HISTORIA.- La Comuna de París: cuando el proletariado tocó las puertas del cielo.

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Por Maximiliano Cavalera

Pocos acontecimientos históricos son tan estremecedores como la Comuna de Paris. Esta gesta del proletariado parisino inaugura una nueva era, una era de revoluciones obreras, en la que el capitalismo comienza a estancarse y la burguesía no puede solucionar los problemas inmediatos de las masas. Esta comuna fue vilipendiada, difamada e incluso intentó ser borrada de la historia, ¿Pero por qué la burguesía liquidó a los obreros de París con tanta saña? La repuesta la encontramos en una carta de Marx a Kugellman en la que dice: “Cualquiera sea el éxito inmediato, un punto de partida de importancia histórica universal se ha conquistado” (Karl Marx, Carta de Karl Marx a Kugellman). Es decir, en la Comuna de París se comienzan a expresar los intereses antagónicos entre la burguesía y el proletariado; es más, de las entrañas del proletariado parisino se comienzan a crear instituciones de poder que antagonizan con el mismo Estado de dominación. La experiencia fue basta y rica, pero al final la Comuna de París fue derrotada, París se vio enlutado con la sangre de miles de mujeres obreras y obreros, la burguesía no les perdonó el hecho de haber demostrado que los trabajadores podían gobernar su propio destino y el de las clases explotadas. El legado de la Comuna sigue vigente, y nos enseña que para la burguesía su nacionalismo está basado en la acumulación de la riqueza, íntegramente relacionado con la defensa de sus privilegios. Pero la enseñanza más grande que nos deja la historia del proletariado parisino, es que los trabajadores deben confiar en su propia fuerza, parafraseando a Marx, solo hay cadenas que perder y un mundo por conquistar.

Un poco de historia

Las revoluciones son procesos propios de los sistemas sociales en que existe explotación. En el esclavismo encontramos grandes revoluciones de esclavos, la más conocida es la rebelión liderada por el griego Espartaco que puso en jaque al imperio romano. En las cruces pagaron los esclavos de Roma la osadía de intentar la libertad; la rapacidad con que fueron masacrados solo es comparada con la que usó la burguesía francesa para castigar la audacia de los comuneros parisinos.

Desde su nacimiento, la burguesía intentó controlar el aparato del Estado. En esta intentona encontramos la revolución de Cromwell en Inglaterra, la revolución norteamericana y la gran Revolución Francesa. Todas estas son revoluciones burguesas porque la burguesía se instaura en el poder desplazando a la monarquía. Pero en este proceso de la lucha entre la burguesía y la monarquía, el movimiento obrero aprendió y fue realizando su experiencia. En la revolución francesa encontramos que el proletariado, representado por los rabiosos de Roux y Lecrere enarboló el primer programa obrero en una revolución. Claro está, este programa encontraría adversidad en las mismas condiciones materiales, el movimiento obrero estaba apenas en pañales.

La inexperiencia llevó a los trabajadores franceses a apoyar algunos procesos revolucionarios sin tener independencia de clase, por ejemplo, en la revolución de 1830 en Francia los trabajadores apoyaron a la burguesía en contra de Carlos X. En la revolución burguesa de 1848 los trabajadores apoyan nuevamente a la burguesía, incluso tienen un ministro dentro del gobierno, el resultado fue funesto: diez mil muertos fue el saldo. De este proceso sale coronado Luis Bonaparte, conocido como Napoleón III.

La guerra franco prusiana

La derrota de las revoluciones de finales de la década del 40ta en Europa sentó las bases de una gran estabilidad, pasarían 20 años para que la convulsión regresase al viejo continente. Esta comienza con problemas políticos en Francia, problemas que Napoleón III intentaría solucionar con una guerra contra Prusia. Por el otro lado encontramos los intereses del imperio Prusiano, máximo exponente del imperialismo alemán, liderado por el Canciller de Hierro, Otto Von Bismark. La guerra fue una guerra de rapiña, sólo la Asociación Internacional de los Trabajadores denunció su ignominia, pero el 19 de Julio de 1870 Napoleón III le declara la guerra a Prusia.

El 6 de agosto de ese año, el ejército prusiano al mando del príncipe Federico, invade Francia, derrotando al mariscal MacMahon en Worth y Weissenburg, lo expulsa de Alsacia (Noreste de Francia). Logra rodear Estrasburgo para dirigirse a Nancy. Otros dos ejércitos Prusianos aíslan a las tropas del mariscal Bazaine en Metz. El primero de septiembre las tropas de Napoleón III son derrotadas en Sedan, rindiéndose al día siguiente junto a 83,000 soldados.  

La Comuna de París

La derrota de Napoleón III creó las condiciones objetivas y subjetivas para que iniciase una revolución que botase a la monarquía francesa. Los obreros parisinos invadieron el palacio Borbón y presionaron para la constitución de una Asamblea Legislativa y la caída del imperio. En el Hotel De Ville se eligió al nuevo Gobierno Provisional de Defensa Nacional (GPDN) con la misión imperante de expulsar a los prusianos de Francia.

El 15 de septiembre por toda Europa, incluyendo Inglaterra, comienzan a verse mítines para que se reconozca la III república francesa. Al día siguiente aparece una declaración del GPDN que decía: “Culpamos de la guerra al Imperio. Ahora quiere la paz, pero no cederemos ni un solo milímetro de nuestro suelo, ni una piedra de nuestras fortalezas”. El 19 de septiembre de 1870 Bismark asedia París creyendo que los obreros parisinos caerían tan rápido como la monarquía y las tropas del GPDN, que fue derrotado con 140 mil soldados el 27 de octubre, para repetir la misma experiencia el 30 de octubre. A finales de ese año los obreros parisinos se alzan en armas al conocer los rumores de que el gobierno negociará con los alemanes su rendición, toman el Hotel De Ville y establecen un Gobierno Revolucionario conocido como el Comité de la Seguridad Pública. Esta toma fue acuerpada por el dirigente socialista Blanqui y las secciones revolucionarias de la Guardia Nacional. Bajo la presión de los trabajadores, el gobierno promete realizar elecciones en París, pero la traición sería la receta que extendería la burguesía en todo el proceso. Calmados los obreros, el gobierno toma el Hotel De Ville y restaura el control sobre París, apresando al dirigente socialista Blanqui. Esta ofensiva contra los trabajadores parisinos era importante para el gobierno, ya que en sus planes estaba la rendición de París ante las fuerzas de ocupación. El 8 de febrero se celebran elecciones en Francia sin el conocimiento de la mayoría de la población. El 12 se abre una nueva Asamblea Nacional en Burdeos, el 16 la asamblea elige a Adolphe Thiers como presidente.

La elección de Thiers solo trajo una breve calma, el huracán estaba a punto de sacudir toda Europa. En marzo de 1871 los obreros parisinos clamaron indignados por la entrada en la ciudad de las tropas Prusianas. Con un París arrebatado por los trabajadores, el gobierno salió huyendo y se refugió en la ostentosidad de Versalles. No perdería el tiempo Thiers y enviaría tropas a tomar París, pero nunca contó con la fraternidad de las tropas que se insurreccionaron con los trabajadores parisinos y se negaron a cumplir sus órdenes. Los generales Claude Martin Lecomte y Jacques Leonard Clement Thomas fueron fusilados por sus propios soldados. El 26 de marzo Los ciudadanos de París eligieron un Consejo Municipal, la “Comuna de París”. Esta comuna estaba formada por trabajadores, muchos de ellos miembros de la I internacional, y algunos seguidores del dirigente anarquista Proudhon y el socialista Blanqui.

La Comuna se alza como un Estado que rivaliza con Estado Burgués en Versalles, por ende, la existencia de uno significa la muerte y decadencia del otro. La Comuna, como representación de las clases explotadas comienza a legislar: Elimina el reclutamiento y el prestigio del ejército, perdona todas las deudas de alquiler desde octubre de 1870 hasta abril de 1871, el salario más alto recibido por cualquiera de sus miembros no excederá de 6.000 francos, el aplazamiento de todas las deudas hasta tres años eliminando los intereses, la separación de Iglesia y Estado, la abolición de todos los pagos por motivos religiosos, así como la transformación de toda propiedad de la Iglesia en propiedad estatal. Es decir, la religión se trasforma en un problema de creencia individual. A pesar de que el 5 de abril la Comuna establece el decreto de los rehenes, por el cual, se tomaría como rehén a todo aquel que estuviese en contacto con el gobierno francés, nunca lo lleva a cabo, peor aún, cuando los comuneros que son capturados por el gobierno francés son fusilados, la comuna ofrece el “ojo por ojo” promesa que nunca sería cumplida.

Pero la burguesía francesa no sería tan honorable como los comuneros. Para borrar la Comuna, Thiers acuerda con Bismarck reforzar el ejército francés con soldados que eran prisioneros de Alemania; el acuerdo era simple, Francia pagaba una indemnización a cambio de los soldados. La monarquía alemana y la burguesía francesa tenían un enemigo en común, los comuneros que atentaban contra sus privilegios. Así fue que a finales de mayo de 1871 entran a parís las tropas francesas con la complicidad de las tropas prusianas, la resistencia comunera fue legendaria, pero igual fue la masacre que hizo la burguesía francesa, en palabras del genocida Thiers: “Yo seré despiadado; la expiación será completa y la justicia inflexible… Hemos alcanzado el objetivo. El orden, la justicia, la civilización obtuvieron al fin la victoria… El suelo está cubierto de sus cadáveres; ese espectáculo horroroso servirá de lección” (Thiers, 22 de mayo de 1871). La lección sirvió, pero no como lo esperaba Thiers. La Comuna de París hoy en día es un símbolo de gloria y lucha para los trabajadores, demostrando, parafraseando a Marx, que el proletariado puede tomar el cielo por asalto.

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