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TRIBUNA LIBRE: Economia: compulsion y muerte.

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Financieramente hablando, el señor Grandet tenía algo del tigre y de la boa, sabía tenderse, agazaparse, contemplar durante largo rato a su presa y saltar sobre ella; luego abría las fauces de su bolsa, engullía un montón de escudos y se acostaba tranquilamente como la serpiente que digiere impasible, fría, metódica”. (“Eugenia Grandet”; Honore De Balzac; Editorial Origen, México, 1983, p. 19).

Por Sergio Barrios Escalante

Científico Social e Investigador. Escritor. Editor de la Revista Raf-Tulum.

Introducción:

El objetivo central de este artículo es resaltar la ineludible necesidad de crear y adoptar nuevos enfoques metodológicos y multidisciplinarios, particularmente, en torno a la economía, concebida como una importante herramienta teórica y práctica, cuya aplicación conlleva un innegable y elevado impacto social.

Por otra parte, se resalta aquí la importancia crucial de los siempre omnipresentes factores subjetivos, que atraviesan todas las esferas de la existencia humana, y cuyos efectos (positivos o negativos), se magnifican cuando se vinculan a decisiones de política económica.

Por estos días circula un reciente informe de inteligencia del gobierno norteamericano (bajo la firma de Dennis C. Blair), el cual concluye que la actual crisis financiera es la principal amenaza a la seguridad de los EEUU. En la perspectiva de este artículo, podría decirse que en realidad, la principal amenaza (para los EEUU y para el mundo entero), sigue siendo la enorme influencia de la caprichosa subjetividad humana, particularmente, en los asuntos cruciales de la economía y la política.

Sobre estos asuntos versa este escrito. Analiza como las decisiones económicas están muchas veces motivadas (y guiadas) por la compulsión, y como, desgraciadamente, ello muchas veces deriva en muerte.

El virus de la política en la economía

Una de las razones por las cuales la economía está lejos de convertirse en una ciencia exacta, es por la elevada contaminación en la que esta disciplina se desenvuelve cotidianamente, en especial, bajo el influjo de la política, una esfera que tal y como todos sabemos, representa una de las esferas de la realidad donde confluyen y rebrotan con fuerza, las más poderosas compulsiones y pasiones humanas.

Evidencia de esto en los devastadores efectos manifestados en la actual crisis económica mundial sobran; el suicidio de multi-billonarios (el alemán Adolf Merckle; el francés Thierry de la Villehuchet – quien perdió 1 mil 400 millones de dólares-; el empresario británico Christopher Foster; y el banquero suizo Alex Widmer); quiebras de numerosos bancos (28 solamente en EEUU durante el 2008); 51 millones de empleos perdidos a enero del 2009, según datos de la OIT; inestabilidad política en varios gobiernos- incluyendo el desplome del gabinete en Islandia-; pérdidas en los mercados bursátiles de todos los continentes –algunos aventuran cifras totales de alrededor de 3.5 trillones de dólares-; drástica reducción del crecimiento del PIB mundial; agudización de la hambruna masiva –la ONU estima la cifra en alrededor de 945 millones de personas-; entre otros graves perjuicios a gran escala.

Y todo lo anterior ha ocurrido en apenas un lapso de 17 meses, entre agosto del 2007 y enero del 2009. Y como recordarán, todo esto comenzó en el sector financiero, particularmente, en el área del crédito hipotecario, es decir, en un ámbito de la economía global donde la especulación, más que la excepción resulta ser la regla general, lo que en otras palabras, equivale a decir (y sobre todo a reconocer), que todo esto empezó a partir de la orgía compulsiva de la codicia desatada por prácticamente un ínfimo número de personas, teniendo la gran mayoría de ellas como común denominador, el vicio del enriquecimiento súbito a través de los juegos de azar.

Gentes como Jerome Kernel (el mismo que con sus proezas especulativas causara pérdidas por alrededor de 5 mil millones de euros al consorcio para el cual laboraba), quien todos los días se sentaba durante más de 10 horas continuas frente a 4 ó 5 monitores encendidos simultáneamente, realizando frenéticos cálculos a partir de análisis relámpago de variables bursátiles macroeconómicas (los llamados straddles), poniendo literalmente en juego miles de millones de euros en fracciones de segundos.

Y si un Jerome cualquiera puede desencadenar tal capacidad y poder destructivo en las finanzas, resulta muy fácil imaginar el enorme poder que tales impulsos pudieron haber ocasionado en gente como Richard Nixon (de quien se sabe, desde sus tiempos de adolescente padeció una fuerte debilidad por los juegos de azar).

Jamás sabremos con exactitud hasta que punto tales debilidades personales, pudieron haber influido en las decisiones económicas históricas que este ex –presidente tomara durante su mandato, en particular, al haber puesto en juego la estabilidad del dólar a partir de 1971, y que a la postre significó el punto de partida de un larguísimo ciclo recesivo del cual la actual crisis es apenas uno de sus resultados.

En esencia, se trata de la misma acción que realizaba el señor Grandet, el personaje grotesco y avaricioso de la novela de Honore De Balzac – ese literato que tanto divirtió y enseñó a Karl Marx acerca del funcionamiento truculento del sistema capitalista-, con la diferencia de que mientras el Grandet de la novela hacía sus cálculos especulativos contando uno por uno sus toneles de vino, los cuales serían vendidos cuando la oportuna y artificial escasez elevara sus precios, los Jerome, los Madoff y sus similares, hasta hace muy poco tiempo lo hacían al frenético ritmo e impulso de la rapidez cibernética, sin políticas ni Estados regulatorios que los frenaran, al mejor estilo sugerido durante décadas por el BM y el FMI.

Y ahora, esta última agencia pide que los gobiernos reparen con urgencia el sistema financiero (Jornada Online, 06 febrero, 2009). Sin embargo, llegados a este punto de la crisis, la pregunta obligada es; ¿y que pasaría si los planes de rescate financiero fracasan?

La pregunta no es ociosa. Pese al inicio de la implementación de la primera parte del rescate financiero en EEUU, la avalancha de efectos catastróficos no se ha detenido, ni en relación a la quiebra de bancos ni en torno a la pérdida de empleos.

En relación a los bancos, solamente en las pocas semanas que han transcurrido del 2009, han quebrado otras 9 agencias adicionales, y acerca del empleo, tan sólo en enero de este año se perdieron en EEUU otros 589 mil puestos de trabajo, según cifras oficiales dadas a conocer ampliamente por la prensa internacional.

Han surgido numerosas voces de advertencia y de duda, en particular, sobre la capacidad de estos planes de rescate financiero para sacar a la economía de su desastrosa situación. En síntesis, los principales cuestionamientos se refieren, parcialmente, al desconocimiento casi completo acerca de los niveles de toxicidad que poseen muchos activos financieros (“Desconfianza sobre resultados del plan de rescate financiero”; J. Stiglitz; Prensa Mundial, 18 Enero, 2008).

En segundo lugar, al impacto directo que estos planes puedan tener en la reactivación del crédito bancario, y en tercer lugar, se cuestiona la influencia que puedan tener estos recursos en la producción de bienes y servicios de la economía real, el nivel en el que realmente se produce empleo y consumo, enfatizando en el hecho de que al final de cuentas, los conglomerados financieros no producen mercancías (“The Great Depression of the 21 first Century”; A. Chossudosky: Global Research, 15 th. November, 2008).

La mitomanía en la economía

Todo lo anterior nos lleva a recordar que en los últimos doscientos años, tal y como ha sido ampliamente analizado por Wallernstein, las Ciencias Sociales han venido desarrollándose bajo la influencia de las ideas dominantes impulsadas por el llamado “Consenso liberal-marxista” (Wallernstein, 1992), en particular, respecto a la división del trabajo científico en las CCSS en tres grandes categorías (lo económico, lo social y lo político), señalándose que tal enfoque resulta totalmente caduco, dados los actuales niveles de complejidad e interrelación que presenta hoy en día la realidad.

Las pulsiones por ejemplo, esos vectores omnipresentes en todas las decisiones y niveles pensables de la realidad humana, están tan presentes en la economía y la política como lo vimos al principio, y resultan factores muy difíciles de ubicar y especificar en cualquiera de los tres niveles o categorías analíticas citadas.

La complejidad del asunto se acrecienta todavía más, si tomamos en cuenta que el alma humana es apenas un pequeño barrilete suspendido en el espacio, azotado por los vientos de las pasiones, las cuales en un momento lo jalonan hacia un lado y al siguiente hacia otro.

No en vano históricamente se han aventurado diversas tipologías del carácter humano, atendiendo cada clasificación a una pasión dominante específica.

Según Adler, la pasión central en los humanos es la necesidad de implementar mecanismos de compensación frente a los complejos; en Jesús, es el amor al prójimo; en Nietzsche, la búsqueda obsesiva de poder y dominio sobre los demás; en Buda, la fusión con el todo a través de la nada, la vacuidad; en Freud, la búsqueda del placer; en Fromm, la generosidad y el altruismo; en Eliade, el retorno al tiempo mítico; en Marx, la emancipación política; en Jung, la re-integración de la psiquis fragmentada -la llamada individuación-; en Keynes, la armonía entre la oferta (afán de lucro) y la demanda (afán de consumo); en Goethe, la conquista de la felicidad; y en Hayek, el triunfo del individualismo por encima del bienestar común.

Resulta evidente que son los seguidores del individualismo extremo quienes en definitiva han pululado y dominado mayoritariamente los oscuros pasillos de Wall Street, el epicentro del actual tsunami económico que abate al planeta entero.

¿Qué podemos hacer entonces con las ciencias económicas?

En primer lugar, pienso que debemos aplicarle a la economía la misma frase que hace cierto tiempo se le aplicó al oficio de la política, en el sentido de que ésta es el algo demasiado serio como para dejarla exclusivamente en manos de los economistas (en otras palabras, se recomienda un “baño de humildad” a los oficiantes de esta disciplina).

En segundo lugar, debemos determinar los niveles en los cuales nos conviene re-aproximarnos a la economía; decidir si nos interesa tal y como esta se predica, o tal y como se practica, o si nos conviene re-evaluarla en ambos niveles.

En tercer lugar, es importante recordar la recomendación de Wallernstein, respecto a la necesidad de aproximarnos a los fenómenos económicos a través de nuevos enfoques conceptuales y metodológicos, alejándonos de las premisas newtonianas sobre las cuales se basa la economía neo-clásica (Wallernstein, 1992, p. 111).

Como se sabe, la visión lineal de los procesos sociales (e incluso, en las ciencias exactas), está en crisis desde hace bastante tiempo. El caos, la catástrofe y la divergencia han dejado de ser eventos excepcionales, para transformarse en vectores dominantes en muchos procesos, incluyendo los económicos.

Sin embargo, como sabemos, la economía continúa siendo dominada por el empirismo y el positivismo, herencias del paradigma newtoniano ahora en crisis, lo cual obstaculiza el empleo de nuevos enfoques.

Por ejemplo, apenas se han explorado y aplicado algunos enfoques teóricos no tradicionales, que entre otras cualidades, analizan la interacción dialéctica entre los sistemas sociales y el llamado “mundo vivo” (el “lebenswelt” de Guiddens), enfoque que permite analizar las múltiples, complejas, y dinámicas vinculaciones existentes entre lo estructural y lo subjetivo, entre el determinismo sistémico y el libre albedrío, es decir, la dilucidación del impacto real que tiene sobre la realidad económica y social la subjetividad humana, la parte actitudinal (“Conexiones ocultas”; Fritjof Capra; Anagrama, México, 2003, p. 113).

En cuarto lugar, aunque esto no sea del agrado de muchos, resulta evidente a ojos vista del gran desastre en gran medida fomentado o aupado por la academia, al vender como “ciencia económica” no otra cosa sino un montón de triquiñuelas de estafadores disfrazados de “especialistas”, que se requiere con urgencia del retorno al multi-disciplinarismo, de tal manera que tanto el agrónomo, el ingeniero civil, el físico, el psicólogo, el médico, el sociólogo, el jurista, el historiador, el antropólogo, el ambientalista, el astrónomo, el comunicador y la gente de otras disciplinas, metan sus manos en los estudios teóricos, técnicos y prácticos de la economía.

Algunas recomendaciones

En el nivel de la reflexión y el debate público, es importante que tanto la academia como las instituciones públicas y privadas que impulsan investigaciones inter-institucionales y multi-sectoriales, así como los movimientos sociales y otros sectores activos y pensantes de la sociedad civil, incorporen a sus labores de análisis una serie de elementos (o enfoques) heterodoxos, que tradicionalmente han quedado fuera, tales como;

-El análisis de la pertinencia cultural, técnica, social y medioambiental de las políticas públicas que se formulan en (o para) el ámbito económico.

-El estudio de las interacciones existentes entre los fenómenos económicos y los socio-psicológicos, culturales y religiosos.

-El desarrollo de nuevas metodologías para el estudio de la vinculación entre los procesos económicos y los eventos naturales. Se requiere diseñar y formalizar protocolos axiomáticos para nuevas áreas o sub-áreas científicas, que entre otras ventajas, permitan estudiar los vínculos entre eventos tales como los ciclos solares, la agricultura y la hidrología, por ejemplo.

-Abrir y transparentar el debate con los formuladores y tomadores de decisiones estatales, sobre los procesos metodológicos empleados para la preparación, diseño e implementación de políticas públicas orientadas al ámbito económico.

-Involucrar en diversas etapas de la planeación y formulación de políticas públicas de orden económico, a los distintos grupos o sectores meta.

-Realizar historiografía (historiar), el desempeño que en el largo plazo han tenido las políticas públicas de orden económico, a fin de dilucidar sus principales resultados, avances y limitaciones.

-Abrir el debate entre el sector público, privado y sociedad civil, en torno a la necesaria elaboración e implementación de nuevas metodologías de recolección, procesamiento y análisis de información estadística nacional, regional y local, que entre otras cosas, permitan la incorporación y uso de variables e indicadores de orden socio-psicológico y socio-cultural.

-Migrar desde el ya anacrónico término “desarrollo”, hacia otro (s) concepto (s), de tal manera que permitan reducir el énfasis de la supuesta importancia de lo cuantitativo (más), por encima de lo cualitativo (lo mejor).

En síntesis, el carácter mutante de la realidad económica requiere la migración hacia nuevos enfoques heurísticos. Lo holístico parece ser la cualidad más relevante de los nuevos paradigmas en gestación, y conviene adoptar una actitud abierta y desprejuiciada, dispuesta a revisar críticamente todo el bagaje científico-cultural que hemos acumulado en los últimos dos mil años.

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