EGIPTO.- La Revolución en la Encrucijada


Por Leonardo Ixim

La movilización de masas contra la Hermandad Musulmana (HM) culminó el 30 de junio, tras la mayor concentración de la historia de ese país y el posterior golpe de estado del 1 de julio dado por el ejército, asumiendo como hombre fuerte el comandante del Consejo Superior de las Fuerzas Armadas, Abdula Fatah al-Sisi. El golpe constituye una salida bonapartista contrarrevolucionaria, en función de salvar el Estado burgués neocolonial egipcio y los privilegios de la casta militar.

 

La acción militar tenía una finalidad preventiva: evitar que la movilización de las masas pusiera en peligro el establishment egipcio, donde los militares controlan, además del Estado, desde los tiempos de Gamel Abdel Nasser importantes sectores de la economía; más del 40 % del PIB es generado por empresas estatales del ejército.

El acomodo de fuerzas después del golpe

Tras el golpe de estado el ejército dio una careta civil, poniendo como presidente al ex magistrado del Tribunal Constitucional Adli Monsour, junto a varios sectores de la burguesía liberal y como vice presidente a Mohamed El Baradei, hombre vinculado al imperialismo, que después renunciaría tras la masacre contra los islamistas. De igual forma, sectores democráticos o de izquierda como Tamroud (quien protagonizó la caída de Mohamed Morsi) y algunos integrantes del Frente de Salvación Nacional claudicaron al ejército. Algunos de estos, como la corriente nasserista renunciarían y otros como el ministro de trabajo, presidente de la Federación de Sindicatos Egipcios, se mantienen con los militares. Los militares lograron el apoyo de la jerarquía de la iglesia copta y de algunos importantes imanes sunnitas, así como paradójicamente y por tiempo limitado, de corrientes islámicas fundamentalistas que no son parte de la HM.

Esta situación ha sido denunciada por otras fuerzas, como el Movimiento 6 de Enero (quien protagonizó la caída de Mubarak) y que también participó en la caída de la HM, así como distintas fuerzas de izquierda, como los socialdemócratas y los socialistas revolucionarios, manteniendo una postura independiente en las movilizaciones post golpe.

Inician las movilizaciones contra el nuevo gobierno

Tras el golpe de estado se produjeron fuertes movilizaciones protagonizadas por la HM, quien exigían el “regreso al orden constitucional” roto por el golpe de estado. Se constituyó una alianza de fuerzas islámicas que exigen el regreso de Morsi. Durante julio se dieron una serie de movilizaciones, unas en contra de Morsi con dos variantes, de fuerzas laicas pro golpe y otras como las descritas en el párrafo anterior, con posturas independiente de los militares; por el otro lado, fuerzas pro Morsi en un primer momento por medio de movilizaciones pacíficas.

Sin embargo, la situación empezó a cambiar desde inicios de agosto, pues el ejército considera que las movilizaciones pro Morsi son un desafío a su poder y empieza a reprimir las movilizaciones islamistas. Los partidarios de Morsi por su parte, responden enfrentando al ejército y agreden con saña las manifestaciones anti islámicas. De igual forma, en regiones rurales donde la HM tiene control, cuadros locales empiezan a imponer una serie de medidas religiosas antidemocráticas y se persigue a cristianos, usando de pretexto la complicidad de la jerarquía copta con el golpe de estado.

Ante esta situación, la respuesta del ejército fue brutal: represión y masacres constituyen la forma de desmovilizar a los islámicos; hasta la fecha se reportan más de 1,000 asesinatos, en su mayoría islámicos asesinados por el ejército, aunque una minoría son anti islámicos asesinados por algunos partidarios de la HM. El gobierno de facto inició una cacería de brujas contra el liderazgo de la Hermandad, arrestando a sus líderes que junto a Morsi, arrestado tras el golpe, son acusados de terrorismo supuestamente por colaborar con Hamas. Además amenazan con ilegalizar la cofradía religiosa-política.

Los partidarios de la alianza pro Mursi, realizaron acampadas en algunos barrios del Cairo, sobre todo en el barrio Nasser y en otras ciudades importantes. Los hechos más brutales contra los manifestantes islámicos se produjeron a mediados de agosto; se dieron eventos como la intervención a la mezquita Raba al-Adwiya por parte de fuerzas de seguridad tras supuestos disparos desde adentro de tal recinto, algo no confirmado.

El ejército levantó la acampada de forma violenta, lugar donde había niños, ancianos, mujeres y hombres de todas las edades. Estas acampadas tenían las mismas características formales de otras como la de enero de 2011 y la de junio de 2013. Es decir, eran mini-estados donde se brindaba servicios públicos y en el caso de la islámica, había congresistas islámicos deliberando, miembros del parlamento disuelto tras el golpe, de mayoría islámica.

La diferencia de fondo, desde nuestro punto de vista, era que no significaba una iniciativa revolucionaria, en la medida que no representaba al grueso de la población egipcia, porque solo cobijaba a sectores islámicos aplicando la Sharia; vecinos de los alrededores que no comulgaban con los islámicos denunciaron agresiones de parte de algunos de los que acampaban. En este contexto aumentaron los incendios, más frecuentemente provocados por islamistas en iglesias coptas.

De cualquier forma, denunciamos las masacres protagonizadas por las fuerzas represivas. Dentro de ese contexto se dio una huelga de obreros de la Suez Steel, relacionada a demandas laborales, que   fue reprimida por la policía egipcia. Los obreros han sido parte importante de las movilizaciones desde al caída de Mubarak y aunque la mayoría de sindicatos de base no comulgan con la HM pues tiene un programa anti obrero, muchos cuestionan la salida golpista impuesta por la burguesía egipcia.

En el plano regional

Brevemente exponemos las consecuencias de los sucesos de Egipto a nivel regional, pues estos están generando fricciones dentro del bando imperialista por mantener bajo control la región, ante la presencia de potencias emergentes como Rusia y China. Tras el golpe, los aliados se dividieron en dos, por un lado Emiratos Unidos, Arabia Saudí e Israel apoyaron el golpe; los últimos alabaron al ejército egipcio como paladín antiterrorista, pues inició una ofensiva contra campamentos de las guerrillas salafistas en la península del Sinaí, respetando lo acordado entre ambos países. Por otro lado, Turquía y Qatar acusaron a Israel de estar detrás del golpe, denunciando fuertemente al ejército egipcio.

Todo esto complica la situación de los Estados Unidos ahora que pretende intervenir más directamente en el conflicto sirio, ya que Obama tiene presión de los sectores más militaristas y de Israel para realizar eso. Pero está en duda la reacción que tendrán los pares de la HM dentro de la oposición siria contra el dictador Al Assad, además de un escenario de fortalecimiento de corrientes salafistas apoyadas por la monarquía saudí en toda la región

A eso se suman las indecisiones tanto de la UE como de EU sobre su relación con el gobierno facto. Hasta ahora se han limitado a pedir que cese la represión y no se ilegalice la HM, pero no han querido abordar el tema de la ayuda financiera y sobre todo la militar que EU proporciona al ejército egipcio. Para completar el panorama, desde hace días se dan movilizaciones protagonizadas por grupos laicos y de izquierda en Túnez, contra los intentos de islamizar la sociedad por parte de sectores islámicos en el gobierno. Esto después de los asesinatos de militantes de partidos de izquierda miembros del Frente Popular y por supuesto la incógnita de una salida bonapartista similar a Egipto, mas ahora que este ha lanzado una ofensiva contra las facciones de Al-Qaeda del Magreb en el sur de ese país.

Por una alternativa revolucionaria

En esta encrucijada, desde el Partido Socialista Centroamericnano (PSOCA), consideramos fundamental denunciar la represión sufrida por los islamistas, pues como vimos con la huelga de Suez Steel, tarde temprano puede alcanzar a sectores del proletariado que se movilicen. Es importante luchar contra cualquier intento de ilegalización de la HM y neutralizar tendencias sectarias del islamismo que quieren llevar a una guerra confesional y civil, pues Al Qaeda y otras fuerzas salafistas se están llamando a tomar las armas. El ejército por su parte apuesta a seguir manteniéndose en el poder y el imperialismo tiene la intención de mantener la estabilidad a favor del sionismo en la región.  

Sin embargo es importante que las organizaciones independientes del golpismo construyan un frente único revolucionario movilizando al proletariado, los jóvenes y mujeres, sin distinción de credo. Es necesario crear un programa revolucionario que profundice las tareas democráticas y se oriente al socialismo, para eso es vital romper con el imperialismo e Israel.

En el frente interno se debe armar puentes con activistas y militantes que confían en el ejército como garantía secular, así como con bases islámicas alejadas del sectarismo, clarificando a la población el carácter contrarrevolucionario tanto de las fuerzas armadas como de las distintas organizaciones islámicas. En ese sentido es vital romper con prácticas culturales como el machismo, manifestaciones de xenofobia a los palestinos, sectarismo religioso, intolerancia, elementos simbólicos tanto en su vertiente laica-militarista o religiosa, sin duda elementos de la ideología dominante que alejan al proletariado de sus verdaderos problemas. El eje de este frente único deberá ser la exigencia de la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente libre y democrática.

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