HISTORIA.- Los acontecimientos del 1 de Mayo de 1886 (I parte)


Extractos del Folleto “Historia del 1° de Mayo (1886-1913)” del historiador Raúl Jiménez Lescas

Los orígenes de la jornada de 8 horas

Desde su fundación en 1864, la Asociación Internacional de los Trabajadores (Primera Internacional) exigió la jornada laboral de ocho horas. Dos años más tarde, los sindicatos yanquis y canadienses, se organizaron para que, en un plazo de 2 años, iniciaran una huelga general con el objetivo hacer efectiva esa reivindicación laboral. El 1° de mayo de 1886, inició la Huelga General por las 8 horas de trabajo y, hasta nuestros días, seguimos conmemorando esa fecha como el Día Internacional del Trabajo o de los Mártires de Chicago, un día en el cual los trabajadores del mundo pasan revista a sus imponentes ejércitos laborales y siguen soñando y peleando por un mundo sin explotación.

Más de dos décadas después, en su Congreso celebrado en Ginebra, Suiza y, en 1889, en el Congreso Obrero de París, Francia, se fijó la lucha por la jornada legal de 8 horas.

La preparación de la huelga general en Estados Unidos

Desde 1866, se constituyó en la Unión Americana, una organización pro jornada laboral de 8 horas. Aunque, las movilizaciones por esa demanda tienen un antecedente muy importante: los Estibadores de Charleston, Massachusetts, lograron reducir la jornada a 8 horas en 1842 y, en 1850, los asalariados de los astilleros. En este mismo año, estalló la primera huelga de carpinteros de Nueva York, en demanda de la jornada de 8 horas.

Y, es que al comienzo de la Guerra Civil norteamericana –1861– la jornada de trabajo en las fábricas era de 13 horas, pero se redujo a 11 horas.

Como señaló Carlos Marx: “a partir de la muerte de la esclavitud surgió en seguida una vida nueva. El primer fruto de la Guerra Civil fue la agitación por la jornada de ocho horas, la cual corrió con la bota de las siete leguas de la locomotora, del Atlántico al Pacífico, de Nueva York a California”.

El sindicalismo estadounidense crecía rápidamente en esos años, como lo refleja el siguiente informe: “Nuestro miedo no es que éstos (los capitalistas) destruyan los sindicatos, sino que los capitalistas del país aprovechen todas las oportunidades que tengan para incitar a unas organizaciones en contra de las otras para, al abrigo de esta contienda, destruir a todas. Durante el último año los sindicatos han crecido enormemente: por ejemplo, el Sindicato Internacional de Tipógrafos cuenta con 9,578 miembros nuevos, el de los Cigarreros con 7.101, la Hermandad de Carpinteros con 13,461, el Sindicato de Panaderos con 7,564, el de los Albañiles con 9,578, la Organización de los Obreros Muebleros con 6,633, la de los Obreros Unidos del Hierro y el Acero con 8,230, el sindicato de los Forjadores de Hierro con 12,400, el de los Talladores de Granito con 3,622, el de los Sastres con 2,541, el de los Mineros del Carbón con 36,000 (estos últimos se retiraron de Los Caballeros del Trabajo y formaron agrupaciones sindicales).

En Chicago, el 1° de Mayo de 1867, sucedieron grandes manifestaciones en demanda de la reducción de la jornada. El diario Tiempo de Chicago (Chicago Times), redactó un titular que decía: “La marcha más grande jamás vista en las calles de Chicago”.

Un año más tarde, en 1868, el Congreso norteamericano, aprobó –el 25 de junio– una Ley de 8 horas, para los jornaleros, mecánicos y trabajadores al servicio del Gobierno Federal. Esta medida, provocó que el movimiento obrero pro reducción de la jornada laboral declinara, pero tras los efectos severos de la crisis de 1873, los despidos y cierres de factorías, en los hechos, la conquista alcanzada en los sectores laborales mencionados, prácticamente desapareció.

Al iniciar la década del 80 del siglo XIX, revivió el movimiento. En 1881, nació la Federación de Oficios Organizados y Sindicatos de Estados Unidos y Canadá (6 años después, cambiaría su nombre a Federación Americana del Trabajo, AFL, por sus siglas en inglés). En tanto que, Los Caballeros del Trabajo (Knights of Labour), eran la organización sindical más fuerte de EUA, para el año de 1886, contaba con más de un millón de afiliados.

Según el historiador Philip S. Foner, quien inicia la lucha por la jornada laboral de 8 horas, que culminó con los sucesos trágicos de Chicago en 1886, fue la AFL. Ésta Federación tenía como lema “Nuestro campo, el mundo; nuestra causa, la humanidad”.

Durante su IV Congreso la Federación de Gremios y Uniones Organizadas de EUA y Canadá, celebrado en 1884, los sindicalistas señalaron que la “duración legal de la jornada de trabajo desde el 1° de Mayo de 1886, será de 8 horas”. Dos años se preparó el estallido de la Huelga General para alcanzar una reducción en la jornada laboral.

Esa resolución fue histórica. Gabriel Edmonston, delegado al Congreso por parte de la Fraternidad de Carpinteros y Ebanistas, fue quien la propuso: “Ocho horas constituirán una jornada legal a partir del 1° de Mayo de 1886, y recomendamos a las organizaciones laborales de este Distrito que dirijan sus leyes de conformidad con esta resolución”. Al año siguiente, en 1885, la Federación reiteró su propuesta de luchar por la reducción de la jornada laboral.

A medida que se acercaba la hora cero, se incrementó la lucha y la organización sindical en Estados Unidos. En marzo de 1866, los sindicatos de ebanistas, maquinistas, gasistas, fontaneros y estibadores de Chicago se sumaron a la iniciativa. Al mes siguiente, 35 mil trabajadores de los corrales votaron apoyar la huelga. Poco después, los albañiles, carniceros, jugueteros, zapateros, empleados del comercio y los tipógrafos sumaron sus fuerzas al reclamo. En abril de ese año, uno de los principales semanarios obreros, El diario de John Swinton, declaraba: “La agitación por las ocho horas está en todas partes”. Más de 250 mil obreros se habían sumado a la lucha y, unos 30 mil, lograron reducir sus jornadas a 8 y 9 horas diarias.

Dos grandes concentraciones laborales anunciaron la víspera del 1° de Mayo, a la par que los patrones yanquis y el gobierno también tomaron sus providencias. El 17 de abril, más de 20 mil trabajadores se reunieron en la asamblea de Los caballeros del Trabajo. Ocho días después, el joven anarquista y futuro Mártir de Chicago, Albert R. Spies, lanzó uno de sus múltiples discursos incendiarios ante 25 mil almas.

Según recuerda la voz anónima, el diario Tribune, lanzó su proclama, que días después sería ley: colgar a un comunista en cada poste.

Marcha y represión el 1 de Mayo de 1886

Y llegó el 1° de Mayo de 1886. Un sábado ordinario para el trabajo, otro alocado día industrial y suburbano. Unos 350 mil trabajadores desfilarían ese día en todo Estados Unidos. Más de 11 mil establecimientos pararon. En Chicago alrededor de 80 mil obreros se habían lanzado a la calle. La batalla por la jornada de 8 horas palpitó como lo hacían las chicharras de las grandes fábricas.

Un diario de la ciudad, observó desde sus páginas: “No salía humo de las altas chimeneas de las fábricas y las refinerías y las cosas habían adquirido una apariencia sabática”.

August Spies, amigo de Parson y con un ejemplar del Chicago Mail, cerró con su discurso el mitin. Su bigote rubio se agitó mientras su elocuencia en inglés y alemán saltaba a la vista. Esos jóvenes, eran los predilectos de la multitud del trabajo.

Pero el patrón acechaba. En la Ciudad de Milwaukee, Illinois, se produjo un choque entre la policía y los huelguistas: 6 obreros cayeron muertos. La represión apareció en las ciudades de Filadelfia, Louisville, San Luis, Baltimore y Chicago. Los patrones reaccionaron con violencia y contraatacaron:         En Chicago declaran una huelga patronal (lockout) contra los obreros, ya que estaban aterrorizados por el despertar del movimiento, pues sabían que una reducción de la jornada de trabajo era más que justa y necesaria, era un elemental derecho para vivir, pero les reduciría sus ganancias.

Los capitanes de la industria, apelaron a su última arma: las empuñadas por la policía y los esquiroles. Los dirigentes del movimiento huelguístico convocaron a más y más movilizaciones de protesta con el fin de parar la represión.

La contraofensiva patronal

2 de Mayo: 40 mil huelguistas siguen en pie de guerra. La esperanza y el anhelo por un mundo mejor, los despierta pese a la represión, a los muertos y heridos, a los despidos y las campañas amarillistas de la prensa.

3 de Mayo: 6 mil obreros en huelga por las 8 horas y un salario de 2 dólares diarios de la fábrica de maquinaria agrícola Mc Cormick Harvester efectuaron un mitin pacífico, pero los discursos fueron incendiarios. Unos 200 obreros se separaron del evento para rechazar la provocación de unos esquiroles que siendo apoyados por la policía, abrieron fuego contra los obreros desarmados: 6 murieron y 50 quedaron heridos.

Spies, fue testigo de que la policía pistola en mano abrió fuego sobre las espaldas de los trabajadores. Spies reunió “rápidamente a varios dirigentes sindicales y... se decidió convocar a un acto de protesta contra la violencia de la policía, para la noche siguiente, en Haymarket (La Plaza del Heno)”.

4 de Mayo: Continúa la revuelta. La policía sigue haciendo de las suyas, macaneando a los huelguistas.

El alcalde Carter Harrison autorizó una manifestación dirigida por los anarquistas. La Plaza Haymarket resultó pequeña para la multitud. El mitin se desarrolló en forma pacífica, pero la lluvia punzante logró dispersarlo lentamente. Parson, regresó de Cincinnati, para informar que se estaba ganando en aquella ciudad la jornada laboral reivindicada.

Su esposa, Lucy, organizó una reunión con las costureras que deseaban sindicalizarse. Parson, decidió acudir a la cita y no dirigirse a la Plaza Haymarket. A la reunión, llegó un mensajero: “Hay una gran reunión en Haymarket -comunicó- y Spies es el único orador. Quiere que vaya Parson y también Fieldem”.

“La multitud reunida resultaba pequeña para la Plaza Haymarket. Spies, que había llegado muy temprano, había empujado un vagón de ferrocarril hacia una esquina para que le sirviera de tribuna. Muy cerca estaba la Comisaría de Policía de la calle Desplaines, bajo el mando de John Bonfield, un capitán apodado el apaleador”.

Spies agitaba, cuando apareció la familia Parson, quienes fueron recibidos con aplausos. “Parson terminó de hablar a las diez. Un viento frío que venía del lago azotaba a la gente y habían caído algunos aguaceros. Amenazaba una fuerte tormenta... estaba hablando Fieldem, y Parson buscó a su familia y con otros trabajadores se retiró al salón de un bar situado en una esquina próxima, conocida como Zepf's.

Muy pronto el grupo estuvo riendo y charlando, mientras circulaban los vasos de cerveza. Entre tanto afuera, Fieldem, último orador, continuaba su discurso ante un gentío que disminuía constantemente”.

Apareció entonces el inspector de policía, un tal Bonfield y el capitán Ward, provocando a los manifestantes con su presencia y su escolta de 180 agentes. “El capitán Ward, se encaminó al sitio donde hablaba Fieldem y lo increpó: ¡‘En nombre del pueblo del estado de Illinois, ordeno que se disuelva este mitin inmediatamente”!

5 de Mayo: Miembros de la Asamblea Polaca de Los Caballeros del Trabajo en Milwaukee, Wisconsin, marcharon al taller laminado del norte de Chicago, localizado en la vecina Bahía View, para cerrarlo hasta que los patrones otorgaran las 8 horas laborables.

Un polaco marchó con un estandarte color azul, blanco y rojo, con un reloj al centro que marcaba las 8 horas en punto. El mayor George P. Tracumer, comandante de la guarnición militar, ordenó abrir fuego: 8 polacos y un alemán murieron en el acto.

El periódico Milwaukee Journal, narró:       “Ellos dispararon no cartuchos de salva sino balas para matar”. “La Avenida Lincoln, línea divisoria entre el sur de la ciudad y Bay View, fue salpicada con la sangre de los revoltosos polacos esta mañana a las nueve”.

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