EL SALVADOR.- El FMLN: de la revolución al reformismo

El vicepresidente Oscar Ortiz sonríe con Jorge Daboub presidente de ANEP

Por Rael Oshun

Al comenzar a gestarse dentro del FMLN el cambio de pensamiento, o cambio ideológico, se divulgó entre las organizaciones que lo componían la afirmación de que las fuerzas guerrilleras ya no daban más, y que se tenía un costo social demasiado grande. Esa postura sirvió para justificar la tan apresurada negociación, ya que en realidad se había llegado a un empate en la medición de fuerzas entre el gobierno y el FMLN, y tanto la dirigencia guerrillera como los países cuyos intereses estaban en juego pensaron que llegaría pronto la intervención norteamericana a El Salvador, Nicaragua, Guatemala y desde luego también a Cuba.

El sacrificio de la revolución salvadoreña

Fue especialmente desde cuba y Nicaragua que se pidió el sacrificio del proceso en El Salvador. Es entonces cuando la dirección del FMLN planteó el cambio de línea que incluía la política de diálogo o negociación, sometiéndose a los intereses antes mencionados. Marcial y muchos combatientes no estuvieron de acuerdo con eso, por la manera apresurada de hacerlo, y el método a usarse, sin antes preparar condiciones que favorecieran al pueblo en sus necesidades e intereses como explotados y desposeídos, que era por lo que se había venido luchando.

El marco de negociación se abrió abruptamente, y las causas del pueblo quedaron fuera; algunas que fueron incluidas aún no han sido cumplidas. Es entonces que vemos un FMLN que renuncia a la lucha heroica, opta por la lucha parlamentaria, y pasa a ser su interés inmediato constituirse como partido político y participar en elecciones. Ellos sostienen que desde ahí lograrían hacer los cambios para beneficio del pueblo, pero la realidad muestra que serán solo cambios a pequeña escala y que no entrarán en contradicción con el sistema, más bien lo tratan humanizar, lo cual es una política propia de la social democracia, muy lejana de una izquierda revolucionaria y socialista.

De izquierda revolucionaria a izquierda reformista

Es a partir de la desviación estratégica y reacomodo ideológico que el FMLN, aunque se autodenomine marxista, empieza a proyectarse en la búsqueda de un gobierno de alianzas amplias, y pasa de ser una organización de izquierda revolucionaria a convertirse en partido socialdemócrata, pues cae en lo que conocemos como revisionismo.

Al hacer una reseña de la conducta política del FMLN recordamos al partido Marxista Alemán en 1869, que termina uniéndose al movimiento socialista de Lasalle, y de esta unificación nace la social democracia. Es ahí donde identificamos el método revisionista, ya que como resultado de un periodo de crecimiento del capitalismo que permitió a la burguesía europea hacer concesiones al movimiento obrero, corrientes al interior de la social democracia (E. Berstein, y posteriormente Kautsky y otros importantes dirigentes) tergiversaron las ideas revolucionarias de Marx, y no las aplicaron. La social democracia da un enfoque diferente o deformado al marxismo, sosteniendo que el Estado y no los trabajadores es el instrumento que introducirá el socialismo mediante cambios graduales.

A partir del cambio que surge en los 80s, el FMLN entra en un proceso que posteriormente lo ubicará en la social democracia, hecho que trae consigo la división de posturas ideológicas entre el FMLN como tal y las FPL, lo cual se refleja muy claramente en esta coyuntura política. Ahora como en el pasado, para quienes mantienen su posición en la izquierda, y sostienen su pensamiento revolucionario, se pone de manifiesto que los intereses del FMLN no están por la transformación revolucionaria de la realidad, ni en función de los intereses populares.

FMLN prepara condiciones subjetivas para la negociación

Muchos militantes entran a las FPL a mediados de la década de los 80s, pero ya el FMLN no trabaja en ellos la conciencia científica ni la conciencia política con enfoque revolucionario, y la formación que se les da es carente de principios consecuentes como los que poseían los legendarios fundadores de las FPL con conciencia clasista, razón por la que no apoyan los acuerdos de paz, ya que dichas condiciones favorecerían mas a la oligarquía que al pueblo. El FMLN sumó más militancia con la idea de fortalecer el apoyo a favor de la negociación, lo que también se dio en las demás organizaciones. También logró atraer a varios dirigentes de las FPL, los que decidieron dar la espalda a Salvador Cayetano Carpio y al proyecto de gobierno revolucionario el cual sería alcanzado mediante el instrumento de GPP que nació con las FPL. Algunos deciden seguir la línea del Partido Comunista y apoyar la plataforma de GAP, Gobierno de Amplia Participación, (donde cabe la burguesía y más sectores). Esta es la razón de la diferencia en claridad política y consciencia revolucionaria de la gente que entró al proceso antes y durante los 70s y el servilismo de algunos de los que llegaron ya en los 80s. Esta diferencia se debió básicamente a que fueron formados con información pensada y elaborada para el fin que ya se tenía maquinado, haciéndoles entrar en el reacomodo ideológico. Muchos combatientes de la distintas organizaciones entran en ese reacomodo por no poseer la suficiente formación, a pesar de haber combatido por décadas, y otros porque les facilitaba el camino rápido a la obtención del poder, que es la vía electoral, sin importar que aunque rápido y efectivo, obtendrían el poder que cambiaría sus realidades individuales mas no las de conjunto, las del pueblo.

Destrucción o fortalecimiento del Estado burgués

Los años en el poder hasta hoy han debido servir al FMLN para comprobar que Schafick Handal se equivocó cuando llamó a entrar al sistema para cambiarlo no para ser parte de él, pues ya la práctica está dejando claro que no se puede, pues el sistema les absorbe y los relega a socialistas de nuevo tipo: socialdemócratas. Esto pasa en gran manera por pretender construir el socialismo sin botar antes las bases estructurales, sociales, políticas y económicas que sostienen al capitalismo, y por creer que se pueden sustituir las luchas organizadas por las luchas parlamentarias.

Vemos cómo lejos de golpear las estructuras del capital, el gobierno del FMLN contribuyó más al fortalecimiento de la estructura económica, con la aprobación de los asocios público privado, y los acuerdos con Europa, sumado a ello la estrecha relación con EE.UU. lo cual refleja que no harán acciones que afecten al imperio.

La revolución socialista es la solución

Los jóvenes revolucionarios deben saber que existe una marcada diferencia ideológica entre el FMLN actual y las FPL legendarias y originales, y por qué se detuvo el proceso revolucionario. También deben observar cómo queda de manifiesto que la revolución la hace el pueblo obrero organizándose y movilizándose en las calles, y no enfrascándose en el viejo ciclo del revisionismo, ni desde las sillas reclinables de la Asamblea Legislativa creando leyes, reformas, y terminar adoptando innumerables políticas socialdemócratas.

La dirección del FMLN cuando le conviene maniobra a sus bases mediante un discurso de izquierda, utiliza las tradiciones revolucionarias de la heroica etapa de la guerrilla, no para impulsar la movilización de los trabajadores, sino para sostener el decadente orden capitalista en El Salvador. Estamos ante un nuevo FMLN, que desde hace mucho tiempo entró en una degeneración ideológica, hoy este nuevo FMLN representa los intereses de un nuevo sector empresarial el cual lo dirige.

Todos los revolucionarios debemos unirnos en un frente común de lucha, por la defensa de las reivindicaciones obreras, juveniles, campesinas, indígenas y populares, y en ese proceso discutir la necesidad de forjar un nuevo partido revolucionario, con democracia interna, que se plantee la necesidad de superar al actual partido de izquierda en el gobierno.

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