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EL SOCIALISTA CENTROAMERICANO No 91

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Debemos sacar un balance sobre lo ocurrido en Honduras, para continuar la lucha

EL golpe de Estado del 28 de Junio, que derrocó al presidente Manuel Zelaya tenía el claro objetivo de evitar el más mínimo cambio constitucional, preservar el régimen bipartidista excluyente y antidemocrático, por medio del cual el Partido Liberal y el Partido Nacional se alternan en el ejercicio del poder, y finalmente blanquear el golpe de Estado por medio de elecciones fraudulentas.

El telón ha caído, la tarea ha sido consumada: Porfirio Lobo Sosa, candidato del Partido Nacional, se erigió triunfador en las ilegitimas elecciones del pasado 29 de Noviembre. Los resultados preliminares arrojan que Porfirio Lobo Sosa ha ganado con el 56% de los votos, Elvin Santos perdió al obtener 38%, y las otras agrupaciones minoritarias como la Democracia Cristiana, el PINU no superaron el 2,2 % de los votos. Debemos destacar la previsible catástrofe electoral del Partido Unificación Democrática (UD), que participó con el mas abyecto oportunismo en un proceso electoral amañado y llegó a obtener apenas el 1,8% de los votos, la votación más baja desde su fundación.

El gobierno golpista anunció que hubo una participación del 61% del padrón electoral y que la tradicional alta abstención fue apenas del 39%. Los datos oficiales del abstencionismo en las elecciones de Honduras reflejan el creciente desencanto del pueblo con la democracia burguesa. La abstención fue del 21.46% en 1981, 15.95% en 1985, 24.09 en 1989, 35.19 en 1993, 28% en 1997, en 2001 33.73% y 44.62% en 2005.

Sin embargo, los resultados electorales del 29 de Noviembre no reflejan la realidad. No existieron condiciones para que el pueblo se expresara de manera libre y democrática, sino una brutal represión que atemorizaba a quienes  querían luchar contra el gobierno de Micheletti. El golpe de Estado pretendió, y en cierta medida lo logró, expulsar a la izquierda del panorama político. El gran error estratégico de la izquierda en Honduras es que ligó la reinstalación de Manuel Zelaya en el poder a la lucha por la democratización de Honduras.

Durante cinco meses el Frente Nacional de Resistencia (FNR) estuvo organizando marchas, caminatas, confiando en la negociación política y diplomática, esperando que el imperialismo y las burguesías de América Latina, se arrepintieran de sus actos, y reinstalaran a Manuel Zelaya en el poder. En estos cinco meses, hubo declaraciones incendiarias a favor de la huelga general, pero los dirigentes sindicales y populares nunca hicieron realmente nada en el sentido de organizar la huelga general desde la base de los sindicatos y organismos del movimiento popular.

Más bien observamos que todas las ilusiones de la izquierda estuvieron concentradas en el proceso electoral, es decir, que Manuel Zelaya fuera reinstalado en el poder para poder canalizar el descontento social por al vía electoral. Estas ilusiones reformistas fueron fatales para la Resistencia. Y ocurrió lo previsible: en la negociación de Guaymuras, el presidente Manuel Zelaya demostró ser un político torpe al desmovilizar a sus partidarios, en aras de llegar a acuerdos con sus enemigos. El resultado fue la derrota pacifica de la Resistencia.

Desde el inicio de la campaña electoral, el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) planteo la necesidad de boicotear las elecciones, era una consigna defensiva que perseguía nuclear a las masas para iniciar la contraofensiva por el derrocamiento revolucionario del gobierno de Micheletti, que al final fue retomada por el conjunto de la Resistencia. Ahora estamos ante los hechos consumados de la derrota del Melismo y la necesidad de continuar la lucha que este abandonó.

Pepe Lobo maneja desde ya un meloso discurso a favor del Dialogo y la inclusión de todas las fuerzas sociales en el futuro gobierno, que es continuidad del gobierno golpista. La izquierda Hondureña y centroamericana debe sacar un balance de estos cinco meses de lucha, ilusiones reformistas, traiciones, y elecciones amañadas, para retomar las banderas de la lucha por la democratización de Honduras en beneficio de los trabajadores y los pobres.

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