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COSTA RICA.- Clases sociales, lucha de clases y estructura económica.

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"La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la luchas de clases". Carlos Marx y Federico Engels.

Por José René Tamariz Corea

Introducción

Para entender y comprender mejor la situación actual de Costa Rica, junto a sus particularidades sociales, económicas y políticas, es necesario analizar y reinterpretar dos acontecimientos históricos que han determinado, condicionado y estructurado la evolución del país hasta nuestros días. Esos dos hechos históricos son el conflicto político-militar del año 1948 y los del período de finales de los años 70 y mediados de los años 80, producidos por el proceso revolucionario centroamericano y el triunfo de la revolución nicaragüense en julio del año 1979.

 

Los marxistas costarricenses, incluidos los trotskistas, en sus diversas variantes, han sido incapaces de hacer una interpretación propia de los fenómenos políticos, sociales y económicos que hicieron posible la constitución de la llamada "Segunda República", originada por los sucesos de la lucha de clases más importantes de la historia nacional y que, hasta el presente, todavía, en gran parte, condicionan la situación de las clases sociales, la lucha de clases y la vida en general de Costa Rica.

Alrededor de los sucesos del año 1948 existen diversos mitos, muchos análisis académicos equivocados o bien limitados, falsas interpretaciones de uno y otro bando que se enfrentaron en el conflicto social, caracterizaciones diversas y otras especulaciones seudo-marxistas. Es más, algunos grupos de izquierda aceptan o le claudican a los análisis académicos u oficiales. El presente trabajo no pretende ser un análisis exhaustivo de todo el proceso político, social y económico del año 48 y todos sus antecedentes, sino fundamentalmente realizar una caracterización del fenómeno histórico, así como sus incidencias, repercusiones y consecuencias hasta la fecha sobre las clases sociales, la lucha de clases y los sujetos sociales y políticos de la revolución en Costa Rica.

Algunos Antecedentes del Conflicto Político-Militar del año 1948

Costa Rica vivió durante la década de los años 30 y 40 un espectacular ascenso de las luchas del movimiento obrero, campesino y popular, que se manifestó en grandes movilizaciones, un fuerte y poderoso proceso de organización sindical y política de los trabajadores, así como la realización de huelgas muy duras y fuertes como la de los bananeros en el año 1934. Según Jorge Emilio Regidor Umaña: "… es necesario… esbozar un intento de definir un periodo que responda a una perspectiva en la que el Sindicalismo sea el actor central, lo cual implica un esfuerzo por rescribir la historia desde un plano que recupera el actuar sindical y social durante el período en cuestión. En este sentido, creemos necesario que el período que va de 1934 a 1948 sea considerado como uno solo, toda vez que durante esos años da inicio un largo proceso de conflictividad social y sindical que culmina con una legislación laboral y de seguridad social y un cambio profundo de la estructura social costarricense…". (Regidor, 2003: 25 y 26). Las negrillas son nuestras. Nosotros coincidimos con Regidor en que desde la poderosa huelga bananera del año 1934 hasta el año 1948 fecha que estalla la guerra civil, debe ser considerado como un solo período, con flujos y reflujos del movimiento obrero, caracterizado por una intensa y prolongada lucha entre las clases sociales, en Costa Rica, que se manifestaron y expresaron bajo diversas formas, ya sean huelgas, movilizaciones, organización sindical revolucionaria y otras

De acuerdo con Marielos Aguilar "… el año de 1934 fue bastante representativo pues se llevaron a cabo por lo menos ocho huelgas. De éstas la mayoría ocurrió en las principales ciudades de la zona central del país, con la participación de trabajadores de obras públicas, zapateros, panaderos, sastres y litógrafos. Por su parte, los trabajadores del café de Turrialba y los obreros bananeros del Atlántico se destacaron por llevar a cabo grandes movimientos huelguísticos, como, por ejemplo, la conocida huelga bananera de 1934. Esa huelga bananera se desarrolló en el transcurso de los meses de agosto y setiembre para plantear un conjunto de peticiones básicas: eliminación del trabajo a destajo, jornada de seis horas para las labores más rudas, fijación de salario mínimo, pagos quincenales y en efectivo, pago de las horas extras, eliminación de la semana de fondo, viviendas dignas para los trabajadores ofrecidas por los finqueros, extensión de la Ley de Accidentes de Trabajo, dispensarios médicos para las fincas con más de diez obreros, regulación de los precios de las mercancías vendidas en los comisariatos de la UFCO, rechazo del contrato bananero Cortés-Chittenden y, por último, reconocimiento del Sindicato de Trabajadores del Atlántico por parte de la UFCO y del Estado". (Aguilar, 2009: 15).

De otro lado, es muy importante señalar que el movimiento político-militar encabezado por Figueres tuvo algunas características sui-géneris, en el sentido de que era un movimiento que tenía como objetivo último contener y derrotar el ascenso del movimiento obrero y popular encabezado por el partido comunista, pero que no pretendía destruir las conquistas sociales alcanzadas durante el período 40-48. Este ascenso del movimiento obrero y popular se concretó a nivel institucional en la incorporación de las llamadas Garantías Sociales a la Constitución Política, la aprobación del Código del Trabajo (27 de agosto de 1943) y la creación, entre otras, de instituciones como la Caja Costarricense de Seguro Social. Según Aguilar Hernández: "La reforma social impulsada desde el Estado por el presidente Calderón Guardia, y apoyada en el ámbito de la sociedad civil por las organizaciones de los trabajadores y la Iglesia Católica, contribuyó a polarizar las fuerzas sociales y políticas costarricenses como nunca antes había ocurrido en la historia nacional. En este caso, lo novedoso resultaba ser la amplia participación política de las clases trabajadoras, quienes por primera vez, habían cobrado un espacio importante que las convertía en sujetos de su propia historia". (Aguilar, 2009: 23).

Más adelante, Aguilar sostiene que: "El Centro de la pugna social agudizada desde 1942, indiscutiblemente era las Garantías Sociales y el Código de Trabajo. Los principales adversarios eran los cafetaleros, las compañías translaciones como Transportes Aéreos Centro Americanos (TACA), la Electric Bond and Share y la United Fruit Co; y en general, el sector patronal…". (Ídem).

Es muy importante señalar que "Al mismo tiempo que se hacía efectiva la promulgación de la legislación social, se constituyeron las dos centrales sindicales que nuclearon a los trabajadores de Costa Rica (CTCR) y la Confederación Costarricense de Trabajadores Rerum Novarum (CCTRN). Entre 1943 y 1948 lograron reunir a unos cien mil asalariados que constituyeron la base social de apoyo para la defensa de la reforma social". (Ídem: 27). Las negrillas son nuestras. La población económicamente activa (PEA) en el año 1948 era de 261 096 personas, quiere decir que, si el dato de Aguilar es correcto, entonces los trabajadores sindicalizados constituían aproximadamente el 38,3% de esa población, lo cual representaba una cifra bien alta de sindicalización, que nunca se ha logrado alcanzar desde esas fechas. Es necesario mencionar que la primera central era dirigida por el Partido Vanguardia Popular (comunista) y la segunda central era dirigida por la cúpula de la Iglesia Católica, para contrarrestar la influencia sindical comunista. En el año 1943 Monseñor Víctor Manuel Sanabria declaró que: "La autoridad eclesiástica está y estará empeñada en que se formen agrupaciones obreras y católicas y en ampliar las ya existentes, no precisamente para debilitar el movimiento de cohesión de las clases trabajadoras, sino para encauzar ese movimiento, en la forma que mejor convenga, dentro de los amplios derrotero marcados por las enseñanzas pontificias". (Regidor, 2003:27).

Por otro lado, es importante señalar que entre el año 1942 y 1943, se constituyó y desarrolló un pacto político entre las fuerzas gubernamentales, encabezadas por el presidente de la República, Rafael Ángel Calderón Guardia, y, el Partido Comunista, acaudillado por Manuel Mora Valverde. Ese pacto se forjó alrededor de la aprobación y defensa de las reformas sociales antes mencionadas y por las condiciones y política internacional de la Unión Soviética, de impulsar los frentes populares con aquellas fuerzas pro-estadounidenses, ya que ella mantenía una alianza con los Estados Unidos frente el nazi-fascismo.

En resumen, es muy importante destacar, que el sindicalismo formado y desarrollado durante toda esta etapa era muy beligerante y altamente politizado, es decir era un tipo de sindicalismo revolucionario ya que muchos de sus dirigentes y sectores de base eran militantes del partido comunista, especialmente los trabajadores bananeros, que eran la vanguardia del proceso de la lucha de clases en ese período turbulento de Costa Rica.

Por otro lado, los historiadores, Iván Molina y Steven Palmer sostienen que: "Los años de 1945 a 1948 se caracterizaron por una aguda confrontación política e ideológica. A pesar de una dramática recuperación económica, las clases medias urbanas atendieron el llamado de los miembros conservadores de la burguesía cafetalera y participaron en protesta contra el régimen. La confianza en el sistema político empezó a evaporarse y la detonación de bombas terroristas en las principales ciudades se convirtió en un evento normal. La creciente rivalidad internacional entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, después de 1945, proveyó el histórico contexto de guerra fría en el cual los opositores presentaron la colaboración del Partido Comunista con el calderonismo como una conspiración para establecer en Costa Rica el totalitarismo rojo".(Molina y Palmer, 2008: 9 y 10).

En el marco de esas condiciones políticas, económicas y sociales y, teniendo como pretexto, justificación y detonante el supuesto fraude en las elecciones del año 1948, por parte de la oposición, encabezada por Otilio Ulate y, la subsiguiente anulación de esas elecciones, por los diputados caldero-comunista en Congreso nacional, estalló el conflicto armado entre el gobierno de Teodoro Picado, apoyado por los comunistas, por un lado, y las fuerzas figueristas por el otro, integradas por "…elementos provenientes de diversos estratos de la población, tanto del campo como de las ciudades: intelectuales, pequeños propietarios agrícolas, estudiantes, empleados, etc". (Guerra, 1997: 127). En este campo militar se ubicó e integró la Confederación Costarricense de Trabajadores Rerum Novarum, así como la oligarquía y otras fuerzas reaccionarias.

Guerra Civil, Régimen Político, Gobierno y Derrota Histórica de la Clase Obrera.

La guerra civil del año 1948 que, tardó solamente cinco semanas, ha sido el único conflicto militar interno de carácter político que tuvo Costa Rica en el siglo XX y en el cual murieron más de cuatro mil personas, fue ganada por el bando del denominado Ejército de Liberación Nacional, dirigido por José Figueres Ferrer. El gobierno surgido del triunfo militar del figuerismo se denominó Junta Fundadora de la Segunda República. Esa junta de gobierno dirigida por José Figueres gobernó Costa Rica, por la vía de hecho, desde el mes de mayo de 1948 hasta noviembre de 1949, es decir durante 18 meses. El régimen que se instauró durante ese período fue de tipo bonapartista, ya gobernó solamente por la vía de decretos y de forma autoritaria. Obviamente el Bonaparte del régimen era José Figueres. Según Alberto Martén Chavarría, Ministro de Economía y Hacienda de la Junta Fundadora de la Segunda República: "La situación era muy difícil. Por un lado nos sentíamos omnipotentes, gobernando sin Constitución, a base de Decretos. Por otro lado, estábamos en la ruina económica, sin posibilidad de hacer obra pública. De ese caldo diabólico nacieron las ideas del impuesto del 10 por ciento al capital y la nacionalización de los depósitos del público". (Brenes, 1990: 31). Las negrillas son nuestras.

El escritor más crítico del proceso político-militar del año 1948 es Jacobo Schifter que, intenta realizar una caracterización del régimen político de ese período. Schifter sostiene que la guerra civil del 48 fue un "… intento abortado por establecer en Costa Rica un régimen corporativista-autoritario-transformista…". (Schifter, 1986: 137). Aunque esta categoría no es marxista, sin embargo, se aproxima a nuestro análisis, respecto a que el régimen de la Junta Fundadora de la Segunda República fue "bonapartista", haciendo alusión a la forma de gobernar por la vía de decretos, además de la represión sistemática que ejerció esta Junta sobre el movimiento obrero y otros sectores opositores. El término "transformista" hace referencia a nuestra caracterización de que esta Junta realizó una serie de medidas "reformistas", de cara a contener el descontento del movimiento de masas, pero a su vez de impulsar el desarrollo moderno del capitalismo costarricense.

El resultado final del conflicto político-militar del año 48, se constituyó en una grave derrota histórica de los trabajadores, sectores populares y el partido comunista (PVP), que ha marcado la historia nacional hasta nuestros días. El principal responsable de esta derrota política-militar del movimiento de masas es la dirección del Partido Vanguardia Popular de aquella época, encabezada por Manuel Mora, Carlos Luis Fallas y otros. La dirección del PVP, que prácticamente encabezaba la resistencia armada, se terminó rindiendo a las fuerza del Ejército de Liberación nacional, acaudillado por Figueres. Según José Figueres: "Mora era el dueño del gobierno desde hace varias semanas y de no haber sido por los comunistas el gobierno no hubiera hecho nada. El gran héroe de esos combates era Carlos Luis Fallas. Fallas peleó valientemente y tomó San Isidro de Alajuela, entre otras poblaciones…". (Guerra, 1977: 147 y 148). Es importante destacar que Carlos Luis Fallas, mejor conocido como Calufa, dirigió las milicias obreras de las bananeras, mejor conocida como Columna Liniera, que resistieron valientemente la ofensiva de las fuerzas figueristas.

De acuerdo con una entrevista brindada por Figueres: "Durante los nueve días que estuvimos en Cartago se aceleraron los preparativos para la toma de San José, pero ello seguramente nos iba a costar de dos mil a tres mil vidas… Yo creo que lo hubiéramos tomado, pero sobre un baño de sangre. Ese baño de sangre lo evitamos Manuel Mora y yo. Yo lo cité al Alto de Ochomogo, y Mora valientemente asistió. Y llegamos a un acuerdo, bajo un fuerte olor a cadáver. Eso fue muy dramático, la sesión de rendición, en el Alto de Ochomogo… Mora había mandado a proponer que nos reuniéramos y yo lo cité en ese lugar… para eso el tenía que pasar entre miles de sus soldados, y yo tenía que pasar entre centenares de gente nuestra, porque ellos siempre numéricamente eran superiores… Mora yo no sé que peripecias tuvo con los suyos para llegar solo con Fallas al lugar convenido… Mora propuso primero un gobierno de coalición, lo que a mi me pareció una gran falta de realidad… Como no me pudo convencer de que hiciéramos un gobierno de coalición para evitar la toma de San José, él estaba desesperado y decía que tenía que llevarles algo a su gente para desarmarlos… Entonces me propuso que marcháramos, los dos ejércitos juntos, a la frontera de Panamá, a detener a los gringos, cosa que yo creo que no era necesario. Lo cierto es que, en ese momento yo le dije que le iba a hacer otra propuesta: -Ustedes nos ha estado atacando a nosotros de reaccionarios –les dije- y de que queremos echar abajo la legislación social (que era la bandera de ellos) ¿qué me dice si nosotros les garantizamos que lo que hemos dicho en las proclamas nuestras no es propaganda sino de verdad, que vamos a respetar todo eso? Entonces ya se interesó y empezamos entrarle a los detalles.

– ¿Mantienen la Caja Costarricense de Seguro Social?-¡Por supuesto¡

– ¡Por supuesto¡

– ¿Mantienen el Código de Trabajo¡

– ¡Por supuesto¡ (…)

Pero en eso sonó una voz misteriosa, detrás de Mora. Era Carlos Luis Fallas, que dijo:

-¿Mantienen el Impuesto sobre la Renta? (…)

- ¡Lo aumentamos, carajo¡

Esa fue toda la intervención de Carlos Luis. (…)

(Guerra, 1997: 149,150 y 151). Las negrillas son nuestras.

De acuerdo con toda la información disponible, el partido comunista tuvo la capacidad de tomar el poder en el conflicto del año 48, pero la orientación de la Tercera Internacional Comunista, encabezada por Stalin, en esa época, era contraria a que sus satélites nacionales asumieran el poder en los países, sino que había que hacer gobiernos de frente populares, es decir gobiernos conjuntos con la burguesía. En su programa mínimo el partido comunista planteaba que la implantación del comunismo en Costa Rica "… no se pondría a la orden del día en el país, sin haberse realizado la revolución en las metrópolis". (Guerra, 1997: 66). 

El Partido Vanguardia Popular (PVP) o partido comunista terminó realizando una grande y grave capitulación en el conflicto político-militar del año 1948, ya que lejos de enfrentar con decisión a las fuerzas figueristas, terminó negociando la rendición y la entrega de las armas al Ejército de Liberación Nacional dirigido por Figueres. Según Cerdas Cruz: "Mientras que los comunistas, que llevaron el peso principal de la lucha (el Dr. Calderón-Guardia no llamó a sus partidarios a combatir sino hasta el 12 de abril), sostenían que tenían los hombres suficientes y parcialmente el armamento necesario para sitiar Cartago y derrotar a Figueres, el gobierno de Picado se dio por derrotado y optó por buscar una fórmula de rendición". (Cerdas, 2001: 205).

Las negrillas son nuestras. Efectivamente, de acuerdo con diversas informaciones el partido comunista contaba para el año 1948 con una fuerza de 12 mil hombres de extracción fundamentalmente obrera. (Brenes, 1990: 23). Por otra parte, la potencia y fuerza de los comunistas se manifestaba en el tiraje de su periódico llamado "Trabajo", el cual en el período del año 31-34 tuvo un tiraje de 4 000 ejemplares, llegando a 7 500 ejemplares para el año 1946. La rendición político-militar en el conflicto del año 48 le terminó costando al partido comunista su ilegalización, así como la represión sistemática y constante contra los trabajadores organizados en sindicatos independientes y en la central CTCR, dirigida por ellos.

Por otro lado, es muy importante determinar el carácter del nuevo gobierno surgido del triunfo militar del bando figuerista a partir de las políticas y medidas tomadas durante su mandato. Nuestra caracterización es que el gobierno a nivel de las medidas políticas adoptadas fue profundamente anti-obrero, anti-sindical y anti-comunista, es decir políticamente era un gobierno reaccionario. Por ejemplo: "Entre mayo de 1948 y noviembre de 1949, período en que gobernó la Junta, la legislación social fue letra muerta. La libertad de organización sindical fue gravemente irrespetada hasta el extremo de producirse una desorganización masiva, especialmente de aquellos sectores anteriormente afiliados en la CTCR. Sólo a manera de ejemplo, diremos que en octubre de 1948 el diario La Nación informaba sobre la disolución, durante los meses anteriores, de 163 sindicatos en todo el país, la mayoría de ellos de la ciudad capital. (Aguilar, 1989:74). Esa desorganización era producto de numerosos despidos de seguidores del régimen caído pero, fundamentalmente, del autoritarismo de los órganos policiales, lo cuales a menudo, irrumpían en reuniones sindicales para tomar presos a los presentes y decomisar cualquier tipo de propaganda. Las privaciones de libertad de los dirigentes sindicales que habían militado en la filas de la CTCR, fueron noticias casi diaria durante el gobierno de facto…". (Aguilar, 2009: 31).

Asimismo, la Junta de gobierno de Figueres "…llegó al extremo de tener que suspender las garantías constitucionales por las continuas manifestaciones callejeras, instigadas en parte, por los ulatistas que veían postergadas su aspiración de llegar al poder y también por la derecha, por los miembros del propio grupo con tendencias oligárquicas…". (Brenes, 1990: 31). Las negrillas son nuestras. Además, la Junta Fundadora de la Segunda República, entre otras medidas reaccionarias, ilegalizó al Partido Vanguardia Popular (partido comunista).

En síntesis, el gobierno de la Junta Fundadora de la Segunda República y los subsiguientes gobiernos, desataron una dura y brutal represión contra el movimiento obrero, el sindicalismo independiente y los activistas del Partido Vanguardia Popular. Víctimas de esa ola represiva fueron los maestros que habían apoyado a los regímenes anteriores, así como los empleados públicos en general, que fueron despedidos sin responsabilidad patronal, por el hecho de haber apoyado a los gobiernos anteriores. En el período que gobernó la Junta Fundadora "… se calcula que el número de refugiados políticos ascendió a 7.000 –casi el uno por ciento de la población. El número de presos políticos se calcula que fue de unos 3.000. Los asesinatos políticos son difíciles de confirmar, pero se informó de algunos en los periódicos: Seis miembros de Vanguardia Popular fueron ejecutados después de ser entregados en la cárcel de Limón bajo custodia de varios soldados para ser trasladados a San José". El caso más brutal fue el juicio de dieciocho acusados por la ejecución de ocho prisioneros políticos en Puerto Cortés, en la región bananera del sur de Puntarenas. Varios de los cuerpos habían sido mutilados". (Schifter, 1986: 114). En especial fue la represión hacia los trabajadores bananeros, por estar conducidos por el partido comunista. Por otra parte, el gobierno de facto de la Junta Fundadora y los demás gobiernos que le sucedieron, se encargaron especialmente de cortar toda la tradición organizativa, política y de lucha de los trabajadores costarricenses, logradas en la década de los años 30 y 40.

Las décadas de los años 50 y 60 representaron un severo y largo retroceso del movimiento obrero y sindical. Así que: "En la década de los cincuenta… el Estado asumió una actitud antisindical. Para ello el Ministerio de Trabajo recurrió al expediente de disolución administrativa de ciertos sindicatos, especialmente de aquellos que se proclamaron independientes de la CCTRN. Esa práctica fue inaugurada, precisamente, por el sacerdote Benjamín Núñez cuando, siendo Ministro del Trabajo de la Junta de Gobierno, inició el proceso de disolución de la CTCR". (Aguilar, 2009: 36). Más adelante se señala que "A partir de 1962, el Estado costarricense se abocó a profundizar el proceso de reforma social. No obstante, en lo que se refiere a la legislación laboral, la década de los sesentas no tuvo un significado particular e, incluso, podría considerársele como una etapa de estancamiento. Eso coincidió con la profunda desorganización sindical que se produjo en esos años debido a diversas causas: la persecución en los centros de trabajo por la falta de fuero sindical, la generalización del ambiente de la guerra fría, las pugnas ideológicas entre las centrales sindicales, las transformaciones cualitativas en la composición de las clases trabajadoras y, particularmente, la actitud despectiva del Estado frente a las reivindicaciones sindicales". (Ídem). Según Molina: "… En la décadas de 1950, 1960 y 1970, una serie de huelgas masivas revelaron que los sindicatos bananeros, estrechamente vinculados con el Partido Comunista, eran los más combativos del país. Las empresas y el Estado los premiaron por ese logro con un acoso sistemático y la represión de los líderes sindicales de las zonas bananeras". (Molina y Palmer, 2008: 30).

Según James Backer, desde el año 48 hasta el año 65, en Costa Rica, se vivió una "etapa de decadencia, fragmentación y debilidad" del movimiento sindical. Nosotros consideramos que desde el año 48 hasta el año 65 representa un período, no sólo de decadencia, fragmentación y debilidad del movimiento sindical, sino que son 17 años que se sufren las consecuencias de la derrota histórica que sufre el conjunto del movimiento obrero y de masas costarricense por la responsabilidad de la dirección del partido comunista. 

Por otro lado, debido a la profunda ruina económica en que se encontraba el país, como señala Martén, cuando tomaron el poder, se vieron obligados a realizar una serie de medidas de carácter progresivas en el terreno económico-social, que no estaban dentro de sus planes, así como mantener y respetar la legislación social del calderonismo, apoyadas y promovidas por el partido comunista, para evitar conflictos y levantamientos populares. Entonces, desde el punto de vista económico-social, el gobierno de la Junta Fundadora de la Segunda República, fue un gobierno reformista, ya que "… realizó diversas reformas… Su disposición más famosa fue la abolición del ejército… Figueres también nacionalizó los bancos y el sector de energía, negoció un impuesto más elevado a las exportaciones de la United Fruit Company y dejo intactas las reformas sociales. En este marco, una Asamblea Nacional Constituyente, convocada para que redactara la constitución de la llamada "Segunda República", terminó por reformar la vieja carta magna aprobada en 1871. Los cambios más importantes fueron la creación de un régimen de instituciones autónomas, del Servicio Civil y de la Contraloría General de la República. También se aprobó el sufragio femenino, se concedió plena ciudadanía a la población afrocaribeña de Limón y se estableció el Tribunal Supremo de Elecciones…". (Molina y Palmer, 2008: 11 y 12). El carácter reaccionario-reformista del gobierno del año 48, refleja las contradicciones del surgimiento de la llamada Segunda República

¿Entonces, cuál es la caracterización de los acontecimientos del 48? Según José Figueres Ferrer, ideólogo, estratega militar y principal jefe político del movimiento político-militar del año 48, los sucesos acontecidos en esa época fueron una "Guerra de Liberación Nacional", mientras que otros, ya sean participantes de los hechos del 48, como Alberto Cañas y muchos comentaristas la llaman "Revolución", algunos historiadores como Iván Molina y otros los denominan "Guerra civil",. Nuestra caracterización coincide con esta última posición. Por tanto, los enfrentamientos políticos-militares del año 1948 no fueron ni una "guerra de liberación nacional", ni una "revolución" y que dichos acontecimiento no estuvieron tampoco dirigidos por "revolucionarios" a comos sostienen algunos autores, incluidos, escritores críticos como Schifter. Para nosotros, se produjo una guerra civil en la que se enfrentaron dos ejércitos que reflejaban distintas clases sociales, de la cual salieron vencedores las fuerzas del llamado Ejército de Liberación Nacional, acaudillado por José Figueres. Sin embargo, profundizado la caracterización consideramos que el movimiento figuerista y su Ejército de Liberación Nacional fueron una especie de reacción político-militar de los sectores burgueses oligárquicos, otros segmentos burgueses menos poderosos y de la pequeño-burguesía representada por el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales en contra del ascenso de la clase obrera y del comunismo.

Por una lado, las fuerzas gubernamentales conformadas por las "… fuerza armadas, la burocracia gubernamental, los maestros e intelectuales de izquierda y unos cuantos miembros de la clase capitalista…". (Schifter, 1986, 107), junto al partido comunista que dirigía a sectores populares y clase obrera, principalmente, los obreros bananeros que conformaron las milicias populares. Según Jacobo Schifter de lado del Ejército de Liberación Nacional, dirigido por Figueres "… el principal apoyo durante la guerra provino de la oligarquía y de los legionarios extranjeros (…), junto con los profesionales de clase media…". (Ídem). Este mismo escritor, sostiene que el ejército de Figueres "… estaba compuesto de oligarcas terratenientes (Marshall, Martén, Figueres, Orlich) o profesionales de clase media y hombres de negocios (Facio, Benjamín Núñez, Bruce Masis, Madrigal Nieto, etc.). Era clara la falta de participación de la clase obrera…". (Ídem).

Consecuencias Políticas del Conflicto Político-Militar del Año 1948

Con base en todo la anteriormente expuesto y analizados, arribamos a algunas conclusiones de carácter políticas tentativas, que esperamos depurar y refinar en un próximo documento.

1. La abolición del ejército y su prohibición constitucional en el año 1949, constituyó una gran maniobra política de las clases dominantes de Costa Rica, detrás de la cual se ha erigido toda una ideología burguesa-reaccionaria, de pacifismo, civilismo, diálogo, negociación, democracia y elecciones para resolver y dirimir los conflictos sociales en el país. Ideología de la cual se hacen eco, no sólo los sectores dominantes, sino también los demás sectores sociales, incluidos, los trabajadores, las burocracias sindicales y la izquierda costarricense. Este proceso de Costa Rica como nación promotora de la "paz" se vio reforzada por el otorgamiento del premio Nóbel de paz a Oscar Arias por su mediación en el conflicto político-militar de Centroamérica.

2. Producto del triunfo del figuerismo en el año 48 y de los subsiguientes gobiernos que, supuestamente han desterrado los fraudes electorales, han promovido y privilegiado los procesos electorales y la democracia burguesa, como máxima expresión de participación de las masas en la toma de decisiones y solución de la problemática social y económica. La gran mayoría de las masas costarricense, siguen creyendo y confiando en los procesos electorales. De aquí, que ningún partido político revolucionario serio debe soslayar la participación electoral, como una forma de llegar y ser escuchados en ciertos sectores, principalmente, de la clase obrera y otros sectores oprimidos. No participar en los procesos electorales es la muestra más palpable del peor sectarismo y aislamiento político en que se encuentra el trotskismo costarricense.

3. Producto de la victoria figuerista del año 48 y de los gobiernos que le sucedieron se desarrollo, por parte de las clases dominantes, una ideología anti-sindical y anti-comunista, que asumen como suyas no sólo las clases burguesas y clases medias, sino incluso, sectores de la clase obrera. En Costa Rica, muchos trabajadores consideran que los sindicatos no sirven para nada y que constituyen organizaciones corruptas y privilegiadas, cuando luchan por convenciones colectivas. El colmo es que hasta la burocracia sindical le capitula a estos prejuicios burgueses. Se llega a niveles de claudicación a la ideología burguesa anti-sindical que la mayoría de organizaciones no se denominan sindicatos, sino asociaciones, uniones, frentes y otros nombres. Ejemplos de esto son: APSE, ANDE, ANEP, UNDECA, ASDEICE, UNEBANCO y muchos otros.

4. De la ideología anti-sindical del figuerismo, Alberto Martén, desarrolló una ideología reaccionaria nefasta para la clase obrera, el corporativismo solidarista, la cual parte de la conciliación entre las clases sociales (trabajadores y capitalistas) y la "paz social" en las empresas. El patrono concede a sus trabajadores un porcentaje a un fondo económico con el objetivo de a "ayudar" a los obreros en la solución de diversos problemas, a su vez, cada empleado también, de forma mensual, contribuye con un 5,33 por ciento de salario a dicho fondo. La mayoría de la clase obrera y de los trabajadores del sector privado está organizada en estos instrumentos de la patronal.

5. Los sectores burgueses, pequeño-burgueses y otros sectores sociales triunfantes del conflicto político-militar del año 48, se unificaron alrededor de posiciones ideológicas fuertemente anti-comunista, al grado tal que prohibieron, disolvieron y destruyeron toda la organización sindical que tenía vinculaciones con el Partido Vanguardia, así como que ilegalizaron a este partido político y prohibieron toda circulación de literatura marxista y revolucionaria. Esta ideología profundamente anti-comunista, a lo largo de los años, ha sido introducida e interiorizada por numerosos sectores de la población costarricense. Contra esta mentalidad y atraso de las masas costarricense, hay que trabajar contra-corriente, de ahí la necesidad de mantener una propaganda permanente de las posiciones políticas revolucionarias. 

Evolución de la Estructura Económica de Costa Rica, Sindicalismo y Solidarismo

De acuerdo con la información disponible: "La economía costarricense, alrededor de 1950, se puede caracterizar como muy poco diversificada, dependiente en grado elevado de la exportación de tan sólo dos productos: el café y el banano". (Carcanholo, 1981: 55). Ambos productos representaban el 91,8% del valor total de las exportaciones del país para el año 1950, el 31,3% correspondía al café y el 60,5% para el banano. No obstante lo anterior, según Carcanholo "… las plantaciones bananeras de Costa Rica, hasta fines de los 50, constituían un enclave con muy poca repercusión sobre la economía nacional. Hasta 1956 la actividad bananera se encontraba monopolizada por una compañía: la United Fruit Co., y las nuevas empresas extranjeras sólo llegar a tener importancia en la década del 60. Es indudable que las actividades bananeras en Costa Rica debido a su capacidad de generar renta diferencial, permiten la producción de un enorme excedente. Sin embargo, dada la estructura prevaleciente en esa actividad en la que domina el capital extranjero, que controla el transporte y la comercialización en el mercado mundial, el enorme excedente generado en la actividad puede ser fundamentalmente apropiado por el capital. De esa manera, las exportaciones bananeras llegaron a contribuir al resto de la economía del país de manera muy marginal". (Ídem). Hasta el año 1957, la actividad bananera constituía el 45,7% del valor total de las exportaciones, luego la situación varía y el café comienza a constituirse en la actividad principal. A pesar de que la actividad bananera no generaba grandes ingresos de divisas en el país, debido a que se quedaban en la casa matriz, contribuyendo de forma "muy marginal" a la economía nacional, sin embargo, el sector bananero era el sector más explotado de la clase obrera costarricense, tanto por los bajos salarios como por los ritmos de producción y las condiciones de trabajo en que laboraban los trabajadores.

Debido a todo lo anterior, los trabajadores de las bananeras constituyeron el sector proletario mejor organizado del país y, por ende, el más combativo, convirtiéndose en toda una época histórica del movimiento obrero, en la vanguardia y sujeto social de los procesos de la lucha de clases y de la revolución. Los trabajadores hacían huelgas salvajes, participaban en movilizaciones armados con sus machetes, combatieron militarmente en el conflicto militar del año 48 en milicias obreras, acaudilladas por el diputado y dirigente obrero, Carlos Luis Fallas. Es más, por temor a este sector de trabajadores, el Ejército de Liberación Nacional dirigido por Figueres, en su levantamiento militar la primera acción que hizo fue tomarse San Isidro, ubicado a 140 kilómetros de la capital. Según Tomás Guerra: "San Isidro se convirtió inmediatamente en el punto de contacto con el exterior, en la principal vía de abastecimiento de parte de los aliados, y punto de contención de los contingentes de trabajadores bananeros dirigidos por el Partido Vanguardia Popular, provenientes de las plantaciones del sur y que, por ese hecho, no alcanzaron a reforzar eficazmente la capital…". (Guerra, 1997: 140). A pesar de ser derrotados en el conflicto del año 48, los trabajadores bananeros continuaron peleando, con altibajos, en los siguientes años y décadas (1950-1960-1970) como señalan diversos autores, antes citados.

El desarrollo de la industria en Costa Rica durante el período que va desde la instalación de la Junta Fundadora de la Segunda República hasta el año 1963 fue muy lento, ya que "… Las preferencias de Figueres, demostradas en los seis años seis meses que estuvo sentado en la silla presidencial, así como de Ulate… fue la agricultura, con un sesgo por el café, mientras que la anunciada política proteccionista a la industria fue muy limitada. Esta desidia hacia el sector manufacturero no se produjo por falta de interés del grupo de empresarios que había ayudado a la toma del poder, para que a su vez, el Estado le ayudara a ser un grupo con poder. La actuación de la Cámara de Industrias, fundada en 1943, encontró grandes limitaciones ante la ausencia de una posición gubernamental clara respecto a la industrialización…". (Brenes, 1990: 100).

La industria manufacturera representaba en el año 1950 en Costa Rica el 10,4% del PIB. (Fernández, 1981: 91). Contrario a lo que se plantea entre algunos autores, en cuanto a que el proyecto figuerista era desarrollar el sector industrial, los datos estadísticos disponibles demuestran lo contrario. En realidad, la junta de gobierno figuerista y los subsiguientes gobiernos no fomentaron ni desarrollaron el sector industrial. Según Brenes: "A los 10 años de nacionalización bancaria, el 37% del crédito destinado al sector privado fue a parar a la agricultura… y de ese total, más de la mitad (51%) fue para el sector cafetalero, que les alcanzó para financiar casi el total de las fanegas cosechadas. Así el grupo de mayor potencia financiera siguió utilizando el instrumento, que supuestamente, había perdido con la nacionalización bancaria. La ganadería se mantiene con el 10% y en cuanto a la industria, el renglón que se convertiría en el polo alternativo del desarrollo costarricense, recibió el 10% del total, porción igual a la de la ganadería, que no ocupaba un lugar de privilegio en los planes oficiales". (Brenes, 1990: 99). El siguiente cuadro ilustra la poca importancia que tuvo la industria desde el año 1956 hasta el año 1963.

 

CUADRO No. 1: ESTRUCTRURA DEL CRÉDITO 1956-1965

 

Datos tomados de La Nacionalización Bancaria en Costa Rica.

 

Entonces, "El verdadero despegue de la industria ocurrió en 1963, cuando Costa Rica se unió al Mercado Común Centroamericano, el cual fue originalmente diseñado para integrar las estructuras productivas de la región y dotarlas de los beneficios de las economías de escala, al fomentar industrias sustitutivas de importaciones…". (Molina y Palmer, 2008: 32). Más adelante este mismo escritor señala que: "Durante una década, el crecimiento industrial fue vertiginoso: más de 100 compañías se formaron entre 1963 y 1975, la mayoría controlada por el capital extranjero. El peso de las industrias de tabaco, bebidas y alimentos fue menos aplastante a raíz del desarrollo de un sector químico y metal-mecánico. Con empresarios nacionales (el Estado inclusive) más interesados en la agroexportación, sin incentivos especiales para los industriales locales y dada la superior capacidad técnica, administrativa y fiscal de los inversionistas externos, el patrón foráneo de propiedad era inevitable". (Ídem). Ya para el año de 1983, el porcentaje del crédito del sistema bancario nacional representaba el 26,56% del total, lo cual reflejaba la orientación de industrialización de años anteriores.

Fue en el período de 1965 a 1979, bajo el influjo de los movimientos de izquierda latinoamericano y el proceso revolucionario abierto en Centroamérica, que el movimiento obrero costarricense reinicia su renacimiento, y proceso de reorganización y de lucha, que había perdido en la etapa anterior. Según Regidor: "Los años que van de 1965 a 1979 son de una gran riqueza para el movimiento sindical costarricense. Es una pequeña porción de tiempo en el que afloran gran cantidad de sindicatos en las instituciones del Estado… Debe recordarse que los sindicatos retoman, impulsan y manejan conflictos, es decir los sindicatos obligan a las jerarquías de las instituciones a negociar colectivamente… El sindicalismo en el sector público adquiere de esa manera una dimensión y posición importante y pasa a constituir la membresía mayoritaria del movimiento sindical… El protagonismo del nuevo sector sindical provoca dos fenómenos interesantes: por un lado los trabajadores incursionan la organización del sector privado, llegando a constituir varios sindicatos especialmente en la industria y en las plantaciones agrícolas. Recuérdese las huelgas en las plantaciones cañeras de Juan Viñas, en la Cooperativa Victoria en Grecia, en la fábrica Pozuelo, en la fábrica de ropa Romano, en la Ensambladora Automotriz, INAVE, etc y por supuesto las luchas y huelgas solidarias en las plantaciones bananeras, tanto en el Atlántico como el Pacífico… esas luchas emprendida por los sindicatos de los sectores público y privado, producen un efecto dinamizador en uno de los sectores más importantes del país, el sector campesino, que durante esa etapa experimenta una notable expansión organizativa, que se expresa en la búsqueda de tierra para trabajar, de caminos y puentes para movilizar sus productos, de mercadeo, crédito y asesoría técnica…". (Regido, 2003: 30). Las negrillas son nuestras. El proceso de reorganización sindical se manifestó en el aumento de las tasas de sindicalización en ese período, siendo que estaba organizada sindicalmente "… en 1963 solamente el 2,6% de la población asalariada… Para 1973, en cambio, esa cifra había aumentado a 10,9%... y en 1980 llegó a ser de 15%". (Aguilar, 2009: 40). Como se puede observar, el proletariado industrial entra en escena, mediante huelgas, en dicho período, lo cual demuestra el dinamismo de esta etapa para el movimiento obrero costarricense. Sin embargo, no logra avanzar debido a las direcciones político-sindicales reformistas y burocráticas

El sindicalismo surgido en esta etapa es un tipo de sindicalismo totalmente diferentes a los de los años 30 y 40, ya que estaba muy dividido y fragmentado, además de que adquiere características muy gremialistas que hasta la fecha actual no ha logrado superar. De otra parte, debemos señalar que en este período se produce un fuerte y poderoso proceso de ascenso de lucha del movimiento obrero, popular, campesino, estudiantil y de izquierda en toda Centroamérica que tiene profunda incidencia en Costa Rica, lo cual pone en riesgo la estabilidad política que había disfrutado la oligarquía y burguesía costarricense durante 25 años. De ahí que la burguesía costarricense hace la maniobra política de legalizar al Partido Vanguardia Popular (PVP) en el año 1974, para utilizarlo en la contención del poderoso ascenso del movimiento de masas que experimentaba Costa Rica.

La etapa de finales de los años 70 e inicios de los ochenta fue de triunfos revolucionarios y de una situación revolucionaria en toda el área centroamericana. En julio del año 1979 había triunfado la revolución nicaragüense, El Salvador se encontraba en plena guerra civil y Guatemala estaba en un proceso de guerra de guerrilla muy fuerte, mientras que Honduras era utilizada por el imperialismo yanqui como un bunker contrarrevolucionario en Centroamérica y Costa Rica, que se encontraba en una fuerte y profunda crisis económica, corría el riesgo de caer en la vorágine revolucionaria. De ahí que el imperialismo estadounidense monto un poderoso operativo en Costa Rica para evitar que cayera bajo la férula revolucionaria y utilizarla, con efecto demostrativo, como una vitrina democrática a nivel centroamericano e internacional en contra de la revolución centroamericana.

El imperialismo envió a Costa Rica a un sector especializado de la Agencia Internacional de Desarrollo (AID), cuyo objetivo era monitorear, contener y desmontar el proceso revolucionario en Centroamérica. El objetivo inmediato era evitar que en Costa Rica se desarrollara la crisis y entrara en una situación revolucionaria y, luego, utilizar a este país como vitrina democrática en contra del proceso revolucionario en Centroamérica. El modelo económico que se fue desarrollando a partir de los años 48 hasta los años 80, tuvo un drástico viraje y cambio con el modelo económico impulsado e implantado, desde los Estados Unidos, por los funcionarios y tecnócratas de la AID. A partir de este modelo denominado "promoción de las exportaciones", la vieja economía comienza su debilitamiento hasta convertirse en minoritaria en la actualidad. Según el economista Vinzenz Schmack: "En los años ochenta, durante los gobiernos de Luis Alberto Monge (1982-1986) y Óscar Arias (1986-1990), Costa Rica recibió una enorme ayuda de parte de la USAID (Agencia Internacional de Desarrollo). El monto total arroja la impresionante suma de US$1.050.000.000. Con esta ayuda, todo en forma de donaciones, el país se levantó rápidamente de la severa crisis que dejó el gobierno de Carazo". (La Nación, 5 de setiembre del 2009, página 34 A).

Esto que decimos y sostenemos, en cierto modo y forma diferente, también lo plantea Lidiette Brenes, cuando afirma que: "Fue evidente en todo este proceso de instauración de un nuevo modelo la activa participación de la AID, porque, amén de los estudios y sugerencias, proveyó los recursos para sostener MINEX, CENPRO, CINDE, instituciones dedicadas a promocionar el plan de fomento de las exportaciones; también los fondos depositados en los bancos para llevarlos a cabo provinieron de la agencia norteamericana. Por otra parte, AID contribuyó en forma sustancial con el Gobierno de Monge a sostener el programa de estabilidad, otorgando préstamos para uso exclusivo de la balanza de pagos por casi $300 millones, así como algunas donaciones para otros fines. Su ayuda se hizo tan necesaria como grande fue su influencia en el ordenamiento de la finanzas y la economía, y sensibles sus atribuciones para exigir cambios en la legislación nacional. Ese es el caso de las reformas al artículo 62 de la Ley Orgánica del Banco Central, con las que equipararon los bancos estatales con los privados, en menoscabo del concepto de nacionalización bancaria.". (Brenes, 1990: 130). Más adelante se señala que: "Igualmente, fue su condición de venta de las empresas de CODESA… el paso definitivo lo dio la AID, al destinar una donación de $140 millones para su desmantelamiento, por medio de un fideicomiso administrado por FINTRA…". (Ídem).

En realidad, la AID funcionó como un poder supra-nacional, por encima de los poderes del Estados y las instituciones estatales: cambió leyes, impuso la banca privada, exigió la venta de las empresas estatales (CODESA), funcionó como un Ministerio de Hacienda, cambio el modelo económico del país, etc. El nuevo modelo económico, surgido a partir de los años 80, es un "baby" del imperialismo yanqui. 

 

Este modelo económico diseñado e implantado por los Estados Unidos en Costa Rica tenía un correlato en el terreno de la superestructura política, sindical y social en el país. El carácter profundamente anti-obrero y anti-sindical del Partido Liberación Nacional (PLN), desarrollado desde sus orígenes por este partido, se manifestaron nuevamente en este proceso, mediante el debilitamiento de las organizaciones sindicales y el fortalecimiento del movimiento pro-patronal denominado solidarista, ya que: "Las cifras sobre el crecimiento solidarista en Costa Rica a partir de 1979, resultan ser un indicador de la problemática de la organización laboral de las últimas dos décadas. Veamos: en 1979 se habían constituido 98 asociaciones solidaristas en todo el país. Cinco años después, en 1984, ese número había aumentado a 610. En 1989 casi se habían duplicado, pues para entonces existían 1.175 asociaciones solidaristas. En 1993 sumaban en total 1.395 asociaciones… Esas asociaciones solidaristas se ubicaron, especialmente, en la empresa privada, pues de las 1.395 que existían en 1993, 1339 estaban ubicadas en ese sector…". (Aguilar, 2009: 47 y 48).

El desarrollo y avance del neoliberalismo en Costa Rica a lo largo de la década de los 90 y la década de los 2000, hacen que el movimiento sindical siga retrocediendo y la izquierda revolucionaria, de conjunto continúe siendo marginal. El siguiente cuadro refleja el proceso de debilitamiento de las organizaciones sindicales en Costa Rica en la década de los 2000 y el proceso de crecimiento de las organizaciones pro-patronales del movimiento solidarista.

 

CUADRO No. 2: TASA DE SINDICALIZACIÓN Y SOLIDARISMO

Tomado del Estado de la Nación número 15. Octubre del 2009.

 

Como se puede notar, la tasa de sindicalización que había sido del 15 % en el año 1980, desciende al año 2008 a un 8%, es decir una disminución del 7%, lo cual demuestra el proceso de debilitamiento y declinación del sindicalismo en Costa Rica, producto de la imposición del modelo neoliberal, así como la derrota política que sufrió el movimiento de masas costarricense en el referendo del TLC en el año 2007. Cabe destacar que Costa Rica vivió, a pesar de estar instaurado el modelo neoliberal desde mediados de los año 80, un fuerte ascenso del movimiento de masas, con marchas y contramarchas, que se inició en el año 2000 con la lucha denominada como "Combo del ICE" y, que luego se prolonga con la lucha en contra del TLC por varios años, hasta ser derrotada en las elecciones de octubre del año 2007, mediante el referendo.

Sobre el número de organizaciones solidaristas, el número de afiliados y el peso económico de ellas, existen cifras contradictorias. Según el Estado de la Nación para el 2008 existían 1 245 asociaciones y 266 974 afiliados, pero Juan Rafael Espinoza, catedrático del Instituto de Estudios del Trabajo de la UNA, sostiene que existen "más de 1.600 asociaciones solidaristas que funcionan en el sector público y privado, con más de 425.000 afiliados y que son propietarios de un capital social cercano a $3.500 millones…". (La Nación, 23 de marzo del 2010, página 35 A).

Durante la década de los años 2000, el sector de trabajadores que juega un rol de vanguardia en la lucha contra la privatización de las telecomunicaciones son los trabajadores del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), junto a otros sectores que se solidarizan con esta lucha, pero que también, en muchos casos, son afectados por las políticas neoliberales y se suman a este proceso de conjunto con sus reivindicaciones, demandas y consignas: docentes, campesinos, estudiantes, dueños de pequeños talleres de mecánica y otros. Al final de cuentas, por las graves políticas de claudicación a la democracia burguesa de la dirección sindical y política de este ascenso, el movimiento termina en una fuerte derrota política y retroceso de la lucha de clases que en la actualidad enfrentamos.

Es tan grave la derrota de los trabajadores que las organizaciones sindicales del ICE, aunque formalmente existen, no tiene ninguna capacidad real de movilización. Otro caso que confirma esto que sostenemos es la derrota del sindicato SINTRAJAP que aglutinaba a los trabajadores de los muelles de Limón, como se sabe el gobierno construyó, con la ayuda de trabajadores traidores, un sindicato pro-gubernamental con el cual se pactó la venta de los muelles al capital transnacional. En la actualidad nos encontramos con una crisis muy grave del sindicalismo en el sector gubernamental. La introducción, por parte del gobierno anterior, a la Asamblea Legislativa del denominado "Proyecto de Ley General de la Relación Pública de Servicio", tiene la intención no sólo de hacer pagar el déficit fiscal a los trabajadores del sector público, sino también de liquidar la poca organización sindical que queda en el sector gubernamental.

Por otro lado, producto de la imposición final del neoliberalismo en Costa Rica, la estructura económica cambia radicalmente. El viejo modelo económico de los años 50-60-70, que era de la persistencia de la agricultura tradicional y de la industrialización y sustitución de las importaciones (ISI) cepalino se transforma en el denominado "promoción de las exportaciones". Con base en ese cambio, el informe del Estado de la Nación del año 2009 hace una reclasificación de la economía nacional en nueve sectores a los cuales denomina como parte de la "vieja economía", "nueva economía" y un "tercer sector de servicios". Por considerar de importancia, para efectos de análisis político, esta reclasificación citamos la caracterización de los técnicos de ese informe: "La denominada "vieja economía" comprende las actividades agrícolas e industriales orientadas al mercado interno y la producción exportable que el país había consolidado a finales de la década de los setenta del siglo XX. La "nueva economía" se asocia al dinamismo exportador de productos no tradicionales, la creación y consolidación de zonas francas y los nuevos servicios. Existe además un tercer sector conformado por actividades de servicios que apoyan tanto a la vieja como a la nueva economía, y que son afectadas, al mismo tiempo, por el desarrollo de éstas, como por ejemplo el sector financiero. Este macrosector opera como una "bisagra" entre ambas economías". (Estado de la Nación, 2008: 322).

 

 

CUADRO No. 3: RECLASIFICACIÓN DE LOS SECTORES DE LA ECONOMÍA COSTARRICENSE.

 

Es necesario destacar que en el año 1986, las exportaciones tradicionales representaban el 56,1% de las exportaciones totales de bienes, pero descendieron al 11,1% en el año 2008, lo cual refleja el debilitamiento y decadencia de dicho sector exportador. En tanto, las exportaciones de otros productos no tradicionales, representaba el 43,9 de las exportaciones en el año 1986, ya para el año 2008 eran del 88,9% y, dentro de esas exportaciones, las de zonas francas fueron del 50,3%. Según el Estado de la Nación "… las exportaciones de bienes de Costa Rica son lideradas en un 52% por el régimen de zonas francas; de ese porcentaje, el 93% corresponde a exportaciones realizadas por empresas de capital extranjero. No existen cifras de la participación… en las exportaciones del denominado régimen definitivo; sin embargo entre ellas se encuentra el banano, un rubro muy importante en las exportaciones totales (680,2 millones de dólares en 2008) y la piña, que en su mayoría son exportados por empresas transnacionales. Todo esto indica que la participación de empresas de capital extranjero en las exportaciones totales del país es hoy mucho mayor que hace doce años… Si a lo anterior se agregan las exportaciones de servicios realizados bajo el régimen de zonas francas por empresas extranjeras, el aporte de éstas a las exportaciones totales del país es aún mayor". (Estado de la Nación, 2008: 174 y 175).

Como se puede observar, el crecimiento de las exportaciones en la llamada "nueva economía" es muy fuerte y concentrador. Además, casi la totalidad de las exportaciones, en este sector, están dominadas y controladas por el capital transnacional, lo cual significa que cualquier lucha de los trabajadores que se realicen en este sector será directamente contra el capital extranjero, principalmente, estadounidense. Según el diario La Nación: "De los diez principales productos de exportación de Costa Rica en los últimos cinco años, cuatro corresponden a bienes de alta tecnología, entre ellos microprocesadores, chipsets, equipos de infusión y transfusión de sueros y prótesis de uso médico". (La Nación, 28 de mayo del 2010, página 25 A). Las exportaciones de estos cuatro productos representaron el 32% de las exportaciones totales en el año 2009. Los otros seis productos principales de exportación fueron: banano, piña, medicamentos, textiles y confecciones, otras preparaciones alimenticias (concentrados para refrescos) y café oro o beneficiado. Estos seis productos de exportación representaron el 25,3% de las exportaciones totales del año 2009. De conjunto estos diez productos principales de exportación significaron el 57,3% de las exportaciones totales.

Por otra parte, hay que destacar que, dentro de esta nueva economía, el sector de servicios es el que más crece. Según un reporte del periódico La Nación: "Costa Rica se vuelca cada día más a producir servicios como las comunicaciones, los servicios financieros, de hoteles, de salud y educación, entre otros. En 1999, el 60% de la producción del país eran servicios, en el 2009 llegó al 68%". (La Nación, 10 de mayo del 2010, página 32 A). Entonces, quiere decir que el 32% restante de la producción corresponde a bienes o mercancías.

Desde el punto de vista económico, en cuanto a su peso en las exportaciones y, por ende, en la economía nacional, los sectores determinantes y estratégicos lo constituyen las zonas francas (52% de las exportaciones totales del 2008), esto incluye solamente mercancías, y, algunos productos del llamado régimen definitivo. En el orden de importancia de los bienes, en cuanto a las exportaciones en millones dólares, se encuentran los siguientes: microprocesadores (primer lugar), chipsets (segundo lugar), textiles y confecciones (tercer lugar), banano (cuarto lugar), equipos de infusión (quinto lugar), piña (sexto lugar), medicamentos (sétimo lugar), café oro (octavo lugar), otras preparaciones alimenticias (noveno lugar) y prótesis de uso médico (décimo lugar).

Los trabajadores que laboran el sector denominado de "alta tecnología" en el que se encuentran los microprocesadores, chipsets, equipos de infusión y transfusión de suero y prótesis de uso médico, constituyen un sector de técnicos muy especializados que, en general, reciben mejores salarios que el resto de sectores. El sector de textiles y confecciones fue golpeado con la crisis económica internacional y, en el laboran un numeroso sector femenino que, en términos generales, devengan salarios muy debajo de los hombre y muy super-explotado. 

El otro sector económico dominante y estratégico, en cuanto a la estructura de la producción nacional, lo constituye el de servicios que, como señalamos anteriormente, constituye el 68% del PIB. El sub-sector de servicios que más ha crecido en la década 1999-2009 fue el de "transporte, almacenamiento y comunicaciones", ya que pasó de representar el 10% la producción nacional en el año 1999 al 17% en el año 2009, debido al crecimiento de Internet y la telefonía móvil. (La Nación, 10 de mayo 2010).

La clase obrera y trabajadores, surgidos de la "nueva economía", constituye también una "nueva clase obrera" y "nuevos trabajadores", en su mayoría jóvenes que, en términos generales, no tienen ninguna experiencia, ni tradición de organización sindical, ni de organización política, ni de lucha.

La tradición de organización político-sindical y de lucha de los trabajadores de los años 30 y 40, fue cortada, desde sus raíces, primero por el régimen bonapartista de la Junta Fundadora de la Segunda República y, luego, por los demás gobiernos que le sucedieron. A su vez, las direcciones políticas de las organizaciones de izquierda, así como las direcciones sindicales y burocráticas, han promovido el apoliticismo, el gremialismo y la negociación con la patronal y el gobierno. Estas políticas han permitido y ayudado a que la mayoría de los trabajadores de la llamada nueva economía, estén dentro de las organizaciones solidaristas, que inculcan la ideología burguesa de unidad y conciliación entre las clases sociales. Obviamente esta ideología corporativista-reaccionaria, se encuentra sustentada por ciertas bases materiales y migajas que otorgan los patronos para mantenerlos controlados y que no luchen.

Entre esa bases materiales se encuentran las siguientes: "…conceden préstamos a sus asociados, para asuntos fundamentales, a tasas de interés más bajas que las del mercado; fomentan el ahorro de los trabajadores mediante el pago de intereses más elevados que los del mercado; pagan excedentes anuales a sus asociados, cuyas sumas en la mayoría de los casos, superan el monto correspondiente al aguinaldo…han contribuido y contribuyen de manera decisiva en la construcción de viviendas para los asalariados…". (La Nación, 23 de marzo del 2010, página 35 A).

Estructura Actual de las Clases Sociales

Tomando como base el estudio de los cambios en la estructura de clases sociales del Estado de la Nación, publicado en octubre del año 2009, que consideramos es un estudio empírico, hacemos una primera aproximación de readecuación de la clasificación de las clases sociales del Programa Estado de la Nación, siguiendo y atendiendo las categorías del marxismo. Aclaramos y enfatizamos que esta es una primera aproximación de carácter provisional, ya que estamos en proceso de estudio, discusión y revisión.

 

CUADRO No. 4: RECLASIFICACIÓN DE LAS CLASES SOCIALES

 

Según el Estado de la Nación: "Un primer hallazgo acerca de la estructura de las clases sociales en Costa Rica y su evolución durante los últimos veinte años, es que en ese período esta estructura se modificó sustancialmente. La sociedad costarricense es hoy mucho menos obrera y pequeña propietaria que antes; también es menos rural y más urbana. Cada vez son más las personas ocupadas en la gestión de procesos técnicos y administrativos con distintos niveles de complejidad: medianos empresarios y expertos, las clases intermedias y las clases altas…". (Estado de la Nación: San José, Costa Rica, octubre del 2009. Página, 305). Consideramos que esta afirmación tajante de los técnicos del Estado de la Nación es válida, parcialmente, en cuanto se trata del número porcentual y absolutos del proletariado agrícola, el cual ha disminuido numéricamente de forma sustancial. En relación al proletariado industrial, no existe un crecimiento porcentual durante 20 años, más bien hay una disminución muy pequeña, lo cual demuestra que hay un estancamiento del proceso de industrialización del país, que tiene que ver con el crecimiento y aumento del peso del sector de servicios en el país. Debido a la importancia, en cuanto a ubicar las clases sociales de carne y hueso, publicamos el siguiente cuadro parcial del Estado de la Nación.

 

CUADRO No 5: CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA DE CLASES DE LOS OCUPADOS

 

Aunque, como sostenemos anteriormente, no compartimos esta clasificación de las clases sociales realizada por los técnicos del Estado de la Nación, sin embargo, para efectos de nuestra política y de intervención en el proletariado costarricense, es muy importante conocer, tanto el porcentaje como los valores absolutos del número del proletariado que existen en al país, que en el caso de los obreros agrícolas e industriales, la información brindada por este estudio es correcta y válida. De conjunto el proletariado industrial y agrícola suma 418 948 personas. Como se puede observar, la caída más drástica es el del proletariado agrícola. Ambos sectores representan el 21,4% de la población ocupada de Costa Rica. Es necesario señalar que estas cifras son aproximaciones a la realidad, ya que los valores absolutos son calculados por nosotros con base en la información del Estado de la Nación, asimismo en otro apartado de este estudio denominado anexo metodológico, se plantea que el número de ocupados en la industria tradicional es de 120 504 trabajadores y en la industria de zonas francas es de 74 417, lo que al final suma una cantidad de 194 921 trabajadores. Entonces, el proletariado industrial oscila entre 194 921 y 270 163 trabajadores.

De acuerdo con el marxismo: "De todas las clases sociales que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria…". (Marx y Engels, 1998: 87). Entonces, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) sigue apostando a este planteamiento de los clásicos del marxismo. Sin embargo, dentro de ese planteamiento existen conjugaciones, alianza y unidad con otros sectores de trabajadores que son determinantes para el triunfo del proletariado en su lucha contra el sistema capitalista, a las cuales no se pueden renunciar ni descuidar para no quedar aislados. Como se puede notar con base a la información del cuadro número cinco, el proletariado es minoría respecto al conjunto de los ocupados y en relación al conjunto de la población, por lo tanto en el proceso de su lucha requerirá del apoyo y unidad indispensable de los otros sectores de trabajadores. Veamos lo que sostenían Lenin y Trotsky, respecto a la unidad y alianza con otros sectores importantes de la sociedad, necesarios e indispensables para el triunfo del proletariado sobre la burguesía.

Según Lenin: "El bolchevismo existe como corriente del pensamiento político y como partido político, desde 1903. Sólo la historia del bolchevismo, en todo el periodo de su existencia, puede explicar de un modo satisfactorio por qué el bolchevismo pudo forjar y mantener, en las condiciones más difíciles, la disciplina férrea necesaria para la victoria del proletariado. La primera pregunta que surge es la siguiente: ¿cómo se mantiene la disciplina del partido revolucionario del proletariado? ¿Cómo se controla? ¿Cómo se refuerza? Primero por la conciencia de la vanguardia proletaria y por su fidelidad a la revolución, por su firmeza, por su espíritu de sacrificio, por su heroísmo. Segundo, por su capacidad de vincularse, aproximarse y hasta cierto punto, si queréis, fundirse con las más grandes masas trabajadoras, en primer término con la masa proletaria, pero también con la masa trabajadora no proletaria. Tercero, por lo acertado de la dirección política que lleva a cabo esta vanguardia; por lo acertado de su estrategia y de su táctica política, a condición de que las masas más extensas se convenzan de ello por experiencia propia…". (Lenin, 2003: 9 y 10). Las negrillas son nuestras.

Por otro lado, Trotsky en la Historia de la Revolución Rusa sostiene que: "La ley del desarrollo combinado, propia de los países atrasados –aludiendo, naturalmente, a una peculiar combinación de los elementos retrógrados con los factores más modernos– se nos presenta aquí en su forma más caracterizada, dándonos la clave para resolver el enigma más importante de la revolución rusa. Si la cuestión agraria, herencia de barbarie de la vieja historia rusa, hubiera sido o hubiera podido ser resuelta por la burguesía, el proletariado no habría podido subir al poder, en modo alguno, en el año 1917. Para que naciera el Estado soviético, fue necesario que coincidiesen, se coordinasen y compenetrasen recíprocamente dos factores de naturaleza histórica completamente distinta: la guerra campesina, movimiento característico de los albores del desarrollo burgués, y el alzamiento proletario, el movimiento que señala el ocaso de la sociedad burguesa. Fruto de esta unión fue el año 1917". (Trotsky, 1982: 57 y 58). Las negrillas son nuestras.

La clase obrera costarricense, obreros industriales y obreros agrícolas, constituyen en Costa Rica los sujetos sociales de la revolución, los que deben dirigir el proceso revolucionario, pero en unidad muy estrecha con las masas trabajadoras no proletarias, a como diría Lenin. Ahora bien, el proletariado costarricense de carne y hueso que existe en la industria tradicional y zonas francas del país, es una clase obrera en si, no para si. En otras palabras, son instrumentos y materia prima de explotación y expoliación por parte de los capitalistas nacionales y extranjeros.

No tienen ninguna tradición de organización sindical, ni de lucha, ni de organización política revolucionaria. Es un proletariado novato y silvestre, desde el punto de vista de la teoría y práctica política revolucionaria. Los obreros costarricenses están imbuidos hasta los tuétanos de la ideología burguesa, tanto por la vía democrática burguesa como por la confianza en el legalismo, para resolver sus problemas y necesidades. Esto se demuestra en su participación, cada cuatro años, en los procesos electorales, así como las miles de demandas que ellos introducen en los tribunales de trabajo para reclamar sus demandas en contra de la patronal.

Hay que aprender de la experiencia del partido comunista costarricense de los años 30 y 40, que fue la primera organización política que logra organizar al movimiento obrero bananero. Este trabajo de los comunistas sobre los bananeros y sus múltiples movilizaciones y huelgas realizadas por ellos a lo largo de varios años, les ayudó a estos a convertirse en militantes comunistas, así como convertir al partido comunista en una fuerte organización política. Asimismo, debemos rescatar y reconstruir de los años 30 y 40 la tradición de formar y constituir el sindicalismo revolucionario que permita a la nueva clase obrera y los nuevos trabajadores, luchar contra los capitalistas y el gobierno y avanzar en su organización política mediante su incorporación activa y militante al partido revolucionario

Este tipo de trabajo sobre la clase obrera y los trabajadores es fundamental, desde el punto de vista estratégico e histórico, para la construcción del partido revolucionario, la movilización permanente de los trabajadores y la realización de la revolución socialista en Costa Rica.

 

 

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