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TRIBUNA LIBRE: El Cuarto Reich

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EL CUARTO REICH

“Hay otros poderes, pero están detrás de éstos”

(Paráfrasis de la frase “Hay otros mundos, pero están en éste”, de Paúl Eluard).

Por Sergio Barrios Escalante

Cientista e Investigador Social. Consultor en temas socio-económicos y políticos. Ensayista y escritor. Colabora para varias revistas electrónicas. Editor de la revista “Raf-Tulum”.

Introducción:

El objetivo de este artículo es analizar a grandes rasgos las principales etapas del proceso macro-histórico de formación del principal poder hegemónico internacional de los últimos siglos, y de las alternativas reales que hoy en día tienen los gobiernos y los sectores sociales nacionalistas y populares, en la construcción de poder anti-hegemónico, a fin de buscar formas de contrabalancear el deslizamiento hacia un destino que se anuncia fatal para más de dos tercios de la humanidad.

 

Las élites globales no creen en lágrimas

 

El rotundo fracaso de las recientes cumbres sostenidas por el G-8 y por la OMC (Ronda de Doha) en julio recién pasado (2008), no han hecho otra cosa más que confirmar lo que ya todos sabemos desde hace cierto tiempo; no existe la más mínima voluntad política por parte de los países ricos para enfrentar las graves crisis planetarias que hoy comprometen y desafían la existencia misma de la humanidad en el mediano y largo plazo.

Esta situación ha llevado al profesor Jeffrey Sachs a comentar amargamente; “Es demasiado vergonzante ver a hombres y mujeres ya crecidos reunirse apenas para una fotografía oficial” (“¿Dónde están los líderes globales?”: J. Sachs; prensa mundial, 03/08/08).

 

Pero además de esto, hay otra cosa importante por resaltar. Es una pregunta casi elemental en torno a todo esto.

¿Quién es el mayor beneficiado con la inaudita decisión de los principales líderes mundiales de no tomar ninguna decisión de fondo ante la magnitud de las actuales crisis globales?

Y la pregunta más importante; ¿Quién gana con el fracaso de la mayor parte del conglomerado humano? ¿Quién (o quiénes) salen ganando con una humanidad perdedora?

A simple vista aparentemente nadie, pero ojos más escrutadores y mentes más lúcidas nos proponen otros puntos de vista sobre esta situación.

Por ello vale la pena parafrasear la famosa expresión de Eluard, diciendo; “hay otros poderes, pero se ocultan detrás de éstos”.

Y ello sirve muy bien para los efectos del presente escrito, que se centra y habla precisamente de éstos dos aspectos clave; poderes y contra-poderes.

El presente atado al ayer, y el mañana al hoy.

Para ello me permito lanzar y contestar de manera sintética 4 preguntas básicas con sentido histórico y/o colectivo; ¿De dónde venimos?; ¿Dónde estamos?; ¿Hacia dónde vamos?; y la última así como la más importante; ¿Qué haremos o qué podemos hacer todavía para luchar contra esta voluntad de aplastamiento de la humanidad?

Se precisa sin embargo, que el lector (o lectora) haga de lado al menos momentáneamente dos prejuicios intensa y extensamente inculcados en nuestra cultura Occidental durante mucho tiempo.

El primer prejuicio tiene que ver con la idea de que el poder real está en lo que desde hace dos siglos se considera “El poder”, es decir, en el Estado.

El segundo prejuicio se liga a la noción igualmente extendida de que mercado y capitalismo son la misma cosa.

Hechas estas dos advertencias me permito pasar a dar respuesta a cada una de éstas preguntas.

¿De dónde venimos?

Los “cantos de sirena” de la Revolución Francesa y las insuficiencias argumentativas del llamado “consenso liberal-marxista”:

A grandes rasgos en términos económicos y políticos la humanidad ha transitado en los últimos cinco o seis siglos (desde el XIV hasta inicios del XXI aproximadamente), por tres fases históricas bien definidas (el mercantilismo, el capitalismo y el imperialismo), sin que por ello una visión rowstoniana nos de permiso para considerar que la historia económica sea una especie de trayectoria trazada por una locomotora que se desplaza a través de estaciones establecidas linealmente.

Todo el mundo (o casi todo el mundo) concuerda que el tránsito entre la etapa feudal-mercantil de la alta edad media y los primeros pasos del capitalismo como sistema-mundo, estuvo marcada por la Revolución Francesa, acontecimiento histórico que en los ámbitos académicos oficiales se ha visto como el punto de inflexión que marca el inicio de la “modernidad”, y la apertura del proceso mundial de la conformación de los Estados democrático-liberales, así como el inicio del gradual establecimiento del llamado aparato inter-estatal (las naciones-estado y la red de agencias locales e internacionales), sintetizado todo ello en la supuesta derrota histórica de la aristocracia feudal, particularmente, de la poderosa aristocracia anglosajona.

Si traigo esto a colación ahora es porque tal y como se verá párrafos adelante, este hecho es un factor clave de primerísima actualidad e importancia para entender gran parte de lo que hoy está ocurriendo en el centro y la periferia del sistema-mundo capitalista.

Recalco a drede lo de supuesta derrota histórica de la aristocracia, algo que por muchos ha sido tomado como una verdad inobjetable, y no es tan así.

Al menos no para Wallerstein, quien ha sido uno de los más drásticos cuestionadores de este discurso interpretativo de la historia oficial sobre la transición del feudalismo hacia el capitalismo, y ha apelado por una re-interpretación de tales hechos por razones que van más allá del simple capricho, dadas las importantes implicaciones que esto tiene para los análisis de los acontecimientos políticos actuales.

De acuerdo a las interpretaciones de Wallerstein sobre este asunto, no hubo un tal “desplazamiento” de la aristocracia tradicional durante la fase transicional hacia el capitalismo. Lo que hubo, según su criterio, fue una metamorfosis adaptativa de tal clase social…

Lo cito textualmente;

_”A medida que la nobleza se debilitaba en términos políticos y, en consecuencia, el campesinado se fortalecía, era razonable que la nobleza temiera que las circunstancias enfilaran hacia un “paraíso de Kulaks”. Surgió la necesidad de una estrategia para cambiar el curso de las cosas, la estrategia se encontró (o surgió). Fue la transformación del sistema feudal en una economía-mundo capitalista, la adopción de un método de producción diferente donde los productores directos pudieran obtener la plusvalía de manera más indirecta y menos visible que la anterior.

La estrategia implicaba “reconvertir” a los señores feudales en empresarios capitalistas, primero en la agricultura pero también en la industria, comercio y finanzas. Lejos de que la burguesía derrocara a la aristocracia, ésta se convierte en burguesía...”

(“Impensar las Ciencias Sociales”: I. Wallerstein; 1992, p. 64).

Èlite bancaria global; el disfraz “moderno” de la aristocracia medieval.

La consecuencia lógica de lo planteado por Wallerstein es brutalmente sencilla; significa que el proceso político más importante que se ha dado a nivel mundial en los dos últimos siglos, es decir, la conformación de los Estados nacionales (tanto en su primera fase “independentista” del siglo XIX, como en su segunda fase descolonizadora de mediados del siglo XX), ha sido en gran medida posible gracias al papel crucial que ha jugado esta aristocracia bajo su nuevo manto de financista.

Pero no son únicamente dos siglos de protagonismo histórico. En realidad es más largo ese período.

El hecho es que el actual aparato inter-estatal (incluyendo sus numerosas agencias nacionales e internacionales de apoyo inter-gubernamental), existe porque de previo ha habido una fuerza política y económica jugando tras bambalinas un papel silencioso pero catalizador, involucrada en la financiación de los proyectos históricos más importantes de los últimos 5 siglos, que van desde las expediciones y la colonización emprendida por Cristóbal Colón hasta la llamada “guerra de las galaxias” emprendida por Reagan en los años ochenta, pasando por las luchas independentistas de numerosas colonias del continente americano, y por una larga lista de todo tipo de revoluciones armadas en África y Asia.

Cualquiera que haya leído algunos de los trabajos más importantes de Hobwsbawn, Galeano y de Toynbee, sabe que las batallas cruciales para que muchos de los acontecimientos históricos del gran período citado pudiesen triunfar, no siempre se libraron en los campos de combate como se ha enseñado en las escuelas y universidades, sino en las oficinas y residencias de los barones de la élite bancaria internacional, particularmente de la nor-europea (un caso ilustrativo más no aislado en Latinoamérica es el de Brasil, cuya independencia costó graves endeudamientos en libras esterlinas sonantes y constantes).

Es más, Richard Coock, articulista de Global Research, en un reciente ensayo publicado por él sostiene que existe un mismo y único hilo rector que estaría detrás de acontecimientos históricos tan aparentemente dispares o divorciados entre sí, como el triunfo de la revolución soviética en 1917, y lo que él denomina como “el actual colapso intencional de la economía de los Estados Unidos”, arreciado a partir de agosto del 2007…(“Extraordinary Times, Intentional Collapse, and Takedown of the USA”; Richard Coock; Global Research, May 10 th, 2008).

Visto un poco a la ligera, pareciera una locura aseverar que tanto Lenin como Trotsky (reconocido éste último por la historia como el “padre fundador” del Ejército Rojo de la ex Unión Soviética), hayan recibido importante financiamiento de la banca suiza, o aseverar que Ben Bernanke (actual presidente de la todo poderosa Banca de la Reserva Federal de los EEUU), lejos de velar por lograr la salvación de la economía del imperio, han hecho a drede todo lo posible por ayudar a hundirla más rápido, en especial con su falta de decisiones claras frente a la crisis de estos tiempos (R. Coock, artículo Citado).

Por supuesto que no se trata de reducir los complejos procesos históricos a meras conspiraciones bancarias. Ello significaría ser muy simplista y hacer a un lado más de 150 años de desarrollo teórico y epistemológico en las Ciencias Sociales Históricas.

Se trata simplemente, de revisar ciertas insuficiencias analíticas que desde la academia oficial se ha adolecido, fallando al dejar de lado la concurrencia de otros factores políticos imposibles de ignorar en el análisis histórico, particularmente, en la interpretación de los períodos “de larga duración” (“longue durèe”) como les denominaba Braudel.

Sin embargo, una cosa es cierta. La élite financiera internacional hunde sus raíces en las primeras familias medievales dedicadas a la usura (de las cuales los Rothschild fueron durante un par de siglos hasta hace apenas muy pocos años (1798 a 1996 aproximadamente), apenas uno de los tantos símbolos emblemáticos tardíos y expresión moderna de la más antigua aristocracia originada en el medioevo, y fortalecidos durante las subsiguientes fases del capitalismo industrialista y bancario del siglo XIX y parte del XX), y han estado influyendo de manera decisiva en una enorme multiplicidad de hechos históricos alrededor del mundo.

Después de todo, podemos preguntarnos; ¿Qué tiene de extraño que esto sea de esa manera? Bien vale la pena recordar que mucho antes de el Estado existió la propiedad privada, y mucho antes que ésta ha prevalecido la familia como célula básica, cuya influencia en muchos casos trasciende los meros aspectos sociales para traslaparse con lo económico y lo político, algo que dejara muy bien documentado Engels.

De tal manera que una primera conclusión en este artículo es que la nobleza aristocrática no se ha ido totalmente. Por supuesto que funcionalmente ha evolucionado, pero en su esencia concentradora/acaparadora de capital sigue vigente. El Estado moderno no ha hecho sino camuflarla.

¿Dónde estamos?

¿En qué punto o momento histórico nos encontramos?

Muy en consonancia con la conclusión arriba expuesta, debemos decir que uno de los fenómenos económicos y políticos más importantes y trascendentes del actual momento histórico, se refleja en el poderoso proceso de hiper-concentración de capitales, cada vez en menos y menos manos (o familias).

Para constatar esto basta con citar los datos proporcionados por Jean Ziegler durante la presentación pública de su libro “El Imperio de la Venganza”, en Viena, hace unos tres años. En tal ocasión, Ziegler denunciaba que el 52 % de la riqueza mundial estaba en manos de apenas 500 empresas (J. Ziegler; cables de prensa; 03/10/05).

Se cita lo anterior sin reparar por ahora cuántas de esas 500 empresas están en realidad bajo poder de las mismas familias, independientemente de sus representantes formales o legales.

A la par de lo anterior, otro de los procesos clave de gran importancia que está teniendo lugar en estos momentos, lo constituye el ingreso del corazón del sistema mundo-capitalista a una etapa histórica denominada por el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), como la fase de “La muy grande depresión de los EEUU” (Ver; “Bear Stearns y las FARC; Economía política de la globafascistización”; edición No. 32 de Tulum).

Esto está muy a tono por lo dicho también en los análisis efectuados por Alejandro Nadal en varios de sus recientes artículos económicos, quien ha dicho que la actual crisis que se ha iniciado con fuerza en los Estados Unidos es de una gravedad incluso mayor que la de inicios del siglo XX (“Peor que 1929”; A. Nadal; La Jornada, México, 06/08/08).

Como una consecuencia directa de este escenario dominante a nivel global, estamos empezando a ver como se producen otros fenómenos conexos o concomitantes, tales como el reacomodo, el desplazamiento de viejos mega-capitales y la emergencia de nuevos.

Se menciona por ejemplo, el rescate de Bear Stearns, Fanny Mae y Freddie Mac, éstas dos últimas agencias que en los dos últimos trimestres perdieron el 76 % de su valor accionarial (“El mercado financiero mundial a pique de hundirse”; Michael R. Krätke; Sin- Permiso; 27/07/08), del First Priority, del IndyMac Bank Bankcorp (el cual entró en quiebra luego de que sus clientes a la vista del desplome de sus valores accionariales entraran en pánico y retiraran en sólo 11 días 1,300 millones de dólares), según M. Krätke (artículo citado), y la quiebra de 28 sucursales del First Nacional Bank of Nevada y del First Heritage Bank, entre otros sucesos recientes, son fiel reflejo de éstos fenómenos concomitantes.

Otros dos aspectos de estos fenómenos concomitantes de la nueva fase en la que ha entrado el sistema-mundo capitalista, está constituido igualmente por mega-fusiones de “última hora” (búsquedas dramáticas de evitar el colapso total), de grandes corporaciones transnacionales, como aerolíneas uniéndose con su feroz competencia a través de alianzas hasta hace poco totalmente impensables (el caso más reciente e ilustrativo es el de Iberia y British Airways; Reuters, 29/07/08).

El segundo aspecto arriba citado se refiere a la apertura forzada de mercados tradicionalmente cerrados para grandes capitales extranjeros, producto de la quiebra de muchas empresas norteamericanas, incluyendo al mismo Estado de Nueva York, que ha puesto en venta su propia infraestructura, tales como túneles, autopistas y hasta el mismo puente de Brooklyn.

Tal apertura está siendo oportunamente aprovechada por grandes capitales de España y otras localidades. Este conjunto de fenómenos y procesos están cambiando rápidamente la geografía económica del sistema mundial capitalista heredada del siglo XX.

¿Hacia dónde vamos?

La tercera pregunta de importancia en este artículo nos concita a otear en el horizonte cercano, acerca de los escenarios globales más probables que tendremos que enfrentar en el futuro inmediato y mediato.

Al respecto resaltan de momento 3 procesos globales claramente definidos y ya en marcha; la profundización de la ya incuestionable crisis global del sistema-mundo capitalista, la crisis transicional del neoliberalismo como política económica hegemónica, y el reposicionamiento de las piezas clave en la geopolítica global, esto último íntimamente ligado al nuevo reparto de los recursos y mercados del mundo.

En cuanto lo primero, el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP/E2020), en su boletín GEAB No. 26 fechado en el mes de junio de este año 2008, resalta un conjunto de tendencias que según sus investigadores dominarán los escenarios económicos y políticos para el último trimestre del 2008 y para los posteriores 4 semestres (año 2009 y 2010).

Entre ellas podemos citar de manera sintética a las siguientes;

(1) Un dólar en picada (EURO 1= USD 1.75 al final del 2008); el pánico por el colapso de la moneda y la economía de los EEUU penetra en la psiquis colectiva de los norteamericanos.

(2) Sistema financiero global: un imposible requerimiento; colocar a Washington bajo la supervisión internacional, provoca el rompimiento del sistema.

(3) Unión Europea: la periferia se hunde en la recesión, la Eurozona solamente se desacelera.

(4) Asia: el doble “mal de ojo”: colapso inflacionario/exportador (se incrementa lo primero y baja lo segundo).

(5) América Latina: las dificultades se incrementan pero el crecimiento económico se mantiene estable en la mayor parte de la región; México y Argentina entran en crisis.

(6) Mundo Árabe: regímenes pro-Occidentales a la deriva; 60 % de riesgo de explosiones y conflictos socio-políticos en el eje Egipto-Moroco.

(7) Irán: 70 % de probabilidades de un ataque para octubre (2008) se confirman (las posibilidades de un triunfo de Barak Obama sobre Mc Cain acrecientan el peligro).

(8) Burbujas bancarias especulativas: los bancos internacionales, y en particular, la banca de EEUU, quedará atrapada por burbujas financieras convertidas en verdaderas “bombas” financieras.

En cuanto al segundo macro-proceso global (la crisis transicional del neoliberalismo como política hegemónica mundial), es evidente que el “Consenso de Washington” ha entrado en una profunda etapa de revisión por parte de sus principales impulsores.

En América Latina, ésta política actualmente goza de un total descrédito, y es en Suramérica (paradójicamente la región del mundo donde el neoliberalismo experimentó sus triunfos iniciales a principios de los ochenta), ha encontrado ahora su bloque opositor más consistente (en particular, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela), con una sub-región mesoamericana ampliada (Centroamérica, México, Perú y Colombia), sin la capacidad suficiente de reaccionar acorde con la gravedad de su dependencia, y todavía sin poder rearticular sus economías bajo otras lógicas programáticas. Uruguay y Paraguay son en mi modesta opinión todavía grandes incógnitas.

De esa forma, muy a grosso modo (con las consabidas inexactitudes que se cometen con cualquier generalización), se observan dos grandes bloques geo-económicos y políticos en América Latina: uno de ellos lo constituiría el bloque de países que ya iniciaron la transición post-neoliberal, ya empezaron a diseñar e implementar nuevas políticas económicas y en los cuales las oligarquías criollas han sido parcialmente desplazadas de su tradicional control hegemónico del Estado.

El segundo bloque estaría constituido por el grupo de países que todavía no han podido iniciar el “desenganche”, ni en relación a las políticas neoliberales ya en profunda crisis, ni en relación al férreo control hegemónico de las oligarquías tradicionales sobre la conducción del Estado.

Georgia y Bolivia; la sed inextinguible por gas y petróleo.

En cuanto al tercer proceso global arriba citado (el reposicionamiento de las piezas clave en la geo-política global), habría que resaltar su evidente aspecto central prominente; la lucha feroz por el control de los recursos energéticos (gas y petróleo en particular). No es el único factor de ese eje pero si el más relevante en estos momentos.

Al respecto, me limito por ahora a resaltar dos “focos” geo-políticos relevantes en esta nueva lucha de reparto; el de Euro-Asia (con el Oriente Medio como punto neurálgico), y el de la región Andina-central (con vastas zonas territoriales de Bolivia, Venezuela, Perú y Brasil como puntos neurálgicos).

El reciente estallido bélico de Georgia se encuentra íntimamente ligado al foco euro-asiático (no es únicamente un asunto ligado al problema ruso de las amenazas del “escudo anti-misiles de EEUU en Polonia y, menos aún un problema limitado a conflictos étnico-autonomistas), así como el conflicto con Irán (donde no es un asunto exclusivamente ligado al problema de Occidente por las ambiciones nucleares de esa nación árabe).

Respecto al conflicto Irán-EEUU, no puedo de momento extenderme más en este artículo, pero quien desee informarse acerca de su trasfondo real (íntimamente ligado a las intenciones iraníes de abandonar el mercado internacional dominado por los petro-dólares, y de facilitar la creación de un nuevo mercado petrolero bajo la nueva égida de los “petro-euros”), pueden leer el artículo intitulado “The real reason why Iran is the next target: the emerging Euro-denominated Oil Marker”, de William Clark.

Respecto al “foco” andino-central, me limito a resaltar tan sólo uno de sus factores clave en estos momentos. Ese factor se llama Bolivia, y en particular, podríamos decir, está centralizado en la peculiar zona conocida por la “media luna” (compuesta principalmente por las provincias de Tarija, Beni, Pando y Santa Cruz).

Es evidente que en esta particular coyuntura latinoamericana, Bolivia a sido visualizada por los EEUU como el “eslabón más débil”, en su respectiva puja por la conquista de nuevos recursos energéticos en la región latinoamericana (Venezuela, Brasil y Argentina en cambio, son visualizadas como un “hueso duro de roer”, al que consideran solo podrán entrarle por medios militares directos y/o indirectos).

De tal manera que el peligro mayor en estos momentos (desde una perspectiva popular, nacionalista y latinoamericanista), se encuentra en Bolivia. Ayer mismo, el presidente Evo Morales (a tan sólo menos de 2 semanas de su triunfo en el referendo revocatorio del domingo 10 de agosto), ha denunciado públicamente las intenciones de los opositores atrincherados en la “media luna”, de emprender una guerra civil en el país (Telesurtv.net: 20/08/08).

Finalmente, la última pregunta planteada al inicio de este artículo;

¿Qué hacer?

Desde mi particular óptica, después del calentamiento global y la especulación financiera con los alimentos básicos, el principal desafío que enfrenta la humanidad hoy en día es resolver el dilema; multilateralismo ó globafascistizaciòn.

El multilateralismo significa, entre otras cosas, la emergencia de nuevas fuerzas económicas y políticas ajenas a los intereses del Concenso de Washington (en tal sentido se piensa inmediatamente en Brasil, Rusia, India, China, Argentina, Venezuela entre otros), al fortalecimiento de nuevas alianzas internacionales (se piensa inmediatamente en el extenso e importante grupo de países que conforman el Movimiento de los No Alineados –MNOAL-), y en el caso latinoamericano, al impulso y “aterrizaje” de nuevas alianzas regionales (se piensa inmediatamente en el proyecto del ALBA, del cual UNASUR, El Consejo Suramericano de Defensa y PETROCARIBE son solamente tres de sus componentes centrales).

La globafascistizaciòn, por otra parte, tal y como la he definido en otros artículos, significa el entronamiento de un “Nuevo Orden Mundial” bajo la hegemonía planetaria de la especulación financiera de Wall Street y la élite bancaria internacional y el keynesianismo militar del Pentágono (“Globafascistizaciòn, un concepto nuevo para un problema viejo”; Sergio Barrios; Ediciòn No. 35 de Tulum).

De nuevo, desde la perspectiva de los intereses populares y nacionalistas de América Latina, Asia y del resto del mundo, la única alternativa de construir poder real anti-hegemónico, es a partir del impulso, fortalecimiento y concreción del multilateralismo.

Eso que se dice tan fácil en cuestión de segundos, sin duda alguna pasa por la titánica e histórica tarea de construir una nueva arquitectura económica financiera, y por sobre todo, por la edificación de nuevos modelos económicos y comerciales basados en lógicas de mercado, al margen de la dependencia que durante muchos años se ha venido forjando alrededor de las reducidas èlites bancarias globales que desde hace no menos de 5 siglos vienen manejando los hilos de la geopolítica mundial y regional.

Lo dicho en éste último párrafo me obliga a retornar de nuevo y muy brevemente a Wallerstein, pues he mencionado la idea y necesidad de construir nuevos modelos económicos y comerciales basados en lógicas de mercado.

Lo que rige y/o domina en la actualidad en la economía mundial es el capitalismo, y no el mercado. Sin embargo, la mayor parte de las izquierdas (académicas, sociales y partidarias), y los sectores políticos pro-nacionalistas y pro-populares, no terminan de asimilar la enorme diferencia que existe entre ambas dimensiones económicas y tradicionalmente vienen confundiendo capitalismo con mercado, equiparándolos como dos valores o dimensiones iguales cuando no son lo mismo.

Dicho muy brevemente, el capitalismo es la zona de los monopolios y los oligopolios. El capitalismo es la zona del gran capital transnacional.

El mercado, por su parte, es la zona de lo micro, la zona de los circuitos económicos locales y comunitarios. El mercado es el micro-mundo de los pequeños productores y consumidores (I. Wallerstein; “El capitalismo: ¿enemigo del mercado?: capítulo 14; Op cit; pp. 222-226).

Un pequeño y sencillo ejemplo de esto se comprende fácilmente cuando observamos que existen alrededor de 500 millones de pequeños propietarios agrícolas en el mundo. Mientras que las gigantescas empresas transnacionales que dominan el llamado agro-business no llegan a las 35 unidades. Los primeros representan al mercado, mientras los segundos al capitalismo.

Por supuesto que la opción del multilateralismo va mucho más allá de la esfera económica (pues tiene importantes aspectos políticos, ideológicos, culturales, comunicacionales etc.), pero es indudable que en ésta particular coyuntura histórica (y particularmente para América Latina), el empuje del multilateralismo y su consecuente búsqueda de independencia política que la aleje de su tradicional y triste papel de mero traspatio o satélite, pasa primordial e ineludiblemente por la esfera económica y financiera.

La crucial importancia histórica de esto la ha comprendido a cabalidad el presidente Chávez, quien en la práctica con su propuesta del ALBA ha trazado para América Latina lo que bien se podría denominar como la “ruta crítica” del inicio de la segunda independencia para las naciones latinoamericanas.

Sin embargo, también es cierto que la propuesta del ALBA ha tenido y tiene aún muchas oposiciones e incomprensiones, las cuales preocupantemente no provienen únicamente de los naturales enemigos políticos de las propuestas nacionalistas y populares (las rancias y tradicionales oligarquías criollas, las transnacionales y el imperialismo).

Paradójicamente, cierta oposición proviene de una parte de los mismos movimientos y organizaciones de los llamados sectores de las izquierdas latinoamericanas, algunos pertenecientes a la constelación de los denominados “movimientos alternativos”, en especial, los que se han “atrincherado” en sus particulares demandas reivindicativas, con muy escasa voluntad política para levantar la vista hacia un horizonte político mayor.

Esto requiere mayor profundización y debate (pues en América Latina la relación entre Estado y sociedad civil tradicionalmente ha estado plagada de tensiones y desconfianzas), pero basta por ahora con señalar la falta de compresión cabal (mezclado con algo de indiferencia e ignorancia intencional), acerca de la importancia histórica que tiene en estos momentos la construcción estratégica de la única alternativa económica real que hasta el momento se ha articulado y presentado de manera coherente en América Latina.

Ningún “otro mundo” es realmente posible sin empezar a construir alternativas viables en la dimensión concreta y vital del micro-mundo cotidiano de la gente de a pie, la gente que vive las 24 horas inmersas en la denominada zona del mercado.

Alguna gente de las izquierdas latinoamericanas todavía no terminan de comprender que en este momento se esperan respuestas y alternativas económicas concretas y viables, y que la gente, las masas, o lo que muchos de ellos denominan como “nuestro pueblo”, están hastiados de verborragia política, quizás por que en eso la derecha tradicional ha sido durante siglos abundantemente generosa con ellos, especialmente cada cuatro o cinco años.

Dicho en otras palabras, todo lo arriba expuesto desemboca en la idea de que el denominado movimiento altermundista debería de buscar en la ruta crítica de la propuesta económica presentada e impulsada en el ALBA, la direccionalidad estratégica del infinito y fragmentario universo de movimientos y organizaciones que lo compone, estableciendo un marco general que regule y establezca los límites, alcances y los términos específicos de la alianza Estado-sociedad civil dentro del ALBA.

Es lo más lúcido (aunque no perfecto), concreto, viable e inmediato con que se cuenta actualmente en términos de propuesta económica alterna a la hegemonía del capitalismo en América Latina. Y habrà que ser muy arrogante para ignorarla como propuesta viable y operacionalizable.

Lo importante no es siempre lo urgente y/o lo prioritario. En estos momentos, para alrededor de 200 millones de latinoamericanos en situación de agobio económico y financiero, lo más urgente para ellos no son los planteamientos políticos.

Lo urgente ahora son los tres tiempos de comida para ellos y sus familias, la educación y salud accesible para los niños y niñas, el acceso a la vivienda digna, el agua potable, los ingresos y empleos regulares y dignos, el transporte barato y un mínimo de seguridad frente al desborde de la delincuencia común y el crimen organizado.

Nada de esto se puede lograr sin fortalecer la economía del verdadero mercado. Lo cual no puede obtenerse sin la construcción de nuevas redes comerciales y productivas, sin la creación de nuevas, más amplias y fuertes cooperativas de intercambio y consumo, sin el establecimiento de nuevos circuitos de comercio e intercambio que acerquen a los pequeños productores y a los pequeños consumidores, sin la creación y puesta en marcha de nuevas experiencias de ahorro y crédito productivo y de consumo al margen de la banca tradicional.

Nada de esto es absolutamente nuevo. Lo nuevo es la posibilidad de integrar estos esfuerzos locales en un marco regional impensable hasta hace pocos años atrás.

Y nada de lo anterior se puede lograr sin dinero. Y la ruta para conseguir ese “dinero semilla” está plenamente identificada y especificada en la propuesta del ALBA.

Pero hay que decirle a los señores y las señoras del movimiento alternativo latinoamericano, que hace falta menos dispersión temática y sectorialista, y por supuesto, hace falta más articulación y direccionalidad estratégica, lo cual requiere una pizca de humildad para poner sus demandas concretas gremiales y/o sectoriales al mismo nivel de importancia que las de los otros (as).

La autonomía del movimiento social y la especificidad de las demandas sectoriales y gremiales ya no puede seguir siendo un pretexto para no incorporarse al ALBA. Lo urgente se haya en articular esfuerzos con aliados estratégicos que tengan auténtica voluntad política, es decir, con los gobiernos nacionalistas y pro-populares tanto de nuestra región latinoamericana como del mundo entero pertenecientes al Movimiento de los no-alineados (MNOAL).

Nadie niega la importancia de la ruta política de la nueva independencia. Después de todo, Venezuela, Bolivia y Ecuador nos están dando ejemplo concreto de ello a través del proceso refundacional del Estado.

Pero está claro que para una buena parte del resto del continente las condiciones objetivas (y subjetivas) todavía no están maduras para empezar a transitar por esa vía. Por ello, en este importante conjunto de países atrapados todavía en la “jaula neoliberal”, lo económico se impone por ahora por encima de lo político, sin olvidar êsto ùltimo.

La economía es lo vital-urgente. Es hacia allí donde tenemos que voltear la mirada. Como ha dicho el mismo Wallerstein de una forma más o menos literal; “de los muchos marxismos que brotaron a partir de la crisis del único marxismo oficial (representado en el rancio stalinismo de mitad del siglo XX), debemos ahora empezar a transitar hacia la reunificación de toda estas propuestas que empezaron a proliferar como hongos a partir de los años sesenta” (I. Wallerstein, Op cit.).

Y ello requiere de síntesis. El ALBA por ejemplo, es una síntesis. En una ocasión tras largas horas de discusión con dirigentes soviéticos, uno de ellos le pidió a Lenin que resumiera en pocas y sencillas palabras su propuesta política del socialismo en Rusia, y él le respondió con la famosa frase; “son los soviets más la electrificación”.

Es decir, la edificación de la organización política para la instauración del nuevo Estado, y la construcción de la infraestructura económica básica para el despegue de la nueva economía.

Un nuevo Estado y una nueva economía. No es asunto de qué es primero, el huevo o la gallina. Es la construcción simultánea de las dos dimensiones. Ya no se trata de “esperar” ninguna “toma” del “poder”, porque éste ni es una bebida refrescante (o embriagante) ni siempre está donde muchos tradicionalmente creen que está.

¿Hay alguien en América Latina que se haya preocupado por sintetizar la actual propuesta del “socialismo XXI”? Creo que si, pero me parece un esfuerzo que se mira un tanto aislado y sobre todo, muy silenciado, en el cual no se está involucrando a los extensos sectores populares que podrían eventualmente constituirse en los sujetos sociales de tales propuestas.

Difundir y debatir sobre ello más allá de los foros y de los encuentros y cumbres sociales internacionales, es decir, en las calles con la gente de a pie, es importante. Se trata de que María, Juan y Pedro capten con facilidad la idea esencial, sin esperar a que un día salgan de la miseria y vayan a Harvard (o de que se lo expliquen por Internet).

O hacemos triunfar el multilateralismo o en muy pocos años se habrâ consumado la instauración global del Cuarto Reich.

 

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