régimen.

Esto apunta fundamentalmente a golpear a los trabajadores y a los jóvenes. Estos últimos son los más osados y más decididos para enfrentar las políticas del gobierno y siempre son el preámbulo de las luchas cuando éstas se avecinan.

Desde el PSOCA denunciamos a estos dirigentes, no en el plano personal, sino en el plano político, porque su inconsecuencia no es casual, es el producto de la conducción burocrática de las organizaciones, que sirve  para mantener sus  privilegios. Esto queda en evidente contradicción cuando valiéndose de cualquier excusa, no participan en las movilizaciones o bien lo hacen a cuentagotas.

Al gobierno de Laurarias no debemos darle ningún compás de espera. Es la continuidad del gobierno anterior y es iluso creer que puede haber cambios por el simple hecho del cambio de rostro.

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