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EL SOCIALISTA CENTROAMERICANO No 86

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El boomerang de la Carta Democrática de la OEA

Poco a poco se va aclarando la conspiración que condujo al golpe de Estado en contra del Presidente Manuel Zelaya. A pesar de que la encuesta sobre la Cuarta Urna planificada para realizarse el 28 de Junio no tenía ningún efecto vinculante, los sectores de la burguesía y de la Iglesia Católica que le adversaban no podían arriesgarse a una demostración de fuerza social que pusiera en peligro el statu quo del antidemocrático sistema bipartidista controlado por el Partido Liberal y el Partido Nacional.

El golpe de Estado de los militares y la rápida asunción de Roberto Micheletti como presidente espurio, con el beneplácito del COHEP, la Iglesia Católica y demás fuerzas políticas reaccionarias, demuestran un reagrupamiento desesperado de sectores de la burguesía para evitar los más mínimos cambios en el sistema político de Honduras.

Como era de esperarse, los golpistas se enfrentan al aislamiento diplomático y a la condena de la llamada “comunidad internacional”. Los organismos diplomáticos controlados por el imperialismo, como la Organización de Estados Americanos (OEA) han derramado lágrimas de cocodrilo por el golpe de Estado en Honduras.

El gobierno de Estados Unidos ha declarado que por el momento no cortará la ayuda económica a Honduras, y que solo desea el restablecimiento del orden constitucional. Ahora todos los bandos se aferran a la Constitución, lo que indica que en el próximo periodo se librara una feroz lucha política en su nombre.

La conspiración es mucho más profunda de lo que imaginábamos. Actualmente casi todos los países han condenado el golpe de Estado en Honduras y han declarado que el presidente sigue siendo Manuel Zelaya y que no reconocerán al gobierno de Roberto Micheletti.

La administración de Barack Obama ha condenado el golpe de Estado en Honduras, pero se resiste a cortar la ayuda económica a los golpistas. En relación al golpe de Estado en Honduras, cada vez suena más fuerte la invocación de la llamada Carta Democrática de la OEA, aprobada en septiembre de 2001 en Perú. Este documento obliga a todos los Estados miembros de la OEA a respetar la “institucionalidad democrática”. Esta es un arma de doble filo. Supuestamente es un arma de lucha contra las dictaduras y los golpes de Estado, pero la realidad ha demostrado que es también es una arma que pretende encasillar a los países en los límites de la decrepita democracia burguesa, y evitar los procesos revolucionarios que en la mayoría de los casos estallan contra los regímenes democráticos burgueses excluyentes.

La conspiración es más profunda de lo que imaginábamos. Todo indica que el supuesto reconocimiento por parte de la comunidad internacional, en el sentido de que Manuel Zelaya sigue siendo el presidente legítimo de Honduras, ha sido una maquiavélica movida para obligarlo a negociar con sus adversarios las condiciones de su retorno al poder y de una posible convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente.

Algunos sectores tienen ilusiones que las presiones de la “comunidad internacional” puede devolver las libertades democráticas al pueblo de Honduras, pero la verdad es que después del golpe de Estado del 28 de Junio el único camino que le queda es luchar por el derrocamiento del gobierno espurio de Roberto Micheletti, a través de la movilización revolucionaria, la huelga general, apelando al “derecho a la insurrección” contemplado en la misma Constitución de Honduras

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