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Ya salió El Socialista Centroamericano No 320.-

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Vienen años de mayor turbulencia política y luchas sociales en Centroamérica

En el año 2021 se celebrará el 200 aniversario de la primera independencia de Centroamérica (1821-2021). La segunda independencia ocurrió dos años después, el 1 de julio de 1823, cuando el congreso constituyente de las provincias de Centroamérica, declaró la independencia en relación a México.

 

El Estado federal que surgió en 1824 duro muy poco tiempo, sucumbió en 1840 ante los embates de la reacción interna, la voracidad territorial de emergentes potencias regionales como México y Colombia, y sobre todo por la incapacidad política de los criollos liberales de la época, quienes se negaron a reconocer los derechos de las masas indígenas, e impulsar a fondo la revolución democrático burguesa.

El Estado federal en Centroamérica se desplomó por una contrarrevolución interna, una restauración conservadora que Morazán había logrado vencer en el periodo 1824-1838, pero la que finalmente logró fusilarlo en 1842.

En el transcurso del siglo XIX hubo denodados intentos por reunificar Centroamérica, pero todos fracasaron. Prevalecieron mas los intereses locales de las oligarquías, incluso después que la unión de los ejércitos centroamericanos derrotó a los filibusteros de William Walker en 1857.

En la segunda mitad del siglo XIX se produjo el boom cafetalero que permitió a las oligarquías consolidar de las bases económicas de los pequeños Estados nacionales que surgieron de la desmembración del Estado federal. Este pequeño bienestar material borró definitivamente la imagen caótica de los años de “anarquía” que se vivió bajo la republica federal, y con ello sepultó viva la conciencia de la nación centroamericana.

La primera mitad del siglo XX fue turbulenta: control del naciente imperialismo norteamericano en todos los países, intervenciones militares en Panamá, Nicaragua y Honduras. Luchas de los trabajadores de los enclaves bananeros y mineros, rebeliones y masacres indígenas, etc. El boom económico de la postguerra, volvió a dotar a los pequeños estados nacionales en crisis, de una nueva base material con la política de sustitución de importaciones que impulso el Mercado Común Centroamericano (MCCA).

A finales de los años 70 del siglo XX este modelo económico entró en crisis, y estalló la revolución en Nicaragua, El Salvador y Guatemala. La revolución centroamericana fue sofocada con balas y posteriormente con los Acuerdos de Paz de Esquipulas II en 1987, en El Salvador en 1992 y Guatemala en 1996, abriendo un periodo de ofensiva neoliberal que desmanteló la industria manufacturera, y convirtió a la región en una gran zona franca maquilera.

Y ya en el siglo XXI tenemos los resultados trágicos: todos los Estados nacionales están nuevamente en crisis, agobiados por la crisis capitalista, asfixiados por la crisis fiscal (las exenciones fiscales a las empresas transnacionales y a los grandes capitalistas ahogan al fisco), dependiendo cada vez del financiamiento interno. Los Estados nacionales en crisis ya no son autosuficientes, los presupuestos nacionales dependen del creciente endeudamiento, como ocurre en El Salvador y en mayor o menor grado en el resto de países.

En este proceso global de decadencia capitalista en Centroamérica, países como Guatemala y Costa Rica lograron mantener cierta manufactura y un importante mercado interno, pero la reciente crisis capitalista, agravada por la pandemia del coronavirus y los huracanes ETA y IOTA han sumido a todos los países en una crisis sin precedentes. Incluso, la economía de Panamá basada en el sector servicios, que tenía los mejores índices de la región, muestra un derrumbe casi total.

La destrucción de las débiles infraestructuras, el aumento de la pobreza, y el declive de las economías, anuncian un inminente periodo de turbulencia política y convulsiones sociales en toda la región. Contradictoriamente, la crisis ha unificado a los gobiernos para salvarse (una inusual alianza entre Ortega, Giammattei, Bukele Juan Orlando Hernández y Carlos Alvarado), y el único camino que han encontrado es solicitar fondos al BCIE y a los organismos multilaterales. Gotas de agua en una plancha caliente. Mas endeudamiento para administrar una crisis que no tiene salida en los marcos de la sociedad capitalista.

La izquierda, los sindicatos y las organizaciones populares de Centroamérica, debemos unir esfuerzos para presentar una alternativa ante la decadencia del capitalismo semicolonial.

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