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BRASIL.- La rebelión popular en Nicaragua y la izquierda en Brasil

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Por William Héctor Gómez Soto

Es difícil calcular el impacto que la rebelión popular en un país pequeño, distante y con baja relevancia económica como Nicaragua, tendrá a medio y largo plazo en la "izquierda" brasileña, lo cierto es que, así como en el campo de la izquierda internacional, las posiciones de la izquierda en Brasil, oscilan, con algunas excepciones que mencionaré a continuación, entre el silencio y el apoyo abierto al gobierno de Ortega. Uno de los primeros en manifestarse fue el Partido de los Trabajadores (PT) con una posición ambigua, superada por la posición del Partido Comunista del Brasil (PC de B), de claro apoyo a Ortega.

El 26 de abril, en su sitio oficial, el PC de B, a través de su Secretaría de Política y Relaciones Internacionales, envió un "mensaje de solidaridad ante los últimos acontecimientos que sacudieron a Nicaragua, con la realización de violentas manifestaciones que intentan desestabilizar el gobierno sandinista ", al mismo tiempo, ese partido además de considerar erróneamente las manifestaciones populares como violentas, las compara con las manifestaciones de junio de 2013 en Brasil. Sacrificando el análisis concreto del proceso social en Nicaragua, el PC de B hace uso de sus esquemas rígidos y dualistas, hasta diría, simplistas para caracterizar las manifestaciones populares pacíficas como parte de un plan de conspiración contra el gobierno "revolucionario" de Ortega. Según el comunicado del partido, esas manifestaciones: "Obedecen a planes determinados, que manipulan legítimos sentimientos del pueblo para la consecución de objetivos que se vuelven, más temprano que tarde, contra el propio pueblo".

En Nicaragua, del 18 de abril hasta la fecha de publicación del comunicado del PC de B, se contabilizaron más de 50 muertos y decenas de heridos, la mayoría de jóvenes manifestantes desarmados, pero el Partido guarda silencio ante una de las peores masacres en el país . Parece que esos muertos no importan, porque según el Partido forman parte del plan de conspiración contra un gobierno "democrático y revolucionario".

La izquierda ha quedado desnuda, pero no parece percibir. Algunas cosas quedaron al desnudo ante la insurrección cívica en Nicaragua, una de ellas es la ausencia de una ética capaz de ser referencia para la práctica política; la otra, es la conflictiva relación que la izquierda mantiene con los valores democráticos. Parece que ella perdió la capacidad de denunciar la violación a los derechos humanos en cualquier parte o lo que es peor aún, que ha subordinado la denuncia de estas violaciones a quien las comete, si es un “gobierno amigo” de izquierda, predomina el silencio, la ocultación y hasta la tergiversación de los hechos. La actitud de esta izquierda ha sido muy diferente cuando quien viola los derechos humanos es un gobierno claramente de derecha.

La ambigüedad del PT en relación a la situación de Nicaragua, finalmente se deshizo de la peor manera. Lo que era previsible, al menos para mí, en contra de algunos que ansiaban una posición del PT de condena a la violación a los derechos humanos de parte del gobierno de Ortega. Tengo que admitir que mi pesimismo ya preveía esa postura de negación y de ocultación de la grave represión contra el pueblo nicaragüense. El 27 de abril, el PT había divulgado un comunicado sobre Nicaragua en su página web, apoyando las iniciativas al diálogo de Ortega. "Apoyamos las propuestas de diálogo de iniciativa del Gobierno de Daniel Ortega y que el gobierno y el pueblo nicaragüense busquen una solución pacífica a este problema con respecto a su soberanía e independencia". En esa fecha el pueblo nicaragüense estaba siendo masacrado por la policía y los grupos paramilitares de Ortega, nada dijo el PT al respecto, no hay ninguna muestra de indignación.

El 19 de julio, el PT divulga un nuevo comunicado que comienza con una nueva ambigüedad: "Defendemos el derecho de oposición política a cualquier gobierno, la libertad de expresión de la ciudadanía y procesos políticos pacíficos. Lamentamos profundamente las muertes y eventuales violaciones de derechos humanos ocurridas ". En primer lugar, no se trata de una oposición política, sino de una movilización popular y pacífica; en segundo lugar, no son eventuales violaciones a los derechos humanos, sino de una práctica sistemática y brutal del Gobierno de Ortega. Parece que la violación de los derechos humanos a la que se refiere el PT ocurre desde cualquier lado y dirección, el PT oculta y se resiste a denunciar que el gobierno de Ortega es el responsable de la violación a los derechos humanos. El PT considera erróneamente que Ortega representa el campo progresista de la izquierda. Pero, aunque el gobierno de Ortega fuera de "izquierda" como callar ante la violencia contra manifestantes desarmados, ¿cómo no denunciar los disparos de las armas de guerra contra jóvenes sin armas?

El comunicado continúa y aquí se deshace la ambigüedad: "Pero es necesario recordar que los enfrentamientos de hoy en Nicaragua a un gobierno legítimo y democráticamente elegido no son una novedad en las Américas y tampoco un fenómeno espontáneo. Ya hubo cuestionamientos violentos a gobiernos del campo progresista antes, como las situaciones similares en Venezuela en 2002, después en la Bolivia con amenazas de secesión en el país, en Honduras, Paraguay y más recientemente en Brasil, donde hubo un golpe parlamentario, jurídico y mediático. En todas ellas fue visible la presencia de intereses extraños a la mayoría de las poblaciones de estos países y características similares de la aplicación de los llamados "golpes blandos".

El PT defiende la tesis de la conspiración de la CIA, de agentes extraños, del imperialismo, desconoce el proceso histórico nicaragüense y el carácter neoliberal del gobierno de Ortega, reaccionario porque aliado con la iglesia prohibió el aborto terapéutico, a pesar de las protestas de las mujeres. Además del control totalitario de Ortega sobre los poderes del Estado, de los medios de comunicación y de su carácter represivo contra cualquier manifestación democrática. Hace cuatro años que Ortega reprime a los campesinos que luchan contra los impactos ambientales y sociales de la construcción de un canal interoceánico, proyecto del gobierno con un dudoso empresario chino. Pero el PT continúa diciendo en el comunicado que "En Nicaragua existe una institucionalidad democrática establecida y que debe ser respetada. Cabe a su gobierno y a los grupos de oposición preservarla para asegurar que la seguridad y los intereses de la población estén garantizados y que las divergencias se resuelvan políticamente." Es increíble, pero nada dice el PT de los más de 400 muertos, de los dos mil heridos, de los cientos de presos, de los torturados, de la persecución implacable contra los nicaragüenses que ha estado en la calle contra la dictadura.

El PT perdió su sensibilidad y su capacidad de indignarse contra cualquier injusticia, contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Cabe resaltar que algunas personalidades en el campo progresista y democrático se manifestaron repudiando la cruenta represión del régimen de Ortega, o sea, no es desinformación que lleva al PT a una declaración tan desastrada sobre Nicaragua.

Aunque tarde y después de que Ernesto Cardenal, poeta nicaragüense enviara una carta pidiendo una nota de repudio, José Mujica, se pronunció condenando la represión contra el pueblo nicaragüense. "El mundo debe saber y pronunciarse al respecto de lo que está ocurriendo en Nicaragua: una verdadera crisis de derechos humanos y terrorismo de Estado .... Necesitamos que usted junte su voz a nuestra causa que es digna y justa ... Ortega y Ortega Murillo, no pueden continuar encontrando legitimidad en los movimientos de izquierda a los que con sus actos y sin escrúpulos ha traicionado. Los héroes y los mártires de la revolución sandinista no merecen que su memoria sea manchada por los actos genocidas de un dictador que los traicionó ", dijo el poeta de 93 años, en la carta enviada el 19 de junio. El ex presidente uruguayo respondió el 18 de julio diciendo que ""Recuerdo compañeros que dejaron la vida en Nicaragua peleando por un sueño (...) y siento que algo que fue un sueño se desvía y cae en la autocracia y entiendo que quienes ayer fueron revolucionarios perdieron el sentido de la vida. Hay momentos que hay que decir me voy" El 5 de julio, el sociólogo portugués Boaventura de Souza Santos expresó su indignación por la violencia de la policía y los paramilitares que Ortega ha lanzado contra de los manifestantes, "Parece que no habrá una solución pacífica sin la renuncia de la pareja presidencial Ortega-Murillo y la convocatoria de elecciones libres y transparentes ".

 Y aún se pregunta: ¿Por qué buena parte de la izquierda latinoamericana y mundial mantuvo (y continúa manteniendo) el mismo silencio cómplice? ¿Por cuánto tiempo la memoria de conquistas revolucionarias turba la capacidad de denunciar las perversidades que se les siguen a punto de que la denuncia llegue casi siempre demasiado tarde? En esa misma dirección otros intelectuales como Leonardo Boff y Noam Chomsky llaman a parar la represión de Ortega. "Nicaragua necesita diálogo, pero, ante todo, necesita que las fuerzas represivas dejen de matar, especialmente a los jóvenes, eso es inaceptable", dice Boff en su pronunciamiento. El 16 de julio también Podemos de España condenó la violación de los derechos humanos y la masacre de la población de parte de las fuerzas policiales y paramilitares de Ortega, coincide en señalar que la salida a la crisis es la "renuncia incondicional del actual gobierno y del aparato estatal oreteguista."

El Partido Socialismo y Libertad (Psol) , por fin rompe el silencio de la izquierda brasileña y denuncia la violencia y la impunidad del gobierno nicaragüense, de la misma forma El Trabajo, una fracción minoritaria del PT, denuncia la represión de Ortega y claramente distingue al FSLN actual, bajo el control de Ortega y el FSLN que encabezó la revolución sandinista de 1979.

Sin duda, el apoyo del PT y del PC del B al gobierno de Ortega y su silencio ante el abuso de poder y la violencia contra los jóvenes desarmados es una brecha para que la represión gubernamental siga cobrando más vidas. Ortega rompió el orden constitucional al crear un ejército paralelo formado por paramilitares que, vestidos de civil, recorren los barrios y calles, en camionetas que se han convertido en símbolos del terror; al caer la tarde nadie se atreve a circular por las calles de Managua. Es difícil, pero es necesario responder por que una revolución victoriosa contra una dictadura como la de Somoza, llegó a producir otra dictadura igual o peor que la anterior. La revolución sandinista fue, después de la cubana, la última y única revolución exitosa del siglo XX. Surgida en 1961, el FSLN formó parte de la ola revolucionaria que se extendió en América Latina, bajo la influencia de la revolución cubana. Es el mismo período en que emergen diversos movimientos de liberación nacional en el continente. Los estudiantes universitarios fueron fundamentales para la formación de la organización que nace fuera de los partidos tradicionales de izquierda, principalmente del Partido Socialista Nicaragüense y del Partido Comunista de Nicaragua, ambos subordinados a la política de coexistencia pacífica de la Unión Soviética. Desde su fundación hasta 1974, los sandinistas eran un pequeño grupo armado en las montañas del Norte, y un grupo de militantes que se dedicaban a organizar las comunidades y barrios de las ciudades principales. Vale la pena destacar el papel fundamental que jugó la teología de la liberación para integrar los grupos cristianos a la lucha contra Somoza.

Entre 1974 y 1979, a pesar del aumento de la represión de la dictadura de Somoza, por diversos factores internos y externos, desde el asesinato del periodista Pedro Joaquín Chamorro en enero de 1978 y el creciente aislamiento internacional de Somoza, así como la flexibilidad de las alianzas políticas propuestas por el sandinismo con sectores empresariales de oposición al somocismo, permitieron la transformación de aquel pequeño grupo en un amplio movimiento de masas que armado, derribó en julio de 1979, una de las peores dictaduras de América Latina. El FSLN en el poder en los años 80 tuvo que enfrentarse a una guerra de agresión de Estados Unidos, quien financió a los contrarrevolucionarios, miembros del antiguo ejército de Somoza, pero que luego se convirtió en un enorme movimiento armado de origen campesino.

En febrero de 1990, los sandinistas perdieron las elecciones, además de ser una derrota electoral fue una derrota ética, un grupo de dirigentes se apropió de bienes del Estado, antes de entregar el poder a Violeta Chamorro, candidata ganadora de los comicios electorales. Muchos piensan que fue una simple derrota electoral sin percibir el profundo significado de esta derrota. De 1990 a 2007, año en que Ortega volvió al poder, fue un período con el predominio de los gobiernos liberales: Violeta Chamorro (1990-1997), Arnoldo Alemán (1997-2002 y Enrique Bolaños (2002-2007), después de 1997, Ortega hizo pacto con Alemán del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), en una especie de cogoverno o como el mismo Ortega denomina a esta estrategia: "gobernar desde abajo." Así fue como Ortega logró reformar la constitución, distribuyendo entre los dos partidos, el FSLN de " Ortega y el PLC de Alemán, los cargos de los poderes del Estado, pero la reforma más importante fue la que redujo al 35% el porcentaje mínimo para ganar las elecciones, evitando así la segunda vuelta.

Al mismo tiempo, este pacto con Alemán, y protegido por inmunidad parlamentar, permitió que Ortega escapara de la acusaciones de estupro de su entenada Zoila América Narvaez, hija de Rosário Murillo. Esos pactos con la derecha y con la iglesia conservadora, además de la prohibición del aborto terapéutico y del control de los poderes del Estado fue consolidando el proyecto de poder, completando la metamorfosis del FSLN, de una organización revolucionaria en un partido subordinado a Ortega. Así, después de 16 años de haber perdido las elecciones, el FSLN de Ortega vuelve al gobierno, en enero de 2007, pero mucha agua había corrido bajo el puente, se había completado la metamorfosis. Se inicia un período neoliberal de colaboración con la empresa privada y la iglesia católica, además de la colaboración con el gobierno venezolano.

La izquierda evita el análisis del proceso que en Nicaragua transformó una revolución popular (1979) en una dictadura, tal vez prisionera de la nostalgia y de la memoria de la última revolución triunfante en América Latina en el siglo XX. Para esta izquierda, Ortega representa aquella revolución victoriosa que derrotó a la dictadura de Somoza. El raciocinio de esa izquierda es reduccionista: si Ortega es de izquierda, representa la continuación de la revolución popular, por lo que las manifestaciones de la oposición contra el gobierno de Ortega son de derecha, de la CIA y conspiración de Estados Unidos. Ciertamente es un razonamiento simplista que sustituye a un análisis serio del proceso social y político nicaragüense.

William Héctor Gómez Soto. Doctor en Sociología y Profesor del Instituto de Filosofía, Sociología y Política de la Universidad Federal de Pelotas

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BRASIL.- Impeachment: reacomodo interburgués y golpe de Estado

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Por Leonardo Ixim

La votación del pasado domingo 17 de abril por la Cámara Baja del Congreso con 367 votos a favor, de 567 diputados, aprobó el Impeachment sobre la presidenta Dilma Roussef del Partido de los Trabajadores (PT), profundizando la situación de crisis política en este país, abriendo la posibilidad del aumento de las luchas sociales y de clases en el gigante sudamericano.

Le tocaría al Senado Federal definir la situación después de las deliberaciones de un comité especial y la aprobación su informe por mayoría simple, en lo cual todo parece que el PT tendría las de perder.

La génesis de la crisis

Las movilizaciones de 2013 protagonizadas por la juventud, evidenciaron que pese a las políticas asistenciales impulsadas por el PT que permitieron sacar de la pobreza a millones de brasileños a partir de posibilitarles el consumo básico, eran insuficientes. Tales movilizaciones exigían mejoras en las condiciones de la salud y la educación pública, la democratización del espacio radio eléctrico, puestos de trabajo y precios bajos para el transporte público, entre otras demandas.

El gobierno de Roussef reaccionó canalizando muchas de estas propuestas en una serie de mecanismos burocráticos hacia reformas constitucionales que nunca realizaron. Por su parte, las organizaciones sociales aliadas al gobierno como la Central Única de Trabajadores (CUT), la Unión Nacional de Estudiantes (UNE), los sin tierra del MST, los sin techo del Msts, en lugar de profundizar tales demandas por medio de una Asamblea Constituyente, acompañaron la deriva institucionalista.

En el 2003 el PT llegó al gobierno después de varios intentos de Lula Da Silva, ex lider sindical, para convertirse en presidente. Este partido es producto de las movilizaciones y confluencia de varias organizaciones como la CUT y el MST a inicios de los 80s del siglo pasado, en el marco de la lucha contra la dictadura militar impuesta tras el golpe de estado pro yanqui de 1963. En el transcurso de su existencia, este partido fue modificando su programa hasta convertirse en reformista.

El gobierno de Lula por su parte, se encargó de mantener el esquema neoliberal impuesto por el gobierno del Psdb en 1995 a la cabeza del sociólogo Fernando Enrique Cardozo, quien gobernó por dos periodos. La diferencia estriba en que mientras Cardozo desnacionalizó la economía y privatizó el fuerte sector estatal de la economía, Lula y después Roussef, evitaron seguir privatizando, manteniendo empresas mixtas como la petrolera Petrobras, la aeronáutica Embraer, la siderúrgica Vale do Rio Doce, entre otras, permitiendo a privados volverse accionistas.

Como parte de los gobiernos post neoliberales, dentro del ciclo progresista en la década pasada, el PT aplicó una serie de programas de transferencias condicionadas como Bolsa Familia, de construcción de viviendas, una mejora mínima de los ingresos salariales, todo esto dentro de lógicas orientadas por los organismos financieros internacionales para paliar las condiciones de pobreza provocadas por el ajuste y los recortes sociales.

Esto, al igual que otros gobiernos progresistas, unos más radicales (donde se nacionalizaron ciertos recursos naturales, lo cual Brasil no realizó), aprovecharon los altos precios de las materias primas y el fuerte crecimiento chino que permitió redirigir los presupuestos públicos para atender las demandas sociales. Esto sin tocar las injustas estructuras fiscales o la reforma agraria, una demanda histórica del campesinado brasileño; por otro lado, los gobiernos del PT continuaron, al igual que el kichnerismo o el Frente Amplio en Uruguay y Lugo en Paraguay, con el modelo agroexportador latifundista. Sectores como el financiero han tenido en todos estos gobiernos formidables ganancias, sin que se les aplique impuestos sobre las ganancias.

Los detonantes

Tras la caída de los precios de estos bienes exportables, las economías de estos países manifestaron síntomas de crisis. El caso de Brasil es paradigmático, con una caída del PIB de más del 4 %, un endeudamiento considerable tanto público como privado, al grado que Petrobras tiene deudas por 300 mil millones de dólares. El desempleo afecta al 10 % de la PEA; la burguesía paulista, ensambladora en su mayoría, que ha sido beneficiada con la inyección de dinero y permitiéndoles el despido de obreros, sin que las centrales oficialistas realicen un plan de lucha, ahora temen que la competencia china los desbanque; por tal motivo la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo y la del Estado de Rio de Janeiro, se encarrilan al tren de la destitución.

El PT por su parte, se comportó como otro partido burgués, aliándose a partidos conservadores como el Pmdb -partido que representa los barones locales provenientes de la dictadura- como el propio vice presidente Michel Termer, uno de los principales beneficiarios del golpe. Ya durante el gobierno de Lula se acusó al PT de sobornar a distintos congresistas, pues amarró una serie de acuerdos con partiditos donde prima el transfugismo y la corrupción, muchos de estos como el Pmdb, ahora opuesto a Roussef

Al igual que la operación de Lava Jato, un esquema de sobornos para beneficiar a empresas de construcción para obras de Petrobras y del Estado, donde se vincula a Lula. Esta investigación dirigida por el juez Sergio Moro evidencia el papel central del poder judicial y el Supremo Tribunal de Justicia para actuar contra ciertas elites en favor de otras, pues tanto Termer como los presidentes del senado y de los diputados Renan Calheiro y Eduardo Cunha respectivamente, promotores de Impeachment, salen implicados.

La oposición y sus figuras principales, como el ex candidato del Psdb Aecio Neves, el ex gobernador de Sao Paulo Jose Serra y la ex candidata del partido Rede Marina Silva ex ministra de ambiente de Dilma, tampoco se escapan del esquema de corrupción relacionado a sobornos por obras públicas, financiamiento ilegal electoral, entre otras cosas. De tal forma que el New York Times calificó como canallada el proceso de destitución, por ser promovido por una casta igualmente corrupta.

El caso de Dilma

A la presidente no se le acusa de ningún caso de apropiación o desvío de fondos, sino de utilizar la bicicleta fiscal. Lo cual consiste en el uso de dinero de bancos públicos para reducir el déficit fiscal y financiar los programas asistenciales. Dinero procedente de las reservas monetarias del Banco Central, ya que se permite que las ganancias de operaciones monetarias y cambiarias se usen a para necesidades gubernamentales. Ante eso, los medios neoliberales llaman a cerrar el grifo de los recursos financieros. Por otro lado, el endeudamiento de las familias, sobre todo con programas de adquisiciones de viviendas, anuncia una burbuja financiera, de la cual los bancos, los grandes ganadores del modelo, se atemorizan. Estos, que han sido reacios apoyar el Impeachment, también se dejan llevar por la corriente golpista.

En este ambiente se dan movilizaciones a favor y en contra. La derecha impulsa a sectores acomodados, algunos con consignas reaccionarias como el llamado al regreso a los militares. Mientras que los movimientos sociales afines al PT desde finales del año pasado crean organismos como los Frente Pueblo Sin Miedo y Brasil Popular, para hacerle frente al golpe y a las medidas de ajuste que el segundo gobierno de Dilma impulsa en la llamada Agenda Brasil, como recortes en los seguros de desempleo, congelamiento de salarios, privatizaciones parciales en Petrobras en el yacimiento de Pre-sal, leyes represivas anti protestas, etc. Pero sin romper con el PT y impulsar fuertes medidas como huelgas generales, para parar el ajuste tanto del oficialismo como el que se vendría, si Termer llega a la presidencia o si se convocara a nuevas elecciones bajo un aparato electoral beneficioso para la oposición de derecha.

En ese sentido, los movimientos y partidos hacia la izquierda se encuentran divididos. Unos como el Pstu -parte de la Litci- y Conlultas, que bajo su consigna “que se vayan todos” termina apoyando la destitución; el Psol –el cual es un partido de tendencias- se encuentra dividido entre pedir nuevas elecciones o movilizarse para lograr una Asamblea Constituyente y denunciar el Impeachment, postura a la cual se suma la Intersindical del Partido Comunista Brasileño o el Movimiento Revolucionario de los Trabajadores, entre algunas más; la cual compartimos.

Nosotros consideramos que este proceso de destitución, pese a que está establecido en la Constitución Política brasileña -tal fue el caso de Collor de Melo- que en ese momento la mayoría de brasileños apoyaron, sin existir (según varios juristas) causa administrativa real, es una forma de golpe de estado técnico, donde sectores conservadores dentro de la justicia y el legislativo, sin tomar en cuenta la voluntad mayoritaria de la población, y más bien a sus espaldas, buscan relevar a una elite burguesa como el PT y aplicar un programa de ajuste más pronunciado.

El PT sirvió a los intereses del bloque en el poder mientras hubo bonanza económica, permitiendo transferir recursos para los más pobres. Pero a medida que la crisis mundial se agudiza, muchas fracciones del bloque buscarían, al igual que en Argentina, un gobierno más afín a sus intereses. Lo que viene será eliminar conquistas de la clase obrera como el aumento de salarios según el costo de la vida o la negociación de pactos según el sector económico.

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BRASIL.- Movilizaciones en Brasil: despiertan jóvenes y trabajadores

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Por Abelardo de la Torrente

Brasil vuelve a despertar después de más de 20 años de gobiernos neoliberales y de 10 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), continuador de tales políticas pero con ropaje social. La última movilización general del pueblo brasileño fue en 1992, cuando todavía estaba activo el flujo de las movilizaciones contra la dictadura militar de mediados de los 80s. En 1992 el pueblo y sobre todo los estudiantes botaron al corrupto gobierno de Color De Melo.

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BRASIL.- El Papa estrena nuevo discurso de Iglesia Católica

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Por Leonardo Ixim

Desde el día 25 de junio el Papa Francisco, de nacionalidad argentina y primer Papa latinoamericano, visita Brasil para presidir la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Este evento es organizado por la jerarquía de la Iglesia católica desde 1985, y fue creado por Juan Pablo II en el contexto de la caída del socialismo burocrático ex estalinista y el papel que jugó en Polonia

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BRASIL.- Notas para una interpretación histórica de la trayectoria del Partido de los Trabajadores (PT)

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Por Valerio Arcary *

Revista Herramienta

http://www.herramienta.com.ar/

Traducción de Aldo Casas

Hubo algo de formidable y emocionante, pero también algo de terrible en la historia del PT. Utilizando vocabulario acuñado por los clásicos griegos, tuvimos el momento epopeya, el momento tragedia y hasta un poco de comedia en la trayectoria a lo largo de la cual el petismo se transformó en el lulismo.

El PT fue el mayor partido en la historia de la clase trabajadora brasileña en el siglo XX. En los años 80, Lula y la dirección del PT (que organizaron la corriente interna Articulación) fueron capaces de aferrarse a un partido que, en diez años, evolucionó de una organización de unos pocos miles a otra con cientos de miles de activistas. Y que pasó de obtener el 10% de los votos en 1982 para gobernador en San Pablo (y en promedio menos de 3% en los otros estados), a librar una pelea muy cerrada en el segundo turno de las elecciones presidenciales de 1989, contando sólo con aportes voluntarios.

El PT de 2011 es, evidentemente, otro partido, aunque la fracción dirigente sea esencialmente la misma. En tres décadas, el PT eligió muchos miles de concejales, algunos centenares de diputados estaduales y federales, alcanzó el gobierno de más de mil intendencias, muchos estados y está por tercera vez a cargo de la presidencia. El PT de 2011 es la máquina electoral más profesional de Brasil, integrada evidentemente a las instituciones del régimen y asociada, estrechamente, a algunos de los más poderosos grupos empresariales. Paradójicamente, la autoridad de Lula no disminuyó.

El PT como sorpresa histórica

La explicación del prestigio de Lula descansa, en primer lugar, en la historia del PT. No hay razón para no recordar que en 1979/1980 la formación de un PT sin patrones, que evolucionó y ganó influencia de masas rápidamente en las grandes ciudades del estado de San Pablo, liderado por un dirigente huelguista metalúrgico, sin relaciones internacionales sólidas, fue un fenómeno político admirable y, también, imprevisto. El PT no fue un accidente histórico, pero sí una sorpresa.[1] A fines de los años 70, la mayor parte de la burguesía brasileña y los líderes políticos de la dictadura todavía temían, seriamente, el espacio político que podrían ocupar cuando llegara la amnistía el Partido Comunista Brasileño (PCB) por un lado y por el otro, Brizola y Arraes. Era la etapa histórica de la guerra fría. Un tiempo de anticomunismo primitivo.

El PT y Lula son hoy muy sobreestimados, pero sería injusto no recordar que cuando aparecieron en la vida política nacional, en 1979/1980, fueron subestimados. Tan desdeñado fue el PT hasta 1982 que un sector de la prensa y de los medios de la época no prestaron mucha atención al impresionante liderazgo de Lula entre los obreros del ABC [2] y, por eso, le facilitaron una visibilidad política que nunca fue concedida, por ejemplo, a Prestes.[3]

Sin embargo, después de la fundación de la Central Unitaria de Trabajadores(CUT) en 1983, la política de la burguesía y de los medios respecto al PT cambió. El proceso de transición democrática que la dictadura perseguía estaba siendo amenazado por las apariciones de Lula y por el rol del PT alentando al proletariado de todo el país a lanzarse a la lucha sindical y política de un modo independiente. Ser petista era sinónimo de ser un igualitarista, un radical. Cuando comenzó a sentirse el peso de una vanguardia de algunos cientos de miles de activistas, sobre todo durante la campaña por las "Directas",[4] el PT pasó a ser considerado seriamente como un enemigo y Lula como un peligro. Después de la elección de Erundina a la Intendencia de San Pablo, en 1988, se creó el segundo turno en las elecciones mayoritarias para prevenir la amenaza de nuevas victorias petistas. La militancia petista marcaba una diferencia en las huelgas, en las ocupaciones y, también, en las elecciones.

El PT que nació de las huelgas de 1979/1981

No parece ser muy polémico sostener que el PT nunca fue un partido revolucionario, pese a que muchos luchadores honestos que combatían por la revolución brasileña hayan militado con abnegación y sacrificio en sus filas. Un análisis sobrio permite concluir que el PT surgió como un partido obrero con un proyecto de representación independiente de la clase trabajadora, pero con un proyecto político predominante, en su dirección, de reformas para la regulación del capitalismo brasileño.

En diez años, entre 1979 y 1989, en función de la decisión política de ser opositores a la apertura lenta, gradual y controlada de la dictadura militar -la estrategia de transición a la democracia que adoptaron los gobiernos Geisel y Figueiredo, bajo la inspiración del general Golbery-, el Partido de los Trabajadores logró ser un polo de atracción para lo mejor de la generación de activistas sociales que estuvieron al frente de los mayores movimientos de masas de la década, disminuyendo la autoridad del Movimiento Democrático Brasileño (MDB) de Montoro y Tancredo cuando éstos fueron electos gobernadores en San Pablo y Minas Gerais en 1982, y desplazando la influencia que hubiera podido ser atraída por el liderazgo de Brizola, electo el mismo año gobernador de Río de Janeiro, e incluso la del PCB de Prestes, cuando éste volvió del exilio.

Aquellos fueron los años en que la dirección del PT y Lula ganaron su prestigio político. Defendieron las huelgas, apoyaron el nacimiento del Movimiento de Trabajadores rurales Sin Tierra (MST), ayudaron al movimiento estudiantil, acogieron el movimiento de mujeres, protegieron al movimiento popular urbano de lucha por viviendas, auxiliaron al movimiento negro y, lo que no es menos importante, enfrentaron a la dictadura, lanzaron la campaña por las "Directas" y denunciaron el acuerdo que culminó en el Colegio Electoral que permitió, finalmente, la toma de posesión de Sarney. Pero, después de 1988, cuando asume la Intendencia de San Pablo, el PT comenzó a cambiar. Comprender estas presiones remite a la historia de la lucha de clases trabajadora como clave para entender el destino del PT.

Un proletariado joven y combativo, pero políticamente inexperto

Fue a lo largo de esos treinta años cuando se desarrolló la experiencia de miles de huelgas de las más diversas categorías de trabajadores, que revitalizaron los sindicatos. Se dio también el gran aprendizaje de las huelgas generales en los años 80. Estuvieron los imponentes actos de Lula en 1989, con centenares de miles de personas en la calle. La lucha de los jubilados después del plan Zelia/Collor conmovió al país. Sin olvidar la histórica huelga de los petroleros de 1995, la marcha del MST de 1997 sobre Brasilia un año después de la masacre de Eldorado de Carajas y muchas otras luchas populares. Pero en esos combates parciales, la clase trabajadora brasileña siempre fue más radical en sus acciones que en sus reivindicaciones. Movió montañas, pero reclamando muy poco.

Solamente en dos ocasiones, durante ese intervalo histórico de tres décadas de creciente confianza en la dirección de Lula, del PT y de la CUT, las masas populares lograron irrumpir en la escena política con la inmensa fuerza de su movilización política en las calles, amenazando al gobierno de turno. Su programa, incluso cuando actuaba con métodos revolucionarios -voltear gobiernos en las calles es una acción revolucionaria, incluso si las movilizaciones son pacíficas-, era reformista.

La movilización por objetivos políticos fue, por lo tanto, algo poco común, inusitado. Y para voltear gobiernos odiados, fue excepcional. Las masas populares y la juventud descubrieron en las "Directas" y en el "Fuera Collor"el poderío de su acción. Pero quedó claro también, con la asunción de Sarney (1985) y de Itamar (1992), que era más fácil juntarse contra Figueiredo y contra Collor que unirse a favor de un proyecto anticapitalista. El socialismo, una vaga referencia para millones, no era sino una aspiración de mayor justicia. Salieron a las calles expresando lo imponente de su fuerza, la de una inmensa mayoría de pobres, desheredados en un país enorme, urbanizado en pocas décadas, muy joven y casi sin instrucción.[5]

El PT y las fluctuaciones de la relación de fuerzas entre las clases

La CUT el PT y Lula se legitimaron en ese proceso, pero la clase trabajadora no estaba ni social ni políticamente al frente de la mayoría popular explotada. No dirigía, era acaudillada. Ni las "Directas" ni el "Fuera Collor" fueron construidas con una plataforma que destacase las reivindicaciones de clase. El programa que llevó a la lucha de millones no era sino democrático. No sorprende que los grandes combates se dieran en los límites de alianzas con disidencias burguesas, como el MDB de Ulysses Guimaraes y Tancredo Neves en 1984 u Orestes Quercia y Brizola en 1992.

En 1992, cuando ya poseían una influencia mayoritaria en la clase trabajadora, el papel de Lula y del PT fue regresivo: llegaron a las calles con atraso, y les tocó el papel de bomberos, asegurando la asunción de Itamar que, más allá del estado de Minas, era un ilustre desconocido, pese a ocupar casi accidentalmente la vicepresidencia.

A pesar de la presión de inercia reaccionaria en un país culturalmente muy atrasado, donde el miedo a las represalias siempre fue muy efectivo para neutralizar la acción colectiva del pueblo, y poco organizado políticamente, la mayoría de la clase trabajadora organizada en los sindicatos fue evolucionando a la izquierda en los años 80. Llegó a protagonizar dos huelgas generales, en 1987 y en 1989 que, pese a ser parciales, alcanzaron dimensión nacional. De las ilusiones en el PMDB la clase trabajadora giró a la oposición al gobierno de Sarney y llevó a Lula hasta el segundo turno en 1989. También las clases medias urbanas evolucionaron a la izquierda en los años finales de la dictadura, pero después se dividieron: la mayoría se desplazó hacia el apoyo a Collor en 1989 y después apoyó eufóricamente al plan Real. Tras la devaluación de la moneda, en 1999, los sectores medios se alejaron lentamente del gobierno de Fernando Henrique Cardoso y del PSDB, que se desangraba con sucesivos escándalos de corrupción, aproximándose a Lula al mismo tiempo que el PT giraba la derecha desvergonzadamente. Terminaron por encontrarse en 2002.

La mayoría del pueblo desorganizado se mantuvo como base electoral de los partidos burgueses, herederos de Arena y del PMDB, a lo largo de los veinte años que van de 1982 a 2002, cuando fue electo Lula. Resumiendo: primero, en los años 80 los sectores organizados del proletariado y la juventud estudiantil, pero después, con el pasar de los años y en el cambio de siglo, una parte de la clase media y también parte de las masas populares semiproletarias apostaron al cambio de sus vidas mediante la representación política que el PT y Lula ofrecían. Una promesa de reformas con escasos riesgos de confrontación con los poderosos intereses del capital.

Cuatro crisis

En este proceso, el PT enfrentó muchas crisis, pero fueron cuatro las que marcaron su historia. La dinámica política de su evolución no fue lineal. El criterio para definir cuáles fueron las crisis más importantes es polémico. La hipótesis de este artículo es que una crisis es significativa cuando un partido sale de la misma cualitativamente diferente de lo que antes era. En los años 80, por ejemplo, cuando la situación política evolucionaba hacia la izquierda por la movilización más activa de los trabajadores y la juventud, el PT tuvo una primera ruptura por la derecha, pero fue indolora, tanto en la vanguardia más orgánica como en el área de la influencia electoral.[6]

La primera gran crisis vino con el gobierno Erundina al frente de la Intendencia de San Pablo. La cuestión central que se planteaba era la relación con el régimen democrático: aceptar o no los límites legales de la constitucionalidad. Erundina y otros intendentes petistas, como Diadema en el ABC de la región metropolitana paulista, se vieron frente al dilema de ocupaciones de tierras públicas y privadas por los movimientos de lucha por vivienda, y frente a huelgas de empleados públicos. Apelaron a la represión, unos más y otros menos, y hubo incluso episodios con presos y heridos. En el partido no hubo ruptura, pero las placas tectónicas del PT se movieron. El PT pagó la deuda externa del municipio, escrupulosamente, y no vaciló en utilizar a la Policía Militar contra la lucha obrera y popular.

Al comienzo de los años 90, cuando la situación política evolucionaba hacia la derecha y las presiones burguesas por la estabilidad del régimen democrático eran más intensas, la dirección del PT convocó al Primer Congreso y decidió expulsar a Convergencia Socialista, una corriente trotskista que constituyó, tras unificarse con otras organizaciones marxistas, el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU).[7] Fue la segunda gran crisis. A partir de allí, las tendencias de izquierda que seguían resistiendo en el PT quedaron advertidas de cuál sería su destino en caso de desafiar a la dirección. Esta crisis no tuvo repercusión electoral, pero dejó una herida incurable: el ala revolucionaria había sido eliminada y las reacciones fueron declamatorias.

Paradójicamente, con el impulso del "Fuera Collor" la corriente mayoritaria del PT -que había ido demasiado lejos en su viraje hacia la derecha en el primer congreso de 1991- se dividió, originándose la Articulación de Izquierda. Esta corriente, unida a las tendencias marxistas Democracia Socialista (DS) y Fuerza Socialista, entre otras, se impuso en el Encuentro Nacional del PT en 1993. La reacción, sin embargo, reveló ser "fuego de paja" y efímera. En el Encuentro Nacional de 1995, después de la segunda derrota presidencial de Lula en 1994, la Articulación liderada por Zé Dirceu recuperó la mayoría, en alianza con la tendencia Nueva Izquierda, liderada por Jose Genoino y Tarso Genro.[8]

En 1999, la dirección del PT, tras la tercera derrota electoral de 1998, concretó otro viraje más hacia la derecha: vetó la campaña "Fuera Fernando Henrique Cardoso" que venían siendo construida por la CUT y el MST, con el apoyo de la izquierda interna y externa al PT y había realizado en Brasilia un acto con 100.000 activistas. La campaña por "Fuera FHC" buscaba repetir lo que había sido la campaña "Fuera Collor" en 1992 y amenazaba crecer, en un contexto de intenso malestar provocado por la maxidevaluación del real en el primer mes del segundo mandato de Henrique Cardoso. La inflexible posición de la dirección del PT -Zé Dirceu condicionó su aceptación de la presidencia del PT a la derrota de la moción favorable al "Fuera FHC"- demostró al gobierno de Fernando Henrique Cardoso la disposición de bloquear cualquier movimiento social.

Coherente con la decisión de dar pruebas de su compromiso con la gobernabilidad, en julio de 2002 la dirección del PT preparó un manifiesto coincidente con el lanzamiento de la cuarta candidatura de Lula a la presidencia, teniendo esta vez como vice a Zé Alencar, uno de los más grandes empresarios del sector textil y senador por Minas Gerais. Este documento declaraba con todas las letras la decisión de honrar el pago de la deuda pública, interna y externa.

Finalmente, en 2003, luego de la elección de Lula, la dirección del PT no vaciló en expulsar a Heloisa Helena y a los diputados que luego formarían el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), nuevamente con la acusación de indisciplina, por haberse negado a votar en el Congreso la Reforma de la Seguridad Social. Fue la tercera gran crisis. Quedó comprobado que a la dirección del PT no le temblaría la mano para imponer el giro a la derecha.

Fue sin embargo en 2005 cuando el PT atravesó la crisis más seria de su historia. Una parte del núcleo duro de su dirección fue decapitada, políticamente, por la crisis abierta con las denuncias del mensalao.[9] Pese a la inocultable satisfacción de las fracciones mayoritarias de la clase dominante con el gobierno Lula desde su primer mandato, la oportunidad abierta por la crisis del mensalao precipitó una ofensiva política burguesa en el Congreso Nacional y en los medios, con algún eco en las calles, las fábricas y las universidades, que hizo tambalear a Lula en el Palacio de Planalto. El mensalao obligó al PT a sacrificar a Zé Dirceu y a decenas de líderes, desmoralizó al partido en los sectores más críticos del activismo obrero y popular, en buena parte de la vanguardia estudiantil más luchadora y en los medios más honestos de la intelectualidad de izquierda. Después de ocho años en el poder, el carácter de clase de la dirección del PT cambió. Las señales de rápido enriquecimiento pasaron a ser inocultables. El mismo partido cambió de naturaleza social. Pasó a la historia el partido obrero reformista. Luego de años en el poder, nació un partido con relaciones orgánicas con algunas fracciones de la burguesía brasileña.

El PT conservó, pese a todo, una influencia mayoritaria en el proletariado. Entre 2002 y 2010 Lula hizo un gobierno que recibió aplausos casi unánimes de lo que hay de más reaccionario en Brasil y en el mundo: desde Maluf a Delfim Neto, de Michel Temer a Henrique Meirelles, de Busch a Sarkozy, de Merkel a Putin, y no faltaron entre los mayores banqueros, empresarios y latifundistas voces dispuestas a admitir públicamente el deslumbramiento de las clases dominantes de todos los continentes con Lula y el PT. Por si eso no bastara y a pesar del impresionante descubrimiento del financiamiento electoral a través de obscenas relaciones con el empresariado -una rutinaria corrupción que el PT siempre había denunciado-, Lula sorprendió por la resiliencia de su autoridad en la clase obrera. Es verdad que las condiciones de crecimiento económico internacional beneficiaron a Lula y su gobierno. Pero no fueron solamente estas condiciones externas favorables las que pueden explicar la perdurabilidad de la influencia del PT en la clase trabajadora. Tampoco pueden hacerlo las más de diez millones de "bolsas familia" distribuidas.

La transformación del petismo en lulismo

Las posiciones políticas no son, sin embargo, el único parámetro para comprender al PT. Los partidos pueden ser juzgados por la historia de su línea política, las campañas políticas en que se compromete y sus luchas políticas internas; por la confrontación entre sus posiciones cuando están en la oposición y cuando están en el poder; por el programa para transformar la sociedad, o incluso por los valores e ideas que inspiran su identidad; por la composición social de sus miembros -militantes o simpatizantes- o de sus electores, o de su dirección; por el régimen interno de su funcionamiento; por las formas de su financiamiento o por sus relaciones internacionales. Todos estos criterios son válidos, y la construcción de una síntesis exige una apreciación de su dinámica evolutiva. Lo único que no es posible es juzgar a un partido por lo que él piensa de sí mismo.

Si se considera el ángulo político-sociológico, el PT nació como un partido obrero con influencia de masas minoritaria hasta 1987 y mayoritaria en la clase trabajadora a partir de 1989; con una corriente mayoritaria en la dirección, desde la fundación, liderada por un bloque político que unió a una fracción de la burocracia sindical con aspiraciones de clase pequeño burguesa y un colectivo de líderes provenientes de la intelectualidad militante de la generación del 68, o académica; un núcleo dirigente que aceptaba el papel de caudillo de Lula, simultáneamente, como portavoz público y como Bonaparte interno de sus distintas agrupaciones; un programa democrático-radical de reformas, o sea, de regulación social del capitalismo, que se convino en llamar democrático-popular; relaciones internacionales híbridas que unían el apoyo de un sector de la jerarquía católica, vía Holanda y Alemania (con relaciones institucionales minoritarias en el Vaticano), el apoyo de una fracción de la socialdemocracia internacional (vía Partido Socialista francés y SPD alemán), el apoyo de un sector del aparato estalinista internacional (vía Cuba y posteriormente de Alemania Oriental); y finalmente, pero no menos importante, con un ala izquierda muy fragmentada y en distintas organizaciones, con la peculiaridad además de la presencia de algunos miles de trotskistas. Este criterio lleva a considerar importante la relación de la CUT con los fondos de pensión estatales a partir de los años 90, en plena era de privatizaciones. La explicación de este proceso exige también una perspectiva histórica.

Cuatro etapas en la historia del PT

Otro camino para construir una historia del PT es un análisis histórico-político del partido. Las periodizaciones son discutibles, pero inevitables. Desde este ángulo, la historia del PT puede ser dividida en cuatro fases cualitativamente distintas:

a) Entre 1980 y 1985, el PT fue un partido de oposición al régimen militar y al gobierno Figueiredo, y principal impulsor de todas las luchas sociales contra la dictadura, con lo que conquistó el liderazgo de los movimientos sociales, pasando a ocupar el lugar que antes de 1964 pertenecía al PCB. Después de la elección de Sarney en el Colegio Electoral y luego de la elección de la Constituyente en 1986, pero sobre todo después de las elecciones municipales de 1988, el PT dejó de ser un partido de oposición al régimen, ahora un régimen democrático-electoral, pero siguió siendo un partido de oposición intransigente al gobierno;

b) Después de la derrota ante Collor de 1989 y de las elecciones para los gobiernos estaduales de 1990, bajo la presión de la nueva situación internacional abierta por la caída del muro de Berlín, el compromiso de la dirección del PT con la constitucionalidad llevó al partido a vacilar frente al gobierno Collor. Por eso se negó a asumir la iniciativa de comenzar una campaña reclamando "Fuera Collor" en 1991, en ocasión del Primer Congreso, pero después que la campaña, a pesar del PT, ganó apoyo de masas en las calles, en agosto de 1992, pasó a apoyarla;

c) Después de la elección de Henrique Cardoso en 1994, hasta 2002, el PT mantuvo una postura de oposición parlamentaria, aunque negándose a movilizar su base social de apoyo para tratar de impedir que el gobierno de Cardoso gobernase, incluso cuando en 1999 se abrió la posibilidad de hacer contra este gobierno un movimiento semejante al realizado contra Collor. En este proceso se consolidó el liderazgo de José Dirceu. Finalmente, luego de la victoria de Lula o, más precisamente, después de la "Carta a los brasileños" de julio de 2002, cuando se transformó en partido de gobierno, el PT pasó a ser el principal soporte de contención social para garantizar la gobernabilidad de Lula. Fue el PT es que contuvo la posibilidad de que el desgaste social acumulado por el desempleo, la congelación salarial y las privatizaciones de los años de Henrique Cardoso se expresaran bajo la forma de movilización popular. Y es la presencia de Lula, sobre todo, lo que permite explicar por qué el régimen democrático en Brasil no atravesó una crisis como en la Argentina de 2001;

d) El PT fue el partido dirigente del gobierno de Lula que consiguió, entre 2002 y 2010 -sobre todo después de 2006- la estabilización política del régimen democrático electoral: ninguno de los gobiernos electos después de 1989, ni Collor, ni Itamar, ni Fernando Henrique Cardoso habían tenido tanto éxito en anular la protesta obrera y popular. Durante estos ocho años de mandato, el PT atravesó la crisis del mensalao en 2005 y salió de ella, otra vez, irreconocible: el escándalo expuso el desprecio de la dirección del PT por los límites éticos más elementales, aceptando el financiamiento ilegal en una escala apocalíptica de decenas de millones de dólares.

El PT frente a su futuro

Cada generación saca conclusiones reflexionando, comparativamente, en base a un repertorio de lecciones heredadas. La reelección de Lula en 2006 y la elección de Dilma Rousseff tuvieron sus cimientos en los vientos favorables de la situación económica mundial entre 2003-2008 y la recuperación del crecimiento en 2010: el mantenimiento de una baja inflación, el aumento lento pero constante del salario mínimo, la preservación del salario medio y la disminución del desempleo que permitieron el acceso al crédito, y la extensión de políticas públicas como el "Bolsa Familia".

Frente a circunstancias excepcionales, como fue la caída de la dictadura del Estado Novo (1937-1945) o de la dictadura militar (1964-1984), los trabajadores debieron encontrar un nuevo punto de apoyo político y/o sindical, como fue el proceso abierto por la derrota del nazi fascismo en la Segunda Guerra Mundial, que llevo a que el PCB se convirtiese en partido con influencia de masas desplazando al varguismo, o como fue el proceso entre 1978-1984 que originó al PT, substituyendo al PCB de Prestes.

La etapa de aprendizaje sindical-parlamentario -conocida en la tradición marxista como la estrategia alemana, por analogía con la historia de la socialdemocracia más poderosa del mundo- sólo se agota al calor de una situación revolucionaria que aún no se abrió. La colaboración de clases es un proyecto que renace una y otra vez, en tanto los trabajadores no hayan ganado suficiente confianza en sí mismos y su lucha. Las masas pueden abandonar al jefe de ayer, sin renunciar a las quimeras de su sueño. Pueden, también, reconciliarse con líderes que las decepcionaron.

Entre 1994 y 2002, vía fondos de pensión y a través de la participación en la gestión de los fondos públicos, la burocracia sindical de la CUT, que es aún el principal aparato de apoyo social de la dirección del PT, entró al mundo de los negocios. Después de la elección de 2002, el PT pasó a tener relaciones orgánicas con el gran capital brasileño, y pasó a aceptar con la crisis del mensalao el nuevo papel cesarista de Lula como líder incondicional. E insustituible. Lo que anuncia su ruina. Sin embargo, las ilusiones reformistas de los trabajadores no mueren solas. Serán aún necesarios acontecimientos extraordinarios, como en los ciclos históricos anteriores, para que una nueva dirección pueda afirmarse.

* Valério Arcary es historiador. Profesor de CEFET/SP, doctorado en Historia por la Universidad de São Paulo (USP), miembro de la dirección nacional del Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU) de Brasil.

 

Notas

[1] En la tradición marxista, un accidente histórico es un fenómeno transitorio, efímero por lo tanto. El antagonismo entre la necesidad y lo casual es uno de los temas teóricos más apasionantes en el terreno interdisciplinario de la filosofía y la historia.

[2] La sigla ABC alude a las ciudades que conforman la periferia proletaria de San Pablo, donde tienen asiento las mayores fábricas automotrices y metalúrgicas de la inmensa metrópoli.

[3] Legendario dirigente histórico del PCB.

[4] Se refiere a la exigencia de que las autoridades nacionales fuesen designadas mediante elecciones directas y no mediante una elección indirecta en un Colegio Electoral amañado por la dictadura, como finalmente ocurrió.

[5] Entre 1950/1980, Brasil en promedio duplicó el PBI en cada década. Fueron necesarios solamente treinta años para duplicar la población. En términos reales, la renta per cápita era en 1980 50% mayor que en 1950. Demoró, sin embargo, los últimos treinta años para duplicar el PBI de 1980. Y también demoró treinta años en duplicar la escolaridad media: en 2010 alcanzó una escolaridad media de siete años (para la población con 15 años o más), que es la mitad de la escolaridad en los países europeos del Mediterráneo.

[6] Tres diputados federales, Bete Mendes, José Eudes y Airton Soares rompieron con el partido en 1985 porque el PT no apoyó la Alianza Democrática que eligió, indirectamente, la lista Tancredo/Sarney en el Colegio Electoral de la dictadura, luego de la campaña por las "Directas" en 1984. Se fueron solos, sin arrastrar militantes ni afectar mayormente la influencia electoral que siguió creciendo. La trayectoria posterior de Soares fue errática: pasó por el PDT (apoyando en 1989 la candidatura de Brizola), el PSDB, el PPS (con

Ciro Gomes en 1998) y finalmente se afilió al Partido Verde (PV) apoyando a Marina Silva en 2010.

[7] Convergencia Socialista había sido una de las primeras tendencias presentes desde la fundación. Zé Maria de Almeida fue uno de los que defendió la idea de formar un PT en el Congreso de los metalúrgicos de Lins en 1979. En 1992, la acusación que fundamentó la expulsión de CS fue indisciplina, porque la tesis que defendía la necesidad de una campaña para intentar voltear a Collor había sido derrotada en el primer Congreso Nacional del PT de 1991, con el voto del 30% de los delegados. Convergencia Socialista orientaba el 10% de este bloque y llegó a tener dos diputados en el Congreso nacional. CS no aceptó la decisión y, apoyada en una influencia sindical y estudiantil que era superior a su presencia orgánica en el PT -15% en la CUT y 20% en la Unión Nacional de Estudiantes- apoyó en las calles el "Fuera Collor". El PSTU presentó como candidato a Zé Maria en las elecciones de 1998, 2002 y 2010, pero sin obtener representación parlamentaria. Fue la principal corriente de izquierda anticapitalista que impulsó la constitución de la Central Sindical y Popular/Coordinación Nacional de Luchas (CSP/CONLUTAS) que nació en 2005.

[8] La tendencia Nueva Izquierda surgió de la disolución en 1989 del Partido Comunista Revolucionario. El PCR nació en 1979 de una división del Partido Comunista de Brasil (PCdB), cuya historia remite a la escisión China-Unión Soviética de 1961. El PCdB compartió la línea maoísta defendida por Albania y estuvo al frente de la guerrilla de Araguaia a comienzos de la década del 70. El PCR fue parte de la oposición de izquierda en el interior del PT de los años 80. La Nueva Izquierda realizó el giro político más inverosímil a fines de los años 80: llegó a la conclusión que el estalinismo era indisociable del leninismo y del mismo marxismo.

[9] Gigantesco escándalo de coimas y sobornos a parlamentarios y prominentes figuras gubernamentales.

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