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HONDURAS.- Crisis económica e inseguridad: flagelos cotidianos

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Por Sebastián Ernesto González

A menos de 4 meses de las elecciones del 28 de noviembre de este año, dos temas muy importantes para la población, y, que, al parecer, ningún partido da muestras de ofrecer soluciones inmediatas son la asfixiante crisis económica y la inseguridad en cualquier lugar que sea. Sin duda alguna que los dos problemas van muy ligados, y a estos se unen la pérdida de institucionalidad en todo el engranaje público, principalmente en los referentes a los operadores de justicia.

El alto costo de sobrevivencia

Los 12 años de existencia del régimen post golpe y liderado por el Partido Nacional a través de su máximo representante; Juan Orlando Hernández, han sido un vía crucis para el pueblo hondureño en que la inflación absorbió los miserables salarios y el precio de la canasta básica se ha disparado verticalmente en comparación con los salarios recibidos. Según el informe de la Secretaría de Trabajo, la canasta básica ha subido de 9,003.60 a 9,095.85 lempiras (en el periodo enero-abril de 2021). Es muy importante saber que los productos de la canasta básica solo incluyen 29 alimentos entre carnes, verduras, lácteos, granos, pastas y pan.

Mientras el salario mínimo en promedio a la misma fecha era de 10,022.04 lempiras mensuales, (+ 926.15 % en comparación con el precio de la canasta básica), las cifras en rojo muy rápido aparecen en cualquier hogar del país en el que solamente trabaje un miembro, inmediatamente se ven en crisis al agregar los costos de los servicios públicos, transporte, medicina, educación, vestimenta, vivienda, lo cual vuelve la existencia en vida al borde de la miseria.

En el 2020 el salario mínimo promedio fue de 10, 022.04 lempiras (variaron entre los 6,762.70 a 12,248.49 lempiras) y el que entró en vigencia a partir del 1 de julio del 2021 es de 10,422.98 (variando entre los 7,033.88 a los 13,228.37 lempiras). En Honduras se paga el salario mínimo de acuerdo al rubro y al tamaño de la empresa, según las cifras ya indicadas. Aun con este aumento la canasta básica se lleva casi la totalidad del salario.

A consecuencia de esta realidad que asfixia económicamente, los hogares se las ingenian para sobrevivir, en muchos casos la madre y el padre salen a trabajar y dejan a los hijos solos, en otros hogares los niños también van a trabajar, se ha incrementado la mendicidad y lo peor aún, muchos terminan delinquiendo.

Impunidad incide en alto grado de inseguridad

El otro tema que ahoga y deprime a la población es el alto grado de inseguridad, para el crecimiento de este problema tiene que ver con el crimen organizado y el narcotráfico, según organismos de derechos humanos “el crimen organizado es responsable del 65 % de las muertes violentas en Honduras, país donde la impunidad supera el 90 %”. LP (16/07/2021).

Según análisis correspondiente al primer trimestre del año y brindado por INFOSEGURA y financiado por USAID “alrededor de 9 de cada 10 homicidios ocurren en espacios públicos, las y los jóvenes de 18 a 30 años son las principales víctimas de homicidios, alrededor del 43% de las víctimas estaba entre estas edades y el mayor incremento en muertes corresponde al grupo entre 15 y 17 años”.

Honduras es calificado como uno de los países más violentos del mundo por el alto grado de violencia, pero a esto se suma el aumento en asaltos, delincuencia común, violencia doméstica, muy profundizados desde la época en que inició la pandemia en el 2019 y posteriormente a los huracanes Eta e Iota.

¿Trabajo y seguridad?

Una de las frases de campaña del partido gobernante y que la siguen pregonando es “Trabajo y seguridad”, sin embargo, no han tenido resultados positivos en ninguno de los dos temas; al contrario, las familias se encuentran en crisis permanente y ni en las mismas casas de habitación existe seguridad, mientras el régimen sigue haciendo del “trabajo” su eslogan para vender el territorio con el nombre de ZEDE y asegurar que serán las zonas más seguras del mundo, la población sigue resignada a que en noviembre exista un cambio de régimen, sin embargo, hasta ahora, nadie parece encontrar la luz al final del túnel.

La población debe movilizarse para exigir la refundación del país y lo primero es adecentar los organismos operadores de justicia como la Corte Suprema y la fiscalía, que, por ahora, solo muestran estar al servicio de la dictadora totalmente sostenida por los militares.

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