Por Marcos Galicia

¿Por qué el congreso no aprueba un Estado de Calamidad en medio de una crisis climática? Las recientes lluvias en el país han provocado pérdidas humanas y económicas. El presidente declaró un Estado de Calamidad el 8 de julio, para atender la crisis climática que atraviesa el país. Carreteras destruidas, municipios inundados, cosechas dañadas y un creciente número de casos de enfermedades respiratorias a lo largo del país son algunos de los motivos para esta solicitud.

Revisando qué es el Estado de Calamidad, el sitio web del Congreso de la República indica lo siguiente: “Artículo 15 de la Ley de Orden Público, la cual es ordenada por el presidente de la República y cuya función principal es evitar los daños posibles” haciendo referencia a daños por emergencias o fenómenos naturales. Pese a los desastres que ocurren por las lluvias, el congreso -con la mayoría de oposición- improbó el jueves 11 el Estado de Calamidad, retrasando las acciones necesarias para prevenir o mitigar daños.

La más reciente fue en abril del presente año, en el cual el presidente declaró Estado de calamidad debido a los incendios forestales y de basureros a lo largo del país. La medida sirvió para evitar que las personas se expusieran a la contaminación derivada de los incendios. Sin embargo, en esta ocasión la situación fue difícil. No olvidemos que el Congreso tiene mayoría de oposición frente al partido oficial “Movimiento Semilla” y que desde ahí también se están entorpeciendo las medidas que tome el Ejecutivo.

Sin embargo, durante el gobierno del infame expresidente Alejandro Giammattei, se aprobaron más de nueve Estados de Calamidad -y muchos de ellos con ampliaciones- y es necesario reconocer de inmediato que muchos de los negocios y transacciones durante dichos Estados fueron poco transparentes. Las “compras directas” fueron compras sobrevaloradas sin cotización ni fiscalización, que resultaron en focos de corrupción a lo largo de su estadía en la presidencia, y la pandemia por Covid-19 fue la excusa perfecta para beneficiarse a costas del dinero público mientras la población sufría los estragos de una pandemia y de la crisis climática.

¿Por qué el Congreso no aprueba el Estado de Calamidad cuando más se le necesita? Nuevamente la mala intención de entorpecer a este nuevo gobierno y además que en esta ocasión no existen “compras directas” en donde se beneficie una clase política corrupta. Las pérdidas humanas, comerciales y turísticas siguen su curso y pese a existir evidencia de que el país atraviesa una crisis climática, los diputados de derecha no ceden a la razón y prefieren mostrar un “logro” más como oposición mientras las personas siguen sufriendo por los fenómenos climáticos.

¿Es posible un Estado de Calamidad sin corrupción? Guatemala llegó a este punto de crisis después de 3 gobiernos que se dedicaron a saquear el erario público y a desmantelar la institucionalidad del Estado. La burguesía emergente que lucra a través de negocios con el Estado, coludida con políticos corruptos enquistados en el Estado, no esperaban la victoria del partido Semilla en las elecciones pasadas, ni el levantamiento popular de octubre, por lo que están en una ofensiva para entorpecer las acciones del actual gobierno y eventualmente removerlo del poder.

Durante los tiempos de Giammattei, los Estados de Calamidad se aprobaban rápidamente, pero en esta ocasión atestiguamos cómo se improbó una solicitud en medio de una crisis contundente para el país. La crisis climática ya está aquí y las consecuencias del cambio climático impactarán fuertemente en la región centroamericana en los años venideros. La corrupción ha demostrado ser un estorbo para mitigar y prevenir los daños de los fenómenos climáticos.

Otra tormenta se encuentra en el país y el sistema de justicia se encuentra en el ojo. Hablamos de la elección de cortes en el organismo judicial. “Llueve sobre mojado” sobre la población guatemalteca que no solo debe adaptarse y hacerle frente a la crisis climática sino también a una ofensiva de los grupos oligarcas que se resisten a dejar el poder. Esta podría ser la oportunidad que estábamos esperando, de arrancar nuevamente las revoluciones abortadas, pese a que da la impresión de que estamos “al borde del abismo”.

Si no hacemos una pausa a las actividades que provocaron el cambio climático, el planeta hará una pausa por nosotros y eso implicará que la escasez de recursos puede llevar a la creación de nuevos conflictos. La conciencia ambiental es parte de la conciencia de clase, en donde las oligarquías representan una amenaza para la paz social y la vida en el planeta. No olvidemos los nombres de aquellos que vieron las advertencias -como la hambruna- e ignoraron las señales.

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