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NICARAGUA (2012-2017): Del Bonapartismo a la Dinastía

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El presente libro comprende los análisis escritos durante el segundo periodo presidencial continuo de Daniel Ortega (2012-2017), caracterizado por la consolidación institucional del proceso de centralización absoluta del poder que inició en el año 2007, pero que en realidad venía ocurriendo desde mucho tiempo atrás, cuando el FSLN estaba en la oposición y estableció un pacto con Arnoldo Alemán en 1999.

 

Las elecciones del año 2011 fueron cuestionadas por su falta de transparencia, pero con el cuantioso volumen de millones de dólares provenientes del convenio petrolero con Venezuela, Daniel Ortega pudo cohesionar y ampliar su clientela política, ganar las elecciones y avanzar mucho más: asegurarse mayoría absoluta de diputados dentro de la Asamblea Nacional, con el objetivo de aprobar la reforma constitucional que no puedo materializar durante el primero periodo presidencial (2007-2012).

Con esa mayoría parlamentaria, Daniel Ortega Daniel Ortega impulsó en los años 2013-2014 una reforma constitucional que eliminó las prohibiciones relacionadas con la reelección presidencial, la quedó abierta sin ningún obstáculo, elimino el sistema de dos vueltas electorales, eliminó los porcentajes mínimos para ganar las elecciones, etc.

Formalmente, la institución de la presidencia de la república no adquirió más poderes, y la Asamblea Nacional conservó sus amplísimas facultades. El proceso de centralización absoluta del poder ha sido un fenómeno eminentemente político, en los hechos, y no necesariamente se ha reflejado en el plano jurídico. El régimen bonapartista y el ejercicio absoluto del poder gira en los hechos alrededor de la persona de Daniel Ortega y de su esposa Rosario Murillo, pero esta situación no está consagrada en la Constitución.

Con la reforma constitucional de los años 2013-2014, Daniel Ortega logró institucionalizar los cambios que se habían venido operando, al menos desde el 2007. El régimen bonapartista estaba en su cenit. Para imponer la candidatura de Rosario Murillo como vicepresidenta, en las elecciones de noviembre del 2016, en contra de la voluntad de la mayoría de sandinistas de base, y en contra de la oposición burguesía que olía los síntomas de la crisis, Ortega procedió a destituir a todos los diputados de la oposición y a ilegalizar a los partidos de oposición burguesa, que debían conformar las estructuras electorales.

Con este golpe dentro de la Asamblea Nacional en el año 2016, no solo estaba sentado las bases de la sucesión familiar, dinástica, del poder, sino que también estaba creando las bases para una dictadura, en la medida que estaba anulando los mecanismos de la democracia burguesa, y el juego de poder entre las distintas fracciones de la burguesía.

Emborrachados por sus triunfos continuos, el binomio Ortega-Murillo no se percató que la situación económica estaba cambiando rápidamente, y que la paciencia y estoicismo de las masas populares también. Lo demás es historia reciente.

 

Centroamérica, julio del 2018

 

Victoriano Sánchez

 

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