Ya salió El Socialista Centroamericano No 277.-

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EL SALVADOR.- ¡OTRA VEZ LLAMAMOS A VOTAR NULO!

Este próximo 3 de febrero del 2019 se realizarán las elecciones presidenciales en El Salvador. La Constitución de 1983 estableció un antidemocrático sistema político que nunca consulta al pueblo, pero para guardar las formalidades cada cinco años todas las personas aptas tienen la opción de votar y decidir que fuerza política estará al frente del gobierno y del Estado.

 

Estas elecciones presidenciales se efectúan en una situación marcada por un prolongado estancamiento económico, lo que obliga a decenas de miles a emigrar en inseguras caravanas hacia Estados Unidos. Por más que el gobierno del Frente Farabundo Martí para la Liberación nacional (FMLN) pretenda maquillar las cifras, creando falsas ilusiones, la realidad es que la situación económica del pueblo salvadoreño y de la clase trabajadora en particular es muy crítica.

Pero, además, estas elecciones presidenciales se realizarán después de dos periodos presidenciales continuos de la ex guerrilla del FMLN. Existe una amplia decepción con el FMLN, porque no realizó los cambios democráticos que prometió impulsar cuando era un partido de oposición. Al llegar al poder se acomodó, rompió finalmente con su pasado revolucionario y con la lucha antiimperialista. La mayor parte de su cúpula dirigente se enriqueció con los jugosos presupuestos del Estado que llegaron a manejar. Los discursos y las posturas revolucionarias se fueron apagando hasta desaparecer por completo. El FMLN de la época de la guerra civil ya no existe, fue sustituido por un partido reformista que se adaptó completamente al sistema capitalista.

Por ello la crisis del FMLN es más que evidente. Se ha producido un doble fenómeno: por un lado, ARENA ha logrado retener a sus bases y en cierta medida ha superado la crisis que tenía en el año 2009, cuando el FMLN ganó por primera vez las elecciones y ascendió al poder; pero por el otro lado, también se produjo el fenómeno de la disidencia de Nayib Bukele, quien se alió con el partido GANA, pasando a ser parte de su fórmula presidencial. Los errores del FMLN catapultaron a Bukele, quien hoy aparece como favorito en las encuestas.

El panorama no es alentador. Los errores e incapacidades del FMLN están conduciendo a que la derecha retome el poder, ya sea a través del viejo partido ARENA o de su disidencia conocida como GANA, porque debemos decirlo claramente: Nayib Bukele representa a un nuevo sector de la derecha, que maneja un discurso democrático y de justicia social, pero que es la negación absoluta de las transformaciones democráticas que demanda El Salvador, un país que ha caído en la decadencia y la barbarie.

El pueblo salvadoreño demanda una solución al crónico problema de la criminalidad y la violencia que lo desangra. Ninguno de los planes represivos contra las maras y pandillas ha dado los frutos esperados porque ningún gobierno, sea de ARENA o del FMLN, atacaron las raíces del mal: el proceso de pauperización y marginalización social de decenas de miles de jóvenes, que no tienen opción para trabajar o estudiar. Han atacado los síntomas, pero no el origen de esta enfermedad social.

Cada partido político dentro de la contienda electoral ha presentado su respectivo programa, pero todos son similares, todos adolecen de lo mismo: no presentan soluciones reales a los problemas que aquejan al pueblo y a los trabajadores. No podemos decir que todos los candidatos son iguales, unos son más derechistas que otros, lo que tienen en común es que sus programas no presentan soluciones reales, sino un poco más de lo mismo, que ya conocemos.

Por esta razón, al no existir una opción electoral de izquierda dentro del actual proceso electoral, el Partido Socialista Centroamericano (PSOCA) llama nuevamente a votar nulo, como un voto de protesta y de rechazo al antidemocrático sistema político. El Salvador demanda cambios, pero estos partidos patronales, incluido el reformista y aburguesado FMLN, no son la solución. Debemos trabajar duro para construir una nueva alternativa revolucionaria, democrática y antiimperialista.