11142018Mié
Last updateMar, 13 Nov 2018 8pm

HONDURAS.- Superar la derrota y desmoralización, organizando la resistencia y desobediencia civil desde los gremios, estudiantes y organizaciones populares

Star InactiveStar InactiveStar InactiveStar InactiveStar Inactive
 

Superar la derrota y desmoralización, organizando la resistencia y desobediencia civil desde los gremios, estudiantes y organizaciones populares

En la última década (2009-2018) se ha producido el mismo fenómeno cíclico en Honduras. Las masas salen a luchar, se enfrentan en la calle a las fuerzas represivas del gobierno, pelean heroicamente, hay presos, muertos y heridos, pero la lucha termina en una derrota. Por eso queda una sensación de desosiego e impotencia entre los sectores que salen a luchar, especialmente en la vanguardia juvenil y de izquierda.

La derrota de la lucha contra el golpe de Estado del 2009

Este ciclo de ascenso-derrota se produjo en la lucha contra el golpe de Estado del 2009. Después de dos años de movilizaciones, en mayo del 2011, el expresidente Manuel Zelaya y el gobierno de Porfirio Lobo firmaron el Acuerdo de Cartagena de Indias, por medio del cual se terminó de desmovilizar a la resistencia. Se produjo un “borrón y cuenta nueva”. El aparato del Estado quedó en manos de los golpistas. Zelaya priorizó el retorno a la “institucionalidad democrática” existente antes del golpe de Estado, por encima de las aspiraciones y las movilizaciones de las masas. De esta manera, se produjo una derrota pacifica del movimiento de masas, no tanto por las difíciles condiciones de lucha, sino auspiciada por el hecho que “desde arriba” Mel Zelaya ordenó la aplicación de los Acuerdos de Cartagena de Indias y la transformación del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) en la base de construcción del nuevo partido político Libertad y Refundación (LIBRE).

La derrota de la lucha contra el fraude electoral del 2017

El mismo ciclo de ascenso-derrota se ha vuelto a repetir, con connotaciones mucho más trágicas, en la reciente lucha contra al fraude electoral perpetrado por el Partido Nacional en las pasadas elecciones de noviembre del 2017.

A diferencia de las elecciones del año 2013, en esta ocasión la candidatura de Salvador Nasralla despertó el entusiasmo de un importante sector de masas, creando condiciones para superar la derrota del periodo anterior. Las bases del liberalismo rompieron la disciplina, no votaron por el candidato presidencial Luis Zelaya, y con ello se produjo un vuelco electoral que, sin lugar a dudas, daba la victoria a Nasralla. Una victoria que no fue total, ya que el Partido Nacional se recetó la mayoría dentro del Congreso Nacional y en las alcaldías.

Al conocerse los primeros indicios del fraude electoral, entre finales de noviembre y comienzos de diciembre del 2017 se produjo un estallido popular, una verdadera semi insurrección popular, un hecho histórico sin precedentes que no estaba en los planes de la dirigencia de la Alianza de Oposición contra la dictadura, encabezada por Mel Zelaya y el propio Nasralla. A pesar que la Policía se dividió y una buena parte de sus efectivos se negaron a salir a reprimir al pueblo, el Ejercito garantizó la represión y el Estado de Sitio para contener la ascendente ola de protestas populares

Esta semi insurrección popular desbordó a la dirigencia del partido LIBRE, y aunque Mel Zelaya no llamó abiertamente a la desmovilización (Nasralla si lo hizo con la firma de un acuerdo con la OEA el 29/11/2017, aunque después renegó del mismo), porque creía que la presión social les garantizaría la victoria electoral, tampoco supieron conducir el amplio movimiento social a la victoria.

Durante los álgidos días de lucha de la primera quincena de diciembre del 2017, nunca hubo una propuesta clara que unificara al movimiento de masas en torno a la tarea central de derrotar el fraude electoral. Hubo bandazos para uno y otro lado, en algunas ocasiones Mel Zelaya arengaba a las masas en lucha, en otras llamaba a la calma. La convocatoria a un “paro nacional” se hizo desde arriba sin la participación de las organizaciones sindicales y populares, lo que no garantizó la eficacia del mismo.

Cerca de la navidad del 2017, después de fracasadas negociaciones secretas de Nasralla con el Departamento de Estados de los Estados Unidos y con la Organización de Estados Americanos (OEA), éste le dio una estocada mortal a la lucha contra el fraude electoral, al manifestar que estaba dispuesto a reunirse con JOH y, en lenguaje confuso, afirmó que se retiraba de la lucha de la Alianza de Oposición contra la Dictadura. Estos giros y contra giros, pronunciados a veces con una mezcla de lenguaje claudicante y radical al mismo tiempo, provocó la desmoralización del movimiento de masas que todavía resistía en las calles.

El anzuelo del Dialogo Nacional

A partir el reconocimiento oficial del gobierno de Estados Unidos, en el sentido que Juan Orlando Hernández (JOH) era el ganador de las elecciones, como una maniobra para ganar legitimidad, este llamó a un Dialogo Nacional, con el objetivo de suscribir un “acuerdo” que promoviera la “reconciliación nacional”.

Inicialmente esta propuesta fue rechazada tajantemente por Mel Zelaya, pero, como ya es costumbre, después modificó su posición. Con el mismo lenguaje confuso y contradicciones públicas, y después de vencer algunas vacilaciones, Mel Zelaya y Nasralla aceptaron participar en el Dialogo Nacional. Nasralla primeramente puso como condición que el mediador fuera el intelectual Edmundo Orellana. Posteriormente, Nasralla y Mel unificaron criterios en el sentido que debía existir un mediador internacional. Sobre la mediación internacional, Mel Zelaya declaró recientemente que “vengan los mediadores. Está bien, vamos a dialogar con mediadores. Solo el pueblo va a defender al pueblo, no es la ONU ni la OEA los que van a defendernos” (La Tribuna 06/02/2018)

Al aceptar el dialogo con JOH, a través de y con la presencia de mediadores internacionales de la Organización de Naciones Unidas (ONU), tanto Mel Zelaya como Nasralla, no solo han aceptado la reelección de JOH como un hecho consumado, sino que han mostrado que su estrategia consiste en mantener y aumentar la presión social para negociar cuotas de poder con JOH, y que a lo mas que aspiran es a reformar los aspectos más groseros del régimen bonapartista que JOH y el Partido Nacional han venido construyendo en los últimos años.

Esta estrategia de negociación, en detrimento de la lucha popular, ha producido una profunda desmoralización en las bases de LIBRE y entre aquellos que arriesgaron su vida en las jornadas de noviembre y diciembre del 2017. Es la misma fracasada estrategia de “presionar para negociar” que siguió después de las fabulosas Marchas de Las Antorchas del año 2015 y que lo mas que dieron como resultado fue la creación de la impotente Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH) que no ha podido hacer absolutamente nada.

Mel: La “insurrección no violenta”

En una reciente y extensa entrevista, Mel Zelaya ha mostrado los giros e inconsistencias de su estrategia de negociación, que han conducido, como en 2011, a una nueva derrota y desmoralización de la lucha popular

Mel ha confirmado que el objetivo central de las futuras negociaciones sería el mismo que los fracasados Acuerdos de Cartagena de Indias del 2011: el restablecimiento del Estado de Derecho. “(…) Nosotros aceptamos un diálogo vinculante y obligatorio. El presidente está pidiendo un diálogo sin condiciones. Eso es un diálogo para hablar de lo que se le ocurra. Nosotros queremos un diálogo que reconstruya el Estado de derecho y que dé una solución dentro del sistema democrático y republicano del país”. (El Faro, 08/02/2018)

No podemos descartar que aras de obtener un poco de legitimidad democrática, JOH se vea forzado a hacer unas cuentas concesiones, a maquillar su régimen, pero es poco probable que desmonte el régimen bonapartista que ha construido. La democratización de Honduras no se logrará dialogando con la principal persona que ha anulado la Constitución de 1982 y que ha impuesto su hegemonía en la sociedad, sentando las bases para una dictadura.

Mel Zelaya ha abandonado el planteamiento de la urgente convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, y se ha conformado con luchar por el restablecimiento del Estado de Derecho. Para justificar su estrategia de negociación y de regatear reformar democráticas, igual que Nasralla, utiliza un lenguaje radical, pero para ocultar sus verdaderos objetivos: (…) La Constitución autoriza al pueblo hondureño, cuando hay usurpación de sus poderes, al uso de la fuerza. Dice que el pueblo tiene derecho a la insurrección, que es la sublevación violenta del pueblo contra el Estado. Nosotros estamos autorizados a usar la fuerza, sin embargo, no la usamos. Lo único que hacemos es una insurrección no violenta”.(Ibid)

Mel Zelaya se esfuerza por aparecer como un político moderado, al inventar la extraña categoría de “insurrección no violenta”. No existe tal categoría, se requiere la movilización revolucionaria, muchas veces violenta, para destruir el viejo orden corrupto y antidemocrático. Pero para crear presión social en la mesa de dialogo, al mismo tiempo llama a organizar “10 mil comandos de lucha a nivel nacional”. Es la clásica ambivalencia de quienes pretender usar al movimiento de masas solo para presionar.

En relación a las constantes y publicas diferencias con Nasralla,  Mel Zelaya las justifica de la siguiente manera: “(…) Salvador firmó una carta con Luis Zelaya pidiendo un mediador a Naciones Unidas. Yo no conocía esa carta. Ni siquiera me di cuenta. ¿Pero qué me ha quedado? Apoyarlo. No lo puedo dejar ensartado en ese esquema. Entonces estoy apoyando que sea la ONU la que mande una misión para definir quiénes serán los mediadores. Para mi ese no era el camino porque tengo mis propias ideas sobre ONU y OEA. Pero ya que el candidato la firmó, pues, yo la he aceptado para respetarlo. (…) Él firmó aquel compromiso con la OEA. Yo no me di cuenta. Cuando vio su error retiró su firma. Ahora firmó con la ONU. Ahora yo hice al revés: en vez de pedirle que retire la firma fui a apoyarlo” (ibis)

Lo que queda claro es que las diferencias entre Mel y Nasralla han sido superadas y que ambos coinciden en la nueva estrategia de “restablecimiento del Estado de Derecho”, es decir, volver a la situación anterior al golpe de Estado, como si hubiera existido una democracia en Honduras. El programa de reformas de LIBRE se diluye, es cada vez mas pequeño y ajustado al statu quo del poder imperante en Honduras.

Se avecina una gran lucha en la UNAH

A pesar de la derrota sufrida después de las prolongadas tomas de edificios el año pasado, los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) han sido un destacamento masivo y combativo en la lucha contra el fraude electoral.

Conforme el Decreto No 75-2017 aprobado por el Congreso Nacional, el Reglamento Electoral Estudiantil (REE) debía elaborarse antes del 20 de diciembre del 2017 y las elecciones de representantes estudiantiles deben realizarse antes del 20 de marzo del 2018. Hasta el momento esto no ha sido posible. Las autoridades de la UNAH han trasladado las elecciones estudiantiles para el segundo periodo, para el mes de abril. El rector Francisco José Herrera Alvarado, heredero del julietismo, aprovecha las diferencias existentes entre los frentes tradicionales y movimientos independientes, para evitar que se apruebe un REE acorde a los intereses estudiantiles. De continuar esta tendencia, conforme el Decreto No 75-2017, si no se realizan las elecciones antes del 20 de marzo, correspondería al Tribunal Supremo Electoral (TSE), el mismo organismo que consumó el fraude electoral, convocar y organizar las elecciones estudiantiles. Si esto ocurre, es seguro que habrá fraude electoral a nivel estudiantil, para garantizar el triunfo de los frentes derechistas ligados al gobierno de JOH.

Organizar la resistencia desde los gremios

No todo está perdido, todavía podemos revertir la actual situación de derrota. Lo primero que debemos hacer es un balance de todo lo ocurrido, a través de la discusión democrática.

Lo segundo es organizar la resistencia y la desobediencia civil desde los gremios. El reciente proceso de elecciones internas en el Colegio Médico de Honduras (CMH), donde resultó reelecta Suyapa Figueroa, derrotando a corrientes cercanas al gobierno de JOH, muestra el camino de la lucha y la independencia gremial. Esperamos que el ejemplo del CMH, quienes vienen de librar una dura batalla por los salarios y condiciones de trabajo, incida en la recuperación de uno de los gremios mas importantes, como son los colegios magisteriales, quienes fueron la vanguardia en la lucha contra el golpe de Estado.

Lo tercero, y lo mas importante, es que la lucha contra el continuismo, por la defensa de las libertades democráticas y por la recuperación de las conquistas perdidas de los trabajadores, solo será posible si comenzamos a construir, desde abajo, una coordinación de las organizaciones sindicales, gremiales y populares, como una nueva alternativa de dirección de las luchas populares.

El Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) se compromete a luchar de manera incansable por estos objetivos, porque la única manera de superar el desánimo y la desmoralización a que nos ha conducido la dirección Zelaya-Nasralla es construyendo una nueva dirección revolucionaria, que se ponga al frente de las masas populares, hasta lograr la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente (que no sea producto de la negociación con JOH) impuesta desde la movilización popular.

Centroamérica, 12 de febrero del 2018

Secretariado Ejecutivo Centroamericano (SECA)

Partido Socialista Centroamericano (PSOCA)

Share

Comentarios potenciados por CComment