CHLE.- El invierno estudiantil chileno

Por Adrián Laurel

Las movilizaciones de los estudiantes universitarios y de secundaria, realizadas en casi todo el territorio chileno, son las manifestaciones de lucha más encarnizadas que un sector de la población ha llevado a cabo desde la caída del régimen dictatorial de Pinochet. Desde el mes de mayo del corriente año, decenas de miles de estudiantes de secundaria se han tomado las calles de la capital Santiago, para hacer ver al presidente Sebastián Piñera, su rechazo al actual sistema educativo chileno y al financiamiento privatizado de la educación, exigiendo una reforma de fondo y no una salida superficial a los verdaderos problemas relacionados con la educación pública.

Los estudiantes secundarios y universitarios de Chile, cuentan con antecedentes de ser un sector combativo contra las políticas gubernamentales concernientes al tema de la educación. En 2006, al comienzo de su gestión, la antecesora de Piñera, Michelle Bachelet, también debió enfrentar enormes protestas de alumnos secundarios en lo que se conoció como “La revolución de los pingüinos” (por el color del uniforme de los jóvenes). (BBC, 10/08/2011)

Camila Vallejo, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) y Giorgio Jackson, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica de Chile (FEUC), han desempeñado el papel de voceros y máximos impulsores de las protestas en las calles. Los estudiantes han sido atacado como criminales por las “fuerzas del orden” en la capital Santiago. Posteriormente los estudiantes secundarios se tomaron sus respectivos colegios en respuesta a lo que sucedía con sus iguales en la educación superior. La Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (CONES) y la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) agrupan a los estudiantes de la educación media. Después fue el turno de institutos profesionales y universidades privadas el incorporarse a las movilizaciones.

Breve descripción de los principales hechos

Tomando como antecedentes los hechos de abril y mayo, donde la Universidad Central de Chile detuvo sus funciones académicas por las modificaciones que sufrió en los reglamentos internos. El 12 de mayo de 2011 la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH) convocó a una manifestación en Santiago que aglomeró a 15.000 estudiantes para manifestar su presencia e inconformidad ante los anuncios que realizaría horas después el presidente Piñera, sobre los cambios que pretendía introducir a la educación superior.

20.000 estudiantes en Santiago, con la presencia  de representantes de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales (ANEF), del Colegio de Profesores y a los rectores de la Universidad de Santiago (USACH), y de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), hicieron un llamamiento a paro nacional el 1 de junio y a la toma de las calles en son de protesta.

En el mes de junio los estudiantes radicalizaron las protestas y su modo de actuar, ante la falta de una respuesta clara por parte del gobierno. El 16 de junio, con casi todas las instalaciones del sistema educativo en toma de los manifestantes, se concentraron en Santiago unas 80.000 personas, lo que tuvo un fuerte un impacto en todo el territorio nacional al registrarse marchas estudiantiles en otras ciudades importantes como Valparaíso y Concepción.

La respuesta del gobierno fue una propuesta endeble. Se centró en la formación del proyecto Gran Acuerdo Nacional de la Educación (GANE) y en el Fondo de la Educación. El primero depende de las ganancias económicas que obtiene el Fondo de la Educación, para la ejecución de las propuestas formuladas por el GANE. Los manifestantes rechazaron el anuncio ya que no tenía concordancia con sus deliberaciones. El Congreso Nacional  de Chile sacó flote nuevas propuestas conciliadoras que no han solucionado en nada la condición de las protestas, y solo han contribuido a que los estudiantes y trabajadores reivindiquen su postura y ejemplifiquen a la juventud como bastión incansable en la lucha contra la bota del sistema capitalista chileno, opresor que intenta ahogar y sofocar la voz de la masa obrera e intelectual.

Una educación privatizada, herencia de la dictadura de Pinochet

El trasfondo de las reivindicaciones que proponen los estudiantes, trabajadores y profesores parte  del hecho actual donde el 25% del sistema educativo es financiado por el Estado y el 75% está supeditado a  los aportes económicos de los mismos estudiantes. Por ende el proceso educativo no está garantizado por el Estado. Los supuestos funcionarios que velan por la formación de la sociedad, se lucran de un servicio que por naturaleza  debe ser suplido en su totalidad, en términos  de gastos, por el Estado.

Una vez finalizado el nivel básico, en el sistema educativo chileno, las universidades, públicas y privadas, se ven en la posición de cobrar una serie de aranceles que corren a cuenta de los mismos estudiantes, los cuales en gran medida son pertenecientes a sectores sociales que no poseen los medios necesarios para cumplir  con gastos económicos, en beneficio de su educación. Así también se encuentra, en el gremio estudiantil,  un sector de técnicos que en este sistema financiero globalizado del capitalismo ve sus planes frustrados y sus habilidades ninguneadas ante la valía monetaria, optando por protestas de gran intensidad ante la incapacidad o displicencia de los regímenes políticos de turno.

El actual sistema educativo de Chile, es una de las tantas herencias legadas por la dictadura de Pinochet. A inicios de los 90 proclamó la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), que dejo al Estado solo como un ente de regulación y lo relegó de su responsabilidad funcional de subvencionar una educación gratuita y eficiente. En este sentido la educación pasó a formar parte de los negocios del sector privado, casi en su totalidad, convirtiéndola en un industria factible. En los últimos 30 años hubo un boom de escuelas privadas o subvencionadas (público-privadas), que hoy día acogen al 60% de los alumnos primarios y secundarios. Las escuelas públicas pasaron a la órbita de las municipalidades. En tanto, en el nivel terciario también surgieron una treintena de universidades privadas que hoy representan el 60% del sector. (Europapress.com)

Los efectos inmediatos a este acéfalo sistema educativo son el endeudamiento de los estudiantes universitarios, que cuando obtienen su primer trabajo dentro de este modelo burocrático de relaciones sociales impulsado por el mercantilismo capitalista, están ligados a un crédito universitario que funcionó para el pago de las necesidades estudiantiles y ha de ser una cuenta a saldar desde que se obtiene el primer trabajo.

La educación debe ser gratuita, pública y de calidad

El escenario que se vive en Chile es un reflejo palpable de las contradicciones sociales que promueve la superposición del capital sobre las condiciones humanas. Los mandatarios, de izquierda como de derecha, prefirieron mantener la misma lógica neoliberal que convirtió a Chile en un país rico y dejaron que el mercado regule el sector educativo. (BBC 10/08/11).

Es inconcebible fijar una sociedad bajo la institucionalización de los procesos educativos y sus expresiones, donde se promueven y divulgan los valores, conocimientos, modos de acción. El cambiar los métodos naturales de coacción inherentes del individuo es uno de los principales acápites que engloba como modelo ideológico el capitalismo en todas sus vertientes manifiestas. En función de sistema económico opta por la súper producción de divisas, dejando atrás la formación cultural del intelecto, a nivel político, crea espacios de ocios fútiles, para conquistar el pensamiento obrero y sobre todo de los jóvenes estudiantiles.

Este último sector es un enemigo público de los funcionarios y dirigentes corruptos que lideran las “democracias” a nivel mundial. Los jóvenes estudiantes, universitarios, en toda la esfera mundial son participes y principales orquestadores de manifestaciones activas que tienen como propósito reivindicar sus derechos como individuos, ante los atropellos fluctuantes de las políticas gubernamentales, apoyar, en colaboración con sindicatos de trabajadores, reformas en beneficios laborales y de condición social, denunciar con una voz clara y pronunciada que el sistema actual en toda su expresión, exige un cambio.

La educación no se vende, reza contundentemente un slogan que relucía sobre el mar de personas que se aglutinaron en sentido de una causa común, en Santiago de chile, que reclama un sistema educativo más justo que con lleve a la configuración de una sociedad igualitaria  impulsada por la fuerza del intelecto. Apoyamos la movilización de los estudiantes y sindicalistas de Chile y respaldamos su posición al rechazar las migajas de propuesta ofrecidas, para salir de paso, por el presidente Piñera.

Esperamos que en todas partes del mundo, este hecho no quede como un acto aislado y particular, sino como una gesta que simpatiza con todas las personas, jóvenes, obreros, intelectuales que se ven sumidos en la rutina de masa y reciben a diario salvajemente el puño del capitalismo sobre sus vidas, y conciben e intentan forjar sus experiencias en una realidad mejor.

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