Ya salió El Socialista Centroamericano No 241.-

Honduras.- La estrategia de JOH es dividir para ganar por mayoría simple

Estamos a escasos seis meses de las elecciones generales de noviembre del 2017. A diferencia de otras anteriores, estas elecciones son cruciales porque está en juego el quiebre del principio de no reelección que fue consagrado en la Constitución de 1982. Además, está en juego la continuidad del Partido Nacional en el poder. El actual presidente Juan Orlando Hernández aspira a reimponer la reelección presidencial y un tercer gobierno consecutivo del Partido Nacional.

 

Muchas cosas han cambiado en Honduras desde el golpe de Estado del 2009 y después de la derrota pacífica de la enorme movilización de masas que se produjo contra el gobierno cívico militar de Micheletti.

La hegemonía del Partido Liberal ha sido destrozada. El otrora partido de las grandes mayorías se ha conformado con el segundo lugar dentro del sistema bipartidista en crisis. La entronización del Partido Nacional ha venido acompañada de un sistemático plan de ajustes que ha desbaratado enormes conquistas laborales y sociales de los trabajadores hondureños.

La reacción se ha impuesto en el plano político. La anulación del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) ha dejado a las fuerzas de izquierda a la deriva. El Partido Libertad y Refundación (LIBRE), controlado férreamente por el caudillo Mel Zelaya, desperdició una gran oportunidad en la lucha contra el golpe de Estado. Aunque conserva una parte de sus fuerzas, LIBRE ya no es por sí mismo una alternativa de poder.

En el proceso de crisis del bipartidismo surgió una fuerza nueva, que representa el descontento de la clase media urbana, y es el Partido Anticorrupción (PAC), liderado por Salvador Nasralla, quien ha mantenido un discurso agresivo contra el gobierno de JOH pero que en realidad representa una opción de derecha, con una ideología igualmente reaccionaria.

Los dos partidos emergentes, LIBRE y PAC, han conformado, después de muchos tropiezos, una alianza electoral de oposición, en la que también participa el PINU. El Partido Liberal se negó a formar parte de esta alianza, que ha despertado alguna expectativa popular.

Pero la unidad en sí misma no garantiza la victoria. Esta alianza refleja la profunda crisis y debilidad de LIBRE, producto de una política conciliadora y desmovilizadora de las masas. El PAC se ha dividido entre la corriente de Nasralla y la de la diputada Marlene Alvarenga, quien al parecer se quedará con los sellos del PAC. La alianza nació, pues, chorreando sangre, con la esperanza de que la candidatura del popular Nasralla los lleve hacia el triunfo electoral.

Es correcto oponerse a la reelección de JOH y buscar votos para derrotarle, pero en toda campaña electoral es determinante analizar el programa político. La alianza de la oposición tiene un programa capitalista que no da repuesta a los problemas que afrontan los trabajadores de Honduras. Incluso, ese programa es un retroceso en relación al programa liberal de LIBRE, un partido que se bate en retirada en todos los campos pero que pretende capitalizar el descontento social contra el gobierno de JOH. A pesar de las limitaciones anotadas, no debemos descartar sorpresas electorales.

La estrategia del Partido Nacional para mantenerse en el poder consiste en dividir el voto contrario. La mejor colaboración se la ha dado la cúpula del Partido Liberal (PL) que ha decidido mantener su voto cautivo y sostener la candidatura presidencial de Luis Zelaya. A pesar de su crisis, la base popular del PL cierra filas en torno a la bandera rojiblanca.

Para JOH es crucial dividir el voto opositor, porque de acuerdo a la Constitución de 1982 se gana las elecciones presidenciales por mayoría simple. Un solo voto puede decidir la elección, sobre todo cuando el sufragio se dividirá entre las tres alternativas más importantes: los nacionalistas que buscan la reelección, la alianza opositora y el PL.

Todavía no está claro si el Tribunal Supremo Electoral (TSE) logrará inscribir la candidatura presidencial de Nasralla, como candidato de la alianza, debido a que ha perdido el control de los sellos del PAC.

El panorama no es favorable para los trabajadores. La alianza opositora es una coalición de partidos burgueses con un programa netamente capitalista. La izquierda no tiene opción electoral. La única opción realista y posible es continuar la lucha desde los sindicatos y organizaciones populares contra el continuismo del Partido Nacional y la reelección de JOH, rechazando el giro a la derecha de Libre y la candidatura errática y estridente de Nasralla, para crear nuestra propia alternativa de izquierda revolucionaria que retome la lucha por la democratización de Honduras a través de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, para realizar los cambios estructurales que Honduras necesita con urgencia.

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