Internacionales

Por Nicolás Le Brun

Durante el año 2011 una insurrección de las masas de los países árabes empezó a extenderse desde Túnez hasta el territorio sirio. Las potencias imperialistas empiezan a realizar hipócritas llamados “pro democracia”, cuando como en casi todas las ocasiones, los regímenes y los gobiernos, han sido el resultado de su imposición y  estos gobernantes han actuado hasta hace poco con el beneplácito de las mismas.

La primavera árabe se expande

La primavera árabe es el resultado de varios factores, entre ellos la gran crisis económica desatada en 2008 que debilitó enormemente a los países productores de petróleo como resultado del aumento en el desbalance comercial. Los precios de los productos manufacturados y los alimentos se encarecieron. Estos países ricos en petróleo, en su conjunto son dependientes de los bienes producidos por los países imperialistas así como de los granos básicos y otros alimentos.

Por otro lado la degradación de las ya deterioradas condiciones de vida de las masas árabes. El desempleo y el costo de la vida aumentaron en forma vertiginosa. Los gobiernos aliados de las potencias occidentales, gozan y/o gozaban de enormes privilegios como producto de sus negocios con estos países. Los clanes familiares se meten en los bolsillos la mayor parte de los ingresos. Cada una de las dictaduras que han caído ha dejado al descubierto los enormes “patrimonios familiares” y sus tentáculos con la banca y la bolsa de la Unión Europea y los Estados Unidos.

La chispa que se inició en Túnez rápidamente se expandió a otros países con resultados diferentes.

En Túnez y Egipto, la reacción democrática pudo garantizar una transición relativamente calma para mantener las condiciones de explotación y los intereses de las compañías extranjeras que tienen una gran cantidad de inversiones en esos países.

En ambos países, los grupos musulmanes “moderados”, como los hermanos Musulmanes en Egipto y el partido Ennahdha  en Túnez, lograron por medio de alianzas con el régimen y el imperialismo contener la insurrección y con base en promesas demagógicas ganar la Asamblea y el Ejecutivo.

Sin embargo el equilibrio sigue siendo frágil. Aunque sectores de las masas han sido ganados para la política de reacción democrática, una vanguardia sigue desafiando a los regímenes. Es decir, la misma mona con diferente vestido, cambiar todo para que todo siga igual.

Estas revoluciones democráticas carecen, hasta donde conocemos, de una vanguardia revolucionaria que tenga un plan que lleve más allá las reivindicaciones de los pueblos y cuestione el poder a la burguesía local y por ende al imperialismo que controla los recursos naturales por medio de sus transnacionales.

El caso de Libia fue todavía más dramático, la insurrección que tumbó al régimen lo hizo por medio de métodos de guerra civil. El régimen de Gadafi se fracturó como producto de las contradicciones internas. La intervención de la aviación de la OTAN marcó una pauta. Apostó a la insurrección para obtener de nuevo el control de los ricos yacimientos petroleros libios.

Esta onda expansiva empezó a tocar a Siria desde el año pasado y la situación se ha vuelto cada vez más álgida y más compleja.

El mosaico sirio

Como todos los países del denominado Tercer Mundo, Siria ha sido objeto en la historia reciente de innumerables intervenciones de los países imperialistas, que en sus diferentes épocas de dominio han modelado el panorama geopolítico que vemos ahora.

Durante casi 30 años de dominio francés sobre el territorio sirio, bajo un protectorado, los franceses mantuvieron el control a sangre y fuego, como resultado de la derrota del  Imperio Otomano luego de la Primera Guerra Mundial. La guerra imperialista repartió como botín de guerra los antiguos dominios turcos y los franceses se hicieron de Siria y el Líbano, unificados en ese momento.

Luego, para asegurar la gobernabilidad sobre las nuevas conquistas, Francia y Gran Bretaña movieron sus fichas y sus tropas para asegurar la balcanización de los antiguos dominios turcos e impedir la reivindicación histórica de una gran nación árabe unificada en el Medio Oriente desde la Península de Arabia, incluyendo Siria, Líbano, Irak y Jordania pero también Egipto y el Maghreb. Esta aspiración es contraria a los intereses imperialistas sobre todo por el aspecto energético. La división evidentemente  favorece  a los bandidos imperialistas que han promovido conflictos regionales y trazado las fronteras con regla y compás  dividiendo etnias y favoreciendo a unas en detrimento de otras para asegurar más la zona.

Siria fue de nuevo dividida en los años 20, luego de un intento de independencia y los franceses alentaron la división del territorio otorgando una República bajo la tutela de la minoría maronita pro francesa.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, una nueva rebelión se produce siendo de nuevo salvajemente reprimida. El general de Gaulle envía la aviación para que bombardee Damasco, pero no puede detener la insurrección que logra la victoria en el año de 1946.

A partir de ese año, los golpes de estado y las divisiones internas como producto de lo  expuesto anteriormente opone a la minoría aluita de profesión chiita en contra de la mayoría sunita. La mayoría de los estados del Medio Oriente mantienen el mismo conflicto que ha sido alentado por el imperialismo como mecanismo de  privilegiar a una minoría para que oprima y así obtener los mayores beneficios.

La insurrección contra Bachar el Assad

El régimen de partido único instaurado en 1970 por el padre de Bachar,  Hafez el Assad toma el poder por  medio de un golpe de estado, para asegurar al partido Baas, en el poder desde mediados de los años 60 y poder decantarse de los elementos denominados extremistas.

Luego de las derrotas en contra del ejército sionista, la pérdida de las alturas del Golán y posteriormente las invasiones sionistas al Líbano, el régimen ha perdido credibilidad.

Los métodos de dictadura de partido único y la contribución para mantener al máximo el estatus quo en la región ha hecho posible que el partido Baas y la camarilla de los Al Assad permanezcan en el poder, apoyados por una poderosa fuerza armada.

Las recientes movilizaciones han hecho que la estructura de instituciones fundamentales como el ejército se resquebraje. Este movimiento que empezó con manifestaciones pacíficas se ha transformado en una guerra civil. Varias ciudades se han visto sitiadas y las movilizaciones reprimidas con armas pesadas.

La oposición siria se encuentra dividida en alas que incluyen a los pro-imperialistas que buscan desesperadamente una alianza con la OTAN. Estas se encuentran representadas por CNS (Consejo Nacional Sirio) dentro del cual está el ala armada del Ejército Libre Sirio. Estos proponen, a través de su dirigente el coronel Rijad Al Asaad que “se dé una protección internacional, una zona de exclusión aérea y golpes sobre objetivos estratégicos” Asimismo el presidente del CNS, Burham Ghaliun propone la “creación de un corredor humanitario”, la misma formulación que proponía días antes de esta declaración el ministro de Relaciones Exteriores francés Alain Juppé. Los miembros del CNS son en su mayoría partidos islamistas como los Hermanos Musulmanes, los cuales ya le han servido bastante a los intereses de la reacción democrática en la zona.

La otra organización de la oposición es el CNCD, el Consejo Nacional por un Cambio Democrático. Esta organización se opone a la presencia de la OTAN por considerarla “una instancia de dominación”. Sin embargo no descartan la ayuda humanitaria en el ámbito de la “defensa de los derechos del hombre”.

Ambas organizaciones intentaron  llegar a un acuerdo, pero no fue posible debido a las grandes diferencias entre las dos.

La reciente misión de la Liga Árabe no ha hecho más que demostrar el interés de las burguesías árabes en mantener el régimen al máximo y garantizar una transición moderada para no desestabilizar más la región.

El medio Oriente, una papa caliente para el imperialismo

Esta zona no solamente es rica en petróleo, sino que es la principal ruta de abastecimiento de petróleo. La creación del Estado Sionista de Israel cumple con el rol de contención y de cabeza de playa para golpear las aspiraciones de las masas árabes a su independencia total.

La reciente crisis con Irán pone de manifiesto esta situación tan polarizada que hace que la intervención por parte de la OTAN en el conflicto sirio esté descartada por el momento. El secretario general de la OTAN Andres Rasmunssen declaró que “Mi respuesta es muy simple, la OTAN no tiene ninguna intención de intervenir”.

En la guerra entre Irán e Irak, promovida por los Estados Unidos para desangrar la recién triunfante revolución islámica a través del defenestrado Sadam Hussein, el gobierno sirio apoyó a Irán. Dentro de este contexto una intervención o bien una desestabilización mayor en la zona pondría en dificultades el objetivo del imperialismo, que es deshacerse del régimen de los Ayatholas con la excusa del programa nuclear iraní o bien el bloqueo del estrecho de Ormuz.

Las masas tienen la palabra

Las masas árabes han señalado el camino, su dirigencia ha hecho todo por contener el proceso de revolución que amenaza las burguesías locales y los intereses imperialistas.

Por eso los socialistas estamos a fondo con las masas y a favor de la caída revolucionaria de estos regímenes impuestos por el imperialismo que no han hecho más que enriquecerse de la misma forma que lo hacían las dictaduras centroamericanas como los Somoza o la oligarquía salvadoreña.

Es una tarea titánica que pasa por la derrota de estos regímenes y por la expulsión de los ejércitos imperialistas afincados en toda la zona.

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