HISTORIA.- León Trotsky: “Stalin quiere mi muerte”

León Trotsky (1879-1940)

Por León Trotsky.

Presentación.

Este 21 de Agosto se cumplieron 75 años del vil asesinato de León Trotsky, a manos de un agente stalinista infiltrado. Lenin y Trotsky fueron los grandes dirigentes de la revolución rusa. Como un sencillo homenaje, reproducimos fragmentos de este artículo escrito por León Trotsky, el 8 de Junio de 1940, donde denuncia el primer fallido atentado criminal en su contra, ocurrido el 24 de mayo de 1940, y explica de manera sencilla cuales eran los verdaderos objetivos de Stalin para asesinarle.

(…) A los que no están debidamente informados les puede parecer incomprensible que la camarilla de Stalin me exilie primero y luego intente matarme en el extranjero. ¿No hubiera sido más simple matarme en Moscú, como a tantos otros?

La explicación es la siguiente: en 1928, cuando fui expulsado del partido y exiliado al Asia central, todavía era imposible hablar, no digamos de fusilamientos, ni siquiera de arrestos. Toda la generación con la que viví la Revolución de Octubre y la guerra civil aún estaba con vida. El Buró Político se sentía rodeado por todos lados.

En Asia central pude mantenerme en contacto directo con la Oposición. En estas condiciones, Stalin, después de vacilar durante un año, decidió apelar al exilio en el extranjero considerándolo el mal menor. Pensaba que Trotsky, aislado de la URSS, privado de aparato y recursos materiales, se vería reducido a la impotencia. Además, Stalin suponía que, después de haberme difamado ante todo el país, el gobierno amigo de Turquía me haría volver a Moscú y allí ajustaría finalmente las cuentas conmigo. Los acontecimientos demostraron, sin embargo, que se puede participar en la vida política sin contar con aparato ni recursos materiales. Con la ayuda de jóvenes amigos senté las bases de la Cuarta Internacional, que se está forjando lenta pero persistentemente. Los juicios de Moscú de 1936 a 1937 se montaron para obtener mi deportación de Noruega, es decir para tenerme realmente en manos de la GPU (policía secreta). Pero no lo lograron. Llegué a México. Me informaron que Stalin admitió varias veces que mi exilio al extranjero fue "un gran error". No hay otra manera de rectificar el error que apelar a un acto terrorista.

En estos últimos años la GPU destruyó a muchos cientos de amigos míos, incluyendo a miembros de mi familia que están en la URSS. En España mataron a mi ex secretario Erwin Wolff y a muchos de mis correligionarios políticos; en París mataron a mi hijo León Sedov, al que los asesinos profesionales de Stalin persiguieron durante dos años. En Lausana la GPU mató a Ignacio Reis, que la había abandonado y se había unido a la Cuarta Internacional. En París los agentes de Stalin asesinaron a otro de mis ex secretarios, Rudolf Klement, cuyo cuerpo se encontró en el Sena con la cabeza, las manos y las piernas cortadas. Esta lista podría continuar interminablemente.

En México ya hubo un intento obvio de asesinarme a través de un individuo que apareció en mi casa con recomendaciones falsas de una prominente figura política. Fue después de este incidente, que alarmó a mis amigos, que se tomaron medidas de defensa más serias: guardias diurnas y nocturnas, sistemas de alarma, etcétera.

Después de la participación activa y verdaderamente asesina de la GPU en los acontecimientos españoles, recibí muchas cartas de mis amigos, principalmente desde Nueva York y París, informándome que estaban enviando agentes de la GPU a México desde Francia y Estados Unidos. En el momento oportuno transmití a la policía mexicana los nombres y las fotografías de algunos de estos caballeros. El estallido de la (segunda) guerra (mundial) agravó todavía más la situación a causa de mi lucha irreconciliable contra la política exterior e interna del Kremlin. Mis declaraciones y artículos sobre el desmembramiento de Polonia, la invasión a Finlandia, la debilidad del Ejército Rojo encabezado por Stalin, etcétera, se reprodujeron en todos los países del mundo, en decenas de millones de ejemplares. Aumenta el descontento dentro de la URSS. Su condición de ex revolucionario le hace recordar a Stalin que la Tercera Internacional era incomparablemente más débil a comienzos de la guerra anterior de lo que lo es hoy la Cuarta Internacional. El desarrollo de la guerra puede dar un poderoso impulso a la Cuarta Internacional, incluso dentro de la misma URSS. Por eso Stalin no puede haber dejado de ordenar a sus agentes que terminen conmigo lo antes posible.

(…) Stalin organiza un atentado para asesinarme con una intención clara: destruir a su enemigo número uno. No corre ningún riesgo, actúa a larga distancia. (…) La GPU movilizó hábilmente a sus agentes con el objetivo de matarme. Por accidente el intento falló. Los amigos de la GPU están comprometidos. Ahora se sienten en la obligación de hacer todo lo posible para echar sobre mis hombros la responsabilidad del infructuoso atentado de su cacique. Para hacerlo no tienen muchas posibilidades que elegir. Tienen que apelar a los métodos más burdos siguiendo el aforismo de Hitler: cuanto mayor la mentira, más rápido se la creerán.

(…) Al principio mis custodios en México eran jóvenes amigos mexicanos. Sin embargo, pronto me convencí de que esto no era conveniente. Mis enemigos sistemáticamente tratan de involucrarme en la política mexicana para hacerme imposible la permanencia en el país. Y en tanto se podía hacer aparecer a mis jóvenes amigos mexi­canos, por el hecho de que vivían en mi casa, como agentes, en cierto modo de mi influencia personal, tuve que optar por rehusar su custodia y reemplazarlos por extranjeros, fundamentalmente por ciudadanos de los Estados Unidos. Todos ellos fueron enviados aquí después de haber sido seleccionados por amigos de experiencia.

Permítaseme agregar que no mantengo personalmente a mi custodia (carezco de recursos para hacerlo); su manutención corre a cargo de un comité especial que reúne los fondos necesarios entre amigos y simpatizantes. Vivimos, mi familia y mis guardias, como una pequeña comuna cerrada, separada del mundo exterior por cuatro altos muros. Estas circunstancias explican suficientemente por qué me considero justificado al depositar toda mi confianza en mis custodios y creerlos incapaces de traición o crimen.

Por supuesto, no es imposible que, pese a todas las precauciones, algún agente aislado de la GPU llegue a infiltrarse en mi custodia. Desde el comienzo de la investigación se sospechó de Robert Sheldon Harte, mi custodio secuestrado, como cómplice del asalto. A esto respondo que si Sheldon Harte fuera un agente de la GPU podría haberme matado por la noche y luego haberse ido sin poner en movimiento a veinte personas que corrieron un gran riesgo. Más aun; los días anteriores al asalto Sheldon Harte estuvo ocupado en cosas tan inocentes como la compra de pajaritos, la reparación y pintura de una jaula, etcétera. No escuché un solo argumento convincente que indicara que Sheldon Harte fue un agente de la GPU. Por eso les dije a mis amigos desde el primer momento que yo sería el último en creer en la participación de Sheldon en el atentado. Si pese a todas mis suposiciones se confirmara su participación nada esencial cambiaría en las características generales del atentado. Con o sin ayuda de un miembro de mi custodia la GPU organizó una conspiración para matarme y quemar mis archivos. Esa es la esencia del asunto.

(…) A Stalin le hubiera resultado más ventajoso organizar el asesinato de tal manera que apareciera ante la clase obrera mundial como el castigo súbito y espontáneo de los trabajadores mexicanos a un "enemigo del pueblo". Desde esta perspectiva es notable la persistencia y entusiasmo de la GPU en ligarme a toda costa con la campaña electoral presidencial, es decir con la candidatura del general Almazán.

(…) El hecho de que por accidente haya fallado el atentado, tan cuidadosa y hábilmente preparado, constituye un serio golpe para Stalin. La GPU debe rehabilitarse ante él. Stalin tiene que demostrar su poder. Es inevitable que el atentado se repita. ¿De qué manera? Posiblemente otra vez como un acto terrorista en el que se utilicen juntos los fusiles y las bombas. Pero no queda excluida la posibilidad de que traten de ejecutar el acto terrorista a través de una falsa "indignación popular". La campaña de calumnias, cada vez más ponzoñosa, que prosiguen los agentes de Stalin en México tiene precisamente este objetivo.

Para justificar la persecución de que me hacen objeto y ocultar los atentados de la GPU, los agentes del Kremlin hablan de mis tendencias "contrarrevolucionarias". Todo depende de lo que se entiende por revolución y por contrarrevolución. La fuerza contrarrevolucionaria más poderosa de nuestra época es el imperialismo, tanto en su forma fascista como en su cobertura cuasi-democrática. Ni no solo de los países imperialistas me permite entrar en su territorio. En lo que se refiere a los países oprimidos y semiindependientes, se niegan a aceptarme debido a la presión de los gobiernos imperialistas o de la burocracia de Moscú, que ahora juega un rol extraordinariamente reaccionario en todo el mundo. México me brindó hospitalidad porque no es un país imperialista; por esta razón su gobierno, por rara excepción, demostró una independencia de la presión exterior que le permite guiarse por sus propios principios. Por eso quiero dejar aclarado que vivo en esta tierra por una verdadera excepción.

En esta época reaccionaria un revolucionario se ve obligado a nadar contra la corriente. Lo hago lo mejor que puedo. La presión de la reacción mundial se expresa de la manera tal vez más implacable en mi suerte perso­nal y la de aquellos que me están más próximos. De ninguna manera lo considero un mérito mío; es simplemente una consecuencia de la combinación de determinadas circunstancias históricas. Pero cuando gente de la calaña de Toledano, Laborde et al me acusan de "contrarrevolucionario" puedo dejar tranquilamente que hablen; la historia dará su veredicto final.

Share