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GUATEMALA.- ¿Por qué hablamos de privatización de la USAC? (II)

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Por Joseph Manuel Alejandro Herrera

El rector no es nada más que un aprendiz de saltamontes, un motocaco de celulares en comparación con los que han robado el futuro nacional. Pero este aprendiz no es tonto, es ante todo un buen estudiante –no se niega el reconocimiento–. Se ha catapultado de la sombra que da la infamia, del quedarse después de las borracheras de estudiante a dormir en el suelo de los laboratorios de matemáticas de la facultad de Ingeniería, de ser un estudiante que solo contaba con el dinero para el pasaje, con su terruño familiar en el popular barrio La Florida, a ser el que busca con sus medidas privatizadoras y privativas de la educación, cerrar el paso a los que como él, en el pasado, muchas veces no tienen ni para las fotocopias, menos para la comida. Un desclasado clásico, un lúmpen que se avergonzó toda su vida de su origen de clase y bajo el maquillaje de la opulencia, de la compra de voluntades busca venderse ante todos, como la figurilla de éxito, como el mercader que es.

a) Los exámenes vocacionales, básicos y el PAP: Una verdad clasista disfrazada de ilusión académica

La privatización de la USAC es un proyecto de largo plazo; Murphy es solo el que lo capitanea en este momento, pero también el que busca profundizarlo, pues con la puesta en marcha de los exámenes básicos en el año 2005 solo se acentuó los métodos con los que se negaría el paso a las clases populares, de un país con una educación media pública –y también privada– destruida y puesta en manos de cualquiera que quiera lucrar con ella. La pobreza intelectual se acentúa con la pobreza material, que está por sobre el 60% de la población que vive con menos de tres dólares al día, y la mitad en extrema pobreza con menos de un dólar al día, según el informe de la CEPAL en el año 2018.

Por ejemplo, antes de efectuar los Exámenes de Conocimientos Básicos (ECB), se requiere pagar Q.100.00 –hasta 2018 eran Q.50.00– del examen vocacional, que no es otra cosa que una prueba encubierta de interés personales, académicos y profesionales, tras las que se esconden las verdaderas preguntas que realmente interesan a los neoliberales de la administración. Por ejemplo, las que versan sobre la posición social, económica y política, contestando desde el medio de trasporte, hasta si la casa donde se reside es propia o es alquilada, si tu familia es una familia tradicional, o es como los muchos cientos de miles que cuenta con solo una cabeza de familia, madre soltera o padre soltero; incluso si vives con terceros, como tíos o abuelos, con dos o tres hermanos. Si la educación media es o fue pública o privada, cuántos de los integrantes de la familia cuentan con trabajo fijo o temporal, si la familia gasta dinero en recreación y otros extras que demostrarían una estabilidad económica y abundancia que permite lujos por fuera del natural llegar al fin de mes de la mayoría de guatemaltecos.

Un examen que mediante los algoritmos de los programas que lo califican, va colocando en primero o en segundo plano, ya sea que un estudiante que vive bajo el nivel de subsistencia no podrá costearse los 5 años de universidad y esto se vuelve una carga para la USAC, ya sea que, a pesar de salir bien punteado en los ECB, la limitación socio-económica deja en una inestabilidad permanente, respecto a culminar la carrera; esto coloca en desventaja a algunos aspirantes, ante otros de mejor posición económica y social. Es así como estos exámenes han cumplido su fin concreto, que es rechazar a las clases populares, haciendo un lujo la educación, que es la herramienta clásica de la movilidad social que acaba con el círculo de la pobreza. En Guatemala la solución de los saqueadores es: el que pueda pagar la USAC que entre, el que no, aunque tengan buena calificación debe ir a trabajar a un Call Center o en otra maquila.

¡Pues la educación no es un derecho, sino un lujo!, esta fue la posición que sostuvieron los representantes en el Consejo Superior Universitario (CSU) ante la oposición estudiantil a la subida del costo del vocacional y del Programa Académico Preparatorio –PAP– a finales del 2018. Para todo aquel que no logre tener la papeleta de “APROBADO” que extiende el Sistema de Ubicación y Nivelación –SUN– a cada materia examinada en los ECB, se le invitará a iniciar el proceso para incorporarse al Programa Académico Preparatorio –PAP–. Éste, hasta finales del 2018, costaba Q350 por todos los cursos que se asignara el aspirante a estudiar en la USAC (Lenguaje, Mate, Física, Biología y Química); pero este año aumentó a Q.100 por cada curso y por cada uno de los diez meses que requiere el PAP para “nivelar al estudiante”. Entonces ahora se pagaran Q.1000 por cada uno de ellos. La retórica del CSU fue: los aspirantes no tienen derechos, pues no son estudiantes.

Hasta el día de hoy y desde el 2005 –año que se implementaron esas medidas por el padre político de Murphy, el ex rector Gálvez–, no se sabe ni el método, ni la escala de calificación que utiliza el SUN para examinar los ECB; incluso la extraña situación que significa que un estudiante tenga tres oportunidades para aprobarlas, pero nunca se le diga la nota final que obtuvo en cada una de éstas. Más extraño es el dedo con el que ha buscado tapar el sol el CSU, diciendo que a los estudiantes de escasos recursos que deban recurrir al PAP para nivelar sus conocimientos se les becará.

b) El Plan “mágico” de Seguridad, una lavada de cara criminal

Todo lo ya expuesto se sabe y se percibe por los ojos y los oídos, pero no alcanza a la consciencia. En cambio, algo más mundano que pasa por la percepción del tacto y del reconocimiento del medio físico, como lo son los famosos molinetes, no penetra la consciencia colectiva, pero si el interés particular del estudiante.

Por ejemplo, la gran mayoría del estudiante los ha visto no como una forma de privatizar la USAC, que debe estar abierta a todo el pueblo, sino como un obstáculo que hará más engorroso el ya anárquico ingreso al campus en las horas pico. La fluctuación es muy otra, pues el fin de los molinetes no es asegurar la convivencia y el espacio donde la comunidad sancalista se desenvuelve, sino el de controlar el ingreso de los estudiantes, saber a qué hora en promedio hacen uso de las instalaciones, pero también no se debe descartar que tales molinetes, más que una medida de seguridad, es una medida represión contra los vendedores informales que usan las instalaciones de la USAC, para buscar el pan de cada día, en una economía en estancamiento desde hace una década, donde el 70% de la economía vive en la informalidad del día a día.

Porque ese mágico plan de seguridad diseñado sin intervención de los diferentes estamentos que conforman la comunidad sancarlista, y elaborado por el reaccionario Ministerio de Gobernación, no dice en ninguna de sus líneas que hará cumplir la ley municipal para sacar los expendios de alcohol y drogas de las puertas de la USAC; estos, verdaderos focos de violencia que sustentan materialmente a las bandas del crimen organizado que roban carros, motos, amedrentan y acosan a estudiantes.

Lo que no escatima el plan es el gasto innecesario, 30 millones solo para implementar cámaras de reconocimiento facial, para reconocer al estudiante y no al delincuente, que no cuenta con carnet o que abiertamente le trabaja a la rectoría de turno, la transitoria y sus bandas afines, cuyos líderes son dueños de empresas de seguridad privada, a las cuales se les iba a encomendar sin licitación el cuidado de todos los sancarlistas. Micrófonos para espiar los lugares públicos, regresándonos de a poco al clima de guerra. Nadie dirá nada contra los botones del pánico, que hasta ahora tienen letreros que anuncian que no tienen software, incluso después de una pantomima de anuncio que ha causado más risa que comunicación efectiva, esperemos que no se queden en el limbo como los de otra empresa privada que iba a sacar al trasporte público de su perpetua crisis, el Transurbano.

c) La tercerización de la seguridad de la USAC

Nos lo han contado los guardias mismos, la administración públicamente detuvo la implantación de su mágico plan de seguridad, que buscaba tercerizar el servicio de guardia y seguridad, en beneficio de las empresas de los amigos del rector, los guardias y la seguridad de los chupaderos a las puertas de la USAC. Pero esta situación es agravada por la actual administración, amenazando a los guardias constantemente y recordándoles que ellos son la última generación de guardias. A esto le agregan que constantemente los hacen quedarse más tiempo después de concluido su turno, les mandan a cuidar el CUM en las patrullas chatarra que tienen, sin combustible. El puesto de coordinador de seguridad lo ostentaba el longevo Leonel Medrano, hasta la semana que siguió al asesinato del asesor legal de la transitoria a manos de dos de los guardias más viejos, razón por la cual se desarmó a todos los guardias y se sacó a Medrano como su jefe sobre el terreno, desterrándolo al Paraninfo Universitario.

Por ahora me quedaré en esta interrogante, pero en el siguiente artículo: ¿Qué engaños usan para que el estudiantado y otros sectores que serán afectados por ellas, la acepten e incluso la apoyen?  me prestaré a desmadejar los pasillos de la privatización, las formas y el fondo de los grupos de poder que se beneficiarán directamente de la venta de la educación pública universitaria; se tocará sin miramientos el acuerdo con la Cámara de la Industria de Guatemala (CIG) que sujetará a los estudiantes de E.P.S a las empresas de dicha gremial, alejando la Escuela Profesional Supervisada de su razón de ser, que es el servicio a la población guatemalteca y no su vinculación proto-fascista al capital, en una forma de ordenamiento corporativo de la sociedad.

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