VENEZUELA.- Hiperinflación, caos económico y desintegración social

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Por Orson Mojica

La economía de Venezuela, en el transcurso del siglo XX, ha dependido del modelo de exportación petrolero. Cuando los precios del petróleo fluctúan, las consecuencias las sufre el pueblo venezolano.

Cuando Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela en el año 1998, el precio del petróleo andaba por los 10 dólares. La insurrección popular conocida como el Caracazo, ocurrida 11 años antes (1987), precisamente por el derrumbe de los precios del petróleo a nivel mundial, y los bajos precios del petróleo en el año 1998, crearon un contexto favorable para que Chávez ganara las elecciones. Cuando Chávez murió, en el año 2013, el precio internacional del petróleo superaba los 100 dólares, llegando a su clímax. Al año siguiente, comenzó otro desplome de los precios del petróleo a nivel mundial, y con ello se inició nuevamente la caída de la economía venezolana.

Hoy la situación es casi la misma al año 1987 y 1998 (bajos precios del petróleo y grave crisis económica) pero con una enorme diferencia política: la crisis económica ocurre después de casi dos décadas de gobiernos del chavismo. El gobierno de Nicolás Maduro se ha transformado ahora en una dictadura cívico-militar, que se resiste a abandonar el poder, pero tampoco soluciona la crisis económica, esperando vientos favorables que le permitan salir del atolladero.

Dependencia del petróleo y de las importaciones

La riqueza petrolera venezolana ha sido como una maldición. El país se acostumbró el incesante flujo de petrodólares. Resultaba más fácil y barato comprar los productos en el mercado mundial, que producirlos en Venezuela. Con ello se inició un interminable ciclo de dependencia de las importaciones, creándose también una enorme red de corrupción alrededor del manejo de las divisas y de las compras en el extranjero.

Chávez no rompió ese modelo de capitalismo dependiente del petróleo, sino que se montó en el mismo para proclamar el “socialismo del siglo XXI” Bajo los gobiernos de Hugo Chávez, en medio de la bonanza petrolera, el gasto público pasó del 24% al 40% del PIB, una cifra altísima que dio muchos réditos políticos al chavismo. El modelo nunca fue cuestionado mientras existiese el flujo de petrodólares. Ahora la situacion es diferente.

Endeudamiento y agotamiento del modelo petrolero

Pero ya desde el año 2012, un año antes de la muerte de Chávez, el modelo chavista consistente en un permanente aumento del gasto social para combatir la pobreza y consolidar su clientela política, ya estaba dando síntomas de crisis y agotamiento. Ese año, las importaciones de Venezuela descendieron en un 80%. En 2013, un año antes del desplome de los precios del petróleo, el déficit de las finanzas públicas representaba el 15% del PIB. Para mantener las apariencias del modelo, en un momento crítico como fue la muerte de Chávez, se recurrió a un mayor endeudamiento.

Para el año 1998 la deuda externa per cápita era de 1.693,29 dólares. Para el año 2017, había subido a 4,720 dólares, es decir, aumentó el 64,1%. Para el año 2017, la deuda externa de Venezuela se calculaba en 150,000 millones de dólares. El 70% de esta deuda está en bonos, principalmente en manos de inversionistas independientes, la mayoría de Estados Unidos.

La asfixia financiera del gobierno de Maduro se acentuó con las recientes medidas adoptadas por Donald Trump, quien estableció prohibiciones a los procesos de renegociación de la deuda externa venezolana.

En el año 2018, el gobierno de Venezuela deberá pagar US$ 8.400 millones de dólares en concepto de deuda externa, de los cuales US$ 5.500 millones son de bonos República en deuda soberana y US$ 2.900 millones de bonos de PDVSA. En los próximos diez años, Venezuela deberá pagar US$ 91.000 millones de dólares por concepto de deuda pública externa. En el año 2017 Venezuela ya no pudo pagar sus deudas. Este año 2018, de manera inevitable, entrará nuevamente en default, es decir, no podrá honrar sus compromisos de deuda. Un ciclo que muestra la economía “cuesta abajo y de rodadas”.

Los gobiernos de China y Rusia han socorrido financieramente al gobierno de Nicolás Maduro, otorgando prestamos onerosos, cuyos pagos son garantizados con barriles de petróleo. Aun así, las reservas internacionales de Venezuela continúan cayendo. Antes del año 2013, se calculaban en 30.000 millones de dólares, para el año 2017 habían caído a 10.000 millones de dólares y la tendencia es hacia abajo.

Todos los indicadores macroeconómicos muestran que la economía de Venezuela está postrada, en cuidados intensivos y con pronóstico reservado.

Crisis económica e hiperinflación

Con menos ingresos de petrodólares, sin fuentes de financiamiento internacional, el gobierno de Nicolás Maduro ha tenido que recurrir a la impresión de billetes que no corresponden al valor de los bienes en la economía. Este es el origen de la hiperinflación.

Acorralado a nivel interno por el crecimiento de la oposición derechista, que terminó controlando la Asamblea Nacional en diciembre del 2015, el gobierno de Maduro no ha podido imponer un plan de ajustes brutal para poner en orden la economía, por el riesgo de perder más base social. Entones, ha tenido que aplicar medidas hibridas, que contienen un ajuste neoliberal a medias, que no lo aplica en la dimensión que la economía capitalista lo requiere, castigando con mayor rigor a la clase media, mientras todavía mantiene algunos subsidios para los pobres, pero en condiciones cada vez más precarias.

El resultado de la crisis es el caos económico. Según FEDECAMARAS, de 12,000 empresas privadas existentes, la mitad ha tenido que cerrar operaciones, afectando los niveles de empleo. En el año 2017, la inflación había acumulado 1,115%, pero los salarios apenas habían subido un 555%. Las soluciones de Maduro no lo hacen quedar bien ni con los empresarios, mucho menos con los trabajadores.

Reducción de divisas, desempleo y éxodo masivo

En 2015, según datos oficiales del Banco Central de Venezuela (BCV) la inflación fue del 180,9%, alcanzando por primera vez los tres dígitos. En 2016 se triplicó y terminó en 550%. En 2017 pego un salto espectacular y cerró en 10,000%. En el primer semestre del 2018, alcanzó la astronómica cifra de 46.305%. Y los pronósticos del Fondo Monetario Internacional (FMI) indican que puede cerrar el año 2018 con la cifra de 700,000%. Una verdadera catástrofe de la economía, cuyas consecuencias las pagan las masas trabajadoras y los pobres de Venezuela.

Estas cifras son escalofriantes. Alemania en 1923 llegó a tener una hiperinflación de 26,000.000.000 lo que condujo posteriormente al ascenso de Hitler al poder en el año 1933. Y un ejemplo más cercano es Nicaragua en 1987 cuando la hiperinflación llegó al 33,547%, la más alta del mundo en ese momento, tres años después se produjo al triunfo electoral de alianza derechista de la UNO.

Según el FMI, la tasa de desempleo será del 33,3% en 2018 y del 37,4 para 2019. El cierre de la mitad de las empresas no solo trajo desempleo masivo, sino un éxodo que no tiene comparación en la historia de Venezuela. A partir del año 2014 el éxodo masivo de venezolanos que huyen de la crisis, pegó un enorme salto: siete de cada cien venezolanos (2,3 millones de personas) han abandonado el país, conforme datos de la ONU. La mayoría viaja a países limítrofes como Colombia, Perú, Ecuador y Brasil. Entre 2015 y 2017, la emigración hacia otros países de Sudamérica aumentó más de un 900%. Colombia tiene casi un millón de migrantes venezolanos en su territorio, quienes viven en condiciones deplorables. En cambio, los sectores de clase media viajan a otros países como Canadá, España y Estados Unidos. En este último país deben enfrentar las duras restricciones migratorias de la administración Trump.

El “Bolívar Soberano”: una brutal devaluación y plan de ajuste

Después de algunas vacilaciones y posposiciones, finalmente el gobierno de Maduro decidió aplicar un plan de conversión monetaria: el “Bolívar fuerte”, creado en enero del 2008 y que coexistió con el Bolívar en los últimos 10 años, fue sustituido por el “Bolívar soberano” el 20 de agosto del 2018. Detrás del afán de quitar cinco ceros al Bolívar, se esconde una monstruosa devaluación que hace desaparecer el poco nivel adquisitivo de los maltrechos salarios. El gobierno de Maduro pretende sustituir el Bolívar fuerte por el Bolívar soberano, y el primero subsistirá únicamente para redondear transacciones como si fuesen centavos de la segunda moneda.

En el año 2017 un dólar equivalía a 3,165 Bolívares, en el año 2017 un dólar se cotizaba a 111,143 Bolívares. Pero en año 2018, el dólar llegó a vales casi 6 millones de Bolívares. Con la nueva moneda, el dólar se cotiza de entrada a 60 Bolívares Soberanos. A pesar que el gobierno lo aumentó 34 veces el salario mínimo, con la nueva moneda éste quedó en 180 Bolívares Soberanos, equivalente a 30 dólares. Nunca antes los trabajadores habían ganado tan poco: un dólar diario. El Bolívar Soberano es la segunda gran conversión monetaria bajo las dos décadas de gobierno chavista.

Entre las medidas económicas, Maduro anunció que el “Petro”, la moneda virtual chavista para sortear el bloqueo financiero, tendría el valor equivalente a 60 dólares, es decir, el valor de un barril de petróleo, equivalente a 3600 Bolívares soberanos. Pero el plan de ajuste no solo contempla devaluación y reconversión monetaria, sino también reducción del déficit fiscal, lo que implica nuevos impuestos (aumento del IVA) y reducción del gasto público. De aplicarlo, se acabaría el modelo chavista de alta inversión en el gasto social, lo que tendrá consecuencias políticas a corto plazo.

El Paro Nacional en protesta

La oposición venezolana convocó a un Paro Nacional de 48 horas para el día 21 de agosto cuando comenzó la conversión monetaria. Una parte del país se sumó a la protesta: un sector de comerciantes y empresas pararon, pero fueron superados por la vorágine y la incertidumbre económica creada por la devaluación y la conversión monetaria.

Sombrías perspectivas para Venezuela

Venezuela se derrumba ante nuestros ojos. Nos cuesta creerlo, pero eso lo que realmente está ocurriendo. Bajo un inclemente bloqueo financiero del imperialismo, víctima de los propios errores estratégicos del chavismo que no rompió con la dependencia petrolera, ni invirtió en un proceso de industrialización de Venezuela y de desarrollo de un mercado interno, el gobierno de Maduro decidió mantener el rumbo capitalista, haciendo que los trabajadores y las masas paguen las consecuencias.

El futuro de ese plan de ajuste y de conversión monetaria no está garantizado. El problema es que la inflación no se combate con quitarle ceros a la moneda, sino solucionando el problema de la producción y la productividad, lo que resulta muy difícil dado el nivel de postración actual de la economía.

Para mantener el actual rumbo capitalista, la conducción del chavismo, representada por Nicolás Maduro, se ha convertido en los hechos en una nueva dictadura, que dice defender la revolución bolivariana, pero que en realidad la está conduciendo a su sepultura, en la medida en que está destruyendo el tejido social de la clase obrera, la única que puede darle un giro a la economía, con medidas auténticamente anticapitalistas.

Si los trabajadores no logran levantar la cabeza y ponerse al frente de la nación venezolana en el corto plazo, desplazando y superando a la conducción del chavismo, lo más probable es que la oposición de derecha capitalice políticamente la situación, creando las condiciones para un reaccionario cambio de gobierno. Eso seria catastrofico para el conjunto de America Latina.