El próximo 6 de Noviembre se realizaran las elecciones generales en Nicaragua. Como de costumbre, el ambiente electoral se calienta por la disputa entre los candidatos presidenciales, pero a diferencia de cualquier otro proceso electoral ocurrido en Nicaragua después del fracaso de la revolución (1979-1990), por primera vez Daniel Ortega Saavedra, el candidato presidencial del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que aspira a una nueva reelección, aparece como el candidato con mayores posibilidades de ganar estas elecciones

La división de la oposición burguesa.

A pesar de que todos los cuatro candidatos de la derecha claman al cielo y se lamentan por la división de la oposición burguesa,  nada han podido hacer por remediarla. Al igual que las elecciones del año 2006, el otrora poderoso liberalismo va dividido en tres fracciones.

En primer lugar, está la alianza del Partido Liberal Independiente (PLI), conformada por el Movimiento Vamos con Eduardo (MVCE), el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y ex contras de la Resistencia Nicaragüense (RN), levantaron la candidatura presidencial del empresario radial Fabio Gadea Mantilla, y es quien ocupa el segundo lugar de preferencias.

 

En segundo lugar, está la alianza del debilitado Partido Liberal Constitucionalista (PLC), junto con el Partido Conservador de Nicaragua,  llevan como candidato al ex presidente Arnoldo Alemán Lacayo, acusado de haberse transformado en colaborador del actual gobierno sandinista.

En tercer lugar, está el partido Alianza Liberal Nicaragüense (ALN), partido que se formó como disidencia del PLC y que en el año 2006 levantó la candidatura presidencial de Eduardo Montealegre, pero que ahora lleva de candidato al diputado Enrique Quiñonez.

En cuarto lugar, está el Partido Alianza por la República (APRE), conformado bajo el gobierno del presidente Enrique Bolaños (2002-2007), sin mayor base social que los ex funcionarios disidentes del PLC, lleva como candidato a Roger Guevara Mena.

La hegemonía de la burguesía sandinista

Esta fragmentación de la oposición burguesa, no es producto solo de las torpezas políticas o de las desmedidas ambiciones de poder de sus líderes, sino que tiene profundas raíces sociales y obedece fundamentalmente al abrupto cambio de dueño de las bases económicas de Nicaragua bajo la revolución. Bajo el somocismo, la fracción dominante de la burguesía se agrupaba alrededor de la familia Somoza. Con la revolución, la burguesía tradicional en su conjunto, fuera somocista o no, fue debilitada por las expropiaciones. Al finalizar la revolución, emergió una nueva burguesía del proceso conocido como la “piñata” y también de las privatizaciones ocurridas bajos los gobiernos posteriores.

El resultado final ha sido el surgimiento y fortalecimiento de una evidente nueva burguesía, ligada a la cúpula dirigente del FSLN. La burguesía sandinista, cuyos principales líderes fueron revolucionarios, se apoya en un denso entramado social de pequeños y medianos productores urbanos y rurales, con una cúpula mucho más reducida pero rica, que ahora está directamente ejerciendo el poder. Contradictoriamente, el periodo de los gobiernos neoliberales sirvió para fortalecer a la burguesía sandinista, convirtiéndose en la actualidad en el sector hegemónico de la burguesía nicaragüense, dejado por fuera, claro está, a la oligarquía financiera.

En el periodo 1990-2006, de brutal ofensiva del neoliberalismo en el mundo, el FSLN utilizó y manipuló hábilmente las luchas sociales de resistencia para negociar cuotas de poder con los gobiernos de turno, situación que a la larga le permitió recuperar las riendas del gobierno en el año 2007.

Esto incide directamente sobre la oposición burguesa, acelerando su división y fragmentación. La oposición burguesa esta huérfana, no tiene sectores burgueses que los respalden. Esta orfandad se acrecienta en la medida en que el gobierno sandinista ha establecido compromisos serios y profundos con el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) y con la oligarquía financiera (Grupo Pellas, Grupo Banpro, Grupo Lafise), quienes aplauden la actual política económica neoliberal. Los empresarios están muy contestos  con el gobierno de Daniel Ortega.

Los dulces frutos del Neoliberalismo social

A diferencia del periodo de la revolución, bajo esta segunda presidencia del Daniel Ortega se caracteriza por la aplicación del más crudo neoliberalismo económico mitigado con programas de asistencia social. Todas las políticas económicas que el actual gobierno sandinista ha aplicado desde el año 2007 han sido absolutamente neoliberales, son una continuidad de las políticas de los gobiernos anteriores. No lo decimos nosotros, lo han dicho los representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) en Managua.

El manejo discrecional de más de 1,000 millones de dólares anuales, provenientes de los convenios petroleros con Venezuela, le han permitido implementar programas sociales como hambre cero, usura cero, plan techo, construcción de viviendas de interés social, etc. A lo anterior habría que agregar una agresiva política de titulación, es decir, de legalización de las propiedades obtenidas durante la transición en 1990, o producto de las luchas sociales.

Estos programas de asistencialismo social a los sectores en extrema pobreza, los subsidios, han permitido una coyuntural reducción de la extrema pobreza, que no se sustenta en el crecimiento del empleo y de la producción, pero que si acrecienta las ilusiones políticas y parece haber aumentado significativamente la base social electoral del FSLN. Desde 1990, superando relativamente el caos económico que se produjo durante la revolución, el PIB de Nicaragua ha crecido promedio un 3% en los últimos 20 años, manteniendo una meseta inalterable, mientras el país tiene una de las tasas de crecimiento demográfico más altas del mundo. Nicaragua sigue siendo el segundo país más pobre de América Latina.

La cuestionada candidatura de Daniel Ortega.

Al fracasar las negociaciones para aprobar la reforma constitucional que permitiera la reelección continua, Daniel Ortega tuvo que utilizar el férreo control sobre la Corte Suprema de Justicia, con la omisión colaboracionista de los magistrados fieles a Arnoldo Alemán, para obtener la sentencia No 504-2009 que declaró inaplicable el arto 147 de la Constitución de Nicaragua, referido a la prohibición para optar a la reelección continua.

En diferentes oportunidades hemos expresado que la reelección presidencial no es un problema de principios para los socialistas centroamericanos. La escogencia y permanencia en los cargos públicos debe estar sujeta a la voluntad popular, expresada democráticamente. En ese sentido, si la mayoría del pueblo quiere que alguien permanezca en el poder, esta voluntad debe ser respetada. Si la mayoría del pueblo decide que Daniel Ortega continúe en la presidencia, esta voluntad soberana debe ser respetada, nos guste o no.

El problema es que en Nicaragua actualmente no existen condiciones democráticas para que el pueblo se exprese libremente, ya que desde las instituciones del Estado se limitan lo más elementales derechos democráticos de reunión, organización y manifestación. La Ley Electoral del año 2000 está diseñada para perpetuar un sistema político bipartidista, ahora con hegemonía del FSLN. Al prohibir la pluralidad, al establecer condiciones restrictivas para la formación y desarrollo de los partidos políticos, la actual Ley Electoral es el candado que aprisiona las libertades políticas y democráticas.

La fragmentada oposición burguesa no cuestionó las reglas del juego electoral, no critica la Ley Electoral, reculó en sus exigencias de cambiar a los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE), porque cree que puede derrotar electoralmente a Daniel Ortega, como ocurrió en 1990, confiando en el rechazo automático de la psiquis popular, sin necesidad de hacer la más mínima reforma electoral.

Los conflictos con la Iglesia

Mientras los empresarios nicaragüenses viven en éxtasis por las políticas económicas abiertamente capitalistas del gobierno sandinista, la Iglesia Católica mantiene públicas contradicciones con el FSLN, convirtiéndose de hecho en el más importante partido de oposición.

Entre los principales causas de este conflicto podemos mencionar la conversión del Cardenal Miguel Obando y Bravo, antiguo acérrimo enemigo del sandinismo y su utilización de sus figura en actos de gobierno; el crecimiento de la influencia de las iglesias protestantes, alentadas por el gobierno; las amenazas de recorte del subsidio estatal a los colegios católicos, el control sobre las donaciones y ayudas a los organismos de beneficencia, etc.

Pero la Iglesia Católica, como institución contrarrevolucionaria, no trabaja para salvar a las almas pecadoras, sino que hace campaña política terrenal a favor de la oposición burguesa. Desde los púlpitos los curas exhortan a los fieles a votar por “el bien contra el mal”.

La pelea por el régimen político

Bajo el segundo gobierno de Daniel Ortega, el FSLN ha reforzado su control partidario sobre todas las instituciones del Estado, provocando pánico en la oposición burguesa, especialmente en los grandes medios de comunicación (Canal 2, La Prensa y El Nuevo Diario), quienes acusan a Ortega de estar forjando una nueva dictadura.

La oposición burguesa ya no critica al FSLN de estar llevando a cabo confiscaciones, como ocurrió durante la revolución (1979-1990), ni de conducir el país al socialismo. En la lucha contra el narcotráfico, terrorismo y migración ilegal, el gobierno sandinista mantiene excelentes relaciones de amistad y cooperación con el gobierno de Estados Unidos. Aunque algunas veces Daniel Ortega recurre a la retórica antiimperialista, en realidad se trata de simples discursos y no de políticas que acrecienten la lucha contra el imperialismo en Nicaragua y Centroamérica.

La política económica del gobierno sandinista ha sido avalada por el Fondo Monetario Internacional (FMI). En el plano económico no hay mayores diferencias entre el FSLN y las otras fracciones de la burguesía, todos son neoliberales hasta las cachas, pero si hay diferencias en torno a las características cada vez más bonapartistas del régimen político bajo la administración de Daniel Ortega.

Desde la reforma constitucional del año 2000, el régimen político en Nicaragua está basado en el pacto entre dos grandes partidos, el PLC y FSLN, por medio del cual se reparten igualitariamente los cargos públicos. Atizando la división del liberalismo, el FSLN retornó al gobierno en el año 2006, cambiando dramáticamente la correlación de fuerzas.

Uno de los puntos que más preocupa a las otras fracciones de la burguesía es el acelerado enriquecimiento del grupo en el poder, específicamente por el manejo “poco transparente” de la ayuda venezolana. La economía y el mercado nicaragüense son extremadamente reducidos y cuando un grupo económico crece y se desarrolla, en realidad lo hace a costa de desplazar a los otros grupos.

Para el FSLN la reelección de Daniel Ortega es un asunto de vida o muerte. Está en juego no solo la continuidad en el poder político, sino la consolidación de la hegemonía de la burguesía sandinista. La pelea entre el FSLN y la fragmentada oposición burguesa, está centrada en el régimen político, es decir, en la forma en que el FSLN está ejerciendo el poder político, el cual que adquiere características cada vez más autoritarias y de grupo familiar. El FSLN no aspira a repartirse equitativamente las cuotas de poder con sus socios del PLC. Ahora, con mayor respaldo popular, aspira conquistar la reelección de Daniel Ortega, obtener 56 votos dentro de la Asamblea Nacional y ejercer el poder con hegemonía. Los otros partidos de la oposición burguesa aspiran a negociar o renegociar el statu quo con el FSLN.

Triste papel del MRS

En el año 1994 el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) surgió como una escisión abiertamente socialdemócrata del FSLN. Sin embargo, en el último periodo, especialmente durante las elecciones del año 2006, el MRS apareció ante un sector importante de la juventud nicaragüense como una organización de izquierda, que combatía las tendencias totalitarias del FSLN.

Esta mascara se cayó durante las elecciones municipales del año 2008, cuando la cúpula del MRS se alió y apoyo incondicionalmente la candidatura del liberal Eduardo Montealegre para la alcaldía de Managua. Este giro a la derecha de la cúpula del MRS se ha profundizado en la presente campaña electoral: Edmundo Jarquín, militante del MRS, es el candidato a vicepresidente de la alianza PLI. Con ello, el MRS se convirtió en furgón de cola de la oposición burguesa liderada por Eduardo Montealegre.

 El otro sector disidente del FSLN es el Movimiento por el Rescate del Sandinismo (MPRS), que lidera Mónica Baltodano, quienes se negaron a participar en la alianza PLI. Bastante debilitados por el acoso oficial, el MPRS al menos tuvo la dignidad de llamar a votar nulo en las elecciones municipales del año 2008, distanciados de la vergonzosa traición del MRS. Para las elecciones del 6 de Noviembre, el MPRS ha llamado nuevamente a votar nulo.

Es hora de protestar: votando nulo!

Y es que en las actuales condiciones, en las que los candidatos de los cuatro partidos coinciden en la necesidad de aplicar planes neoliberales, incluso cuando todos afirman que seguirán con los planes de asistencialismo social impulsados por el gobierno sandinista, en realidad no hay alternativas independientes.

El FSLN dejó de ser revolucionario hace mucho tiempo, no es un partido de “izquierda” ni representa los intereses de los trabajadores y los pobres como algunos ingenuamente creen, ahora el FSLN refleja los intereses hegemónicos de la burguesía sandinista.

Los partidos de la oposición burguesa, aunque huérfanos de un sector burgués representativo, tampoco representan los intereses populares, pero si quieren utilizar el descontento social  para negociar o renegociar sus cuotas de poder con el sandinismo dentro de las instituciones del Estado.

En la actual campaña electoral en Nicaragua no hay un solo partido que refleje los genuinos intereses del pueblo trabajador. Debido a que el sistema electoral antidemocrático no ha permitido la participación de partidos de izquierda, y cuando todos los partidos que compiten defienden el actual sistema capitalista, el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) llama a protestar activamente este 6 de Noviembre, marcando nulo en todas las casillas, anulando tu voto.

El Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) llama a los trabajadores y jóvenes nicaragüenses a repudiar el actual estado de cosas, a organizarse de manera independiente, a no ser manipulados por los aparatos electorales de este antidemocrático sistema bipartidista, y a prepararnos para luchar en el futuro inmediato por la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente, libre, soberana e independiente, que reorganice Nicaragua en beneficio de los más pobres.

Centroamérica, 20 de Octubre del año 2011

Secretariado Centroamericano (SECA) del Partido Socialista Centroamericano (PSOCA)

Hemeroteca

Archivo